viernes, 30 de noviembre de 2018

Kárate: Empresario (1)


Menos mal que al dar título a este capítulo he especificado que mi relación con el Kárate no fue como karateca sino como empresario, porque si no ya estaríais preguntando: “¿Pero es que también practicaste Kárate?”. En este caso, mi relación con este deporte ha sido muy esporádica aunque no por ello menos significativa. En primer lugar recuerdo que mi hija mayor (cuando era pequeña) se apuntó a clases de Kárate, por lo que no era raro ver en mi casa el clásico kimono, los cinturones que iban cambiando de color según progresaba adecuadamente, etc., así como escuchar los gritos que se dan (digo yo que será para asustar al contrario) cuando hacía algún ensayo en casa. Aparte de esto, y asistir como espectador a un campeonato en donde participaba (lo importante era participar, así que ya sabéis el resultado) no tuve más relación con este deporte... hasta el año 1987.

Trabajaba entonces en la compañía de agroquímicos ICI-Zeltia (hoy Syngenta) como Jefe de Publicidad y un buen día llegó el momento de lanzar un nuevo insecticida cuyo nombre comercial sería “Kárate” (lambda-cihalotrina). Siendo yo el Jefe de Publicidad me correspondía el honor de crear la campaña de publicidad para su lanzamiento y, en este caso, estaba claro que debía girar sobre el Kárate para que la imagen del deporte y el nombre de marca del producto se asociasen de inmediato; es más, la idea era que esta asociación fuese tan evidente que cada vez que algún agricultor oyese, leyese o viese algo de Kárate, inmediatamente le viniese a la mente la imagen de marca de nuestro insecticida.

Lo primero que hice, no obstante, fue estudiar el producto, y pude comprobar cómo se trataba de un insecticida muy potente que necesitaba una dosis de sólo 15 gramos por hectárea y esta bajísima concentración no hacía daño a las abejas ni a otros insectos beneficiosos, ni dejaba residuos significativos en el suelo. Ya tenía la clave. Mi eslogan fue “Kárate, lucha limpio”. ¡El fair play llevado a la publicidad! Ese slogan, junto con el logotipo del producto figuró en todo tipo de materiales y artículos publicitarios (folletos, carteles, anuncios prensa, vallas, cabinas telefónicas (donde se veía a un karateca a tamaño real), camisetas, gorras, bolígrafos... y ya que se trataba de Kárate, también cinturones. En los folletos se comenzaba diciendo “Si las plagas pueden con Vd...” y se continuaba con la solución: “Deles un golpe de Kárate”. Después, tras exponer sus características, ventajas y aplicaciones, se concluía diciendo que Kárate era “El golpe definitivo contra las plagas”.
(Continuará...)

jueves, 29 de noviembre de 2018

Hípica (y 2)


Pero sigamos con la historia, aunque en esta ocasión me temo que va a ser muy corta. Y la corto porque a los nueve años me vine a vivir a Madrid, en donde los únicos caballos son de potencia de motor, y ya sólo iba a Daimiel en los veranos e incluso a partir de los 16 años eran el sexo femenino y los amigos los que me atraían, más que unos bucólicos paseos por el campo. Esto quiere decir que me olvidé por completo de la Hípica, con la única excepción de alguna carrera que fui a ver al Hipódromo.

No obstante la vida da muchas vueltas, nos prepara inusitadas sorpresas y, entre ellas, una experiencia insólita que paso a contaros. Se trata de mi postrero, de mi aislado y último contacto con la Hípica a lomos de un auténtico caballo. Pero ¿qué sucedió? Para compartir con vosotros esta historia os invito a cerrar los ojos, subir a un avión imaginario y viajar hasta Argentina.

Por aquél entonces llevaba varios años trabajando en la compañía de agroquímicos ICI-Zeltia (hoy Syngenta) como Jefe de Publicidad. Como me ocupaba, entre otras cosas, de colaborar en la organización de viajes y convenciones, el comercial de Meliá Viajes, con quien contratábamos muchas veces dichos eventos, me invitó a participar en un inolvidable viaje a Argentina junto con los responsables de Publicidad de otras compañías. Fue así como por primera y única vez crucé el charco y visité Buenos Aires y las cataratas de Iguazú, pero también hubo otra visita: a una auténtica hacienda argentina, de esas que vemos en las películas, con los gauchos, el ganado... y los caballos.

Tras la correspondiente visita nos ofrecieron una espectacular comida a base de asados –como la ocasión lo merecía- amenizada por un grupo de folklore local. Al terminar la comida nos dijeron que hiciésemos lo que quisiésemos hasta la hora de la partida, tomar copas con barra libre, pasear por allí o... montar a caballo.

Naturalmente yo elegí sin dudar esto último y me dirigí al lugar donde había algunos caballos atados a los árboles, paciendo tranquilamente. Elegí uno, me acerqué, lo acaricié... parecía manso. Me subí, cogí las riendas y... ¿Alguna vez habéis intentado arrancar el coche y se os ha calado? Pues eso mismo me pasó: el caballo no arrancaba. Le di palmaditas, tiré de las riendas, clavé los talones de mis deportivas como si llevase espuelas, le chisté para que se moviera... nada, ni un milímetro. Así que al cabo de unos interminables minutos intentándolo todo, sin conseguir del precioso caballo ni el más minúsculo movimiento, me bajé del mismo y regresé cabizbajo donde estaban todos los demás (que habían preferido el deporte de la “barra libre” tomándose una tras otra toda clase de bebidas alcohólicas). Esa fue mi gran suerte, que sólo yo había intentado lo de montar a caballo (los demás prefirieron seguir sentados tomando copas) y nadie vio mis esfuerzos por arrancarlo para finalmente, vencido y humillado, regresar con el grupo. Como el que no se consuela es porque no quiere, por lo menos me queda el consuelo de haber sido uno de los pocos jinetes a los que un día... se les caló el caballo.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Hípica (1)


El término “Hípica” se refiere a todo lo relacionado con los caballos, y en especial con los deportes ecuestres, aunque la asociación más normal que nos llega a la mente al oír esta palabra es la de carreras de caballos. Sin embargo la Hípica comprende muchas modalidades además de las carreras de caballos, están ahí, por ejemplo, las competiciones de doma, de campo a través, de saltos de obstáculos, etc.

Ya desde pequeño me gustaba aquello de montar a caballo, bien fuese cuando me llevaba a cuestas mi padre, o cuando cabalgaba montado en un palo, o cuando me subía “a caballo” del gran y bonachón perro que había en la finca de mi abuelo, e incluso cuando no había ni padre, ni palo, ni perro, galopaba sobre un caballo imaginario dándome azotes en el culo mientras decía “¡arre, arre!” para ir más deprisa.

Afortunadamente el hecho de pasar mi infancia en un pueblo facilitó que pronto subiera a lomos de los equinos y, en este sentido, mis primeras andanzas ecuestres fueron en burro. Pero que nadie piense que aquello era fácil, porque estos animales hacen honor a su nombre y son muy “burros” y si quieren ir por un camino no hay quien les haga cambiar de idea. De niño, pues, aprendí a  montar en burro, primero acompañado por algún mayor y después alguna que otra vez, yo solo. Nunca fueron grandes recorridos los que realicé pero eran, a fin de cuentas, mis primeros contactos con la Hípica.

Poco después, ya más crecidito, otro gran paso adelante me esperaba: montar en mula, que son esos hijos estériles de yegua y asno o de caballo y burra. El caso es que en la finca de mi abuelo, había muchos de estos animales, los cuales se utilizaban para tirar de los carros, bien fuesen de paseo (tartanas, tílburis, etc.) o destinados a las faenas del campo (carros, galeras, etc.). Al principio montaba sobre su grupa cuando estaban uncidos al carruaje y ya, más tarde, también alguna que otra vez, cuando estaban sueltos.

La Hípica proporciona una comunión entre el hombre y la bestia, aunque la mayor parte de las veces es más bestia el que monta que el montado. Esa cercanía y contacto con el animal es una sensación que no dan otros deportes, a lo que hay que añadir el entorno en que se practica tan noble y milenario deporte: el campo.

martes, 27 de noviembre de 2018

Halterofilia (y 2)


Damos así un salto hasta el año 1973 en que se celebró en Madrid, en el Palacio de los Deportes, el Campeonato de Europa de Halterofilia, y tuve la suerte y el acierto de poder ir a verlo. Igualmente fue un acierto que a la entrada del recinto entregaran un programa en el que se explicaba qué era eso de la Halterofilia, su historia, las modalidades existentes, su técnica, las categorías, etc. Gracias a esa guía disfruté mucho más de la competición, aprendiendo a valorar el estilo de cada atleta tanto si era en la modalidad de arrancada (elevar sin interrupción la barra desde el suelo hasta arriba con los brazos extendidos en alto) como de dos tiempos (subir dicha barra en dos tiempos, primero hasta los hombros y después hasta arriba con los brazos extendidos).

A raíz de aquella competición y la exhibición dada por los atletas, no era difícil verme alguna vez levantando el palo de la escoba en arrancada o en dos tiempos, marcando perfectamente los movimientos de los atletas. Pero como esto sólo lo hacía muy de vez en cuando y jamás entrenaba ni hacía ejercicios de musculación, estaba claro que Dios no me había llevado por el camino de la Halterofilia.

A pesar de esto sí que tuve ocasión de practicarla un poco más en serio cuando me compré un piso en Tres Cantos, ya que la urbanización contaba con un gimnasio en el que había diversos aparatos de musculación y un buen surtido de halteras. Recuerdo que el primer día hice como todo el mundo: darme un palizón de gimnasia con todos los aparatos habidos y por haber y quedarme hecho polvo, lleno de agujetas, los tres días siguientes. Por eso los españoles se apuntan todos los años a un gimnasio, van un par de días y lo dejan; y por eso los gimnasios exigen una matrícula o algo así de entrada porque saben que la mayoría de los que empiezan no aguantan más de un mes. Sucede igual que con los cursos de idiomas: todos los españoles empiezan a estudiar inglés todos los años, y todos los años desde el nivel cero; y todos los españoles comienzan a hacer colecciones de fascículos de lo que sea, y cuando han comprado los tres o cuatro primeros se cansan y lo dejan.

En esta ocasión, no obstante, el gimnasio estaba allí, en la propia urbanización y era de acceso libre y gratuito, así que resultaba muy fácil bajar a entrenar... aunque más apropiadamente debería decir bajar a jugar. A fin de cuentas, de eso se trataba, de divertirse jugando a ser un gran levantador de pesas. De esta forma pude ejercer la Halterofilia y disfrutar de ella, con el gusto que da eso de añadir un par de kilos a cada extremo de la haltera y levantarla al más puro estilo de arrancada o dos tiempos. Muchos kilos no ponía, eso es cierto... pero quedaba tan bonito... y me hacía sudar y me ponía fuerte. ¿Qué más podía pedir? Después, pasada la novedad, dejé de interesarme por la Halterofilia y me centré en otros deportes, pero puedo decir con orgullo que al menos en algún momento de mi vida he practicado la Halterofilia y que una vez en mi vida yo fui “El niño más fuerte del mundo”.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Halterofilia (1)


La Halterofilia, también llamada (aunque suena más vulgar) “Levantamiento de pesas”, es en definitiva eso, levantar unas pesas que en este caso es una barra en cuyos extremos se van colocando discos de diferente peso para ver cuánto eres capaz de levantar. Ese nombre tan bonito le viene de las “halteras” que es así como se llama esa barra con pesas en los extremos. Pero vayamos ya a la historia de mi experiencia en este deporte en el que –todo aquél que me conozca- pensará que estoy mintiendo, porque con una complexión tan delgaducha no es posible practicarlo. Demostraré, por consiguiente, que se equivocan, y les aclararé que esa imagen de tíos gigantones y rebosantes de músculos con que todos nos imaginamos a los levantadores de pesas no es cien por cien real; lo digo porque en Halterofilia hay 15 categorías (8 masculinas y 7 femeninas) y la más pequeña de las categorías masculinas es para atletas que no sobrepasen los 56 kilos y por lo tanto los de esos pesos no son gigantones musculosos sino tíos más bien pequeñitos aunque fortachones.

Para comenzar nada mejor que remontarnos a mi infancia, cuando debía tener unos seis o siete años. Sucedió entonces que acudió a Daimiel “El hombre más fuerte del mundo” (así lo anunciaron en todos los carteles), el cual iba a hacer una demostración de su fuerza en el campo de fútbol. Mi padre me llevó a verlo y pude comprobar la extraordinaria fortaleza de tal sujeto. Cogía unas barras de hierro del grosor de dos dedos y se las enrollaba en los brazos convirtiéndolas en muelles. Era capaz de volcar un coche con la simple fuerza de sus brazos o de arrastrar un camión lleno de gente del pueblo tirando del mismo con una cuerda sujeta por sus dientes, o un autobús lleno de gente tirando de él con una cuerda atada a su pelo, o romper no sé cuántos ladrillos de un cabezazo.

Unas horas después de finalizado el espectáculo, recuerdo que iba de paseo con mi padre por el pueblo y me llevó a una casa en donde estaba cenando “El hombre más fuerte del mundo” y se acercó a saludarlo y felicitarlo por sus proezas; entonces me lo presentó y él, en vez de darme un beso (a fin de cuentas yo sólo tendría unos seis años) me ofreció su mano como si fuese mayor, lo cual me hizo mucha más ilusión. Yo estreché su mano y, para mi asombro, él comenzó a chillar fingiendo dolor y diciéndome que no le apretara tanto, que le estaba haciendo daño. Supongo que comprendí que aquello era una broma, pero realzó mi autoestima y me sentí “El niño más fuerte del mundo”.

Durante todos los años que siguieron no levanté nunca unas pesas, sólo algún sofá si se me había caído algo debajo, o unas cuantas cajas, o bien arrastraba una carretilla llena de tierra; es decir, nada del otro mundo, ni mis músculos sobresalían en mis brazos por mucho que intentase “sacar molla”.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Golf


El Golf es un deporte que siempre se ha considerado elitista ya que poder practicarlo exige el desembolso de una importante cantidad de dinero (hacerse miembro de un club deportivo, comprar los carísimos juegos de palos y pagar el coste de cada sesión), aparte de otros inconvenientes tales como ir vestido en plan pijo, de punta en blanco de la cabeza (gorrita) a los pies (zapatitos de golf). Tiene la ventaja de lo agradable que resulta pasear por esas verdes praderas tan primorosamente cuidadas, y la desventaja de las lesiones de brazo y espalda que suelen acontecer ya que sólo se ejercitan (al dar los golpes) unos pocos músculos del cuerpo, no como en Natación o en Marcha nórdica (Nordic Walking) en donde se ejercitan de manera armónica todos los músculos del cuerpo y por consiguiente resultan deportes más saludables. Los golfistas (que así se hacen llamar quienes practican este deporte) dicen que no hay tanta diferencia, que bien practicado el Golf te permite ejercitar 124 músculos de un total de 424. Sea como fuere, doy fe que cualquier principiante, tras una maratoniana mañana practicando el Golf, amanecerá al día siguiente con agujetas pero no en 124 sitios diferentes, sino sólo en tres o cuatro sitios (principalmente un hombro, media espalda y un brazo).

Pero vayamos a lo que íbamos y repasemos mi experiencia en este deporte. No sé si puede considerarse como tal mi afición al Mini-Golf, en donde fui un prometedor Mini-Golfista, con gran habilidad para sortear obstáculos e introducir la bola en los agujeros correspondientes. Durante muchos años, no podían faltar en las vacaciones en la playa una o varias sesiones de Mini-Golf con la familia. Pero, claro, visto así, aquello sólo era un juego en donde se ejercitaba el buen humor pero no los músculos ni cabía considerarlo deporte. Así que fueron pasando los años hasta que ya sobrepasada la edad madura (más allá de los 50 años) practiqué el Golf, el auténtico... una sola vez.

Con motivo de una Convención celebrada por mi empresa en Valencia, en donde siempre se alternaba el trabajo y la diversión, nos brindaron en esta ocasión la oportunidad de practicar el Golf en el campo de Golf de El Saler (Valencia). Pusieron a nuestra disposición varios palos y pelotas y nos dijeron: “Ahí lo tenéis, es todo vuestro”. Y nos lanzamos, cada uno a su más anárquica manera, a practicar el Golf con la ventaja añadida de no tener que ir vestidos de figurines, sino que todos íbamos en plan deportivo simplemente (zapatillas deportivas, vaqueros o pantalón de sport, camisa normal y algunos también cubiertos con una gorra de publicidad del antiasmático Symbicort).

Lo mejor del golf es que no hay aglomeraciones, ni tampoco hay que pelearse por la posesión de la pelota; cada uno tiene un montón de ellas a su disposición. Y así nos pusimos unos cuantos en el lugar de salida que, como en Golf son tan pijos lo dicen todo en inglés y le llaman “tee” (la primera vez que me dijeron “vete al tee” yo le contesté “ya he desayunado, gracias”). Cada uno a su aire fue dando golpes a las pelotas... de vez en cuando; la mayor parte de las veces –sobre todo al principio- los golpes se los llevaba el aire. Las risas sonaban, señal de que estábamos divirtiéndonos, interrumpidas de vez en cuando por un “¡ay!”, señal evidente de que alguno había golpeado al suelo para gran dolor y desconsuelo de su hombro. Aprendí una palabra nueva, “chuleta”, que eran esos trozos de césped que levantaban algunos al rebañar el suelo con el palo a la hora de intentar golpear la pelota. Pero así, poco a poco, entre risas, ays y chuletas volando, también comenzaron a volar por el aire las pelotas (las de Golf).

Si bien es cierto que las bolas que lancé no alcanzaron gran distancia, sí que demostré un notable estilo y un más que meritorio acierto a la hora de conectar el palo con las mismas. Era importante lanzarlas lo más lejos posible (alcanzar el hoyo era tarea imposible a un solo golpe) y en este sentido debo destacar que con muchas de las bolas que lancé superé... ¡los diez metros de distancia! Además, como no competía contra nadie sino que sólo se trataba de una exhibición, pude presumir de mi gran habilidad que me hizo terminar sin ninguna lesión, a diferencia de otros compañeros que se empeñaron en atacar al suelo con saña dándole toda clase de golpes con el palo y acabando con su brazo y hombro doloridos.

Ya que estábamos en tan agradable entorno también practicamos otro tipo de golpes que, sin tener un diccionario de inglés a mano, sería imposible recordar cómo se llamaban, pero que eran golpes más cortos para introducir finalmente la bola en el hoyo.

Por consiguiente mi experiencia deportiva en esta disciplina se saldó con una única exhibición de mi estilo en el marco incomparable del campo de Golf de El Saler; y si alguien duda de ello no tiene mas que pedirme que le enseñe las fotografías de aquél memorable día en donde se puede apreciar mi depurado estilo con un perfecto “swing” golpeando la bola o “wound” con mi palo o “iron” lanzándola en parábola al “green”, o sea, a la enorme pradera de césped que teníamos frente a nosotros. ¡Y es que es tan bonito eso de pasar una soleada mañana de verano caminando y haciendo ejercicio en medio de las praderas y pequeñas lomas que forman los campos de Golf...!

sábado, 24 de noviembre de 2018

Gimnasia artística


La Gimnasia artística combina la velocidad con la flexibilidad, agilidad y destreza. Bien sea de forma coordinada o actuando de uno en uno, los gimnastas exhiben sus habilidades en el suelo, sobre una serie de aparatos o realizando saltos acrobáticos. Para mí la Gimnasia artística era una obligación, una asignatura en la que tenía que obedecer para poder aprobar, y resultaba bastante fácil aprobar.

Si hacía buen tiempo, las clases de Gimnasia artística se daban al aire libre, y si hacía mal tiempo en el gimnasio del colegio. Por lo menos, la variedad siempre estaba presente. Veamos cómo eran algunos de aquellos ejercicios en donde demostré mis habilidades o torpezas.

Aunque parezca mentira, lo que peor se me daba y menos me gustaba era hacer el pino. No le veía yo la razón de ser a eso de ponerse boca abajo, porque mientras desarrollar la habilidad para saltar puede tener utilidad práctica en el futuro, lo de ponerse haciendo el pino no va a servir nunca para nada (¿o acaso tú ves a mucha gente cabeza abajo?). Pero como había que hacer todos los ejercicios, también acababa haciendo el pino. Digamos que aquí, un aprobado raspado. Otra de las pruebas que peor se me daba (y eso que esta sí que me gustaba) era la de trepar por una cuerda, que podía ser de nudos (eso era más fácil) o lisa. Si haciendo estas pruebas nos hubieran visto nuestras madres, les hubiera dado un vuelco el corazón, porque había que llegar hasta el final de la cuerda y estas colgaban de unas vigas que se levantaban hasta la altura de un primer piso (menos mal que nunca se cayó ningún niño, porque además abajo ni siquiera ponían colchonetas).

Pasemos ahora, pues, a las pruebas donde más disfruté y destaqué, las de saltos de aparatos. En primer lugar estaba el potro, el cual lo saltábamos tanto con piernas abiertas a ambos lados como con las piernas por el centro, encogidas, para que los brazos formasen el arco de sustentación suficiente. Después estaba el caballo, que era como el potro pero más largo. Delante de él había un pequeño trampolín de madera (más que trampolín era una simple cuña de madera) que nos permitía coger impulso para saltar aquél aparato, haciendo uno o dos puntos de apoyo con las manos. El tercer aparato habitual era el plinto, un rectángulo con la parte superior acolchada, que se levantaba sobre varios cajones apilables. Esto era así porque conforme íbamos mejorando nos añadían un cajón más para que estuviese más alto. Este aparato podías saltarlo haciendo uno o dos puntos de apoyo con las manos o saltando sobre él y girando el cuerpo para dar una voltereta completa sobre el mismo. En todos estos casos, tan importante como el salto era la salida, es decir, caer de pie y con la figura compuesta sobre la colchoneta que (aquí sí) había al otro lado.

Creo que no es necesario decir que, tan pronto dejé el colegio, dejé de hacer Gimnasia artística. Pero, aunque me cueste reconocerlo, quizás deba ser humilde y decir que aquellas clases de Gimnasia en donde nos hacían saltar esos aparatos me fueron después útiles y prácticas para mi vida normal, porque nadie se ha librado nunca de un tropezón, de una caída, de un apuro que te hace correr y tener que saltar algún obstáculo, y una buena técnica de salto y de caída es imprescindible para salir ileso en tales circunstancias.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Gimnasia general


La Gimnasia es un deporte en el que se realizan ejercicios físicos muy variados, los cuales exigen algo de fuerza pero sobre todo mucha agilidad, elegancia y flexibilidad. Se distinguen varias clases, como la Gimnasia artística, la rítmica, en trampolín, aeróbica, acrobática y general. En esta última, que es a la que nos referimos en el presente capítulo, su principal característica es que se realiza en grupos, generalmente muy numerosos formando coreografías y puede ser además la más completa de todas ya que tiene la capacidad de incluir y combinar ejercicios propios de las otras disciplinas de Gimnasia. Otra característica es que los gimnastas van uniformados de una forma acorde a la coreografía que vayan a desarrollar.

Este tipo de Gimnasia, aunque no sea competitiva, sí que es un deporte, aunque para mí fue algo más que eso, fue: una asignatura. En efecto, Dibujo, Religión y Gimnasia, eran las “Tres Marías”, las tres asignaturas que siempre aprobábamos todos y que yo, que tenía por objetivo “aprobar” (eso de sacar buena nota se lo dejaba a los empollones) valoraba sobremanera porque el Dibujo me gustaba y se me daba bien, la Religión era fácil y la Gimnasia se aprobaba sin problemas. Igual que los Tres Mosqueteros no eran tres sino cuatro (porque se unió a ellos D’artagnan), las Tres Marías no eran tres sino cuatro, ya que a ellas se sumaba la asignatura “FEN”. ¿Y qué es eso de FEN se preguntarán los más jóvenes? Pues esas eran las siglas de una asignatura llamada “Formación del Espíritu Nacional” en donde nos inculcaban los valores de la Falange y nos hacían admirar al Caudillo, Francisco Franco Bahamonde, salvador de la patria y Generalísimo de todos los Ejércitos.

Esto viene a cuento porque en alguna ocasión Gimnasia y FEN se juntaban y entonces hacíamos una demostración de ese “espíritu nacional” que promovía una juventud sana y obediente. El amplio patio del colegio de los Escolapios de San Fernando, en la calle Donoso Cortés de Madrid, era el escenario elegido y cada vez que hacíamos una demostración de este tipo teníamos ante nosotros una entregada audiencia compuesta por todos los padres, hermanos y demás familiares de los gimnastas que íbamos a intervenir.

La equipación no podía ser más cutre. Empezaré de abajo a arriba: zapatillas de deporte (más parecían de albañil que de deporte) blancas, calcetines blancos, pantalón corto blanco, y –ahora viene lo mejor- camiseta blanca de esas de tirantes que usamos los hombres para vestir y nos ponemos debajo de la camisa. ¡No eran camisetas de deporte, eran camisetas de vestir! Y para dar más realce a tal demostración deportivo sindical, nuestras madres habían tenido que coser a la camiseta un gran escudo conmemorativo del acontecimiento.

De tal manera uniformados salíamos todos desfilando, ante la emoción de las madres asistentes. Nos situábamos, equidistantes unos de otros, cubriendo toda la superficie del patio de tierra. Y entonces, el profesor de Gimnasia en un éxtasis de ordeno y mando, empezaba a tocar el pito y a dar instrucciones, y todos nosotros le seguíamos en esos ejercicios tipo: hombros arriba, hombros abajo; extensión de brazos y giro a la derecha, luego giro a la izquierda; brazos en jarra y flexión de piernas, arriba y abaaajo; salto y palmas, salto y palmas; etc. etc. y no doy más detalles para no herir sensibilidades. Hay fotografías que demuestran bien a las claras cómo era aquello, fotografías en donde se ve lo difícil que resultaba encontrar a dos gimnasta que tuviesen brazos y piernas en la misma posición, siempre había diferencias de ritmo entre unos y otros, no como las exhibiciones que se hacen ahora en Corea del Norte, donde la multitud de gimnastas actúan al unísono como autómatas (claro que ellos entrenan más y al que lo haga mal seguro que lo mandan a un campo de concentración). Aquí la cosa era un poco más anárquica e incluso se ve en esas fotografías cómo alguno está más pendiente de lo que hace el de al lado para imitar después sus movimientos, que de hacerlos él de forma espontánea, seguramente porque no se acordaba de qué clase de movimiento gimnástico le tocaba hacer en ese momento.

Esas tablas de Gimnasia general eran un auténtico rollazo para nosotros y nunca entendía cómo le podían gustar tanto a los curas y a nuestros padres y familiares. Cuando yo he sido padre y he ido a ver algún espectáculo de este tipo en donde participaban mis hijos, he tenido la suficiente autocrítica e imparcialidad como para comprender que –como todo aquello que se hace a la fuerza- resulta entre patético y ridículo.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Fútbol playa


El Fútbol playa es una modalidad de fútbol que se juega sobre la arena de la playa, pero resulta que todos hemos jugado de niños a la pelota en la playa sin saber que eso sería considerado años más tarde como un deporte, concretamente no fue hasta el año 1992 cuando se establecieron las normas que lo rigen. Sin embargo, y por más que lo tilden de deporte, por más que grandes estrellas del fútbol ya jubiladas se unan a estos partidos para promocionarlo, la verdad es que cuesta trabajo considerarlo deporte.

En cualquier caso, yo he practicado el Fútbol playa con mis amigos en muchas playas y lo único que he sacado en limpio ha sido el cansancio, pero más que por el esfuerzo de jugar en esa superficie donde la arena te va frenando los pies, es por las horas de trabajo posterior que tienes que dedicar para quitarte de encima toda la arena que se te ha metido hasta en partes de tu cuerpo que desconocías existiesen.

Como esta breve reseña al Fútbol playa es la que cierra la amplísima referencia a mi experiencia en el mundo del fútbol (como jugador, como entrenador y como empresario), añadiré para terminar una entrevista que refleja bien a las claras lo loco que es este mundo. Se trata de la visita que el balón de fútbol le hace al psiquiatra. Esta es su conversación:

“El balón acude a la consulta del psiquiatra. Una vez tumbado en el diván, le dice:
- Doctor, a veces me desinflo.
El psiquiatra se queda pensativo, lo mira un momento y a continuación le coloca un ‘racor’ en su boquilla para insuflarle aire.
- Inspire –le dice el psiquiatra mientras acciona la bomba de inflado con enérgicos movimientos- ¿Se encuentra ya mejor?
- Sí, un poco mejor, gracias.
- Lo que le pasa es que tenía la presión un poco baja. Dígame ¿qué es lo que le pasa?
- No puedo estarme quieto, siempre voy rodando de un sitio a otro. ¿Es grave, doctor?
- Es... férico.
- ¿Y qué puedo hacer?
- Relájese, desconecte de todo y tómese unas vacaciones en la playa, allí se rueda menos.
- Pero es que no puedo, ya ni en la playa estoy tranquilo porque también allí se ha puesto de moda darme patadas (y le enseña una foto de Voley playa).
- ¿Cómo es posible que no se sienta querido si todo el mundo está deseando tener un balón?
- Claro que quieren tenerme, pero para darme patadas. La gente no me quiere, sólo disfrutan dándome puntapiés, y además sin sentido; tan pronto voy hacia una portería como hacia la contraria.
- ¿Y desde cuando se siente así?
- Desde siempre, en la infancia, cuando era una pelota, eran los niños lo que me daban patadas, y ahora que soy balón, son los mayores quienes me patean.
- Pero ¿no ha notado nunca ninguna muestra de afecto?
- Sí, pero todo es falso. A veces me cogen con mimo, me limpian el barro y me depositan con cuidado en el césped, pero cuando ya empiezo a esbozar una sonrisa y sentirme relajado, entonces el que yo creía mi amigo va y me pega un patadón.
- Le noto con baja autoestima y eso no es justo. ¿No se ha dado cuenta de lo importante que es? Todo el mundo está pendiente de Ud. y le dedican más minutos en los medios de comunicación que a cualquier político.
- Eso sí es verdad. Soy el centro de atracción...
- Además –prosiguió el psiquiatra- los mejores jugadores quieren llevárselo a su casa al acabar el partido y eso no está al alcance de cualquiera; es más, diría que Ud. es un privilegiado. ¡Cuántos querrían irse a casa de Messi o de Griezmann, después de un gran partido!
- Es cierto, Dr., yo también podría acabar viviendo en casa de uno de ellos.
- Pues hala, no se hable más. Salga ahora mismo dispuesto a comerse el mundo y a ser el protagonista del próximo partido.
Y el balón, hinchado ya de autoestima, salió de la consulta del psiquiatra dando botes”.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Tres blogs distintos y un único autor


Actualmente sigo manteniendo vivos tres blogs. El primero y más importante es “AZprensa” (https://azpressnews.blogspot.com/) un claro ejemplo de periodismo personal e independiente, en donde cada día comparto informaciones sobre Ciencia, Salud y Actualidad sin rendir cuentas a nadie, pensando únicamente –como siempre debería hacer todo buen periodista- en aquello que puede interesar a sus lectores. Este blog, por cierto, ya ha superado el millón y medio de visitas y en él he publicado casi 3.400 noticias.

El segundo es el más antiguo de todos, “Palabras inefables” (https://palabrasinefables.blogspot.com/) en el que escribo lo que me da la gana, como quiero y cuando quiero, y sus post suponen casi siempre una sorpresa para el lector, de ahí que sea difícil clasificarlo más allá de aquello tan genérico de “blog de autor” o “blog personal”, en donde se destila imaginación y… es difícil explicarlo, de ahí que se llame precisamente “palabras inefables” porque este blog es como la vida misma, una auténtica contradicción.

El tercero es mucho más discreto ya que se centra única y exclusivamente en mis vivencias y mi amor a los países nórdicos: Noruega, Islandia, Suecia y Finlandia. Se llama “La luz horizontal” (https://laluzhorizontal.blogspot.com/) porque al estar tan al norte estos países, el sol apenas se levanta del horizonte e ilumina de forma lateral esos maravillosos paisajes y da a sus gentes un carácter especial. Unos países donde el respeto, la educación, la tolerancia, el trabajo, la solidaridad, la honradez… están siempre presentes.

martes, 20 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (y 20)


Y como sé que después de estos 19 post sobre mi faceta como empresario futbolístico, muchos se habrán quedado con ganas de ver algunas fotografías más, sobre todo de aquél inolvidable partido entre AstraZéneca y Médicos del Mundo, aquí ofrezco un reportaje fotográfico más amplio…
















































































lunes, 19 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (19)


En el número siguiente de la revista, nos sacó de dudas respecto al desenlace final del campeonato, con esta crónica sobre “La final de consolación”. Decía así:
“Llegada la final por el tercer o cuarto puesto, y animados por nuestra brillante trayectoria, volvimos a presentarnos. Esta vez el rival era el equipo de MSD, al que ya habíamos apeado de la competición el año pasado. Dado que este sí representaba a un competidor directo en el mercado farmacéutico, estábamos convencidos de mantener  nuestra racha victoriosa. Pero ellos sí se presentaron y, por el miedo que nos tenían, llenaron su equipo de fichajes externos al laboratorio (sólo uno de ellos trabajaba en MSD) y, claro, ya os imagináis qué nos pasó: perdimos de nuevo, pero sólo por 3 a 6 (impresionante el hat-trick de nuestro nueve José Paniagua). ¡Ah! Y además compraron al árbitro, cosa que nuestro Código Ético no nos permite.
Quedamos clasificados en el cuarto lugar y obtuvimos además el prestigioso trofeo a la deportividad y el juego limpio, por no acumular ni siquiera una mísera tarjeta amarilla. No tuvieron en cuenta lo difícil que es que te saquen una tarjeta en los partidos en los que el rival no se presenta.
El año que viene volveremos a intentarlo. Intentaremos ganar el torneo, mantener el premio a la deportividad y el juego limpio y nos hemos marcado el objetivo de optar al premio también de equipo más elegante si conseguimos antes que ‘Información al Día’ nos patrocine con un equipaje unificado: este año cada uno con su camiseta, fuimos nuevamente los últimos de esta categoría”.

Ya retirado como empresario futbolístico, hoy me siento orgulloso de haber conseguido al menos un título “Premio a la deportividad” (hay muchos empresarios y entrenadores de fútbol que después de una larga carrera profesional no consiguieron ninguno) y una infinidad de record, tantos que fíjate todos los post (19 en total) que ha ocupado recordar mi faceta como empresario futbolístico. Ni Messi ha batido tantos record.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (18)


El otro campeonato en el que participé en labores organizativas, y que es digno de mención como el anterior, tuvo lugar en el año 2003 y, al igual que en el caso anterior, hice luego mención del mismo en la revista “Información al Día”, explicando que “en la edición de este año 2003 del campeonato de fútbol interempresas, el equipo de AstraZéneca ha quedado clasificado en cuarto lugar; sin embargo lo más destacable, y dados los tiempos de violencia que corren por el deporte nacional, es que se ha alzado con el ‘Premio a la deportividad’. Enhorabuena a todo el equipo por su saber hacer y saber estar. Reproducimos a continuación la crónica del torneo que ha preparado José Francés, y esperamos que sea del disfrute de todos nuestros lectores”.

Y como la vez anterior, José Francés nos deleitó con una de sus peculiares crónicas a la que puse como titular “Resultados de AstraZéneca en fútbol: para el Guinness de los récord”. Decía así:
“El equipo de fútbol que recientemente ha presentado AstraZéneca en un campeonato de fútbol  de la industria farmacéutica en Madrid ha sido propuesto para figurar en el libro Guinness de los récord, en el capítulo de máxima rentabilidad. Hasta ahora se consideraba de lo más rentable aquél equipo que, marcando un solo gol en cada partido, era capaz de convertirlo siempre en una victoria. Nuestros chicos lo han superado; en una fase previa que constaba de tres encuentros, consiguió, con el balance de 0 goles a favor y 6 en contra, clasificarse como segundo de grupo y jugar así el partido por el tercer y cuarto puesto.
¿Imposible? No. Veamos. En el primer partido, contra el equipo de Andrómaco, conseguimos una merecida victoria, gracias a que nuestros rivales no se presentaron. Luego ganamos el primer partido con toda justicia y merecimiento: el mérito de desplazarse hasta Orcasitas, barrio de las afueras de Madrid, para jugar un partido a las nueve de la noche, no es un mérito menor.
En el segundo partido tuvimos más suerte, o menos (según lo queráis interpretar). Más suerte porque el rival, un equipo que no representaba a un laboratorio sino a una agencia de coches, sí se presentó y pudimos jugar. Menos suerte, porque el resultado fue 6-0 (el seis es el de ellos, por si os quedaban dudas).
No íbamos del todo mal hasta aquí; si echáis cuentas, un partido ganado y uno perdido. Nos jugábamos el pase a la final de consolación en el último partido del grupo. Y ahí salió de nuevo la raza de este equipo: nos presentamos a la hora y en el lugar convenido y... el equipo contrario no. Partido ganado y pase a la disputa del tercer o cuarto puesto. ¿Qué no tiene mérito? Pues debéis saber que el contrincante era Aventis, organizador del torneo, y que corre el rumor que su espantada tuvo que ver con el miedo que les infundíamos.
Echad cuentas de nuevo: 0 goles a favor, 6 en contra, 2 partidos ganados y sólo 1 perdido. ¡Brillante! ¡Unos fenómenos! Otro dato de importancia: ganamos a todos los laboratorios farmacéuticos con quienes nos enfrentamos (fueron dos y ninguno se presentó) y sólo perdimos con quienes no eran nuestra competencia real (concesionario de coches). Este es un dato muy importante a tener en cuenta para nuestro orgullo competitivo”.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (17)


Y en el número siguiente de la revista “Información al Día” publicó un nuevo reportaje dando cuenta del desenlace final de este campeonato, bajo un titular tan bonito como este: “Un bronce que sabe a oro”.
“En el partido de la final de consolación, el contrincante era Roche. La mayoría de los jugadores de nuestro equipo no encontraba suficiente consuelo en una final de consolación y se buscaron las más variadas disculpas para no asistir; véase un ejemplo: uno de los componentes de nuestra escuadra (aclaremos que, como todos los demás, es del sexo masculino), alegó que ese día, a esa misma hora, tenía un ¡curso de preparación al parto! No diremos aquí quien era el jugador en cuestión, pero si algún lector está muy interesado en saber de quién se trata, estamos dispuestos a contarlo confidencialmente.
Pero a pesar de que fuimos los justitos para un partido de fútbol, y aunque no pudimos hacer cambios, todo buen aficionado sabe que en esto del deporte la clase se acaba imponiendo... Y ganamos 6-5. Fue un partido de esos épicos, en el que tuvimos que remontar repetidas veces resultados adversos; vamos, como el mismísimo Deportivo de A Coruña en plena Champions League.
Para quien quiera información más detallada sobre los pormenores de la final de consolación, está disponible un video del partido del que se pueden ofertar copias a un precio módico en la web de ‘jetasdelequipodefútbol.com’.
El caso es que nos dieron un precioso trofeo y, tal vez porque leyeron el número anterior de ‘Información al Día’, nos entregaron también eso que tanto necesitábamos: camisetas y un balón.
Resumiendo, quedamos terceros, con un balance de tres victorias, un empate y ninguna derrota. Balance, por cierto, superior al de los segundos clasificados (ellos perdieron un partido) e idéntico al de los primeros. Por eso no ha parecido acertada la frase ‘Un bronce... que sabe a oro’ como titular del presente reportaje”.

Es lógico que, como homenaje de respeto y admiración ante tan notables y esforzados atletas, ofrezcamos aquí la relación completa de los mismos (por orden alfabético de apellidos): Alberto Ceniza; Armando Chaya; José Francés; Fernando García Zalve; Alfredo Garrido; Joaquín González; Zhaid Nakuda; José Antonio Paniagua; Paco Lires; Juan Luis Roldán; Paco Morales; Joaquín Rodrigo; Hugo Tamasiro; Alejandro Villapalos; y José Luis Zalve.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (16)


Después de aquello, y como yo mantenía contactos profesionales con los responsables de Comunicación de los demás laboratorios farmacéuticos, solía ser el primero en enterarme cada vez que se organizaba algún campeonato de fútbol interempresas, en cuyo caso actuaba de empresario trasladando a nuestros compañeros esta posibilidad para que se organizase un equipo y se pudiera participar en el torneo. Así sucedió en varias ocasiones, algunas de ellas realmente insólitas como las dos que voy a relatar a continuación, cogiendo para ello las palabras de mi compañero José Francés, que publicó posteriormente en la revista “Información al Día” unas crónicas inolvidables. Así que, para que no se olviden esas crónicas y para que tú también las disfrutes, paso a transcribirlas.

En el mes de septiembre del 2002 se organizó en Madrid un campeonato de fútbol en el que participaron distintos laboratorios farmacéuticos, entre los que destacó, como no podía ser menos, el de AstraZéneca. Esta es la crónica de José Francés:

“El campeonato se organizó en dos grupos de cuatro equipos. Al equipo de AstraZéneca le correspondió enfrentarse a Aventis, Glaxo y Juste. En el primer partido los contrincantes eran Aventis. Los organizadores del torneo se sentían muy contentos porque su inicio fuera frente a un grupo inexperto y desorganizado como nosotros, que jugábamos por primera vez en un campeonato.
La verdad es que en principio no les faltaban razones para el optimismo. Nuestra equipación deficiente (‘que cada uno se traiga una camiseta blanca de casa’) y el precalentamiento que hicimos: carreritas de un lado a otro del campo mientras ellos se preparaban con dos balones. ‘¿Seguís la línea de Capello o Van Gaal, dar prioridad a lo táctico y menospreciar la pelota?’, nos preguntó uno. ‘No, es que no tenemos balón’, le respondimos. Todo lo cual reforzaba la autoestima de nuestros contrincantes.
El que nuestro equipo estuviera formado por un grupo de Informáticos, para los que lo más parecido al fútbol que habían visto hasta entonces era un juego de la Game-boy, y de gente de Comercial para los que salir al campo era como hacer una visita médica, tampoco nos daba muchas esperanzas. Pero una vez metidos en faena, la cosa pareció funcionar mejor de lo esperado. José Paniagua se introdujo en el papel de Oliver, colocándose enseguida como máximo goleador del torneo; al que le tocaba de portero (‘como en el cole, un ratito cada uno’) se convertía por arte de birlibirloque en Benyi, y la portería se tornaba en un reducto inexpugnable; la ausencia de toda estrategia se convertía por una vez, y sin que sirva de precedente, en la mejor estrategia y... ¡Oh sorpresa! Acabamos ganando el partido por 3-2.
El siguiente rival era Glaxo, rival de muchas batallas anteriores en otros campos, y a los que nunca nos habíamos enfrentado antes (en realidad, ni a ellos ni a nadie). El que ya les hubiéramos ganado previamente cuando el juego consistía en ver quién vende más antimigrañosos, o antihipertensivos, etc., no nos parecía un antecedente válido en esta ocasión, al menos para nosotros. Porque, sin que al cierre de esta edición se conozcan las causas, Glaxo dio marcha atrás y no se presentó a la cita. Queda a juicio de cada lector el especular sobre cuáles fueron las causas de su espantada. Pero no nos dieron el partido por ganado, como hubiera sido lo justo, sino que en su lugar nos colocaron a otros contrincantes, escogidos estos últimos entre lo más granado del fútbol madrileño. No eran de ningún laboratorio, y sospechamos (por lo que corrían) que debían dedicarse profesionalmente a algún deporte. Encima no era el mejor día para una parte de nuestro equipo: una hora antes del comienzo del partido a los jugadores del departamento de Ventas les habían comunicado en una reunión los cambios en la estructura de la Red y se les notó por momentos un poco despistados. Imaginaros en medio del partido a José Luis Zalve gritando en una esquina del campo ‘¡estoy solo!’, mientras Armando Chaya trataba de sacarle de su error: ‘¡No, tú eres espejo de Jaime (se llamaban ‘espejo’ a aquellos Visitadores Médicos que trabajaban la misma zona y visitaban los mismo médicos) el de la Línea 1, el que está solo es Alberto Ceniza que está en la Línea 4!’. Y claro, venga a pasarle el balón a Alberto que en aquél momento estaba calentando banquillo.
Aún así se consiguió un resultado digno, empate a cuatro, con el rival más fuerte del grupo, lo que nos mantenía en cabeza de la clasificación y a la espera de jugar el último partido con Juste
Nos presentamos así al último partido, en el que el adversario era Juste. Este equipo tenía el mérito añadido de ser un equipo mixto, con seis chicas y cinco chicos, por lo que su potencial estaba claramente mermado. De hecho, si las chicas no hubieran sido solidarias con sus compañeros y hubiesen jugado solas, hubiera sido mucho más complicado ganarles. Pero teníamos que ganar y ganamos (3-1) aunque para clasificarnos (por aquello del gol average) hubiéramos necesitado un 12-0.
Quedamos, pues, a las puertas, y al cierre de esta edición estamos pendientes de la final de consolación por el tercer y cuarto puesto. ¡Quién nos lo iba a decir!”.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (15)


Como colofón a este, el primer y gran partido que organicé como empresario futbolístico, merece destacarse que se recaudó un total de 1.190.900 pesetas (que en el año 2000 era bastante dinero) y que se entregó a Médicos del Mundo con la consiguiente fotografía ilustrativa, ya clásica en este tipo de actos, del posado entre Paco Flores y yo sujetando un cheque gigante por ese importe.

Fueron muchos los detalles que hicieron de aquél un partido único en la historia, y unos meses después, la central de AstraZéneca realizó un folleto donde se daba cuenta de las iniciativas llevadas a cabo por cada uno de los países. Allí estaba, bien destacado, nuestro original partido de fútbol, y de ese folleto se editaron más de 100.000 ejemplares, ya que se distribuyó a todos los empleados de la compañía alrededor del mundo.

Prueba de ser merecedor a entrar en el libro Guinness de los record, aquí os resumo algunos de los hechos más significativos, ya que los espectadores que acudieron al estadio del “Cerro del Espino” pudieron contemplar un espectáculo que ha hecho historia. Estos fueron algunos de sus insólitos record:
- Por primera vez en la historia un partido de fútbol acabó con empate a 8-1. Sin contar los goles (con facilidad se perdía la cuenta) el partido reflejó un empate en simpatía, entusiasmo y solidaridad.
- Nunca en un partido entre Selecciones había debutado un jugador tan joven: Guillermo, de seis años (ni Pelé debutó tan joven) y encima marcó el gol del honor tras recorrer medio campo sorteando a los contrarios.
- Jamás se había formado una selección tan numerosa como la de AstraZéneca: 32 jugadores!!!
- Ninguna Selección ha tenido jamás un equipo médico tan equilibrado como la de AstraZéneca: Santiago Herranz (médico), Teresa Díaz (enfermera) y Andrés Lafuente (¡veterinario!).
- Por primera vez en la historia un jugador se proclamó máximo goleador de su equipo, habiendo marcado un solo gol y en propia puerta.
- Ningún jugador que marcase en propia puerta ha sido tan largamente ovacionado por todo el estadio como Pepe Gutiérrez, quien marcó el gol más bonito de la tarde.
- El equipo de AstraZéneca, que se proclamó subcampeón del torneo, sólo pudo ser superado por el equipo campeón (no había más).

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (14)


De igual forma recogí las declaraciones de los entrenadores. Pantaleón, el que fuera Campeón de Europa con el Real Madrid (1959-1960) en aquél equipo en el que también jugaban Di Stéfano, Puskas y Gento, tuvo la oportunidad de dirigir al equipo de AstraZéneca y se mostraba asombrado por la potencia del rival: “Se nota la superioridad por parte de los médicos. Yo preguntaría si son de verdad médicos, porque son muy buenos, como para jugar en plan profesional. De todas formas ha sido un espectáculo muy bonito”.
El otro entrenador de AstraZéneca, el ex portero del Real Madrid, Agustín, tuvo que recurrir a la astucia para marcar el gol del honor: “¡Son una banda! Ni haciendo trampas éramos capaces de meter ninguno, así que tuvimos que sacar al enano, que ha sido la mascota, el que nos ha hecho el gol”. Sin embargo lo importante era el fin que se perseguía y ahí sí que hubo empate: “Muy bonito todo, sobre todo por el significado que tiene este acto”.
En el banquillo rival, el exjugador del Atlético de Madrid y de la selección española, Adelardo, se mostraba radiante: “Muy entretenido, muy bien jugado por ambas partes, pero como yo esperaba mi equipo ha sido muy superior y prueba de ello ha sido el resultado. Estaban más conjuntados y son más jóvenes, y eso se nota mucho en estos partidos”.

Finalmente, los colegiados también dieron su opinión sobre este encuentro. El colegiado de Primera División, Mejía Dávila, destacó la limpieza del partido: “Ha sido un partido no muy competido porque había una clara superioridad por parte de uno de los equipos, pero la verdad es que he estado fenomenalmente auxiliado en las bandas y el partido ha sido bastante limpio”.
Precisamente en una de las bandas estaba auxiliado por el juez de línea de Primera División, Manuel Ortiz, y en la otra por quien quería tomar su relevo: Manuel Ortiz, hijo. “Me ha parecido –destacó el primero- que los chicos de AstraZéneca se nota que dedican muchas horas al trabajo y poco al entrenamiento. Se les ha visto mucha voluntad, mucho empeño, pero poco acierto”.

martes, 13 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (13)


Y he aquí las declaraciones, no menos curiosas, de algunos de nuestros jugadores:
El capitán del equipo, el ex jugador del Rayo Vallecano, José María Sánchez Escobar, estaba agotado, “cuando yo jugaba tenia pelo, así que fíjate si hace tiempo de eso”, pero no por la adversidad del resultado: “En realidad estábamos controlando el partido, lo que pasa es que no nos ha acompañado la suerte”.
Para la otra estrella del equipo, el ex jugador del Racing de Santander, Gelucho, la clave había estado en el banquillo: “Yo creo que hemos jugado un gran partido, pero al final nos han goleado. Creo que tácticamente los entrenadores han fallado, porque tenemos un excelente equipo. Habrá que entrenar un poco más, pero creo que es necesario un cambio de entrenador porque Agustín ha estado francamente mal”.
Otro jugador, Ramón Estiarte, no pudo dar su diagnóstico favorito, el gol. En su defensa alegó la buena educación de su equipo: “No nos hemos dejado ganar porque fuesen médicos, pero hemos ido con cuidado con las faltas”, y añadió que “el partido ha sido bueno, la finalidad buenísima, pero la forma nuestra un poquitín baja”.
También recogí las declaraciones del máximo goleador, Pepe Gutiérrez, aunque por hacer honor a su nombre (Pepe, o sea, pe pe) el gol lo marcó en propia puerta (pp): “El gol lo he metido porque defendía, era el único que defendía, y eso también tiene su mérito. Para que lo metan ellos, lo marco yo”, decía con toda la razón del mundo, y añadía que “me pueden dar el premio al gol más bonito porque lo he dado en un escorzo y creo que merece la pena”.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (12)


Finalizado, pues, el partido, sin que afortunadamente fuese necesaria ninguna ambulancia ni ningún equipo de oxígeno para reanimar a nuestros jugadores (aunque más de uno lo habría agradecido), ejercí las veces de reportero y entrevisté a algunos espectadores y jugadores.

He aquí las declaraciones de los directivos para quienes el 5-0 registrado al llegar al descanso no les quitaba el optimismo. Para Francina Bertrán, directora Financiera, “el disimulo de la potencia de AstraZéneca está provocando que los médicos se confíen, para luego en la segunda parte demostrar todo lo más que podemos dar”. También era optimista la directora de Recursos Humanos, Valle Rodríguez, quien confiaba ciegamente en su equipo: “Estamos muy fuertes. El equipo demuestra que está motivado y va a por todas, atacando continuamente. No nos han metido nada más que cinco. Esto es superable”. Y desde luego que fue superable, porque en el segundo tiempo encajamos otros tres goles más.
Para el presidente de AstraZéneca, Carlos Trias, esta era una experiencia nueva: “Jamás en mi vida había aguantado un partido durante los 90 minutos”, a pesar de lo cual se mostraba satisfecho. Cuando el director de Desarrollo de Negocio, Manuel Martín, manifestó su descontento, “con este equipo no vamos a ningún sitio, ni para desarrollar el negocio ni para nada”, Carlos Trias salió en defensa de su equipo: “No estoy en absoluto de acuerdo. Yo creo que para el desarrollo del negocio es lo que necesitamos: cuando estamos jugando con médicos, tenemos que saber perder”.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (11)


Ahora bien ¿cómo acabó el partido? Si consultamos la prensa de la época, es decir, la revista “Información al Día”, encontramos un titular muy amable en portada que decía “Goles solidarios” porque hubo, efectivamente, muchos goles, y fueron por una noble causa. Pero si nos adentramos en la revista para conocer más detalles del partido, nos llama la atención el siguiente titular: “Empate a 8-1”. ¿Cómo es posible eso? La explicación es muy sencilla y es que, sin contar los goles (algo realmente difícil si no se tenía a mano una calculadora) el partido reflejó un empate en simpatía, entusiasmo y solidaridad, por eso el titular que encabezaba aquél amplio reportaje decía “Empate a 8-1” y la crónica del partido decía así:
“Las selecciones de Médicos del Mundo y AstraZéneca empataron en alegría, entusiasmo y solidaridad en un encuentro donde lo de menos (o de más) fueron los goles, y lo importante la forma de celebrar un aniversario (el primer año tras la fusión que dio lugar a AstraZéneca), colaborando en el proyecto de gestión sanitaria que Médicos del Mundo está llevando a cabo en Mozambique, tras las inundaciones que han asolado dicho país.
El magnífico estadio del ‘Cerro del Espino’ en Majadahonda, fue el escenario donde se llevó a cabo este increíble encuentro de fútbol. Por una parte, Médicos del Mundo, con una selección joven, potente y conjuntada, dirigida por el veterano Adelardo. Por otra parte, una selección, o más bien un país, de 32 empleados de AstraZéneca, que se la jugaron saltando a un terreno de juego de 105x68 metros, en una calurosa tarde de verano. Precisamente la enorme cantidad de recursos humanos disponibles hizo imposible a sus entrenadores (Agustín y Pantaleón) encontrar el once ideal, por lo que todos los jugadores tuvieron su oportunidad.
El encuentro comenzó con unas palabras del director de Comunicación de Médicos del Mundo, Paco Flores, y de su vicepresidente, José Manuel Díez Olalla. Carlos Trias, presidente de AstraZéneca, entregó una placa de agradecimiento al alcalde de Majadahonda, Ricardo Romero de Tejada, por su colaboración en este proyecto, y otra a Enrique Vedia, presidente del Rayo Majadahonda, por su generosidad y entrega que hizo posible el éxito de tan especial celebración; baste decir, entre otras cosas, que la cesión del magnífico estadio fue gratuita, así como desinteresada también su colaboración personal en la organización del evento.
El Alcalde de Majadahonda elogió la labor de Médicos del Mundo y agradeció a AstraZéneca esta humanitaria forma de celebrar su primer aniversario, animando a continuar en esta línea, para lo cual puso a su disposición su equipo de Gobierno. Romero de Tejada entregó una placa de agradecimiento al trío arbitral, tras lo cual realizó el saque de honor.
El partido tuvo dos tiempos bien distintos: mientras en la primera parte los goles caían en la portería de la derecha (en la que defendía el equipo de AstraZéneca), en la segunda parte lo hicieron en la de la izquierda (en la que atacaba el equipo de Médicos del Mundo). La selección entrenada por Adelardo se mostraba compacta, ejerciendo un dominio absoluto del balón, con pases certeros y triangulaciones en corto. Por el contrario, la selección entrenada por Agustín y Pantaleón buscaba con inocencia el dominio del balón (mas bien, buscaba el balón), así como la oportunidad de dar algún pase que –aunque fuese pensando egoístamente- no fuese dirigido al contrario sino a alguno de sus compañeros. El equipo buscaba con generosidad la portería contraria, pero también con generosidad entregaba el balón al contrario. Mientras algunos jugadores (pocos) daban muestra de su clase, otros eran una pesadilla para el centro del campo rival (más que nada por lo que estorbaban) y algunos eran una pesadilla incluso para ellos mismos.
En las bandas se notó la alegría, no de la música, sino del aire que dejaban los espacios abiertos para el ataque rival. Mientras tanto, los goles iban cayendo de todas las facturas y nadie era capaz de auditar la situación. Sin embargo, el público estaba volcado con su equipo y los comentaristas de excepción, Ana de Miguel y Nacho Alegre, ponían la fiesta en las gradas.
Finalmente, Agustín y Pantaleón tomaron una heroica decisión e hicieron debutar al jugador más joven de la historia del fútbol mundial: Guillermo. Este joven jugador (seis años), nieto de un Campeón de Europa (el ex jugador del Real Madrid, Pantaleón), controló el balón en el centro del campo, sorteó a uno, dos, tres contrarios, hizo un dribling, esprintó, se escoró a la izquierda y con el empeine de la bota derecha cruzó el balón lejos del alcance del cancerbero y ¡tui, tui! el esférico besó la malla. Un gran gol que levantó al público de sus asientos.
Al final, tras el resultado de empate a 8-1, otro veterano del Real Madrid, Atienza, se unió a la entrega de trofeos para estos dos quipos que se fundieron  como uno solo para festejar el triunfo de esta iniciativa que supo transformar unos goles en ayuda humanitaria para los más necesitados”.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Fútbol: Empresario (10)

Y para enfrentarse a ellos, la alegre, multitudinaria e inconsciente alineación de AstraZéneca, aunque hay que aclarar que siempre hubo 11 sobre el campo y que, según se iban asfixiando (por ejemplo después de estar correteando por el campo 10 minutos) se dirigían al banquillo para que saliese otro. Yo, por mi parte, bauticé con un apodo a cada uno de los jugadores ya que, todo buen jugador que se precie de ello debe tener un nombre de guerra (entre paréntesis la explicación de la razón del apodo adjudicado a cada jugador).

Selección de AstraZéneca (camiseta morada y pantalón blanco)
Javier “Gigante” Domínguez (por su enorme tamaño, creyéndonos que sólo con eso sería suficiente para tapar la portería).
Juan Carlos “Atrapagoles” Rodríguez (porque era nuestro otro portero y no paraba de recoger los goles que iban entrando en nuestra portería).
Ángel Blanco “Gelucho” (nuestra auténtica estrella que, aunque ya estuviese retirado del fútbol profesional, se notaba que donde hubo clase eso no se perdía).
José María “Rayo Vallecano” Sánchez Escobar (según nos decía, él jugó de joven en el Rayo Vallecano y, por lo menos, manejaba bien el balón).
Zoilo “Zorro” Rodríguez (empezando su nombre con una “Z” no podía ser sino un zorro del área; otra cosa es que acabase hecho unos zorros como todos los demás).
Francesc “Pulmón” Aldea (responsable del área de Marketing de Respiratorio, o sea, todo un experto en pulmones, aunque los suyos se resintiesen con tanto esfuerzo).
Ramón “Diagnóstico” Estiarte (nuestro director médico, acostumbrado pues a los diagnósticos certeros, aunque una cosa es la consulta y otra muy distinta el terreno de juego).
Carlos “Conexión” Barcina (como médico de conexión entre los departamentos Médico y Marketing, le venía como anillo al dedo eso de “Conexión”, aunque en esta ocasión no conectase demasiado).
Paco Morales “El hombre radioactivo” (porque era el jefe de producto de Nexium, un inhibidor de la bomba de protones, así que pensamos que podría ser una bomba en el área rival... aunque no llegó a explotar).
Pepe “Protón” Gutiérrez (porque era responsable de Marketing de nuestro inhibidor de la bomba de protones; otra bomba más para atacar al contrario).
Joaquín Rodrigo “El músico del área” (siendo familia del famoso compositor Joaquín Rodrigo, nadie mejor que él para poner música en el campo).
Alberto “Pulverizador” Ceniza (todos deseábamos que hiciese honor a su apellido y pulverizase a los contrarios... no que hiciese honor a su apellido y acabase hecho ceniza).
Fernando “Todoterreno” García Martínez (nuestro entrenador en conocimientos de los productos, técnicas de venta, control de visitas, vamos todo un todoterreno, que eso siempre viene bien... pero de tanto estar en todas partes acabó no estando en ningún sitio)
Pepe “Oui” Francés (parlez vous francais?).
Ramón “Artista” Velázquez (aunque médico, con ese apellido tenía que ser un artista del área... o eso pensábamos).
Alberto “Terminator” Fernández (un compañero siempre decidido a darlo todo y no dejar nada sin acabar, así que hizo honor al apodo y fue un “Terminator” para sí mismo).
Zaid Nakhuda “La perla de Oriente” (nuestro jugador exótico, venido desde la India, con la intención de impresionar al contrario).
José Antonio “Tornado” Paniagua (nuestro habitual cazagoles y tornado que arrasaba las defensas contrarias... aunque en esta ocasión las defensas contrarias estaban bien fortificadas).
Ricardo “Corazón de León” García (todo corazón como su nombre de Ricardo rememoraba; aunque en fútbol sólo con el corazón no basta).
Juanjo “Super-chip” López (especialista informático para ordenar el juego, aunque sin un computador al lado la cosa resultaba más difícil).
Martín “Cazagoles” Costales (eso queríamos, cazar goles para echarlos al costal, aunque luego lo que se llenó de goles fue nuestro propio costal).
José Luis Zalve “El Zalvador” (¡Zalve, José Luis!... pero ni por esas, tampoco él fue nuestro salvador).
Javier Nuevo “El debutante” (siempre hay que dar oportunidad a los nuevos, aunque sólo lo sean de apellido; por probar no había de quedar).
Carlos López “Super López” (quisimos que se pareciera al Super López de los tebeos... luego el mundo real fue otra cosa).
Paco “Fantástico” Lires (si en la empresa él era el responsable de darnos unos coches fantásticos ¿por qué no había de darnos unos pases fantásticos en el terreno de juego?).
Humberto “La Plaga” Bovio (especialista en epidemiología, suponíamos que sería una plaga para el equipo contrario).
Onofre “Epidemia” Vegazo (especialista también en epidemiología, esperábamos que infectase al equipo contrario).
Tim Jones “El tigre de Gales” (llamándose así este británico, el apodo no podía venir más a cuento. Pero aquello no era Eurovisión sino un partido de fútbol).
Jorge “Gallego” González (un gallego en el equipo siempre es ideal para desconcertar al equipo contrario que no sabrá qué es lo que va a hacer, si va o si viene, si chuta o si pasa...).
Ignacio “Financiero” Rodríguez (también convenía tener como uno de los nuestros a alguien del departamento financiero por eso de las primas...).
Fernando “Recursos” Rincón (resolviendo siempre cosas en el departamento de Recursos Humanos, lógico era que resolviese los atascos en el juego del equipo).
Fernando García “El expreso de AstraZéneca” (como responsable de envíos y mensajería, pensábamos que con él nuestro equipo llegaría muy lejos... y vaya sí llegó, al menos en cuanto a récord como contaremos a continuación).
Entrenadores: Pantaleón y Agustín.

Finalmente, el equipo arbitral estaba formado por los Colegiados:
Mejía Dávila, Manuel Ortiz y Manuel Ortiz jr.