domingo, 31 de mayo de 2020

Cuando me regalaron un millón


Tenía nueve años y acaba de venir a vivir a Madrid. Yo era un chico de pueblo, bastante inocente, vamos, un “pardillo” que se dice (como ahora, aunque ya tenga más de 70 años). En el colegio me hice amigo de un tal Óscar, que era venezolano, cuya familia tenía mucho dinero y debía ser verdad. En ocasiones iba a su casa a jugar, un piso lujoso y amplísimo en la calle Guzmán el Bueno, en donde no sólo se veía el lujo en los muebles y en el propio piso, sino también en todos los juguetes que tenía: nunca había visto unas reproducciones tan grandes y perfectas de dinosaurios de goma (debían ser carísimas), y a pesar de su corta edad tenía su tocadiscos propio y muchos discos, además como ya digo de todo tipo de juguetes. Un día, por ejemplo nos fuimos dos amigos con él a visitar una feria y nos lo estábamos pasando bomba montando en todo... hasta que a mi amigo y a mí se nos acabó el dinero que nos habían dado nuestros padres. Entonces él dijo que no importaba, que nos invitaba. Y así fue, y seguimos mucho tiempo más divirtiéndonos los tres y pagando sólo él.

Como nos llevábamos tan bien, un buen día me dijo que me iba a regalar un millón de pesetas (eso sería ahora como decirte que te van a regalar un millón de euros). Me quedé alucinado y... me lo creí. Cuando llegué a casa corrí loco de contento a darle a mis padres la buena nueva: nos iban a regalar un millón de pesetas. Naturalmente mis padres se lo tomaron a broma (“cosas de chicos”, dijeron) lo cual me desconcertó, porque yo confiaba en mi amigo, sabía que su familia tenía mucho dinero, y me había tragado su embuste hasta el final.

Poco a poco, y según fueron pasando los días sin que mi amigo volviese a tocar el tema, me fui dando cuenta que todo había sido una tomadura de pelo, pero me resultó muy útil aquella experiencia para descubrir de qué pasta están hechos los seres humanos y una buena parte de mi inocencia (aunque no toda, afortunadamente) murió aquél día.

sábado, 30 de mayo de 2020

Violeta Rodrigo y la zanahoria carnívora


Hoy vamos a hablar de un personaje muy peculiar: una zanahoria. Pero no es una zanahoria cualquiera sino una zanahoria carnívora. Dicen que surgió de un cruce entre unas zanahorias silvestres y unas plantas carnívoras, pero la realidad es que fue Violeta Rodrigo quien le presentó este personaje a Vicente Fisac y este lo rebautizó como “Killer Carrot” y escribió divertidas historias sobre él.

En el cuento “Killer Carrot, la zanahoria carnívora”, que se incluye en el libro “Humormicina” (el humor es la mejor medicina), se nos da una buena dosis de este medicamento llamado sonrisa y que es el único que no tiene efectos secundarios ni contraindicaciones.

En las historias que se nos cuentan sobre esta zanahoria de insaciable apetito, se van dando cita también otros populares personajes como Bugs Bunny, los Fruitis, Homer Simpson, Pinocho o Pluto; personajes de ficción no famosos como Perro Pirata, Perrito Puppie y las muñecas Solsticio y Swanhild; e incluso interviene en un episodio el popular periodista estadounidense Jay Leno.

Diviértete con todos los líos en que se mete Killer Carrot por culpa de su insaciable apetito y el desolador panorama que deja allá por donde va pasando. En cualquier caso, si alguna vez te encuentras con esta zanahoria… no te acerques demasiado a ella. Estás advertido.

Humormicina”, de Vicente Fisac.
Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

viernes, 29 de mayo de 2020

El niño que perdió la fe en la Humanidad


No creo que yo sea el único que ha perdido la fe en la Humanidad, pero sí soy uno de lo que ha perdido dicha fe a una edad más temprana: a los cinco años. Esta es la triste y decepcionante historia…

Apenas contaba cinco años de edad y vivía en un pueblo de La Mancha, en una gran casa que tenía un gran corral y junto a él unos enormes almacenes en donde se guardaba todo tipo de cosas. Para evitar que las ratas y ratones campasen a sus anchas por allí, se permitía la presencia de gatos callejeros, los cuales tenían allí cobijo y comida (alojamiento y pensión alimenticia completa) a cambio de ahuyentar a los roedores.

Me gustaba mucho bajar a jugar a aquél amplio corral y por allí veía a los gatos y ellos me veían a mí. Pronto comenzó un mutuo interés entre una gata –a la que bauticé como “Minina”- y yo. Fuimos ganando confianza y esta se acrecentó cuando mis visitas al corral se acompañaron de algún manjar para ella: unos restos de sardinas, un poco de jamón de York, etc.

Al cabo de un tiempo, cada vez que bajaba al corral sólo tenía que llamarla suavemente diciendo “Minina, Minina” y a los pocos segundos aparecía ella y se acercaba a mí ronroneando y restregándose por mis piernas como hacen los gatos para expresar su cariño (o tal vez es su forma de expresar “tú me perteneces”).

Un día vinieron a visitarnos unos primos de la capital, algunos de mi edad y otros algo mayores. Les conté que tenía una gata que era amiga mía y los llevé al corral para presentársela. Llamé a “Minina” y pocos segundos después apareció ella. Al principio se paró a una cierta distancia al comprobar que yo no estaba solo, pero volví a llamarla y se acercó a mí. Pero entonces, mis primos comenzaron a lanzarle gritos y gestos amenazadores entre un estruendo de risas. Minina desapareció veloz como el rayo.

Al día siguiente bajé al corral y la llamé. No vino. Y así un día y otro. Me contaron que seguía por allí, porque a fin de cuentas ese era su refugio y en mi casa seguían dejándole comida a los gatos, pero ya nunca más acudió de nuevo a mis llamadas.

Sólo tenía cinco años, pero aquello quedó grabado en mi mente, tanto que no lo he olvidado nunca. Aquél día perdí la fe en el ser humano, perdí la fe en la civilización.

jueves, 28 de mayo de 2020

El poeta que escribió en tercera persona


Lo normal es que un poeta escriba en primera persona, contando sus sentimientos, emociones, vivencias, pensamientos… Sin embargo alguna vez sucede algo extraño y alguien, un ser incorpóreo, quizás ese ser a quienes los poetas llaman “Musa” toma el mando y le dicta al poeta lo que debe trasladar al papel.

Esto es lo que sucedió y quedó reflejado en el libro “Yo soy Alma”. Una tarde cualquiera de verano, el autor sintió el impulso de ponerse a escribir un poema, pero se dio cuenta que no era él quien lo estaba escribiendo, sino que era ella, una chica incorpórea que decía llamarse Alma, quien le estaba dictando esos poemas que hablaban de la historia y los sentimientos de ella.

Una tarde tras otra, en aquellas horas de siesta, el poeta se ofreció gustoso a ser la herramienta que Alma utilizase para contar su historia a través de unos poemas. Como el poeta se dejaba llevar y la voz de Alma era muy fuerte, el resultado fue que después, cuando el poeta revisó aquello que había escrito comprobó que estaba perfecto, que no necesitaba ningún retoque; algo que como todos sabéis no es lo normal porque todos cuando escribimos y luego repasamos lo que hemos escrito, solemos hacer algunas correcciones.

La historia que nos cuenta Alma es muy peculiar. Pasó su infancia y juventud encerrada en un colegio, pero encontró en sus amigas la familia que nunca tuvo y la fuerza para seguir adelante. A través de los versos y también a través de la prosa, nos cuenta sus cosas, sus emociones, sus juegos… y en medio de todo aquello podemos mirar sus ojos y conocer también sus íntimos deseos: “es con chicas con quien sueño”. Ella es feliz con sus flores y sus versos, con su extraña familia y las amigas con quienes comparte alegrías y recuerdos. Y también, de vez en cuando, le gusta… mirar al cielo.

Yo soy Alma & Algo así”, de Vicente Fisac.
Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Me gustaría ser un caballo


En esta ocasión no voy a hablar de la obra de teatro “Equuus” sino de una anécdota de mi más tierna infancia, en la que se demuestra que yo estaba predestinado a ser un gran creativo publicitario, un escritor con chispa e imaginación, dispuesto a captar la atención y despertar el interés del público hacia mis intereses, tal como se hace en Publicidad. Así sucedieron los hechos...

Tendría unos seis años y vivía entonces en Daimiel. Paseaba con mi padre cuando sucedió lo que suele suceder en los pueblos, que cada cinco pasos te encuentras a un conocido (en realidad en los pueblos se conoce todo el mundo) y te paras a hablar con él. Como podéis imaginar, aquél paseo se estaba haciendo interminable y así, una vez más, mi padre se paró a hablar con otro conocido mientras yo permanecía aburrido allí a su lado.

Surgió entonces mi vena creativa publicitaria. Ya sabéis que la base primordial de la Publicidad es llamar la atención, captar la atención del cliente potencial para después transmitirle el mensaje de persuasión sobre nuestro producto o servicio. Estaba claro que el producto que yo quería vender era el acabar ya aquél aburrido paseo y llegar a casa para poder jugar. Pero sabía que si les decía eso mismo, algo así como “papá vámonos ya a casa, que estoy cansado y aburrido”, la respuesta sería: “sí, sí, enseguida nos vamos” y no me harían ni caso y seguirían con su cháchara. Así que opté por la creatividad, por sorprenderles con algo inusual que los dejara perplejos, incapaces de reaccionar, haciendo patente mi deseo.

Fue así como les dije: “Papá, me gustaría ser un caballo”. Los dos –mi padre y su amigo- interrumpieron su conversación ante tan sorprendente afirmación y me miraron sorprendidos sin saber a qué obedecía eso. Me preguntaron que por qué decía eso y la respuesta fue una indirecta directísima: “...porque los caballos no se cansan cuando están de pie”. Fue así como comprendieron que allí había un niño que estaba muy cansado y quería irse a su casa, y afortunadamente reaccionaron como yo deseaba y se despidieron para que mi padre y yo pudiésemos -¡por fin!- emprender el camino de regreso a casa. ¿A qué niño se le hubiera ocurrido una cosa así? Sólo a un futuro creativo de Publicidad y original escritor como este que suscribe estas palabras.

martes, 26 de mayo de 2020

Tan diferente como una novela en poesía


La mayor parte de los libros de poesía son una recopilación, más o menos amplia, de poemas sueltos escritos por el autor. A veces. Suelen tener una temática común, generalmente el amor y la persona amada; aunque también pueden hacer referencia a recuerdos de la niñez, a la naturaleza, al mar, a la fauna, a ciudades o lugares históricos, etc.; pero en definitiva, cada poema es una pieza suelta que no guarda más relación que dicho tema general con el resto de poemas que le acompañan en el libro.

Sin embargo hay excepciones y una de ellas es el libro de poemas “Algo así” que nos relata una historia a través de 102 poemas. El marco de esta historia es la localidad de Maaloey, en una pequeña isla de la costa oeste de Noruega, unida a tierra por un puente.

Como dice su autor: “Todo aquello que cobra vida en nuestra imaginación se convierte en realidad por el simple hecho de ser conscientes de ello. El mundo real no es otra cosa, pues, que la percepción de nuestros propio sueños. Algunos de ellos con tanta fuerza que, trasladados al papel, perduran en el recuerdo. Porque la vida es sentir… que nosotros mismos somos un sueño”.

Yo soy Alma & Algo así”, de Vicente Fisac.
Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

lunes, 25 de mayo de 2020

El hombre de las sombras

Una taza humeante de café que descansaba olvidada encima de la pequeña mesa contigua, desprendía un aroma embriagador, su humo danzaba hacia el techo hasta desvanecerse antes de llegar a él como si nunca hubiera existido. Sentado junto a la ventana, observó por un instante el cristal sin poder distinguir apenas las borrosas siluetas de los transeúntes que corrían por el callejón acurrucados,  para protegerse de la lluvia y el frío. La lluvia de aquella tarde, como si de un artista inspirado se tratase, había pintado en el cristal formas abstractas, compuestas por miles de finas líneas y gotas haciendo casi imposible adivinar que había al otro lado. Como cada invierno, los “expertos” del lugar afirmaban rotundamente que ese estaba siendo el invierno más frío de las últimas décadas, pero a él apenas le importaba. La camarera se le acercó tímidamente, casi con miedo. Él sabia perfectamente que su aspecto no era lo que se solía esperar de un hombre de su edad, una larga gabardina que siempre llevaba con el cuello levantado y un sombrero que había encontrado perdido en la calle años atrás, ocultaban su viejo y arrugado rostro. Su mirada se perdió de nuevo, tras el grueso libro que siempre lo acompañaba, y con el que intentaba evadirse del mundo que le rodeaba, un mundo que no lo entendía ni pretendía que lo hicieran.

Levantó la mirada y la camarera seguía allí, con voz temblorosa le informó que ya era hora de cerrar, y al mirar a su alrededor descubrió que era el único cliente que quedaba en la cafetería. Con un gesto caballeroso se quitó levemente el sombrero como señal de disculpa, dejando por un momento a la vista sus desenmarañados rizos, de los que apenas quedaba el recuerdo esa hermosa cabellera que en su día había sido la envidia, de todos sus amigos. Con poca facilidad se levantó y casi arrastrando su viejo cuerpo se adentró por los callejones del centro de la ciudad. 

La oscuridad y la tranquilidad de la noche prácticamente se habían adueñado de las calles de la ciudad. Los pocos ciudadanos que quedaban, se dirigían a sus tranquilos y apacibles hogares para apurar los últimos minutos del día con sus seres queridos, antes de caer en el más profundo de los sueños. Y él, un hombre perdido en entre las sombras de la noche, deambulaba por la ciudad sin rumbo concreto. Las farolas desprendían una luz tenue y alargaban las sombras de los árboles de un modo casi espectral, sin pensarlo demasiado y guiado por su inconsciente, se  adentró en un parque. Ya hacía rato que había dejado de llover, pero el aroma de la tierra mojada aún reinaba en el ambiente, los pequeños riachuelos seguían danzando entre los árboles y la tierra se hundía bajo sus pies a cada uno de sus pasos.

Las noches tenían una esencia especial, casi mágica. Con ella llegaba una tranquilidad y una calma que durante el día eran casi imposibles de encontrar. Al llegar a un pequeño claro se arrodilló en la tierra y se recostó boca arriba sobre la tierra aún mojada, para admirar la grandeza del universo. Le gustaba contar estrellas, esas pequeñas motitas de luz que adornaban el negro cielo. Parecía casi imposible pensar que quizás, algunas de aquellas estrellas que él estaba viendo, ya hacía mucho tiempo que habían dejado de existir. Pero que sin embargo se encontraban tan lejos, que aún nos estaba llegando su luz.

Una sonrisa triste iluminó su rostro al pensar en lo que le contaba su padre cuando era niño, que como las estrellas, en la vida, las personas, mientras quede alguien  que nos recuerde y nuestra luz siga brillando en sus corazones y sus recuerdos, realmente nunca llegaremos a morir. Y estaba seguro que su padre no se equivocaba, pues mientras la luz de su padre siguiera brillando en su corazón ese padre tan maravilloso jamás llegaría a morir.

-oOo-

Allí seguía, tumbado en el parque, sobre la tierra aún húmeda por la reciente lluvia, sin importarle que su gabardina se manchara de barro y con la vista y el pensamiento perdidos en las estrellas que cada vez ocupaban más espacio en el cielo conforme las nubes se alejaban. Ya habían pasado muchos años y ahora él era tan viejo como ese padre al que recordaba con cariño. Se tocó el rostro y se cercioró de los surcos que la edad le había dejado como cicatrices del paso de los años. Se llevó la mano a la cabeza y comprobó cómo de su antigua hermosa y tupida cabellera sólo quedaban ahora unos pequeños recuerdos. Miró de nuevo al cielo y en el silencio de la noche fue capaz de escuchar los latidos de su propio corazón: le decían que él estaba vivo, que su alma era joven e inmadura, que él seguía siendo un niño por mucho que su cuerpo hubiera envejecido... mas no había allí nadie que le confirmaran lo que había de cierto o errado en sus pensamientos.

Se levantó lentamente y regresó a su casa. La lluvia era pasado pero el suelo encharcado le recordaba que todo lo que había sentido y vivido aquella tarde era real. Pasó de nuevo por la cafetería que ya estaba cerrada y creyó ver en el cristal del escaparate el reflejo tímido y amable de la camarera que le había atendido... pero solo fue el reflejo de alguien que pasó a su lado.

Se detuvo a la luz de una farola y sin poder reprimirlo sacó de su bolsillo un sobre alargado y extrajo el papel que había en su interior. Lo leyó aunque ya se lo sabía de memoria y no entendía ni la mitad de las cosas que allí ponía, aunque sí la conclusión final: ya estaba cerca de su final, así lo reflejaban los análisis médicos.

Sintió que todo le daba igual. ¿Para qué? ¡Si no tenía a nadie! Estaba solo. Su mujer había muerto hacía ya unos cuantos años y no tenía ningún familiar cercano, al menos ninguno que estuviese próximo a su corazón. ¿A quién le iba a importar que muriera? Nadie lo iba a extrañar. Nadie lo echaría de menos. Nadie lo recordaría.

Guardó el papel en el sobre y siguió caminando hacia su casa. Al llegar al portal sacó las llaves mientras su imagen se reflejaba ahora en el cristal de la puerta. Se veía allí, con su larga gabardina que, entre el cuello subido y el sombrero inclinado hacia delante apenas dejaba vislumbrar su rostro. Pero entonces sintió algo que le hizo estremecer: ¡Esa imagen que acababa de contemplar en el cristal de su portal le resultaba extrañamente familiar! Era algo así como verse a sí mismo desde el exterior, como un espectador de sí mismo. Pero tampoco era eso. Algo se encendió en su interior y le hizo retroceder unos pasos. Junto al portal de su casa había una librería en la que solía abastecerse de lectura. Se acercó a su escaparate y miró con detenimiento los libros que se exponían para la venta. Y entonces surgió la sorpresa: allí había un libro que se titulaba “El hombre de las sombras”, de una tal Neus B.G. ¡Pero la fotografía que aparecía en la portada, la figura de un hombre con una larga gabardina con el cuello subido y un sombrero tapándole el rostro, mientras caminaba bajo la lluvia, eran él mismo, eran él mismo aquella misma noche!!!

Fue entonces cuando sintió que ya no estaría sólo, que cuando se hubiese ido de este mundo, habría muchas personas que le recordarían y mantendrían viva su memoria: todos los lectores de aquél libro.

Nota:- Primera parte escrita por Neus B.G. y segunda parte escrita por Vicente Fisac.

domingo, 24 de mayo de 2020

Leyendo “Noches de Sing Sing” en una discoteca


Esto sucedió en la realidad –hace ya muchas décadas- por más que parezca extraño. Ella, una chica joven, estaba sola en una discoteca, ajena a todo el jaleo que la rodeaba, ensimismada en la lectura del libro “Noches de Sing Sing” de Harry Stephen Skiller. Una discoteca no parece el lugar más apropiado para que una chica vaya a sentarse para leer tranquilamente una novela… pero así sucedió, y así la conoció un joven aspirante a escritor. Fue un encuentro fugaz pero intenso y su fruto no pudo ser más original: Una obra de teatro.

La obra de teatro a que nos referimos se llama “Sigue esperando” y, aunque ha sido publicada en Amazon, no ha sido representada nunca. Aquél joven escritor que se sentía desplazado de su entorno, se asombró al ver que no era el único, que también había otras personas como él y por eso, aquella tarde, ambos se sintieron atraídos mutuamente y aquél encuentro germinó en una virginal obra de teatro.

Sigue esperando”, de Vicente Fisac.
Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

sábado, 23 de mayo de 2020

Cuando la ciencia-ficción deja de ser ficción


He vuelto a ver una película clásica dentro del género de la ciencia-ficción: “Soylent Green”, del año 1973, con Charlton Heston y Edward G. Robinson. Pero nada más empezar la película me quedé perplejo, primero porque lo que en 1973 consideraban “futuro” era el año 2022, es decir, pasado mañana; segundo, porque ya nada más empezar se mostraban escenas que estamos viendo en nuestros días, es decir, dos años antes de ese “futuro” que preveían. Repasemos algunas:

1.- La gente iba por la calle con mascarillas (igual que ahora).
2.- La gente no podía salir libremente a la calle sino que tenía acotadas unas franjas horarias y unas zonas para moverse (igual que ahora).
3.- Los ricos era muy ricos, la clase media apenas si existía, y la inmensa mayoría eran pobres (así nos está dejando esta crisis que, además, es global).
4.- Las iglesias eran asilos para indigentes (como la iglesia de san Antón, del padre Ángel, en Madrid).
5.- Los ricos podían permitirse comer de todo porque les sobraba el dinero, mientras que a los pobres sólo se les daba para comer ese alimento prefabricado llamado “Soylent Green” (así nos está dejando esta crisis).
6.- Estaba legalizada la eutanasia y cuando alguien se sentía aburrido de esta vida iba a una clínica y allí lo suicidaban plácidamente (ya la tenemos legalizada y ya hay algunas clínicas -por ejemplo en Suiza y Dinamarca- que son como las de la película).
7.- Había superpoblación y las ciudades estaban envueltas en una neblina de contaminación (como la que se ve actualmente muchos días en cualquier gran ciudad).

Estas son algunas cosas que se mostraban en la película y que ya están pasando con dos años de adelanto sobre su previsión. Pero repasemos otras cosas que aún no han llegado pero que quizás la película haya adivinado también:

8.- El clima del planeta ha subido bastantes grados (de momento ya se están haciendo notar sus efectos).
9.- Los océanos están contaminados y secándose (de momento ya están bastante contaminados).
10.- El mundo está dominado por los hombres y las mujeres son objetos (de momento vamos por el camino opuesto, porque el movimiento feminista está tomando cada vez más fuerza y no busca la igualdad entre sexos sino la supremacía de la mujer sobre el hombre. “Sola y borracha, así quiero llegar a casa”, que dicen ellas).
11.- No queda sitio para la espiritualidad, todo es materialismo, los ricos acumulando sin ton ni son, y los pobres luchando tan sólo por sobrevivir.

En definitiva, esta película que se estrenó en otros países con el título de “Cuando el destino nos alcance” resulta que estaba en lo cierto y el destino ya nos ha alcanzado. 

viernes, 22 de mayo de 2020

Un puzzle de sentimientos juveniles


La novela se llama “Puzzle” y se subtitula “Realidad, sueños y anhelos” porque de todo eso hay, entremezclado, en este relato donde su protagonista irá abriéndose paso entre la realidad de su vida, lo ficticio de sus sueños y la realidad-sueño de sus más fervientes anhelos.

Para el protagonista, toda la espiritualidad de la vida sólo tiene un objetivo: hacer feliz a una mujer, y sólo cuando lo consigue  puede él también sentirse feliz. Así logra extraer de la materia toda su espiritualidad y en cada ocasión, el contacto físico del amor le transporta al mundo espiritual que satisface su ansia de plenitud y perfección.

Su sentir puede resumirse en esta frase: “El hombre trabaja, crea, se mueve, parece que es para su satisfacción, y cuando cae rendido, cada día encuentra la angustia de la nada. ¿Para qué? Se pregunta. ¿Para qué he creado? Es para la mujer, sólo para eso”.

Esta novela se incluye en el libro “Los primeros pasos de un escritor” en donde podemos ver cómo evoluciona un escritor durante sus primeros años.

Los primeros pasos de un escritor” de Vicente Fisac.
Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

jueves, 21 de mayo de 2020

Daimiel y el deporte


Y ya, como último ejercicio práctico para ir dominando el idioma daimieleño, vamos a ofrecer un relato imaginario. ¿Os imagináis que en Daimiel se hubiesen celebrado unos Juegos Olímpicos y uno de sus atletas hubiese conseguido varias medallas? Pues así sería su relato…

En un lugar de La Mancha, llamado Daimiel, no ha mucho tiempo se celebraban unas Olimpiadas: las “Olimpiadas de la era (lugar donde se separa el grano de la paja)” en donde tuve la oportunidad de ganar muchas medallas llamadas “tortasoles” porque llevaban la imagen de un girasol.

Uno de mis recuerdos más memorables (de memo) se refiere a mi participación tercera y última participación en estas Olimpiadas que se celebraban cada dos años en una era.

Sin duda mi triunfo más duro fue en la prueba de “1.500 metros atronchacarrizo” (campo a través). Aún recuerdo cómo sonaban las cornetas mientras avanzaba por la estera (alfombra) flanqueado por dos filas de gañanes (especie autóctona de La Mancha que se identifica por su blusón a rayas negras y grises, faja, boina, pañuelo con cuatro nudos en la cabeza, pantalón de pana, albarcas, celtas cortos y posiblemente –porque no se ve- calzoncillos largos) para subir al podio.

Sin embargo para el triunfo en la prueba de “Voltijetas (volteretas) artísticas” lo duro fue el entrenamiento previo para lograr elasticidad. Pero esa elasticidad me vino muy bien para quedar después segundo (tortasol de plata) en la prueba de “Lanzamiento de mendrugo (trozo de pan duro con medidas homologadas)”. También me valió para la prueba de “Lanzamiento de horca (tridente de madera para mover la paja)” en donde el alcance de los lanzamientos se marcaba con la reja del arao y la medición exacta se hacía gracias al ojímetro de precisión del árbitro. Lancé la horca a 105 metros (más o menos) de distancia, lo que supuso un récord olímpico que a día de hoy nadie ha superado, ni siquiera los finolis que lanzan jabalina en vez de horca (el que más se ha acercado ha sido Uwe Hohn, de Alemania Oriental, con un lanzamiento de 104,8 metros en 1984).

Pero quizás la prueba más elegante –y en la que más ligaba- era la de “Tenis rústico” en donde se utilizaban palmetas (de las de matar moscas) en vez de raquetas y donde calcé unas albarcas último modelo de la marca “Ni qué”, unas zoquetas (funda de cuero para proteger la muñeca que se usa para segar) de diseño en las muñecas, y en donde pude alzar el trofeo que, en vez de una copa era un botijo, y recibir finalmente el beso (y algo más que vino después) de la reina de las fiestas.

No tuve tanta suerte, sin embargo, en otras pruebas, como la carrera de tartanas (carro tirado por una mula) o de galeras (carro tirado por dos mulas). Con los animales no tenía tanta mano porque enseguida se me iba la mano. En cambio sí que tenía agilidad para mover las manos con gran celeridad en la prueba de “Vareao” consiguiendo hacer caer del olivo más aceitunas que nadie, aunque un participante, Edelmiro, se quejó de que el olivo que le había tocado varear tenía unas aceitunas muy raras en forma de higo.

Nota final del autor.- Salvo las palabras utilizadas que son auténticamente daimieleñas y la referencia a Uwe Hohn que es cierta, todo lo demás es completamente falso.

Fuente: “Diccionario Daimieleño-Español”, de Vicente Fisac. Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Marisa no me devolvió mi libro “Victoria”


Se llamaba Marisa (no recuerdo su apellido) y pasamos muy buenos momentos, aunque fugaces, durante nuestra juventud.  Un día le presté la novela de Knut Hamsun “Victoria” y no me la devolvió, en realidad no volvimos a vernos después de aquello.

Pero la novela en sí no me importa, sí en cambio todo lo que compartimos y entre esas cosas hubo una muy especial: nuestros poemas. Pocas cosas hay comparables a la emoción que siente un poeta cuando comparte e intercambia poesías con una poetisa. Y en el libro “Todo Poesía” se incluyen algunas de las poesías que un día, hace ya muchas décadas, intercambiaron estos dos poetas.

¿Cómo olvidar aquellas palabras/emociones/sentimientos de Marisa?:
“Te digo adiós y acaso te quiero todavía…”
“Él, al que yo hubiese amado tanto…”
“He murmurado tu nombre en la noche helada…”
“Sobre la tarde, tristemente, hay dolores de ausencia…”
“Todos los pájaros han cesado de  cantar, todas las flores han muerto, por un sol demasiado ardiente…”
“Luego, después de ahora, nada; y sentirás deshacerme por tus dedos, la sangre negra del tiempo muerto, las esencias no medibles de las cosas…”
“Porque te añoro y me añoras, te canto mis añoranzas…”

Quede constancia, pues, que aquellos poemas que Marisa y yo compartimos, forman ahora parte no sólo de mi historia sino también del libro que recoge mis más de 60 años como poeta en ejercicio.

Todo Poesía”, de Vicente Fisac
Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

martes, 19 de mayo de 2020

Daimiel y el sexo


Para empezar diremos que en Daimiel no hay ni varones ni hembras, ni maridos ni esposas... allí se les llama simplemente: hombre y mujer o mujuer (“te presento a mi mujer”, “el hombre de la casa”...). Lógicamente si estos son jóvenes, entonces se habla de mozos y mozas. Cuando la mujer es muy guapa se dice que es muy hermosa, si resulta especialmente atractiva se dice que está jamona y cuando esta vende sus favores se habla de pelandusca o perica.

Para el inicio del juego sexual lo primero es duchase (ducharse) para estar bien limpicos (limpios o aseados). A continuación viene la fase de acicalarse (arreglarse) que en el caso del hombre lleva inexcusablemente la necesidad de afaitarse (afeitarse) y en la mujer la de atusarse (peinarse, arreglarse el pelo). Eso sí, cuando alguien se arregla de forma exagerada, se habla entonces de emperifollarse.

Después, para atraer a la moza, se le suele enferiar (regalar) alguna cosa y a continuación comienza el cortejo que muchos intentan acelerar e ir directamente a tentar (tocar) las manolas (tetas) e incluso a meter la mano por debajo del aldón (parte inferior de la camisa). Al órgano sexual masculino se le llama cebolleta y si no se quiere que la mujer alumbre (parir, dar a luz) nueve meses después, habrá que usar un conservativo (preservativo). Esto significará que ya se ha llegado a la alcoba (dormitorio) para acostase (acostarse), en un confortable colchón con su almuada (almohada) y su cobertor (colcha).y que ambos, el hombre y la mujer se han encuerado o puesto en cueros (se han desnudado) y están en pelotas (desnudos).

Cuando alguien hace esto muy a menudo y con distintas mujeres, se dice de él que es un tronchamozas, ya que a la que pilla se la lleva al huerto, como vulgarmente se dice. Pero lo normal es que la mayor parte de estos encuentros acaben con una boa, que no es una serpiente de grandes dimensiones sino una boda; si bien otros preferirán simplemente ajuntarse (unirse sin estar casados). De lo que no se libran hoy en día ni unos ni otros es de acabar esparcíos o desparcíos (divorciados o separados) al cabo de un tiempo.

Pero ¡ojo! si vas a Daimiel ten mucho cudiao (cuidado) con las palabras que dices y oyes, porque el idioma daimieleño también da lugar a muchos equívocos. Veamos algunos de esos equívocos relacionados con el sexo:

Si alguien dice que va a cascar con fulanica, lo que quiere decir es que va a hablar con una persona de la cual no te especifica su nombre de pila. Si te habla de apechugar, no se refiere a la pechuga en sentido figurado de la mujer, sino al hecho de asumir responsabilidades, y si habla de un bombo no se refiere a una tripa de embarazada sino a una construcción de piedra, sin mampostería, que se destina generalmente para refugio de pastores. Y es que muchas palabras en daimieleño tienen significados muy peculiares. Follar significa hervir y follao significa que las medias o los calcetines los llevas caídos. Cuando se habla del culo, es posible que se refieran a la parte inferior de un recipiente, si hablan de chochos es que están hablando de semillas, pero si hablan de tomates no se estarán refiriendo a las tetas sino que pueden estar hablando tanto del típico producto de huerta como de los agujeros que se hacen por el uso continuado en los calcetines, y si alguien dice mama es que está preguntando por su mamá. Y con los verbos pasa lo mismo: aliviar es darse prisa y trajinar es faenar. ¿Veis cómo es necesario tener a mano un buen diccionario para entender este idioma? Como prueba, a ver si sois capaces de traducir el siguiente texto:

Texto en daimieleño: El tronchamozas fue anca Fulanica, la jamona, y la vio follando güevos en la cocina. Se puso a cascar con ella y le enferió una ugüas mientras quella le dejó que sentretuviera con la tortasol y sus chochos. Cantico llegó la mama le dijo ca su hija l’habían hecho un bombo y si quería apechugar de trajinar con toa la farfolla q’había allí. Pa celebralo el padre le dio un chato y él, que quería aliviar, lo bebió hasta el culo.

Traducción al español: El mujeriego se fue a casa de una joven, muy guapa por cierto, y la vio cociendo unos huevos en la cocina. Se puso a hablar con ella y le regaló unas uvas mientras que ella le dejó que se entretuviera con un girasol y sus pipas. En cuanto llegó su madre le dijo que a su hija le habían construido un cobertizo y que si quería tomar la responsabilidad de faenar con todas las hojas secas de maíz que había allí. Para celebrarlo el padre le dio un vaso de vino y él, que quería darse prisa, lo bebió hasta el final.

Fuente: “Diccionario Daimieleño-Español”, de Vicente Fisac. Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

lunes, 18 de mayo de 2020

Amparo Llopis y Villa Fantasía


Hablando de libros originales, hoy me toca hablar de “Villa Fantasía”, una novela muy peculiar escrita en prosa y en verso, los cuales van tomando el relevo sucesivamente para contarnos esta historia. Pero no es esto lo más peculiar sino el hecho de que dicha historia fue escrita por el protagonista cuando tenía 16 años, en el mismo instante en que sucedieron los hechos.

Todos sabemos que muchos escritores dedican alguno de sus libros a los recuerdos de juventud, y lo hacen –por supuesto- desde la edad adulta e incluso desde la senectud; pero ningún escritor ha publicado un libro escrito por él cuando era un adolescente relatando sus vivencias en aquellos años. Por eso “Villa Fantasía” es diferente, porque cuenta esa historia del primer enamoramiento con la voz de su protagonista a esa misma edad, no con la voz ajada por los años de ese adulto o anciano que rememora sus tiempos de juventud.

Para quien quiera conocer esta historia, pero también para todos aquellos que quieran conocer cómo evoluciona un escritor a lo largo de los años, recomendamos el libro "Los primeros pasos de un escritor” en el que su autor, Vicente Fisac, ha rescatado del olvido los escritos dedicados a su primer enamoramiento en homenaje a Amparo Llopis, la persona que inspiró aquél relato.

Este libro incluye además otros escritos de juventud (e incluso de infancia) para que comprobemos cómo evoluciona un escritor que ha dedicado toda su vida profesional al mundo de la Comunicación y el Periodismo.



El libro “Villa Fantasía” está incluido en:

“Los primeros pasos de un escritor”: https://amzn.to/2OCXtzc


domingo, 17 de mayo de 2020

No quiero que los expertos se equivoquen por mí


Todos los expertos del mundo están reconociendo que no saben nada del Covid-19, que se trata de un virus nuevo, que no saben cómo combatirlo, ni cuáles son las mejores medidas de prevención, ni si habrá una segunda oleada ni cómo ni cuándo será… Cada día nos dan opiniones diferentes: que si guantes sí que si guantes no, que si mascarillas sólo en sitios cerrados que si mascarillas siempre, que si distanciamiento social que si se puede ir en metro, que si los test son fiables que si no lo son, que si las mascarillas están homologadas o que si no lo están, que si los muertos han muerto por coronavirus o han muerto por otra causa pero como estaban infectados ponemos que la muerte es por coronavirus…

En definitiva, sólo hay una cosa en la que coinciden todos los expertos: no sabemos nada de este virus.

Así que si los expertos no saben nada de este virus ¿cómo voy a hacerles caso? Vamos a ver: Yo no sé pilotar un helicóptero. ¿Quieres venir conmigo para que te dé un paseo en helicóptero? ¿A que no te atreves? Pues eso, yo no me atrevo a seguir ninguna de sus contradictorias recomendaciones, y mucho menos a aceptar de buen grado (sólo lo haré por imperativo legal) las imposiciones del Gobierno, que digo yo que si los expertos no saben nada, menos aún sabrán los miembros del Gobierno… y prueba de ello es que cada día dicen una cosa, y un día dicen una cosa y a las dos horas la contraria…

Resumiendo, no quiero que nadie se equivoque por mí, prefiero equivocarme yo solo, aunque eso sí, aplicaré el sentido común que es el sentido del que carecen todos los políticos.

PD.- En la imagen, expertos en coronavirus pensando qué nuevas medidas restrictivas tocan para mañana.

Humor marrón y Daimiel


El humor tiene muchos colores. Se habla de humor verde (el relacionado con el sexo), de humor negro (el relacionado con la muerte), de humor marrón (el relacionado con todo lo escatológico)... En esta ocasión nos vamos a referir a este último que, en el idioma daimieleño, encuentra un abundante y original vocabulario. Repasemos algunas de esas palabras que tanto se utilizan en Daimiel, y para ello vamos a empezar de arriba a abajo...

A la altura de la nariz es costumbre muy fea hacer albondiguillas (mocos que se sacan con los dedos y se amasan) y esto es algo que se puede evitar; sin embargo otras veces, cuando se está resfriado, podemos soltar sin querer, alguna vez, una totana (moco espeso y fluido que cuelga de la nariz sin caerse), lo cual provoca situaciones realmente embarazosas. Por eso lo mejor es tener siempre la nariz limpia y usarla sólo para su función natural que es la de goler (oler), evitando, eso sí, tener que captar con ella ninguna olisna (peste, mal olor) y mucho menos ningún tufo (olor fuerte y desagradable o perjudicial para la salud).

A la altura de la boca hay que guardar igualmente la compostura y no dedicarnos a echar escupitazos o escupitajos (echar fuera bolos de saliva), menos aún si estamos resfriados, en cuyo caso estos podrían convertirse en lapos (escupitajo de consistencia viscosa al llevar componente de la mucosidad nasal), sobre todo porque ya no hay a nuestra disposición –como antiguamente- escupideras (recipiente que se ponía en el suelo para echar ahí los escupitajos). Usemos, pues la boca para hablar, para comer y para beber, y con relación a esto último, tengamos cuidado al beber de no hacer bucitos (pequeños trocitos de comida que quedan flotando dentro de un recipiente con líquido cuando alguien bebe en dicho recipiente sin haber tragado antes la comida que tenía dentro de la boca). De esta forma lo único desagradable que salga por ella que sea de forma involuntaria cuando estemos enfermos y tengamos ganas de gomitar (devolver).

Finalmente a la altura del culo hay que considerar, en primer lugar, que esta palabra también puede referirse a la parte inferior de un vaso o de cualquier otro recipiente (ejemplos: “pon el culo del vaso encima del mantel”, “se ha roto la jarra por el culo” (es decir, por la parte inferior”). Pero aquí nos referiremos a la zona anatómica del cuerpo humano cuya puerta habitual de expresión es el ojete (ano). Se diría que su misión es giñar (defecar) pero la verdad es que da mucho juego.

Podemos tener cagalera (diarrea) o zurruscarnos (irnos por la patilla como vulgarmente se dice), podemos echar una simple cagarrutia o cagarruta (excremento de pequeño tamaño), un moñigo (un excremento de tamaño normal), o un zurullo (caca de gran tamaño, viscosidad media y forma amorfa). Y si no nos limpiamos bien puede quedar en los calzones alguna zurraspa (mancha de caca en las bragas o calzoncillos). Desde luego si alguien ha usado en primera persona todas estas palabras es que es un auténtico cagalindes (persona de pocas luces que tiene la fea costumbre de hacer caca en las lindes de los caminos, aunque este término también se utiliza como insulto aunque el aludido no haga caca en las lindes).

Y es que la caca no es exclusiva del género humano, porque también, por ejemplo, alguna vez nos habrá caído alguna palomina (caca de paloma). En cualquier caso, si queremos hacer de vientre (hacer caca) lo mejor es ir al retrete (servicio, excusado, váter, WC, toilet, etc.) para depositar allí nuestra mierda (excrementos) y que si hay en la casa alguna zorrera (sitio donde huele muy mal) que sólo sea este lugar que habrá de estar siempre ventilado, limpio y perfumado, y que nadie nos pueda llamar nunca ni guarro ni gorrino (cerdo, tanto el animal como la persona poco aseada).

Antes de terminar este capítulo merece mención alguien silencioso y maleducado: el follón. Este es un pedo... podríamos decir que de etiqueta, ya que es muy discreto y no hace ruido, pero por el contrario suele ser extremadamente maloliente.

Por consiguiente, lo mejor que podemos hacer al terminar de leer este texto es llamar al basulero (basurero) para que lo recoja y lo tire bien lejos.

Fuente: “Diccionario Daimieleño-Español”, de Vicente Fisac. Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

sábado, 16 de mayo de 2020

Candidatos a “Planeta enano”


En el cinturón de Kuiper (esa región de nuestro sistema solar llena de objetos celestes, situada más allá de Plutón) hay muchos candidatos a ser considerados planetas enanos, algo que sólo podrán conseguir cuando se consigan más datos sobre los mismos.

De momento hay tres de ellos que ya han obtenido la consideración de planetas enanos: Haumea, Makemake y Eris; pero ¿cuáles son los principales aspirantes a obtener esa categoría? Esta es la relación:

Objeto
Distancia al Sol (UA)
Diámetro (Km.)
Período orbital (años)
Orcus
30 a 48
840 a 1.880
247
Ixión
30 a 49
822
248
Varuna
40 a 45
900 a 1.060
?
Decaulión
41 a 43
210
?
2002 TX300
43
700 a 900
?
1993 RO
31 a 46
90
244
Radamanto
33 a 45
85 a 276
245
1993 SB
26 a 51
130
245
1993 RP
34 a 43
70
246
1993 SC
32 a 46
363
247
2003 AZ84
32 a 46
730
247
Huya
28 a 50
480
250
2002 MS4
35-47
726
269
1995 SM55
37 a 46
174
269
2004 GV9
38 a 45
680
273
2002 UX25
36 a 48
810 a 910
277
1996 TO66
37 a 48
200
283
2003 OP32
38 a 47
230
283
Quaoar
43,3
1.100
285
Haumea
43 a 51
1.300 a 1.900
284
1992 QB1
40 a 46
160
289
Makemake
38 a 53
1.420
309
Chaos
40 a 50
600
309
Varda
39 a 52
500 a 1.130
311
2002 AW197
41 a 53
734
325
2002 TC302
39 a 71
1.200
408
2003 TC302
39 a 71
584
410
2004 XR190
52 a 62
500 a 1.000
?
2007 OR10
33 a 100
1.535
550
Eris
35 a 97
2.326
557
2000 CR105
219
253
3.240
Sedna
76 a 960
1.180 a 1.800
11.400

Fuente: “Curiosidades del Sistema Solar”, de Vicente Fisac. Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa: https://amzn.to/3eK2PTP