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sábado, 24 de mayo de 2025

¿Caprichos del destino?

“¡Qué casualidad!” “¡Qué coincidencia!” Seguro que muchas veces te has dicho esto al comprobar eso que defines como “casualidad” o “coincidencia”. Unos lo llaman “caprichos del destino”, otros “casualidades o coincidencias”, otros ni siquiera saben cómo llamarlo porque se quedan mudos de asombro. Son esos pequeños detalles que de cuando en cuando sacuden nuestra adormecida percepción del mundo, como si nos estuviesen gritando: “¡Hay algo más ahí fuera!”.
 
Es como si alguien nos hubiese hecho un guiño diciendo: “Sí, te estamos viendo, hay otra realidad paralela”.
 
Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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lunes, 7 de octubre de 2024

Te estamos viendo

"Unos lo llaman 'caprichos del destino', otros 'casualidades', otros ni siquiera saben cómo llamarlo porque se quedan mudos de asombro. Son esos pequeños detalles que de cuando en cuando sacuden nuestra adormecida percepción del mundo, como si nos estuviesen gritando: '¡Hay algo más ahí fuera!'”.
 
"Es como si alguien nos hubiese hecho un guiño diciendo: 'Sí, te estamos viendo, hay otra realidad paralela'”.
 



“El cine y el misterio” Vicente Fisac
Disponible en ediciones digital e impresa, en Amazon: https://www.amazon.es/dp/B0DJF3M3ZW

viernes, 30 de diciembre de 2022

Libros sobre Espiritualidad

El ser humano es algo más que un pedazo de materia; hay algo vivo e inmortal dentro de nosotros que trasciende más allá de este mundo. Así lo he considerado siempre, más allá de los encasillamientos de las religiones. Y es que el ser humano siempre se ha hecho las mismas preguntas: quiénes somos, de dónde venimos, cuál es nuestro propósito en esta vida, qué hay más allá de la muerte… Unas preguntas que muchos han respondido de las más diversas formas y cuyas respuestas nunca han sido satisfactorias para una gran mayoría, razón por la cual estas preguntas son recurrentes a lo largo de los siglos.
 
Sin embargo, si has llegado hasta aquí, estás de enhorabuena, porque probablemente encuentres en este libro que he dedicado a la temática de la espiritualidad, las respuestas que tú, como yo y como todos los demás, estábamos esperando. Te invito  aquello descubras de la forma más amena y sorprendente que jamás hubieras podido imaginar…
 
“No son coincidencias”, eso que tú llamas coincidencias o casualidades son otra cosa muy diferente, algo que descorrerá el velo que te tapa esa otra realidad.
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miércoles, 29 de junio de 2022

Deseos convertidos en realidad

Aunque nunca me había parado a escribir sobre ello, siempre he sido consciente de que gran parte de mis deseos se convertían en realidad. Ahora, sin embargo me ceñiré a un caso reciente y que, quizás tiene más que ver con esas “coincidencias” que por doquier voy descubriendo, como si una especial vía de comunicación se hubiese establecido entre ese “alguien” y yo.
 
Desde hace tiempo vengo haciendo un intercambio muy especial con una amiga noruega. Yo le envío sellos de Noruega, que adquiero aquí en España (ella vive en un pequeño pueblo y, por lo tanto, no tiene ninguna Filatelia a mano) y ella me envía CD’s grabados con música moderna de su país.
 
Yo me limito a mantenerle actualizada la lista de los CD’s que tengo, indicando si me gustan mucho, regular o poco, para que así ella sepa cuáles son mis gustos musicales y me envíe cualquier cosa que se le ocurra que me pueda gustar. 

Pues bien, haría unos 15 ó 20 días que le había enviado mi última carta con dicha lista actualizada y sin ninguna preferencia marcada. Yo estaba sentado frente al ordenador, buscando en Internet cosas de Noruega y entré en una “tienda virtual”. Allí encontré algunos CD’s y vi 3 que me gustaría comprar, uno de Bjorn Eidsvag, otro de DDE y otro de Sissel Kyrkjebo que, por cierto, se llamaba “All good things”. Sin embargo, como es muy peligroso hacer compras por Internet, no llegué a hacer el pedido y, claro, me quedé con las ganas de haber conseguido esos tres CD’s. 

Dos días después abrí el buzón de correo y allí tenía una carta de mi amiga. Abrí el sobre y encontré un nuevo CD. ¿Cuál sería? A estas alturas creo que no sería difícil adivinar que uno de esos tres que he citado antes y, efectivamente, así era; en concreto, el de Sissel y su sugerente título “All good things”. 

Como se puede ver era una coincidencia más, aunque en este caso, cuando se produjo mi visualización de aquél CD en Internet y mi deseo de comprarlo, el CD ya estaba realmente en camino, posiblemente llegando a España. Puede que mi amiga estuviese pensando si me gustaría el CD que ella había elegido, aunque el hecho en sí de su decisión y su compra lo había hecho varios días antes. Yo, desde luego, estaba pensando en ese momento que me gustaría tener ese CD. Pero, lo más curioso es que precisamente hubiese entrado en esa página de Internet y que en ella hubiesen puesto el citado CD. 

Porque ¿sabéis una cosa? Unos días atrás, no muchos, menos de una semana, yo había entrado en esa misma página, había revisado qué clase de CD’s vendía allí y…. el de Sissel no estaba entonces.


Que no, que no, que no son coincidencias ni casualidades...

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martes, 21 de junio de 2022

La trompeta

Era la víspera de un importante partido de fútbol. En sueños me vi comprando una trompeta (de las que se venden para estas ocasiones) y la dejaba en mi asiento. La verdad es que nunca se me ha pasado por la imaginación hacer tal cosa, ni creo que vaya a hacer algo semejante en toda mi vida. 

Sin embargo, al día siguiente, cuando fui al estadio, y según me acercaba a mi asiento (soy socio, por lo que siempre ocupo la misma localidad) pude ver justo encima de mi asiento, precisamente esa trompeta.
 
La explicación “lógica” sería la de una coincidencia, ya que el niño que ocupaba el asiento de al lado, la había dejado allí (siendo esta, por cierto, la primera vez que hacía algo así). Sin embargo, no me cabe la menor duda que fue otra de las bromas a las que ya me tiene acostumbrado ese alguien de allá arriba. Desde luego, sentido del humor no le falta.
 

Seguro que encuentras algo, y no es por casualidad:

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sábado, 18 de junio de 2022

El clon

La casa necesitaba unas reformas. Había que acuchillar y barnizar el parquet y cambiar las puertas. Busqué diversas empresas de reformas pero.... deben ganar mucho dinero. Realmente cuando te hacen un trabajo y te lo cobran a precio de oro, lo que te están haciendo es un favor, y deberías dar gracias al cielo de que tú hayas sido el afortunado de tenerlos en tu casa el doble de tiempo de lo acordado, de haber tenido que mover tú mismo los muebles antes y después para que no se molesten (y no te los destrocen, por supuesto), limpiar a todas horas para no verte sumergido entre capas pleistocénicas de polvo, y pagarles al contado, por supuesto (si es que no les habías adelantado ya una buena parte del importe del trabajo). ¡Qué ingratos somos a veces! El caso es que fui buscando uno y otro hasta que encontré uno que se mostró ilusionado con la idea de conseguir un trabajo y otro (¡Qué raro! ¡Alguien que quiere trabajar antes de exigir el dinero!) y quedamos en que al día siguiente vendría a casa para tomar medidas y hacer el presupuesto.

 
Al día siguiente hubo una llamada. No podía venir como habíamos acordado. Se disculpó y preguntó si podía pasar al día siguiente. “En fin” me dije “el hecho de llamar para avisar y disculparse ya es una buena señal”, así que quedamos para el día siguiente.
 
Como no iba a venir hasta última hora de la tarde, decidí pasarme por mi otra casa para comer allí y recoger unas cosas. Entre ellas estaba el correo y, justo ese día, encontré una carta de mi amigo noruego Ingar. Nos conocíamos desde hacía muchos años y nos habíamos visto un par de veranos. En uno de ellos mi mujer y yo estuvimos en su casa y el año anterior, precisamente,  había inaugurado con él la nueva casa o “hytta” (casa de madera) que se había construido en las montañas. En esta carta me enviaba un cassette (me ha dado por añadir, a mi colección de música, grupos y cantantes escandinavos que no es posible encontrar en España) del cantante sueco Björn Afzelius. De regreso a casa para mi encuentro con el encargado de la empresa de reformas, iba escuchando la cinta que me había enviado esta vez.
 
Llegué con mi puntualidad habitual y le comenté a mi mujer la carta que acababa de recibir. Ingar era un buen amigo aunque vago a la hora de escribir. De hecho, nuestra correspondencia se cifraba en una carta al trimestre, aunque siempre venía acompañada de cassettes de música, cintas de video con imágenes de Noruega o un Calendario de pared cada Diciembre. Por mi parte yo le enviaba sellos y algún que otro autógrafo de gente famosa que podía conseguir y él añadía gustoso a su amplísima colección de autógrafos.
 
Sonó el timbre de la puerta y abrí: Allí estaba el encargado de la empresa de reformas que había pedido ir hoy en vez de ayer. Me quedé perplejo y mi mujer también. No pudimos menos que cambiar una mirada de asombro, comentarlo y decírselo también a él: era exactamente igual que mi amigo Ingar. La cara, el tipo, el pelo....
 
Una coincidencia de este tipo puede darse muchas veces. ¿Cuantas si no, decimos “mira, ese se parece a fulanito”. Pero ¿cómo explicar que venga a casa el mismo día que recibo su carta trimestral y que incluso haya pedido retrasarse un día para coincidir así con la recepción de su carta? Es como si de pronto se hubiera materializado un clon.
 
Por añadir, hasta podría poner una guinda: Estaba cenando –esa misma noche- y viendo la televisión. Emitieron un reportaje sobre el cáncer, una de las causas más importantes de muerte, incluyendo el testimonio de varias personas que habían superado la enfermedad, habían rehecho su vida y ahora -comentaban- veían las cosas de un modo diferente, dando más valor a todo. Este era, precisamente, el mensaje del programa.
 
Sólo es un detalle, nimio si se quiere, pero que se añade a todo lo demás. Ingar me decía en esa carta, que Björn Afzelius había muerto a primeros de este año... de cáncer. Ahora, cada vez que escuche su música, no sólo pensaré en las “coincidencias” y en “a qué diantres están jugando con nosotros”, sino que también recordaré que debemos dar más valor a todas las pequeñas cosas de la vida.


Una entretenida novela que no se parece a nada de cuanto hayas leído.

“Castidad & Rock and Roll”: 

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viernes, 17 de junio de 2022

No son coincidencias

Este es el más especial de todos mis libros porque en él comparto lo más íntimo, lo que más importa, y eso son... los pensamientos. ¿Alguna vez os habéis preguntado para qué estamos aquí? ¿Qué hay después de esta vida? Vivimos tan apegados a este mundo material que pocas veces nos paramos a pensar sobre estas cuestiones que, sin embargo, son aquellas que más deberían importarnos.
 
Hace unos años comencé a darme cuenta que algunas coincidencias o casualidades –como así las llamamos todos- que se daban en mi vida, no eran tales; eran otra cosa muy diferente. Pero no se trataba de una, ni de dos, sino de muchas, y todas conducían al mismo lugar. Y no fue una etapa pasajera, sino que estas “coincidencias” siguieron repitiéndose esporádicamente a lo largo de mi vida y cada vez que las cosas mundanas taponaban mi percepción espiritual, entonces sucedía un acontecimiento de este tipo que era algo así como recibir un picotazo en la conciencia para que prestara atención a lo que de verdad importa. Por esto he recopilado algunas de las más significativas en esta primera parte del libro.
 
En cualquier caso os pediría que no os quedéis sólo con la anécdota superficial sino que –al igual que hice yo- profundicéis en su significado. Estos hechos verídicos y de difícil explicación racional encienden una luz en nuestro interior que nos permite descubrir cómo detrás de esos hechos existe algo más, hay… una intención.
 
Como se trata de historias reales e íntimas que me han sucedido y todas ellas tienen algo de misterio, de humor y de sorpresa, supongo que su lectura resultará entretenida y sin mayor esfuerzo os guiará por el mismo camino que yo recorrí. Pero el camino no acaba ahí, antes al contrario, es el comienzo de uno nuevo y más profundo que –en la segunda parte de este libro- abordamos.
 
En esta segunda parte expongo una serie de reflexiones sobre los aspectos más trascendentes de la vida. Todo comienza con un viaje a Lisboa y el encuentro “casual” con un libro muy especial, “La luz que nos une”, el cual me da pie a una serie de reflexiones que comparto con vosotros. El siguiente paso es, si cabe, más sorprendente: “El hombre que volvió de la muerte”. Se trata de un caso “increíble” aunque ampliamente documentado y por ello ni hay que tomarlo como dogma de fe ni hay que descartarlo sin más. Hay que ser valientes y leerlo con la mente abierta, simplemente eso; después… que cada uno piense, reflexione y extraiga sus propias conclusiones
 
A continuación viene un encuentro con las enseñanzas de uno de los más grandes videntes de la historia (posiblemente el vidente más grande de la historia): Edgar Cayce. Bajo el título de “Lecturas inspiradoras” recojo una amplia serie de reflexiones sobre una parte del amplio legado que nos dejó.
 
Finalmente, y a modo de reflexión sobre muchos y variados asuntos trascendentes del ser humano, recojo una serie de pensamientos que no deben ser  más que eso: “pensamientos”. Porque cada lector debe ser capaz de nutrirse de muchas y diferentes fuentes pero sin aceptarlas sin más; debe pensar por sí mismo, digerir la información y extraer por último sus propias conclusiones.
 
Como despedida, un “Código de vida” que, de adoptarlo todos los seres humanos, haríamos de este mundo ese paraíso soñado. Cuantos más puntos de ese código incorporemos a nuestra vida, más satisfacción personal tendremos… e irradiaremos a los demás. Se ofrecen, en definitiva, una serie de puntos o claves que deberíamos tener en cuenta para que nuestro paso por este nivel de existencia (al que algunos llaman “vida”) sea lo más placentero y fructífero posible.

Os dejo ya con la lectura de estas reflexiones y estas imposibles coincidencias que un buen día despertaron mi razón y me revelaron qué es lo que hay al otro lado y cuál es el verdadero propósito de nuestra vida. Recuérdalo, eso que tú llamabas hasta ahora casualidades o coincidencias, no son tales; son pellizcos en tu alma para que te despiertes y abras los ojos.
 

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miércoles, 15 de junio de 2022

¿Por qué aparcas ahí?

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué aparcamos en un sitio y no en otro? ¿Por qué motivo un buen día decidimos buscar hueco por unas calles por las que nunca antes habíamos pasado? ¿Conducimos realmente nuestro coche o... somos conducidos? 

Se había estropeado el vídeo y tenía que llevarlo a arreglar. No era la primera vez que visitaba aquél servicio oficial de reparaciones y ya conocía de sobra las dificultades de aparcar en aquella zona. Habitualmente iba con mi mujer para dejar el coche mal aparcado pero con uno de los dos dentro para poder quitarlo en el caso de que molestase a alguien (actitud rara, por cierto, en estas latitudes, ya que todo el mundo lo deja en doble fila sin que le importe lo más mínimo molestar a los demás). Aquella vez, sin embargo tuve que ir yo solo y, sin saber por qué decidí meterme por unas callejuelas adyacentes, por las que nunca antes había pasado, con objeto de encontrar algún sitio correcto para aparcar. Para mi sorpresa, tuve suerte y encontré un buen sitio. Aparqué. Levanté la vista y me quedé helado: Había aparcado al lado de un bar. Pero lo extraño no era eso, sino el nombre del bar: “Bel Canto”.
 
Aparte de lo original del nombre ¿qué tiene eso de extraño? Retrocedamos un día en el tiempo.
 
El día anterior había pasado por mi nueva casa (aún no vivíamos en ella) y recogí el correo. Entre las cartas había una de un amigo noruego que me enviaba una cinta de cassette con las canciones de un grupo de pop noruego. Guardé la cinta y, de regreso a casa no me dio tiempo suficiente a oírla toda, así que la dejé en el coche para terminar de escucharla al día siguiente.
 
Aproveché mi obligado desplazamiento al servicio de reparaciones del video, para terminar de escuchar la cinta. La música de un grupo extranjero, cuyos discos no se venden en nuestro país, iba sonando fuertemente por los altavoces mientras buscaba ávido un lugar para poder aparcar. Entré por una calle por la que nunca antes había circulado. ¡Albricias! Encontré un magnífico sitio para aparcar y así lo hice. Levanté la vista y vi el nombre del bar junto al que había aparcado, mientras en los altavoces de mi coche aún sonaba una de las canciones de ese grupo noruego llamado... ¡Bel Canto!
 

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lunes, 13 de junio de 2022

Atracción sobrenatural

Fue una Navidad en Londres. No hacía mucho tiempo que había hecho realidad mi sueño de visitar Noruega y no paraba de escribirme con gente de aquél país, coleccionar sellos y conseguir cuanta información pudiera para conocer mejor su historia, su cultura, su naturaleza... Por eso, aun estando aquella Navidad en Londres, mi corazón seguía en Noruega, vestía mi jersey noruego, e incluso cuando visité el museo de cera no puede resistir la tentación de hacerme una fotografía junto a la figura del rey Haakon V. 

Una tarde fuimos a recorrer Hyde Park, como miles de turistas. Llevaba mi cámara fotográfica con la que solía sacar fotografías junto a los principales monumentos o rincones típicos... como todo el mundo. Pero aquella tarde sucedió algo distinto. Vi a lo lejos una piedra que llamó mi atención y sentí el irrefrenable impulso de acercarme hasta ella y hacerme una foto. No era nada especial, ni nada típico. Era una simple mole de granito sin tallar; vamos, un pedrusco enorme, redondeado y de 3 metros de altura, situado en mitad del parque. No tenía nada de especial, salvo una placa con una inscripción. Ya estaba oscureciendo y aún teníamos mucho que ver, así que no me entretuve más que lo necesario para hacerme la foto allí, todo orgulloso junto a aquella piedra de granito que no decía ni representaba nada (al menos eso era lo que yo creía).
 
Ya de regreso en Madrid, llevé a revelar las fotos, las vi, las ordené, las guardé en el álbum, las enseñé a los familiares... No fue hasta mucho tiempo después en que –mirando de nuevo las fotos- me pregunté qué es lo que habría escrito en la placa pegada a aquella roca. Afortunadamente la foto era de buena calidad y con ayuda de una lupa pude descifrar el mensaje. Decía así: “This stone was erected by the royal Norwegian navy and the Norwegian merchant fleet in the year 1978. We thank the British people from friendship and hospitality during the Second World War. You gave us a safe haven in our common struggle for freedom and peace”. ¡Una piedra noruega, un trozo de aquél país en mitad de Londres!
 
¿Qué impulso me llevó a hacerme una foto junto a esa piedra? Por supuesto que si hubiese sabido que procedía de Noruega hubiera ido sin dudarlo hacia allí y me hubiera hecho la foto; pero ni lo sabía ni me di cuenta hasta mucho tiempo más tarde. Fue como si “alguien” me hubiese gastado una broma diciendo “estás tan pesado con todo lo de Noruega que ¡toma! aquí tienes un pedazo de ese país para que te lo lleves de recuerdo”.
 
Aquél fue el comienzo y poco a poco fui descubriendo la enorme cantidad de coincidencias que se acumulan sin que apenas nos demos cuenta. ¿Tan sordos y ciegos estamos que no nos damos cuenta que nos están llamando? ¿Que nos están alertando? ¿Que nos quieren decir algo?
 

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sábado, 11 de junio de 2022

Una puerta a otra realidad

La verdad –hablando en los términos en que solemos hacerlo- no existe. Cada uno tiene su verdad y esa es la verdadera para él (y no tiene por qué coincidir con la de los demás). Todos están en lo cierto... y todos están –posiblemente- en el error también. Desde luego, mientras no salgamos del estado de percepción tan limitado que nos da este mundo físico que llamamos “vida” no vamos a ser capaces de comprender ni el más mínimo ápice de lo que es la VIDA. Así, en este camino que estamos obligados a seguir no encontraremos mayor satisfacción que el esfuerzo por abrir nuestro propio camino y tratar de comprender nuestro entorno, aun sabiendo que esa comprensión no será mas que un engaño a nuestros sentidos, pero nos dará al fin y al cabo un poco de seguridad para seguir avanzando. 

La puerta de entrada para conocer qué hay “al otro lado” es eso que llamamos “coincidencias” o “casualidades”. Seguro que a lo largo de tu vida te has encontrado con muchas de esas “coincidencias” o “casualidades”, algunas de ellas –como tú mismo habrás reconocido- muy difíciles de explicar.
 
Yo también me he topado con muchas de esas “”coincidencias” o “casualidades” hasta que un día comprendí que se trataba de algo muy diferente, de señales de algo que debía descifrar. Fue así como comencé a escribirlas para poder analizarlas posteriormente con mayor detenimiento, y al cabo de un tiempo, tras analizar todas las que había recopilado, comprendí lo que significaban.
 
Tú puedes hacer lo mismo. El hecho de reconocer esas coincidencias y dejarlas atrapadas en el papel te abrirá los ojos y comenzarás a ver cada vez más lejos…
 

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jueves, 9 de junio de 2022

¿Casualidad? ¿Coincidencia?

Todos nosotros hemos vivido casualidades tan características como ésta: estás pensando en alguien y, en ese momento, ese alguien te llama por teléfono. No habíais quedado, no existía una razón para que la llamada se produjese en ese mismo momento... y sin embargo la llamada se realiza. 

A veces, las cosas llegan un poco más lejos. Hoy mismo estaba hablando con un compañero del trabajo al que había facilitado la posibilidad de que le incluyesen un anuncio gratuito en un periódico para tratar de alquilar un piso. En dicho periódico me habían hecho ese favor diciéndome que lo publicarían todos los días que fuese necesario, hasta que se alquilase dicho piso. Pues bien, este compañero había venido a darme las gracias y a decirme que ya no era necesario que siguiesen publicando dicho anuncio porque había conseguido alquilar el piso. Hasta aquí, todo normal. Pero, ¿qué sucedió en el preciso instante en que ese compañero salía de mi despacho?
 
Pues bien, según iba saliendo de mi despacho, cogí el teléfono para llamar a la periodista que me había hecho el favor de publicarlo, a fin de darle una vez más las gracias y decirle que podía dejar de publicar dicho anuncio. Cuando se puso me dijo: “parece que me has leído el pensamiento; ahora mismo pensaba llamarte”. “Bueno, no tiene nada de extraño”, pensé yo, “después de todo hay muchos motivos por los que puede llamarme: para pedirme alguna información relativa a los cambios que se están produciendo en la compañía, para hacerme alguna oferta de publicidad para su periódico...”. Sin embargo, ella se adelantó y disparó “¿quería preguntarte cómo iba lo del anuncio del alquiler del piso? ¿Tenemos que seguir publicándolo más veces?”. Curiosa pregunta; cuando además no llevaba tantos días saliendo el anuncio.
 
¿Cómo se puede interpretar esto? ¿Telepatía? ¿Casualidad? Hay, en términos generales dos tipos de explicación para estos fenómenos tan comunes y que todos conocemos perfectamente.
 
Una de las explicaciones apunta a la existencia, precisamente de la transmisión del pensamiento, causante de poner en marcha estas acciones. La otra, simplemente apunta al cumplimiento estricto de la ley de probabilidades: Cada uno de nosotros piensa en muchas personas al cabo del día. En una semana han podido pasar por nuestra imaginación, no se, ¿500? ¿1000 personas? ¿Más? En cualquier caso, si de todas esas personas en las que hemos estado pensando, hay una o dos cuya llamada ha coincidido con nuestro pensamiento hacia ellas, no se trata ni de telepatía, ni de coincidencia, ni de ninguna otra zarandaja; es simplemente lo normal. Es como tirar el dado muchas veces, al final acabará saliendo cada número en una proporción muy parecida. O meter la mano en una bolsa con bolas de distintos colores; cada vez vamos cogiendo una y -antes de sacar- tratamos de adivinar su color. ¿Magos o adivinos? ¡No! simplemente, es la ley de probabilidades, ¡Alguna vez tendremos que acertar!
 
Sin embargo hay otra clase de “coincidencias” que van mucho más allá y es de ellas de las que os quiero hablar. Poco a poco, a través de los años, he podido ir viendo un poco más lejos. Hay a nuestro alrededor muchas cosas que no somos capaces de ver. Sin embargo, con la determinación de verlas y un adecuado entrenamiento, va apareciendo ante nuestros ojos un mundo muy diferente al que conocíamos. Otra cosa es que alcancemos o no a entenderlo. ¡Qué más quisiéramos! Pero es evidente que está ahí. A veces comparo esta diferencia de visión con la que cualquiera de nosotros tiene un día de niebla y otro de claridad absoluta. Incluso en lo alto de una montaña, un día nuestra vista alcanza hasta el horizonte y nos permite descubrir los pequeños pueblos, riachuelos del valle, etc., mientras que otro día, desde ese mismo lugar, apenas si somos capaces de ver más allá de unos pocos metros.
 
En la vida que llevamos sucede lo mismo. Si prestamos atención a esos pequeños detalles, nuestra visión interior irá mejorando y seremos capaces de descubrir un montón de cosas que siempre habían estado allí y nunca fuimos capaces de verlas. Es cuestión de determinación y... entrenamiento.
 

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martes, 7 de junio de 2022

¿Quién está ahí?

¿Existen las casualidades? ¿Somos nosotros los constructores de nuestro propio destino? A veces parece como si alguien ahí fuera estuviera jugando con nosotros.  Muchas veces me pregunto si no seremos como hormigas a las que un adulto aburrido se erige como dueño y señor de sus destinos. Imaginad que estáis pasando unos días en el campo. Por alguna enfermedad, o simplemente por pereza o aburrimiento, pasáis largas horas sentados bajo la sombra de un árbol. A vuestros pies, el ajetreado bullir de un hormiguero llama vuestra atención. Después de un tiempo de mirar, sin interferir para nada en su quehacer habitual, decidís intervenir. Elegís a una hormiga en concreto, camino de su hormiguero. Cuando está a punto de introducirse en el mismo la cogéis y la hacéis retroceder un metro. Tras un desconcierto inicial, la hormiga retomará su sendero y se dirigirá de nuevo al hormiguero. Nuevamente, cuando está a punto de introducirse en el mismo volvéis a cogerla y repetís la misma operación. Y así una y otra vez. La hormiga se encontrará, posiblemente, cada vez más desorientada y no entenderá nada de lo que está pasando pero, indefectiblemente, proseguirá su proyecto trazado hasta que vosotros, ya cansados, decidáis dejar el juego. 

Otro día jugáis a hombre del tiempo y decidís, bajo el tórrido y seco calor del verano, que no estaría mal una borrasca y un poco de lluvia. Cogéis un pulverizador de agua y comenzáis a pulverizar la misma sobre la boca del hormiguero. “¿Cómo es posible que con un sol radiante haya una minúscula nube que deje caer su fina lluvia justo sobre la boca del hormiguero?”, se preguntarían, si pudieran hacerlo, las hormigas. Quizás, llevados por la maldad inherente al ser humano, preferís convertiros en verdugos y descargar una riada que inunde el hormiguero. Cogéis unos cubos de agua y los vertéis de improviso sobre el mismo. ¡Pobres hormigas! ¡Esto no estaba en sus planes! ¡Alerta general! Todos sus equipos de rescate se ponen en movimiento para evacuar las larvas y ponerse todas a salvo.
 
Más generosos, unos días más tarde, decidís ser los señores bondadosos del cielo y ponéis granos de trigo y diversos pedacitos de alimento alrededor del hormiguero. ¡Vaya, ese día tendrán trabajo extra! Rápidamente se corre la voz (es un decir, porque las hormigas no hablan) y todas se afanan en trasladar tan suculentos manjares al interior. Esto último podéis repetirlo durante varios días, con distintos alimentos; quizás a la misma hora y en el mismo sitio para después, un día -de improviso- no hacerlo. Nuevamente el asombro. ¿Qué pasará hoy que no aparecen los alimentos mágicos? Pero las respuestas las tiene siempre el señor todopoderoso -vosotros- y ellas no son capaces de conocer las causas ni las intenciones que os mueven. ¿No habíamos quedado que sólo se trataba de aburrimiento y lo hacíais para distraeros un rato?
 
La vida en ese hormiguero se ha vuelto muy diferente a la de otros. Nadie encuentra parangón ni con el pasado ni con los hormigueros vecinos. Nadie entiende las razones... pero padecen las consecuencias, tanto si son buenas, como si son malas o indiferentes.
 
¿Es una casualidad, por ejemplo, que cada vez que una hormiga en concreto va a entrar en el hormiguero, le caiga una gota de tinta en el cuerpo? ¿Por qué cuando esa hormiga está arrastrando un pesado grano de trigo hacia su casa, siente algo extraño que la mueve y la acerca, ahorrándole una gran parte del camino?
 
No creáis que nosotros somos mucho más que las hormigas. Si nos comparamos con otros seres inteligentes del Universo, que haberlos “haylos”, el ejemplo del hombre y la hormiga podría ser perfectamente válido. Pero no estoy hablando de seres extraterrestres, ni de ángeles, ni de seres de otra dimensión; sino de “alguien” que está aquí mismo, donde nosotros; que no podemos verlo ni comprenderlo, pero que él mismo conoce todo lo que hacemos, interviene cuando le da la gana y -me temo- que hasta conoce nuestro futuro, lo que ya nos adentraría en los misterios de la predestinación y, la verdad, no quiero llegar a tanto...de momento.


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lunes, 26 de octubre de 2020

Otra casualidad imposible

Para todos aquellos que de vez en cuando se sorprenden por alguna casualidad o coincidencia “imposible” que les sucede alguna que otra vez, relataré ahora la última de esas “casualidades” que me ha sucedido…

En el año 1933 se concedió el Oscar de Hollywood a la película de Walt Disney “Los tres cerditos”. Hace 30 años, cuando mis hijos eran pequeños, comencé a comprarles películas de Walt Disney en formato vídeo VHS. Compré muchas y entre ellas, una cinta que contenía una selección de cortometrajes premiados, entre ellos, “Los tres cerditos”.

Pasaron los años, mis hijos crecieron y se hicieron adultos. Pasaron los años, los vídeos VHS desaparecieron y todas aquellas cintas fueron a parar al trastero, junto con el reproductor de vídeo VHS. Pasaron los años, y tuve una nieta. Pasaron tres años y medio más, y me di cuenta que a mi nieta le gustaría ver aquellas películas. Rescaté el reproductor de vídeo y algunas de aquellas cintas (no todas, sólo las más infantiles), para verlas de nuevo junto a mi nieta. Estás en lo cierto si piensas que una de aquellas cintas que elegí para proyectar en primer lugar a mi nieta fue la de “Los tres cerditos”. Y así fue, esa película y no otra se convirtió en la primera película que le puse a mi nieta.

Pero ¿qué pasó al día siguiente de haber visto esa película? Algo inédito y realmente sorprendente. Estaba viendo la televisión y salió una persona contando cómo era su día a día en esta cuarentena por coronavirus que todos debemos padecer. El hombre se dirigía a la cámara y contaba su experiencia, pero mi vista se fijó en lo que había detrás de él: una pantalla de televisión en donde se estaba proyectando la película “Los tres cerditos”.

El hecho en sí de que se proyecte esa película en televisión no tiene nada de extraño, sobre todo en estos días en que hay que tener muy entretenidos a los niños; lo realmente sorprendente es que yo viese esa escena justo después de haber visto con mi nieta esa película treinta y tantos años después de haberla comprado y veintitantos años después de haberla tenido arrinconada en el trastero, y haber elegido esa, precisamente esa y no otra, para que fuese la primera película que veía junto a mi nieta.

En fin, si te pica la curiosidad y quieres saber más sobre eso que la gente llama “casualidades” o “coincidencias”, y que en realidad no son ni lo uno ni lo otro, sino algo muy distinto, te invito a leer el libro “No son coincidencias”. Hay disponible una edición digital (eBook) por sólo 5 euros y también una edición impresa, y los de Amazon siguen trabajando todos estos días.

“No son coincidencias”, Vicente Fisac, está disponible en Amazon, en ediciones digital e impresa.

lunes, 12 de octubre de 2020

No son casualidades ni coincidencias

Seguro que muchas veces te ha sucedido algo sorprendente o simplemente curioso que tú has definido como una “casualidad” o una “coincidencia”. Pero ¿estás seguro que sólo se trataba de eso? Si te fijas bien, verás que eso es algo que nos sucede a todos con cierta periodicidad. Hay demasiadas “casualidades” o “coincidencias” como para creer que sólo son eso, algo fruto del azar que no tiene ninguna significación ni tampoco tiene ninguna causalidad.

Lo mismo me sucedió hasta que me decidí a recopilarlas para encontrar una explicación. El resultado lo he trasladado a un libro cuyo título lo dice bien claro: “No son coincidencias”. Entonces… ¿qué son?

Así las cosas, lo primero que debes hacer es preguntarte: “¿Por qué estoy leyendo esto ahora?”. Es una llamada para que lo averigües por ti mismo, para que abras la puerta a nueva dimensión. Piénsalo. A veces parece como si alguien ahí fuera estuviera jugando con nosotros.

“No son coincidencias", de Vicente Fisac, está disponible en Amazon (www.amazon.es) tanto en edición digital como en edición impresa.

sábado, 26 de septiembre de 2020

Una nueva coincidencia

Hoy voy a relatar una nueva coincidencia, casualidad o como quieras llamarla, pero –coincidirás conmigo- es realmente sorprendente. Sucedió en los primeros días de este mes de septiembre...

Mi mujer estaba haciendo zapping, pasando rápidamente de un canal a otro en televisión. De pronto apareció en la pantalla la repetición de un partido de fútbol antiguo entre el Barcelona y la Real Sociedad y, como no paraba de hacer zapping, la escena del partido de fútbol sólo duró un par de segundos en los cuales sólo se escuchó al locutor nombrar a uno de los jugadores que intervenían en aquél partido de fútbol: Puyol. Eso fue lo que escuché decir al locutor, “Puyol”; no nombró a ningún otro jugador ni le escuché comentario alguno más.

¿Qué tiene esto de raro o extraño? Pues ahora verás. Al escuchar “Puyol” yo me quedé impactado porque precisamente esa noche –y sin ningún motivo- había soñado con Puyol y no de una forma intrascendente o pasajera, sino que esa noche Puyol se había convertido en el eje central de mi sueño.

Sólo para satisfacer tu curiosidad te contaré de qué iba el sueño, aunque eso poco tiene que ver con tan insólita “coincidencia”. En mi sueño, el Barcelona, ante el anuncio de Messi de abandonar el club, decidía fichar a Puyol aunque ya se había retirado de la práctica activa del fútbol (tal como es la realidad). Y todo el sueño consistía en ver a Puyol cómo aceptaba volver al equipo para jugar, manifestando que aún estaba en forma.

Soñar con el Barcelona (después de todo el lío Messi que se ha organizado en los medios de comunicación) no tiene nada de extraño, pero soñar con un jugador de fútbol jubilado del que llevamos varios años sin tener noticias suyas y que sea precisamente su nombre el único que suene en el televisor al día siguiente, eso sí que es totalmente incomprensible.


Si te pica la curiosidad por ese tipo de coincidencias, te recomiendo que le eches un vistazo al siguiente libro que puedes encontrar en Amazon: “No son coincidencias”, de Vicente Fisac.
https://amzn.to/2OCmSsO

sábado, 13 de junio de 2020

No es casualidad


¿Por qué te has parado a leer este comentario? ¿No te preguntas cuál es la razón? Casualidad, dirás, pero… ¿estás seguro? Si te fijas, hay demasiadas casualidades o coincidencias como para creer que se trate sólo de eso.

El libro que comentamos aquí te lo dice bien claro desde su propio título: “No son coincidencias”. Es un libro en donde encontrarás respuesta a muchas de las preguntas que desde siempre se ha formulado el ser humano. ¿Cuál es nuestra misión en este plano de existencia? ¿Existe el tiempo? ¿Hay universos paralelos? ¿Por qué estamos vivos? ¿Somos nosotros los constructores de nuestro propio destino?

Piénsalo. A veces parece como si alguien ahí fuera estuviera jugando con nosotros.

Fuente.- “No son coincidencias”, de Vicente Fisac.
Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

miércoles, 26 de febrero de 2020

¿Por qué estás leyendo esto?


De los miles de millones de cosas que se pueden leer en Internet, ahora te has detenido en esta pantalla. ¿Te has parado a preguntarte cuál es la razón? Casualidad, dirás, pero... ¿estás seguro? Si te fijas bien en todas las cosas que nos pasan a diario en la vida, te darás cuenta que hay demasiadas “casualidades” o “coincidencias” como para creer que son solo eso.

El libro “No son coincidencias” te muestra algunos ejemplos, muchos de ellos imposibles de calificar como simples coincidencias” y profundizando en ellos se adentra en descifrar su significado. Por el camino, descubrimos la respuesta no sólo a esto sino también a muchas de las preguntas que desde siempre se ha formulado el ser humano. ¿Cuál es nuestra misión en este plano de existencia? ¿Existe el tiempo? ¿Hay universos paralelos? ¿Es un milagro que estemos vivos? ¿Somos nosotros los constructores de nuestro propio destino? Piénsalo. A veces parece como si alguien ahí fuera estuviera jugando con nosotros.

No dejes escapar la oportunidad de descubrir por ti mismo qué se esconde detrás de eso que todo el mundo llama “coincidencias” o “casualidades”.

“No son coincidencias”, Vicente Fisac
Disponible en Amazon (www.amazon.es)
Edición impresa: 13,80 euros
E-book: 5 euros