lunes, 31 de octubre de 2016

Terremoto en Josefa Valcárcel

Era el año 1998 y, como cada día laborable, me encontraba trabajando en mi despacho del laboratorio Zéneca Farma, en la calle Josefa Valcárcel, de Madrid. De pronto sentí un mareo y tuve una sensación de pérdida del equilibrio a pesar de estar sentado. Apenas duró unos segundos y luego todo volvió a la normalidad. Cuando ya estaba recuperado escuché cómo varios compañeros hablaban en el pasillo:
- ¿Lo has sentido? –decía uno.
- Sí, sí, yo también –respondía otro.
Por lo visto yo no era el único que había sentido ese mareo, sino que era algo que había afectado a todos.

Poco después, Internet nos sacaba de dudas al dar la noticia de que se había sentido en algunas zonas de Madrid un ligero temblor de tierra como consecuencia de uno más intenso que había tenido lugar en el sur de la península.

Bueno, hago bien en llamarlo “temblor” y no “terremoto”, porque esto último es lo que realmente sucedió unos meses después, concretamente el 8 de diciembre de 1998. Aquella mañana comenzó a pestañear de manera fulgurante la bandeja de entrada de todos los correos electrónicos de cuantos trabajábamos en Zéneca Farma: se anuncia la fusión de los laboratorios Zéneca y Astra.

No por muy esperadas –de hecho llevábamos muchos meses e incluso años leyendo rumores de fusión- hay algunas noticias que no dejan de sorprender cuando finalmente se producen. Y en este caso, así fue. Cada uno de nosotros, tan pronto recibió el aviso, bien en forma de comentario confidencial, bien en forma de enlace con la noticia original publicada, leyó con interés cuanto se decía y, en efecto, parecía que esta vez iba en serio: nuestra compañía se iba a fusionar con otra y todos sabíamos que eso significaba supresión de puestos de trabajo e incluso, en este caso, el riesgo de que la sede central se estableciese en otra ciudad. Nos enfrentábamos, por tanto, al riesgo de perder nuestro puesto de trabajo o incluso, en el caso de conservarlo, a que debiésemos trasladarnos a vivir a otra ciudad, concretamente Barcelona.

Aquél día nadie trabajó en Zéneca Farma. Todo fue un ir y venir por los pasillos, hacer y recibir llamadas, reunirse en pequeños grupos y luego integrarse en otros nuevos para ver qué más noticias al respecto se conocían. Internet era una herramienta imprescindible para conocer lo que se estaba cociendo y todos navegábamos en busca de informaciones. Pudimos saber que Astra era un laboratorio de tamaño similar al nuestro y con un vademécum de productos diferente, por lo que apenas si existían duplicidades. Después, cada uno arrimaba el ascua a su sardina y buscaba información sensible para su puesto de trabajo. En mi caso, por ejemplo, me enteré que Astra no tenía departamento de Comunicación, lo que supuso un alivio, ya que veía aumentar mis posibilidades de continuar en la compañía al no tener rivales directos al otro lado.

Después, al día siguiente, la noticia ya era oficial y estaba en todos los medios de comunicación, no solo en los especializados sino incluso en los medios de información general. La razón era muy sencilla: la suma de estos dos laboratorios de tamaño mediano iba a dar lugar al nacimiento de un gigante: el tercer laboratorio más grande del mundo.

Pero un proceso de fusión requiere mucho tiempo y la vida debía continuar. Yo tenía muchos proyectos y entre ellos dar un vuelco a la Comunicación que se hacía en la compañía. En el caso de la comunicación externa ya lo estaba consiguiendo. Mi llegada cinco años y medio antes ya había supuesto la implantación de un Gabinete de Prensa, aun cuando ese “Gabinete” sólo estuviese constituido por mí mismo y por la ayuda parcial de una secretaria que siempre parecía huir: la primera se casó a los pocos meses y se fue a vivir a Australia, y la segunda acababa de pedir una excedencia para irse a Irlanda a perfeccionar su inglés, sería cuestión de muy pocos meses que me abandonase y, por supuesto, le pillaría fuera todo el proceso de fusión y las consecuencias que del mismo pudieran derivarse.

Así que, con la ayuda parcial y provisional de Beatriz, la colaboración de RGR para el seguimiento de noticias, y las ayudas de agencias de comunicación como Burson Marsteller e Inforpress, para proyectos específicos, seguía desarrollando mi trabajo de comunicación externa. Pero la comunicación interna era otro cantar...

domingo, 30 de octubre de 2016

La prisión de hielo

En el mes de julio de 1999 tuvo lugar una de las misiones más arriesgadas en las que se ha hecho llegar un fármaco para salvar la vida de un paciente. La acción tuvo lugar en el Polo Sur y el fármaco en cuestión fue el tamoxifeno, el fármaco más ampliamente utilizado en todo el mundo contra el cáncer de mama, descubierto por Zéneca y comercializado como Nolvadex.

En pleno invierno antártico, una mujer norteamericana de 47 años, que trabajaba en la estación de investigación Amundsen Scott, se detectó un bulto en el pecho y, tras los contactos por radio con diversos doctores, se sospechó que se trataba de cáncer de mama.

En esa época del año resulta prácticamente imposible el aterrizaje en esa zona, por lo que no se podía evacuar a la paciente. No quedaba más remedio que enviarle de alguna forma la medicación y mantenerse en contacto periódico con ella hasta que en noviembre fuera posible ir a recogerla.

Un grupo de apoyo, con base en Christchurch, Nueva Zelanda, preparó un envío con tamoxifeno, así como un equipo de video-conferencia que permitiría a los médicos examinar a la paciente a miles de kilómetros de distancia. Sin embargo la misión resultaba muy arriesgada, toda vez que en esa época del año la oscuridad era total las 24 horas del día y el avión debía dejar caer el fármaco a menos de 50 metros de la base, ya que con temperaturas por debajo de los 60ºC bajo cero, el fármaco –a pesar de su embalaje especial- se congelaría si tardaban en ir a recogerlo más de cinco minutos.

Tras los últimos contactos por radio, el personal de la estación de investigación puso dos largas hileras de barriles en llamas para guiar al avión comercial de las fuerzas aéreas norteamericanas. El avión sobrevoló a tan solo 200 metros de altura y a una velocidad de 300 kms/h para dejar caer con éxito la carga. Provistos de sus esquís, tardaron menos de cinco minutos en recoger y trasladar la carga al interior de la estación.

El estado de la mujer no amenazaba su vida, pero el medicamento se necesitaba para asegurar que su estado no se deteriorase antes de poder ser rescatada. Sólo si su salud hubiera empeorado mucho se hubiera intentado un aterrizaje, pero eso era algo que nunca se ha hecho; hay que tener en cuenta que a esas temperaturas hasta el aceite de los motores del avión se congela en pocos minutos si este está parado.

Como declaró el coronel Richard Saburro, quien dirigió la operación, esta fue “una de nuestras misiones más retadoras en tiempos de paz”. La historia quedó reflejada en un libro de éxito escrito después por su protagonista, Jerri Nielsen, bajo el título “La prisión de hielo”.

Esta bonita historia la encontré en una de mis investigaciones sobre asuntos noticiables sobre la compañía y la divulgué en el primer número de mi revista “Información al Día”

sábado, 29 de octubre de 2016

Adios a Cambridge

Después de 21 años organizando simposios exclusivos en los Colleges de Cambridge (sólo el laboratorio farmacéutico Zéneca consiguió ese privilegio), la fusión con AstraZéneca y la época de “vacas gordas” que vivía la industria farmacéutica fue dando al traste poco a poco con esta práctica.

Ya se había quejado algún médico pijo, al igual que algún directivo ídem, de lo espartano del alojamiento (las mismas habitaciones de los estudiantes), y los médicos estaban acostumbrados a hoteles de cuatro estrellas por lo menos. No tenían la suficiente sensibilidad ni sencillez como para apreciar el trato exquisito que se les brindaba y el privilegio de estar en un lugar estrictamente reservado a los universitarios de Cambrige y que nadie más puede siquiera visitar. Con todo, la primera medida que se tomó fue añadir a esos congresos una jornada extra en Londres, al final, para que “esos” médicos se llevasen el buen sabor de boca de un hotel de lujo. Para justificar esa jornada extra se organizaba en dicho hotel una conferencia a cargo de un eminente médico británico. No obstante, poco después, se dio carpetazo final al asunto y nadie más volvió a pisar aquellas aulas salvo los propios universitarios allí matriculados.

viernes, 28 de octubre de 2016

Médicos españoles en Cambridge

Más de 9.000 médicos españoles han tenido la oportunidad y el privilegio, a lo largo de más de dos décadas, de experimentar la vida universitaria en los Colleges de Cambridge (Reino Unido) gracias al acuerdo que esta institución académica mantuvo durante ese tiempo con la compañía farmacéutica británica Zéneca. El sistema era muy sencillo; aprovechando los periodos de vacaciones de los estudiantes, las filiales de Zéneca en varios países europeos organizaban un simposio en sus instalaciones. De esta forma, los médicos españoles y de otros países, se alojaban en las habitaciones de los estudiantes, asistían a sesiones científicas en el aula magna, disfrutaban de un concierto de órgano en la capilla, tomaban unas cervezas en las zonas de reunión de los estudiantes, realizaban sus comidas y cenas en el comedor del College, y en el tiempo libre paseaban por la ciudad, por los jardines o daban un paseo en góndola por los canales que discurren en el recinto universitario.

A diferencia de otros simposios en los que se lleva a los médicos a hoteles lujosos, restaurantes de primera línea, etc., aquí no había nada de lujo... pero el verdadero lujo era vivir durante unos días dentro de aquél recinto y eso es algo que sólo una compañía (el laboratorio Zéneca) y durante un par de décadas, ha podido ofrecer. Pero para los Colleges de Cambridge esto suponía no solo una inyección de dinero, sino también una ventaja al mantenerse activas sus instalaciones durante el tiempo no lectivo; algo así como lo que hacen algunos hoteles en temporada baja acogiendo jubilados a precios muy bajos antes que cerrar el hotel durante el invierno.

Si alguna vez conocéis a algún médico que haya vivido esta experiencia, seguro que os la rememora con agrado. Y es que el lujo está en el trato y la exclusividad, no en el derroche.

jueves, 27 de octubre de 2016

Urología en tres dimensiones

El conocimiento no llega sólo a través de los libros, sino también por otros medios más espectaculares tal como se hizo en una ocasión para presentar el libro “Ecografía transrectal de la próstata” que, al estar editado sobre soporte CD-Rom ofrecía amplísima infografía en tres dimensiones.  Y ¿qué mejor lugar para presentarlo que el IMAX 3D? Ni corta ni perezosa, la jefe de producto Shirley Hooper contrató este cine 3D de Madrid y se proyectó en exclusiva a los urólogos. Ver tantos urólogos con gafas de 3D siguiendo la proyección, fue una de las imágenes más comentadas al igual que fue muy comentada aquella original presentación.

miércoles, 26 de octubre de 2016

No es mejor quien más sabe sino quien mejor comunica

El primer número de la revista “Información al Día” salió el 1 de octubre de 1999, en blanco y negro, con un total de 12 páginas. En portada se destacaban tres noticias de las que sólo una se centraba en la propia compañía, la cual acababa de presentar sus resultados semestrales; las otras dos noticias principales nos hablaban de cómo era el urólogo español (según el primer estudio que se hizo sobre la situación de la urología en España) y cómo los últimos datos mostraban que los tratamientos preventivos en asma reducirían hasta en un 80 por ciento los ingresos hospitalarios.

El estudio sobre la urología en España había sido realizado por la Asociación Española de Urología y pagado, claro está, por un laboratorios farmacéutico, en este caso AstraZéneca. Organicé la rueda de prensa para su presentación en un hotel céntrico (como siempre, para facilitar la asistencia de los periodistas) y teníamos pensado que hiciese la presentación un eminente urólogo. Sin embargo este no pudo asistir y ocupó su puesto el Dr. Antonio Allona, del Hospital Ramón y Cajal y secretario de dicha Asociación. Lo que en principio parecía un contratiempo se convirtió a la hora de la verdad en una gran ventaja: el Dr. Allona era un gran comunicador que se ganó de inmediato el interés de la audiencia. En consecuencia, los periodistas se dieron cuenta que hablaban el mismo lenguaje, entendieron todo perfectamente, y como consecuencia publicaron amplios reportajes en sus respectivos medios de comunicación. Eso nos demostró que el mejor ponente para una rueda de prensa no es el que más sabe o el que más prestigio tiene, sino aquél que mejor comunica y conecta con los periodistas.

martes, 25 de octubre de 2016

Periodismo de empresa

La historia se escribe de muchas maneras y una de ellas es el periodismo. La historia de una empresa debería quedar reflejada igualmente en el periodismo... de empresa (si es que tal cosa existe). Rara avis. Por lo general, las empresas (y más aún los laboratorios farmacéuticos) son reacias a mostrarse a la sociedad tal como son, explicar quiénes son y qué hacen en favor de la comunidad; por eso son muy pocos los casos de empresas –laboratorios farmacéuticos en este caso- que han dispuesto en algún momento de su existencia de una revista –no digo ya periódico- de empresa. Algunos hay y ha habido, pero... esas revistas de empresa que han visto la luz sólo han sido el espejo en el que sus directivos se miraban complacidos sin que les importase lo más mínimo el lector. No miento. Buscad y coged cualquier revista corporativa de cualquier laboratorio farmacéutico que disponga o haya dispuesto de ella. ¿Qué encontraréis? Muy sencillo: entrevistas con su presidente para más honra y honor del mismo y de su empresa, y artículos que ensalzan las propiedades de sus productos. Todo ello irá aderezado con fotografías del máximo dirigente y de los envases de los productos, pocas veces aparecerá una fotografía de los empleados y cuando así suceda, será en multitudinario grupo para evitar protagonismos, porque el único protagonista es la propia empresa representada por su máximo dirigente y sus productos.

Pero ha habido excepciones, al menos una. Me refiero a la revista “Información al Día”, que puse en marcha en 1999 y se editó de forma ininterrumpida hasta 2007. En esa revista ha quedado reflejada no solo la historia de AstraZéneca (su laboratorio editor) sino también una parte de la historia de la industria farmacéutica.

Ahora bien ¿qué hacía diferente a “Información al Día” respecto a las demás revistas corporativas? Un montón de circunstancias, así que será mejor enumerarlas:

En primer lugar, la idea de la revista, su diseño, su enfoque y su contenido, no provino de la dirección de la empresa sino de mi iniciativa personal; no se trataba por tanto de una orden o sugerencia de altas instancias diciendo “haz una revista para destacar lo buenos que somos”; por el contrario, era yo como periodista quien en el pleno ejercicio de mi libertad y profesionalidad consideraba necesario impulsar la transparencia informativa.

En segundo lugar, e igualmente importante, sus contenidos los elegía yo como responsable de Comunicación (no eran impuestos por la dirección) y la redacción de las noticias no pasaba censura previa. Bien, debo aclarar aquí que no a todos los directivos les parecía bien que un responsable de Comunicación hiciese y deshiciese a su antojo en tan delicado tema como es la comunicación, por lo que el presidente, Carlos Trias, pidió a su hermano, el director comercial Enrique Trias, que revisase previamente los contenidos. Como responsable de Comunicación pedí que dicha revisión se realizase en 24 horas (¡petición insólita que, más insólitamente aún, fue atendida siempre con rigor!) para no perder actualidad. Así se hizo, y debo agradecer que al igual que el presidente confió en el saber y entender de quien escribía aquello, el director comercial también confió y no sólo cumplió con su obligación de revisar al momento aquellos textos sino que rara vez hizo alguna sugerencia o pequeños cambios, y cuando alguna de estas sugerencias o pequeños cambios fue propuesta por él, vino acompañada de argumentos de peso que fueron inmediatamente comprendidos y compartidos.

En tercer lugar destacaría la inmediatez, algo sin lo cual no se entiende el periodismo. Bien es verdad que estamos hablando de una revista mensual, no de un diario, pero fue compromiso autoimpuesto y cumplido con rigor, el de la cita puntual con los lectores. De esta forma, el primer día laborable de cada mes, “Información al Día” llegaba a la mesa de cada lector, con unas noticias que iban desde el cierre de la anterior edición hasta la semana anterior. En efecto, las noticias, artículos y reportajes se iban escribiendo durante cuatro semanas y sólo se dedicaba una semana (la anterior a la aparición de cada número) a la maquetación, impresión y distribución; esto significaba que muchas de las noticias incluidas en cada revista se habían producido hacía tan solo siete días. (Comparad esto con cualquier otra “revista de empresa” y veréis que las noticias allí reflejadas sucedieron hace varios meses).

Otra de sus señas de identidad era el enfoque de la revista, orientada a todo aquello que, relacionado con la empresa, fuese noticiable; que fuese de interés para el lector (eso he dicho, de interés para el lector, no de interés para el cuadro directivo). Así se veía cómo los empleados, sus actividades, sus historias, sus noticias, aparecían en esas páginas de forma recurrente, así como sus fotografías. También lo hacían los mandos directivos, es cierto, pero estos compartían y cedían con frecuencia el protagonismo a los verdaderos artífices del éxito de una empresa: sus empleados.

Visualmente, “Información al Día” también era diferente; mientras la totalidad de revistas corporativas de otras compañías se editaban en formato DINA4 esta revista adoptó el formato periódico, con cinco columnas, y tipografía y maquetación similar a la de cualquier periódico. Comenzó a editarse en blanco y negro aunque muy pronto pasó al color y siempre fue acompañada de abundantes fotografías que –a diferencia de las que se publican en otras revistas corporativas- siempre indicaban el nombre del fotógrafo o el archivo al que pertenecían.

Y en la forma de contar las noticias se tuvo siempre mucho cuidado en quitar todo aquello que sonase exageradamente comercial. Se redactaba en tercera persona, los cargos se citaban en minúscula y no se anteponían los manidos “Don”, “Doña”, “señor”, etc. Los nombres de los productos iban en minúscula y nunca se ponía la clásica “R” de marca registrada tal como se hace en los folletos ¿o es que habéis visto algún periódico en donde se pongan estas cosas? En definitiva, el objetivo era el de parecerse lo máximo posible a un periódico, tanto en el aspecto visual como en el de sus contenidos y la forma de exponerlos.

En cuanto al nombre que se puso a este periódico de empresa o revista corporativa (como queráis llamarlo) y para satisfacer la curiosidad diré que se le llamó “Información al Día” (con un “I+D” destacado) ya que dicha compañía había apostado por la I+D como vía de progreso para el avance de la medicina. Esta era, y así se presentaba, la mejor tarjeta de visita de la compañía, mejor que cualquier folleto promocional (cuando alguien coge un folleto promocional sabe que todo lo que allí viene es para “venderle la moto” como vulgarmente se dice; en cambio con este periódico se ofrecían informaciones interesantes que permitían conocer mejor a la empresa y sus productos sin que fuese acompañado del “tufillo” de la promoción.

La revista estuvo en activo durante 83 números (de octubre de 1999 a marzo de 2007) saliendo puntualmente el primer día de cada mes (excepto durante el mes de agosto). Se distribuían cuatro mil ejemplares, de los que unos mil cuatrocientos iban destinados a cada uno de los empleados de la empresa. El resto se hacía llegar a sociedades científicas, asociaciones de pacientes, médicos líderes de opinión, organismos oficiales, empresas colaboradoras, periodistas, proveedores, médicos colaboradores y salas de recepción en la sede central, fábrica y grandes delegaciones. De igual forma, cuando algún médico o farmacéutico manifestaba su deseo de recibir la revista, se le añadía a la lista de envío para que le llegara periódicamente.

lunes, 24 de octubre de 2016

No es sí

Hasta ahora creíamos que “no” era “no”, sin embargo ahora el PSOE nos acaba de demostrar que el “no” cuando se silencia es un “sí” y eso es lo que van a hacer permitiendo así que España padezca otros cuatro años de gobierno de Eduardo Manostijeras, es decir, Mariano Rajoy.

Ángela Merkel y los mandamases de Bruselas deben estar dando saltos de alegría porque se asegura en su puesto una perfecta y obediente marioneta que hará, deshará y recortará todo lo que le pidan.

La directiva del PSOE se debatía entre abstenerse (que es igual a votar “sí”) o votar “no” (que es lo que siempre prometieron en campaña todos sus dirigentes) y han argumentado que ir a otras elecciones sería malo para el PSOE. ¿Malo? ¡Y tanto! Si ahora (es decir, en diciembre) fuésemos a unas terceras elecciones) sólo votarían al PSOE los candidatos de sus listas y algún familiar de los mismos; la debacle sería monumental. Por eso confían en lo débil que es la memoria de los votantes y que dentro de cuatro años ya ni se acordarán de esto y les volverán a votar como fieles borregos. También han debido comentar entre ellos (aunque esto no ha trascendido públicamente) que mientras gobierne el partido político más corrupto de la historia de la democracia, es decir el PP, ellos y sus irregularidades (los famosos ERE de Andalucía y tantos otros ejemplos de usurpación del dinero público) estarían a salvo ya que al PP no le interesa que se tire de la manta, como mucho sólo levantar una esquinita y barrer el polvo debajo de la misma, es decir, juzgar a algún cabeza de turco al que luego rebajarán la pena para después darle un indulto y dejarle que se vaya a sus paraísos fiscales a recuperar todo lo robado.

Así que ya lo sabéis: en política un “no” es igual a un “sí” o a un “no sé” o a lo que les de la gana, porque eso es lo que hacen los políticos, reírse de nosotros mientras nos roban.

domingo, 23 de octubre de 2016

Un anuncio original

Lo más bonito de la Publicidad (sí, con mayúscula) es que te sorprenda, que derroche imaginación, creatividad y buen gusto. Claro que sólo eso no es suficiente, porque su objetivo es vender y si un anuncio es muy bueno pero luego no nos acordamos qué es lo que anunciaba, sin duda podrá ser catalogado como una buena obra de arte pero no un buen anuncio.

Hoy traigo aquí, para compartir con vosotros este anuncio de las líneas aéreas Norwegian. La bandera, ocupando toda la superficie del anuncio nos sitúa perfectamente en el país en cuestión y –jugando con los colores de la bandera- se reproducen las banderas de otros países a los que esta compañía vuela.

Resulta sorprendente comprobar cómo ajustando un simple recuadro a los colores de su bandera se obtienen hasta cinco banderas diferentes. ¿A que te entran ganas de jugar para intentar hacer lo mismo con las banderas de otros países? En cualquier caso siempre recordarás que es una compañía noruega la que te puede hacer volar a bajo precio a numerosos destinos internacionales.

miércoles, 19 de octubre de 2016

¡Qué tiempo tan feliz!

Blanca era la luz
de nuestro primeros sueños,
alegría desbocada
a impulsos de sangre roja,
queriendo hacer mejor
aquél mundo que nacía
de nuestra propia esperanza.

Lo que fuimos, somos,
y en el recuerdo pervive
aquello que construiste.

El mundo es ahora mejor
allí donde tú estuviste,
y fue tu luz, Blanca,
la estrella que nos guió.

lunes, 17 de octubre de 2016

¿Basta sólo con rezar y no desanimarse?

El Evangelio de Lucas nos relata en su capítulo 18, 1-8, una parábola cuya moraleja es: hay que rezar y no desanimarse si a pesar de tanto rezo no obtenemos lo que pedimos. Curiosamente esa parábola es la de una viuda que insiste ante el juez para que le haga justicia y el juez pasa de ella olímpicamente. Sin embargo ella insiste, insiste, una y otra vez sin desanimarse, hasta que el juez, que ya estaba hasta las narices de tanta súplica, decide atender sus peticiones. Por eso dice el Evangelio que si ese juez, sólo por cansancio, atendió la petición, ¿cómo no iba a atender las peticiones un Dios misericordioso?

Está muy bien eso de “pedir”. Está muy bien eso de “insistir”. Está muy bien eso de “no perder la esperanza”. Pero ¿qué damos nosotros a cambio? ¿qué hacemos nosotros a cambio? El pedir es de vagos, lo que hay que hacer es trabajar para conseguir lo que queremos.

Quiero suponer que esa viuda de la que nos habla Lucas no se limitaba a estar sentada y quejarse, sino que hacía algo más, que se movía, que redactaba instancias, que hacía visitas, que buscaba vías de acceso para que sus peticiones llegaran al juez... es decir, trabajaba para conseguir su objetivo. Porque si nos quedamos sentados, mirándonos el ombligo, quejándonos de la mala suerte que tenemos, no conseguiremos cambiar la situación. El cambio exige movimiento, exige trabajo, exige insistencia, y por supuesto también una gran fe en alcanzar los resultados esperados, pero sólo con pedir y esperar que nos lo den todo hecho no se consigue nada.

Por consiguiente mi conclusión no es la de “rezar y no desanimarse” sino la de “trabajar, esforzarse y no desanimarse”.

lunes, 10 de octubre de 2016

Gracias, Takk, Thanks, Merci...

La lectura de ayer domingo, a pesar de su simplicidad aparente tiene muchos y profundos significados, así como plantea igualmente algunos interrogantes. Se trata de Lucas 17, 11-19.

Diez leprosos le gritan a Jesús (no se acercaron más, signo evidente de respeto, ya que ese tipo de enfermos eran auténticos apestados) que tenga compasión de ellos y les cure. Primera lección, pues: respeto. Segunda lección: Esperanza.

Jesús les responde que vayan a presentarse a los sacerdotes. Podía haberlos curado directamente allí, en ese mismo instante, pero quiso con este gesto dar a entender que si queremos algo tenemos que hacer algo para conseguirlo; no se puede pretender alcanzar todos nuestros deseos sin hacer ni el más mínimo esfuerzo por nuestra parte. En esta vida estamos para trabajar y superarnos día a día. En esta ocasión se les pide que vayan ante las autoridades religiosas, aunque no les explica los motivos, pero como ellos tienen confianza plena en el Maestro, hacen lo que este les pide. Tercera lección: si quieres algo trabaja por conseguirlo.

Cuando van en camino, los diez leprosos quedan limpios; es decir, el milagro no se obra en su presencia sino lejos de él, como si él no quisiese darse importancia. Primero les dice que vayan a ver a los sacerdotes, como si fuesen ellos quienes tuviesen el poder de curarlos en vez de él; y después hace que se curen en el camino en vez de montar el espectáculo de la curación en plan multitudinario de show-business. Cuarta lección: humildad, quitarse importancia y no alardear de los méritos propios.

Los diez se alegran mucho y dan saltos de alegría, pero sólo uno (precisamente el único extranjero del grupo de enfermos) regresa para darle las gracias. Eso era lo único que esperaba Jesús, que le diesen las gracias, pero sólo regresa el extranjero, como indicándonos que muchas veces son mejores que nosotros aquellos que no pertenecen a “nuestro grupo”. Quinta lección: tendríamos que acostumbrarnos a dar las gracias mucho más a menudo porque son muchos los favores que recibimos cada día, tanto por parte de Dios como de los hombres. Sexta lección: nada de “nacionalismos” ni creencias en que “los nuestros, los de nuestro grupo” son los mejores.

Finalmente, a ese que volvió a darle las gracias, Jesús le dice “levántate, vete: tu fe te ha salvado”. Eso es como decir: yo no he hecho el milagro, lo has hecho tú al creer en él. Al igual que se dice en más partes del Evangelio, la fe es la que realmente obra milagros y si nosotros creemos firmemente en aquello que vamos a emprender y lo trabajamos adecuadamente, podremos lograr el éxito. Pero entonces, si Jesús no hace el milagro, si quien lo hace es la fe... ¿significa eso que no debamos atribuirle a Dios este milagro? Pues va a ser que no, porque si Dios nos ha creado, la fe que podamos tener es también obra suya y por consiguiente se trata de un milagro por vía indirecta pero cuyo responsable último es Dios. Séptima lección: Creer, hay que creer no sólo en Dios sino también en nosotros mismos y en nuestra capacidad (vía trabajo) de modificar nuestro futuro.

No obstante este pasaje deja algunas incógnitas. Cuando los manda que se presenten a los sacerdotes ¿qué pretendía con ello? ¿Quería que los sacerdotes viesen el milagro para que se dieran cuenta que él era Hijo de Dios? En ese caso chocaría con la lección de humildad que parecía desprenderse del primer análisis. Pero a lo largo del Evangelio ya hemos visto que también Jesús tenía su genio y de vez en cuando (expulsión de los comerciantes del Templo) daba un puñetazo encima de la mesa. ¿Fue esta vez una de aquellas? Y la otra cuestión que no queda clara es si finalmente aquellos diez leprosos se presentaron en el Templo o se dieron cuenta que los sacerdotes no pintaban nada y que era Jesús al que debían mostrar agradecimiento.

Resumiendo: creer en nosotros mismos, tener fe en lo que hacemos y trabajarlo. Y acostumbrarnos a dar las gracias cuantas más veces mejor, tanto a Dios como a todos los que nos rodean.

lunes, 3 de octubre de 2016

Los versículos silenciados del Evangelio de Lucas

Este último domingo leyeron una parte del capítulo 17 del Evangelio de Lucas, pero sólo leyeron del versículo 5 al 10, se saltaron los cuatro primeros. Y es que a muchos de los altos cargos de la Iglesia les debe sonrojar leerlos ya que ellos no predican con el ejemplo (grandes comilonas, personas a su servicio, lujosos apartamentos, tratamiento VIP en todas partes...). Pues ya que no los han leído, aquí se los recuerdo yo, sobre todo los dos primeros:

“Dijo Jesús a sus discípulos: ‘Es imposible que no haya escándalos y caídas, pero ¡pobre del que hace caer a los demás!
Mejor sería que lo arrojaran al mar con una piedra de molino atada al cuello, antes que hacer caer a uno de estos pequeños’”.

Me hubiera gustado oír las críticas hacia esos altos cargos que están acabando con la fe en la Iglesia, pero de esto nada se dijo ni se dice. Porque en este mundo todos tenemos responsabilidades, pero esa responsabilidad se agiganta cuando entra en el terreno de nuestro ámbito personal y profesional.

Está mal que una persona robe, pero está peor que lo haga un político (que se supone está al servicio de los ciudadanos que le votaron) o de un rico (que si ya tiene más de lo que necesita, ofende si además sigue quitando a los demás lo poco que les queda). Está mal que una persona mienta, pero peor está que mienta un periodista (que se supone debe ser notario de la actualidad). Y no está mal sino que está peor, que una persona que debe dar ejemplo de humildad y amor y a los demás, como predicó Jesús, lleve una vida de lujo, prepotencia, hipocresía y ostentación, tal como hacen muchos obispos, cardenales, y altos cargos de la Iglesia (curiosamente este Papa es una excepción).

Miré a mi alrededor en misa: había unas cuarenta personas, el equivalente a un 20 por ciento del aforo. “Muy poco público”, me dije. Me fijé en el sexo de las mismas: sólo un 10 por ciento de varones. “Ya sólo vienen beatas”, me dije. Me fijé en la edad: una chica de unos 30 años, los demás, todos por encima de los 65 años. “A este paso, dentro de 15 años esa chica y el cura serán los únicos que estén en misa; todos los demás habremos muerto”, me dije.

Y es que hay que predicar con el ejemplo, porque si no se hace (y no se hace), la gente deja de creer en la Iglesia, en la política, en el periodismo...