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Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...
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El peligro del micro abierto: cuando la falacia de la vida privada se choca con la realidad pública - *Hay pocas escenas tan recurrentes en la era moderna como la del político, el cargo público o la celebridad de turno que, creyendo que el foco ya se ha a...Hace 2 días
sábado, 24 de mayo de 2025
¿Caprichos del destino?
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lunes, 7 de octubre de 2024
Te estamos viendo
“El cine y el misterio” Vicente Fisac
Disponible en ediciones digital e impresa, en Amazon: https://www.amazon.es/dp/B0DJF3M3ZW
miércoles, 7 de agosto de 2024
Seiscientas mil palabras inefables
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jueves, 7 de septiembre de 2023
Causalidad
Un libro que demuestra cómo no existe eso que llamamos “coincidencias” o “casualidades”… y te revela lo que son en realidad…
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viernes, 30 de diciembre de 2022
Libros sobre Espiritualidad
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miércoles, 29 de junio de 2022
Deseos convertidos en realidad
Pues bien, haría unos 15 ó 20 días que le había enviado mi última carta con dicha lista actualizada y sin ninguna preferencia marcada. Yo estaba sentado frente al ordenador, buscando en Internet cosas de Noruega y entré en una “tienda virtual”. Allí encontré algunos CD’s y vi 3 que me gustaría comprar, uno de Bjorn Eidsvag, otro de DDE y otro de Sissel Kyrkjebo que, por cierto, se llamaba “All good things”. Sin embargo, como es muy peligroso hacer compras por Internet, no llegué a hacer el pedido y, claro, me quedé con las ganas de haber conseguido esos tres CD’s.
Dos días después abrí el buzón de correo y allí tenía una carta de mi amiga. Abrí el sobre y encontré un nuevo CD. ¿Cuál sería? A estas alturas creo que no sería difícil adivinar que uno de esos tres que he citado antes y, efectivamente, así era; en concreto, el de Sissel y su sugerente título “All good things”.
Como se puede ver era una coincidencia más, aunque en este caso, cuando se produjo mi visualización de aquél CD en Internet y mi deseo de comprarlo, el CD ya estaba realmente en camino, posiblemente llegando a España. Puede que mi amiga estuviese pensando si me gustaría el CD que ella había elegido, aunque el hecho en sí de su decisión y su compra lo había hecho varios días antes. Yo, desde luego, estaba pensando en ese momento que me gustaría tener ese CD. Pero, lo más curioso es que precisamente hubiese entrado en esa página de Internet y que en ella hubiesen puesto el citado CD.
Porque ¿sabéis una cosa? Unos días atrás, no muchos,
menos de una semana, yo había entrado en esa misma página, había revisado qué
clase de CD’s vendía allí y…. el de Sissel no estaba entonces.
martes, 21 de junio de 2022
La trompeta
Era la víspera de un importante partido de fútbol. En sueños me vi comprando una trompeta (de las que se venden para estas ocasiones) y la dejaba en mi asiento. La verdad es que nunca se me ha pasado por la imaginación hacer tal cosa, ni creo que vaya a hacer algo semejante en toda mi vida. Sin embargo, al día siguiente, cuando fui al estadio, y según me acercaba a mi asiento (soy socio, por lo que siempre ocupo la misma localidad) pude ver justo encima de mi asiento, precisamente esa trompeta.
La explicación “lógica” sería la de una coincidencia, ya que el niño que ocupaba el asiento de al lado, la había dejado allí (siendo esta, por cierto, la primera vez que hacía algo así). Sin embargo, no me cabe la menor duda que fue otra de las bromas a las que ya me tiene acostumbrado ese alguien de allá arriba. Desde luego, sentido del humor no le falta.
Seguro que encuentras algo, y no es por casualidad:
lunes, 20 de junio de 2022
Barcelona, siempre Barcelona
Barcelona, una ciudad preciosa que siempre ha estado como una amenaza sobre mi cabeza. Toda mi vida la he tenido organizada en Madrid y, cuando la mujer y los hijos están adaptados e integrados en una ciudad, resulta muy duro cambiar a otra. Si yo estuviera soltero, me daría igual una ciudad u otra, aunque personalmente prefiero un pequeño núcleo rural a una gran ciudad. Sin embargo, el pago de la hipoteca de la casa en la que vives o vas a vivir, los colegios y la universidad de los hijos, las amistades, la familia, son todos ellos factores importantes a la hora de mantenerte atado a una ciudad.
Por todo ello, Barcelona siempre me ha atraído como ciudad y me ha encantado su arte. Cuando he estado de vacaciones por la costa Brava siempre que he podido he aprovechado alguna ocasión para pasear por las Ramblas, subir al Parque Güell o visitar alguna exposición de Gaudí o Dalí. Pero a la vez ha sido siempre como una sombra de amenaza que parecía querer arrastrarme hacia allí.
Hace ya muchos años trabajaba en otro laboratorio farmacéutico. Era uno de los más importantes, con un marketing muy sofisticado. Cuando nadie sabía lo que era un product manager, allí ya se había implantado ese cargo. Cuando la visita médica era “pan para todos” introdujo el concepto de “visita individualizada”. El micromarketing, los mercados de prueba, la dirección por objetivos, eran moneda corriente en aquella compañía. Fue pionera en tantas cosas... que también lo fue en la plaga de este final de milenio: las fusiones.
Al cabo de tres años, la compañía se escindió en dos, y una de las partes se fue a Barcelona con la línea de productos de investigación propia; la otra parte se quedó en Madrid con el resto de productos licenciados. Tres años más tarde, la parte radicada en Barcelona absorbió a los que nos habíamos quedado en Madrid y surgió entonces el dilema: indemnización y a la calle o... a vivir a Barcelona.
Eran otros tiempos, yo era joven y había trabajo. Así que opté por quedarme en Madrid y a los dos meses ya estaba trabajando en otra empresa y seis meses más tarde ya estaba de nuevo en otro laboratorio farmacéutico. Pero la posibilidad de haber tenido que romper con todos los lazos personales, familiares y económicos que me unían con Madrid, dejó en mí una huella indeleble.
Pero está visto que las cosas no pasan una sola vez. El señorito aburrido que coge la hormiga una y otra vez, y no la deja llegar al hormiguero, tiene ganas de seguir jugando. Muchos años después, y después de diversos periplos profesionales, había regresado una vez más al sector farmacéutico. Llevaba 6 años... ¿He dicho seis? ¿Qué casualidad, los mismos que llevaba en la otra empresa antes de que surgiese la coyuntura de tener que ir a Barcelona?....y salta la noticia: una fusión con otra compañía que tiene su sede en... ¿para qué decirlo?... Barcelona.
Esta vez, ya no era tan joven, y España ya no iba tan bien aunque Aznar se empeñase en asegurarlo. Si había que ir a Barcelona, pues habría que ir, y ya veríamos cómo se resolvería después el problema familiar. Por de pronto, el mayor se había independizado. La mayor, esa sí que no se marcharía... en segundo curso de carrera y ¡con novio! Aunque con 19 años tampoco pasaba nada porque se quedase sola (aunque no era ese el modelo de familia que había pensado). La pequeña... bueno, habría que esperar a que se adaptase. Primero un año de soledad en Barcelona, buscando piso adecuado y colegio, y muchos Puentes Aéreos para reunirme con la familia los fines de semana. Quizás un piso en la playa para que así les apeteciese pasar allí conmigo más tiempo, como por ejemplo durante las interminables vacaciones escolares.
Para qué negarlo, el panorama era duro. Por eso, esa vez agradecí a los de allá arriba la ayuda que me prestaron.
Tras la huella dejada por la fusión ocurrida años atrás, esta se ofrecía ya como irremediable. Cierto es que cabía la posibilidad de que la sede central se fijase en Madrid, pero las posibilidades eran mínimas. No voy ahora a entrar en detalles, pero la gran mayoría de los empleados estaban convencidos que la marcha a Barcelona... o a la calle, sería inevitable.
Desde que se anuncia una fusión, hasta que se asientan definitivamente todas las piezas, pasan varios meses y ¡qué meses! Desconcierto, depresión, irritación... todos los estados inimaginables pasan por la mente de los afectados. En mi caso, las posibilidades de continuar en mi puesto de trabajo eran muy altas (lo que me daba cierta tranquilidad) pero debía irme mentalizando para un cambio de residencia y de la consiguiente reestructuración familiar.
Para que me fuese acostumbrando a la idea, y apenas unos días después de hacerse pública la noticia, cuando aún no sabíamos qué repercusiones podría tener ni qué posibilidades habría o no de ir a Barcelona, me regalaron una litografía preciosa que enseguida enmarqué y puse en mi dormitorio, de tal forma que esa era la última imagen que veía cada noche antes de acostarme: una vista nocturna de Barcelona desde el Tibidabo, con el mar al fondo. Digo yo que sería para que me fuera acostumbrando a la idea. Después de todo ¡era una ciudad bien bonita!
También, y para hacer más llevadera la espera, me llamaron para una entrevista de trabajo: Director de Comunicación, con un sustancioso aumento de sueldo, de un holding de empresas con más de 100.000 millones de facturación, en dependencia directa del Presidente del Grupo. Llegué con éxito a la terna final en la que partía como favorito ¡y eso a pesar mi edad! Sin embargo, creo que esta vez lo acepté como era desde el principio, una mano que me echaban para distraerme y animarme durante la época de incertidumbre. Porque la verdad es que ese maravilloso trabajo no me solucionaba absolutamente nada: El puesto era para ¡Barcelona!
Cuando por fin todo se solucionó, se me confirmó en mi puesto y se supo la gran sorpresa (la sede era Madrid) llamé a la empresa disculpándome y diciendo que me retiraba del proceso de selección. Iba a continuar haciendo mi trabajo y dependiendo del Presidente de la compañía.
Como les gusta poner guindas, este caso también la tuvo. Recordé que mi primer viaje en este laboratorio farmacéutico fue a.... Barcelona. Podía haber ido a muchos sitios; pero no, tuvo que ser Barcelona. El motivo: la presentación a la prensa de un libro que había editado la compañía. Allí, en la mesa presidencial, estaban los autores y destacadas personalidades. Entre ellas, presidiendo el acto, se encontraba... ¡un hermano del que ahora ya era mi nuevo Presidente!
La historia de AstraZéneca escrita por alguien que la vivió y al jubilarse ya pudo contar todo lo que quiso:
sábado, 18 de junio de 2022
El clon
La casa necesitaba unas reformas. Había que acuchillar y barnizar el parquet y cambiar las puertas. Busqué diversas empresas de reformas pero.... deben ganar mucho dinero. Realmente cuando te hacen un trabajo y te lo cobran a precio de oro, lo que te están haciendo es un favor, y deberías dar gracias al cielo de que tú hayas sido el afortunado de tenerlos en tu casa el doble de tiempo de lo acordado, de haber tenido que mover tú mismo los muebles antes y después para que no se molesten (y no te los destrocen, por supuesto), limpiar a todas horas para no verte sumergido entre capas pleistocénicas de polvo, y pagarles al contado, por supuesto (si es que no les habías adelantado ya una buena parte del importe del trabajo). ¡Qué ingratos somos a veces! El caso es que fui buscando uno y otro hasta que encontré uno que se mostró ilusionado con la idea de conseguir un trabajo y otro (¡Qué raro! ¡Alguien que quiere trabajar antes de exigir el dinero!) y quedamos en que al día siguiente vendría a casa para tomar medidas y hacer el presupuesto.
Al día siguiente hubo una llamada. No podía venir como habíamos acordado. Se disculpó y preguntó si podía pasar al día siguiente. “En fin” me dije “el hecho de llamar para avisar y disculparse ya es una buena señal”, así que quedamos para el día siguiente.
Como no iba a venir hasta última hora de la tarde, decidí pasarme por mi otra casa para comer allí y recoger unas cosas. Entre ellas estaba el correo y, justo ese día, encontré una carta de mi amigo noruego Ingar. Nos conocíamos desde hacía muchos años y nos habíamos visto un par de veranos. En uno de ellos mi mujer y yo estuvimos en su casa y el año anterior, precisamente, había inaugurado con él la nueva casa o “hytta” (casa de madera) que se había construido en las montañas. En esta carta me enviaba un cassette (me ha dado por añadir, a mi colección de música, grupos y cantantes escandinavos que no es posible encontrar en España) del cantante sueco Björn Afzelius. De regreso a casa para mi encuentro con el encargado de la empresa de reformas, iba escuchando la cinta que me había enviado esta vez.
Llegué con mi puntualidad habitual y le comenté a mi mujer la carta que acababa de recibir. Ingar era un buen amigo aunque vago a la hora de escribir. De hecho, nuestra correspondencia se cifraba en una carta al trimestre, aunque siempre venía acompañada de cassettes de música, cintas de video con imágenes de Noruega o un Calendario de pared cada Diciembre. Por mi parte yo le enviaba sellos y algún que otro autógrafo de gente famosa que podía conseguir y él añadía gustoso a su amplísima colección de autógrafos.
Sonó el timbre de la puerta y abrí: Allí estaba el encargado de la empresa de reformas que había pedido ir hoy en vez de ayer. Me quedé perplejo y mi mujer también. No pudimos menos que cambiar una mirada de asombro, comentarlo y decírselo también a él: era exactamente igual que mi amigo Ingar. La cara, el tipo, el pelo....
Una coincidencia de este tipo puede darse muchas veces. ¿Cuantas si no, decimos “mira, ese se parece a fulanito”. Pero ¿cómo explicar que venga a casa el mismo día que recibo su carta trimestral y que incluso haya pedido retrasarse un día para coincidir así con la recepción de su carta? Es como si de pronto se hubiera materializado un clon.
Por añadir, hasta podría poner una guinda: Estaba cenando –esa misma noche- y viendo la televisión. Emitieron un reportaje sobre el cáncer, una de las causas más importantes de muerte, incluyendo el testimonio de varias personas que habían superado la enfermedad, habían rehecho su vida y ahora -comentaban- veían las cosas de un modo diferente, dando más valor a todo. Este era, precisamente, el mensaje del programa.
Sólo es un detalle, nimio si se quiere, pero que se añade a todo lo demás. Ingar me decía en esa carta, que Björn Afzelius había muerto a primeros de este año... de cáncer. Ahora, cada vez que escuche su música, no sólo pensaré en las “coincidencias” y en “a qué diantres están jugando con nosotros”, sino que también recordaré que debemos dar más valor a todas las pequeñas cosas de la vida.
“Castidad & Rock and Roll”:
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No son coincidencias
Os dejo ya con la lectura de estas reflexiones y estas imposibles coincidencias que un buen día despertaron mi razón y me revelaron qué es lo que hay al otro lado y cuál es el verdadero propósito de nuestra vida. Recuérdalo, eso que tú llamabas hasta ahora casualidades o coincidencias, no son tales; son pellizcos en tu alma para que te despiertes y abras los ojos.
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miércoles, 15 de junio de 2022
¿Por qué aparcas ahí?
¿Os habéis preguntado alguna vez por qué aparcamos en un sitio y no en otro? ¿Por qué motivo un buen día decidimos buscar hueco por unas calles por las que nunca antes habíamos pasado? ¿Conducimos realmente nuestro coche o... somos conducidos? Se había estropeado el vídeo y tenía que llevarlo a arreglar. No era la primera vez que visitaba aquél servicio oficial de reparaciones y ya conocía de sobra las dificultades de aparcar en aquella zona. Habitualmente iba con mi mujer para dejar el coche mal aparcado pero con uno de los dos dentro para poder quitarlo en el caso de que molestase a alguien (actitud rara, por cierto, en estas latitudes, ya que todo el mundo lo deja en doble fila sin que le importe lo más mínimo molestar a los demás). Aquella vez, sin embargo tuve que ir yo solo y, sin saber por qué decidí meterme por unas callejuelas adyacentes, por las que nunca antes había pasado, con objeto de encontrar algún sitio correcto para aparcar. Para mi sorpresa, tuve suerte y encontré un buen sitio. Aparqué. Levanté la vista y me quedé helado: Había aparcado al lado de un bar. Pero lo extraño no era eso, sino el nombre del bar: “Bel Canto”.
Aparte de lo original del nombre ¿qué tiene eso de extraño? Retrocedamos un día en el tiempo.
El día anterior había pasado por mi nueva casa (aún no vivíamos en ella) y recogí el correo. Entre las cartas había una de un amigo noruego que me enviaba una cinta de cassette con las canciones de un grupo de pop noruego. Guardé la cinta y, de regreso a casa no me dio tiempo suficiente a oírla toda, así que la dejé en el coche para terminar de escucharla al día siguiente.
Aproveché mi obligado desplazamiento al servicio de reparaciones del video, para terminar de escuchar la cinta. La música de un grupo extranjero, cuyos discos no se venden en nuestro país, iba sonando fuertemente por los altavoces mientras buscaba ávido un lugar para poder aparcar. Entré por una calle por la que nunca antes había circulado. ¡Albricias! Encontré un magnífico sitio para aparcar y así lo hice. Levanté la vista y vi el nombre del bar junto al que había aparcado, mientras en los altavoces de mi coche aún sonaba una de las canciones de ese grupo noruego llamado... ¡Bel Canto!
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lunes, 13 de junio de 2022
Atracción sobrenatural
Fue una Navidad en Londres. No hacía mucho tiempo que había hecho realidad mi sueño de visitar Noruega y no paraba de escribirme con gente de aquél país, coleccionar sellos y conseguir cuanta información pudiera para conocer mejor su historia, su cultura, su naturaleza... Por eso, aun estando aquella Navidad en Londres, mi corazón seguía en Noruega, vestía mi jersey noruego, e incluso cuando visité el museo de cera no puede resistir la tentación de hacerme una fotografía junto a la figura del rey Haakon V. Una tarde fuimos a recorrer Hyde Park, como miles de turistas. Llevaba mi cámara fotográfica con la que solía sacar fotografías junto a los principales monumentos o rincones típicos... como todo el mundo. Pero aquella tarde sucedió algo distinto. Vi a lo lejos una piedra que llamó mi atención y sentí el irrefrenable impulso de acercarme hasta ella y hacerme una foto. No era nada especial, ni nada típico. Era una simple mole de granito sin tallar; vamos, un pedrusco enorme, redondeado y de 3 metros de altura, situado en mitad del parque. No tenía nada de especial, salvo una placa con una inscripción. Ya estaba oscureciendo y aún teníamos mucho que ver, así que no me entretuve más que lo necesario para hacerme la foto allí, todo orgulloso junto a aquella piedra de granito que no decía ni representaba nada (al menos eso era lo que yo creía).
Ya de regreso en Madrid, llevé a revelar las fotos, las vi, las ordené, las guardé en el álbum, las enseñé a los familiares... No fue hasta mucho tiempo después en que –mirando de nuevo las fotos- me pregunté qué es lo que habría escrito en la placa pegada a aquella roca. Afortunadamente la foto era de buena calidad y con ayuda de una lupa pude descifrar el mensaje. Decía así: “This stone was erected by the royal Norwegian navy and the Norwegian merchant fleet in the year 1978. We thank the British people from friendship and hospitality during the Second World War. You gave us a safe haven in our common struggle for freedom and peace”. ¡Una piedra noruega, un trozo de aquél país en mitad de Londres!
¿Qué impulso me llevó a hacerme una foto junto a esa piedra? Por supuesto que si hubiese sabido que procedía de Noruega hubiera ido sin dudarlo hacia allí y me hubiera hecho la foto; pero ni lo sabía ni me di cuenta hasta mucho tiempo más tarde. Fue como si “alguien” me hubiese gastado una broma diciendo “estás tan pesado con todo lo de Noruega que ¡toma! aquí tienes un pedazo de ese país para que te lo lleves de recuerdo”.
Aquél fue el comienzo y poco a poco fui descubriendo la enorme cantidad de coincidencias que se acumulan sin que apenas nos demos cuenta. ¿Tan sordos y ciegos estamos que no nos damos cuenta que nos están llamando? ¿Que nos están alertando? ¿Que nos quieren decir algo?
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sábado, 11 de junio de 2022
Una puerta a otra realidad
La verdad –hablando en los términos en que solemos hacerlo- no existe. Cada uno tiene su verdad y esa es la verdadera para él (y no tiene por qué coincidir con la de los demás). Todos están en lo cierto... y todos están –posiblemente- en el error también. Desde luego, mientras no salgamos del estado de percepción tan limitado que nos da este mundo físico que llamamos “vida” no vamos a ser capaces de comprender ni el más mínimo ápice de lo que es la VIDA. Así, en este camino que estamos obligados a seguir no encontraremos mayor satisfacción que el esfuerzo por abrir nuestro propio camino y tratar de comprender nuestro entorno, aun sabiendo que esa comprensión no será mas que un engaño a nuestros sentidos, pero nos dará al fin y al cabo un poco de seguridad para seguir avanzando. La puerta de entrada para conocer qué hay “al otro lado” es eso que llamamos “coincidencias” o “casualidades”. Seguro que a lo largo de tu vida te has encontrado con muchas de esas “coincidencias” o “casualidades”, algunas de ellas –como tú mismo habrás reconocido- muy difíciles de explicar.
Yo también me he topado con muchas de esas “”coincidencias” o “casualidades” hasta que un día comprendí que se trataba de algo muy diferente, de señales de algo que debía descifrar. Fue así como comencé a escribirlas para poder analizarlas posteriormente con mayor detenimiento, y al cabo de un tiempo, tras analizar todas las que había recopilado, comprendí lo que significaban.
Tú puedes hacer lo mismo. El hecho de reconocer esas coincidencias y dejarlas atrapadas en el papel te abrirá los ojos y comenzarás a ver cada vez más lejos…
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jueves, 9 de junio de 2022
¿Casualidad? ¿Coincidencia?
Todos nosotros hemos vivido casualidades tan características como ésta: estás pensando en alguien y, en ese momento, ese alguien te llama por teléfono. No habíais quedado, no existía una razón para que la llamada se produjese en ese mismo momento... y sin embargo la llamada se realiza. A veces, las cosas llegan un poco más lejos. Hoy mismo estaba hablando con un compañero del trabajo al que había facilitado la posibilidad de que le incluyesen un anuncio gratuito en un periódico para tratar de alquilar un piso. En dicho periódico me habían hecho ese favor diciéndome que lo publicarían todos los días que fuese necesario, hasta que se alquilase dicho piso. Pues bien, este compañero había venido a darme las gracias y a decirme que ya no era necesario que siguiesen publicando dicho anuncio porque había conseguido alquilar el piso. Hasta aquí, todo normal. Pero, ¿qué sucedió en el preciso instante en que ese compañero salía de mi despacho?
Pues bien, según iba saliendo de mi despacho, cogí el teléfono para llamar a la periodista que me había hecho el favor de publicarlo, a fin de darle una vez más las gracias y decirle que podía dejar de publicar dicho anuncio. Cuando se puso me dijo: “parece que me has leído el pensamiento; ahora mismo pensaba llamarte”. “Bueno, no tiene nada de extraño”, pensé yo, “después de todo hay muchos motivos por los que puede llamarme: para pedirme alguna información relativa a los cambios que se están produciendo en la compañía, para hacerme alguna oferta de publicidad para su periódico...”. Sin embargo, ella se adelantó y disparó “¿quería preguntarte cómo iba lo del anuncio del alquiler del piso? ¿Tenemos que seguir publicándolo más veces?”. Curiosa pregunta; cuando además no llevaba tantos días saliendo el anuncio.
¿Cómo se puede interpretar esto? ¿Telepatía? ¿Casualidad? Hay, en términos generales dos tipos de explicación para estos fenómenos tan comunes y que todos conocemos perfectamente.
Una de las explicaciones apunta a la existencia, precisamente de la transmisión del pensamiento, causante de poner en marcha estas acciones. La otra, simplemente apunta al cumplimiento estricto de la ley de probabilidades: Cada uno de nosotros piensa en muchas personas al cabo del día. En una semana han podido pasar por nuestra imaginación, no se, ¿500? ¿1000 personas? ¿Más? En cualquier caso, si de todas esas personas en las que hemos estado pensando, hay una o dos cuya llamada ha coincidido con nuestro pensamiento hacia ellas, no se trata ni de telepatía, ni de coincidencia, ni de ninguna otra zarandaja; es simplemente lo normal. Es como tirar el dado muchas veces, al final acabará saliendo cada número en una proporción muy parecida. O meter la mano en una bolsa con bolas de distintos colores; cada vez vamos cogiendo una y -antes de sacar- tratamos de adivinar su color. ¿Magos o adivinos? ¡No! simplemente, es la ley de probabilidades, ¡Alguna vez tendremos que acertar!
Sin embargo hay otra clase de “coincidencias” que van mucho más allá y es de ellas de las que os quiero hablar. Poco a poco, a través de los años, he podido ir viendo un poco más lejos. Hay a nuestro alrededor muchas cosas que no somos capaces de ver. Sin embargo, con la determinación de verlas y un adecuado entrenamiento, va apareciendo ante nuestros ojos un mundo muy diferente al que conocíamos. Otra cosa es que alcancemos o no a entenderlo. ¡Qué más quisiéramos! Pero es evidente que está ahí. A veces comparo esta diferencia de visión con la que cualquiera de nosotros tiene un día de niebla y otro de claridad absoluta. Incluso en lo alto de una montaña, un día nuestra vista alcanza hasta el horizonte y nos permite descubrir los pequeños pueblos, riachuelos del valle, etc., mientras que otro día, desde ese mismo lugar, apenas si somos capaces de ver más allá de unos pocos metros.
En la vida que llevamos sucede lo mismo. Si prestamos atención a esos pequeños detalles, nuestra visión interior irá mejorando y seremos capaces de descubrir un montón de cosas que siempre habían estado allí y nunca fuimos capaces de verlas. Es cuestión de determinación y... entrenamiento.
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martes, 7 de junio de 2022
¿Quién está ahí?
¿Existen las casualidades? ¿Somos nosotros los constructores de nuestro propio destino? A veces parece como si alguien ahí fuera estuviera jugando con nosotros. Muchas veces me pregunto si no seremos como hormigas a las que un adulto aburrido se erige como dueño y señor de sus destinos. Imaginad que estáis pasando unos días en el campo. Por alguna enfermedad, o simplemente por pereza o aburrimiento, pasáis largas horas sentados bajo la sombra de un árbol. A vuestros pies, el ajetreado bullir de un hormiguero llama vuestra atención. Después de un tiempo de mirar, sin interferir para nada en su quehacer habitual, decidís intervenir. Elegís a una hormiga en concreto, camino de su hormiguero. Cuando está a punto de introducirse en el mismo la cogéis y la hacéis retroceder un metro. Tras un desconcierto inicial, la hormiga retomará su sendero y se dirigirá de nuevo al hormiguero. Nuevamente, cuando está a punto de introducirse en el mismo volvéis a cogerla y repetís la misma operación. Y así una y otra vez. La hormiga se encontrará, posiblemente, cada vez más desorientada y no entenderá nada de lo que está pasando pero, indefectiblemente, proseguirá su proyecto trazado hasta que vosotros, ya cansados, decidáis dejar el juego.
Más generosos, unos días más tarde, decidís ser los señores bondadosos del cielo y ponéis granos de trigo y diversos pedacitos de alimento alrededor del hormiguero. ¡Vaya, ese día tendrán trabajo extra! Rápidamente se corre la voz (es un decir, porque las hormigas no hablan) y todas se afanan en trasladar tan suculentos manjares al interior. Esto último podéis repetirlo durante varios días, con distintos alimentos; quizás a la misma hora y en el mismo sitio para después, un día -de improviso- no hacerlo. Nuevamente el asombro. ¿Qué pasará hoy que no aparecen los alimentos mágicos? Pero las respuestas las tiene siempre el señor todopoderoso -vosotros- y ellas no son capaces de conocer las causas ni las intenciones que os mueven. ¿No habíamos quedado que sólo se trataba de aburrimiento y lo hacíais para distraeros un rato?
La vida en ese hormiguero se ha vuelto muy diferente a la de otros. Nadie encuentra parangón ni con el pasado ni con los hormigueros vecinos. Nadie entiende las razones... pero padecen las consecuencias, tanto si son buenas, como si son malas o indiferentes.
¿Es una casualidad, por ejemplo, que cada vez que una hormiga en concreto va a entrar en el hormiguero, le caiga una gota de tinta en el cuerpo? ¿Por qué cuando esa hormiga está arrastrando un pesado grano de trigo hacia su casa, siente algo extraño que la mueve y la acerca, ahorrándole una gran parte del camino?
No creáis que nosotros somos mucho más que las hormigas. Si nos comparamos con otros seres inteligentes del Universo, que haberlos “haylos”, el ejemplo del hombre y la hormiga podría ser perfectamente válido. Pero no estoy hablando de seres extraterrestres, ni de ángeles, ni de seres de otra dimensión; sino de “alguien” que está aquí mismo, donde nosotros; que no podemos verlo ni comprenderlo, pero que él mismo conoce todo lo que hacemos, interviene cuando le da la gana y -me temo- que hasta conoce nuestro futuro, lo que ya nos adentraría en los misterios de la predestinación y, la verdad, no quiero llegar a tanto...de momento.
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lunes, 26 de octubre de 2020
Otra casualidad imposible
Para todos aquellos que de vez en cuando se sorprenden por alguna casualidad o coincidencia “imposible” que les sucede alguna que otra vez, relataré ahora la última de esas “casualidades” que me ha sucedido…
lunes, 12 de octubre de 2020
No son casualidades ni coincidencias
Seguro que muchas veces te ha sucedido algo sorprendente o simplemente curioso que tú has definido como una “casualidad” o una “coincidencia”. Pero ¿estás seguro que sólo se trataba de eso? Si te fijas bien, verás que eso es algo que nos sucede a todos con cierta periodicidad. Hay demasiadas “casualidades” o “coincidencias” como para creer que sólo son eso, algo fruto del azar que no tiene ninguna significación ni tampoco tiene ninguna causalidad.
sábado, 26 de septiembre de 2020
Una nueva coincidencia
Si te pica la curiosidad por ese tipo de coincidencias, te recomiendo que le eches un vistazo al siguiente libro que puedes encontrar en Amazon: “No son coincidencias”, de Vicente Fisac.




























