Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...
(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Johnny Rivers
Título:
Memphis
Sello
y Nº: Gamma (México) / Imperial - Vol. 4 / GX 07-062
Año
de esta edición: 1964
Detalles:
EP a 45 RPM. 4 canciones. Edición especial mexicana de importación.
El comentario de
la aguja: De las noches de Los Ángeles al prensado mexicano
A
mediados de los años 60, Johnny Rivers se convirtió en el rey absoluto del
ritmo nocturno estadounidense gracias a sus magnéticas actuaciones en el club
Whisky a Go Go. Su fórmula era imbatible: coger clásicos del rock and roll y
del rhythm and blues primitivo y acelerarles el pulso con una guitarra
eléctrica afilada, una batería contundente y un dinamismo contagioso. El sello
mexicano Gamma, muy avispado, licenció en 1964 este cuarto volumen en formato
EP para el mercado hispanohablante, convirtiéndose en un codiciado objeto de
deseo para los jóvenes melómanos de la época.
El
corte que da título al disco, «Memphis» (la inmortal composición de Chuck
Berry), suena en este vinilo con una frescura indómita. Al ser un formato EP de
cuatro pistas, la aguja extrae un sonido con un relieve analógico fantástico:
la sección de ritmo empuja con una fuerza tremenda y la voz de Rivers rasga el
ambiente con la cercanía típica de los directos de la época. Un plástico
diseñado para ser exprimido al máximo en cualquier tocadiscos portátil.
Mi experiencia
de surco
Nos
adentramos por fin en el nostálgico universo de los formatos cortos. Este disco
es el ejemplo perfecto de aquellos maravillosos EP de cuatro canciones que
viajaban constantemente metidos en fundas de guateque en guateque para el
disfrute absoluto de todos los jóvenes de la época.
En
el caso particular de este ejemplar, el destino quiso que, de manera totalmente
fortuita, alguien lo traspapelase al final de una fiesta y acabase mezclándose
entre los discos de mi propia colección. Mirando atrás, la verdad es que no
puedo más que agradecer aquel dichoso descuido, porque es un plástico que me
encanta y que atesoro con un cariño enorme.
Escucharlo
es conectar directamente con la intrahistoria de las reuniones juveniles de los
sesenta. Un vinilo que llegó por accidente para quedarse para siempre gracias a
su ritmo contagioso y a su innegable encanto analógico.
Biblioteca
Fisac
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista: The Moody Blues
Título: The Moody Blues
Sello
y Nº: Deram / Columbia - CPS 9032
Año
de esta edición: 1969
Detalles:
LP. 13 canciones. Edición especial de catálogo enfocada en la vertiente más
rítmica y pop del grupo.
El comentario de
la aguja: La síncopa pop que conquistó las pistas
Cuando
un grupo alcanza la cima con una obra tan masiva y compleja como Days of Future
Passed, las discográficas se enfrentan a un bendito problema: el público quiere
más, pero la banda necesita tiempo para componer su siguiente gran obra
conceptual. En España, el sello Columbia (a través de su sello de vanguardia
Deram) resolvió el dilema en 1969 con este álbum homónimo de 13 cortes. Se trataba
de una astuta selección que mostraba una cara muy distinta, pero igualmente
brillante, de los de Birmingham.
Al
pinchar la referencia CPS 9032, el oyente se encontraba con una grata sorpresa.
Desaparecía la pomposidad de la London Festival Orchestra y, en su lugar,
emergía un combo de pop-rock de primerísimo nivel. Los Moody Blues demostraban
aquí que, antes de vestir de frac orquestal, sabían componer canciones
directas, ricas en armonías vocales, con guitarras acústicas vibrantes y el uso
juguetón del melotrón. Era la cara B de su éxito: menos mística, pero mucho más
accesible y rítmica, ideal para las emisoras de radio que buscaban frescura
para la juventud de finales de la década.
Mi experiencia
de surco
En
las pistas de este vinilo, los Moody Blues rebajan notablemente su denso toque
sinfónico para dar vida a 13 canciones eminentemente bailables. Es un trabajo
concebido sin tanta pretensión ni complejidad conceptual como su anterior y
celebrado disco, “Días del futuro pasado”, pero que resulta absolutamente
redondo y funcional.
Un
álbum que se convirtió en el aliado perfecto de las reuniones de la época,
resultando ideal tanto para sentarse a escucharlo con atención como para salir
a la pista y disfrutar del baile.
Hacer
girar este ejemplar de 1969 en el plato es el ejercicio perfecto para
reivindicar la versatilidad de una banda irrepetible. Un cierre magnífico para
la sección de grandes álbumes de mi blog, que demuestra que hasta los reyes del
rock sinfónico sabían cómo hacer sonar un guateque.
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
The Moody Blues (Acompañados por la London Festival Orchestra)
Título:
Días del futuro pasado (Days of Future Passed)
Sello
y Nº: Deram / Columbia - CP 9019
Año
de esta edición: 1968 (Lanzamiento original: 1967)
Detalles:
LP. 7 extensas canciones unidas en una suite conceptual. Uno de los primeros
discos grabados en sonido estéreo panorámico.
El comentario de
la aguja: Cuando el rock se vistió de frac orquestal
A
finales de 1967, el sello Decca quería demostrar al mundo las virtudes de su
nuevo sistema de grabación estéreo de alta fidelidad, bautizado como Deramic
Sound System. Para ello, propuso al grupo de Birmingham The Moody Blues que
grabara un disco combinando el rock con texturas clásicas y
les dio dinero
para grabar una versión rock de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák para
promocionarlo. Lo que nadie sospechaba es que la banda, aliada con el director
de orquesta Peter Knight y la London Festival Orchestra, terminaría pariendo un
disco conceptual absoluto: Days of Future Passed (editado en España por
Columbia bajo el título Días del futuro pasado), una suite conceptual sobre un
día en la vida de un hombre.
Este
álbum fue el Big Bang del rock sinfónico y progresivo. Estructurado como un viaje
cronológico que narra las distintas fases de un día, desde el amanecer hasta la
noche. La fusión fue pionera: la orquesta no se limitaba a hacer un colchón de
fondo, sino que dialogaba, abría los temas y se entrelazaba con los
instrumentos de rock y el novedoso mellotron del grupo. El corte final, «Noches
de blanco satén» (Nights in white satin), con su desgarrada melodía, su
crescendo orquestal y su declamación poética final, se convirtió en un éxito
planetario masivo y en un monumento imperecedero de la música popular.
Mi experiencia
de surco
Este
fue, sin duda alguna, uno de mis discos favoritos en aquellos años de juventud.
Es cierto que hoy, al escucharlo de nuevo con el paso del tiempo, me suena un
poco “antiguo”, acusando el paso de las modas de una manera que no le sucede a
otros grupos inmortales de la época, tales como The Beatles, cuyas canciones
parecen inmunes al calendario.
A
pesar de ello, su imbatible «Noches de blanco satén» era una canción que bajo
ningún concepto podía faltar en los guateques cuando por fin llegaba ese
ansiado momento íntimo y las luces del salón se apagaban. Escuchar hoy a los
Moody Blues en este vinilo es, en definitiva, realizar un viaje fascinante a
los mismísimos comienzos de lo que más tarde dio en llamarse rock sinfónico.
Poseer
esta edición original de Columbia/Deram con la referencia CP 9019 es atesorar
el acta de nacimiento de un género musical entero. Un vinilo indispensable que,
aunque exhale el aroma de su época, sigue sobrecogiendo cada vez que la orquesta
estalla en el último surco de la cara B para recibir a la noche.
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Joan Baez
Título:
Joan Baez
Sello
y Nº: Amadeo / Hispavox - HAMS 251-07
Año
de esta edición: 1967 (Lanzamiento original estadounidense: 1960)
Detalles:
LP. 13 canciones tradicionales y de folk acústico.
El comentario de
la aguja: El folk que burló las fronteras con Hispavox
A
mediados de los años 60, mientras las listas de éxitos españolas se llenaban de
ritmos ye-yé y baladas festivaleras, en las facultades y círculos culturales
empezó a colarse un sonido que venía de los clubes del Greenwich Village de
Nueva York. Era el American Folk Revival, una corriente que rescataba baladas
tradicionales para convertirlas en himnos de protesta social y antibelicista.
Hispavox, siempre atenta a las corrientes subterráneas, editó en 1967 este
disco homónimo de Joan Baez utilizando una licencia del sello centroeuropeo
Amadeo.
La
propuesta de este vinilo era un choque radical para el oyente de la época. No
había trampa ni cartón, ni trucos de estudio: en el surco solo habitaban la
impresionante voz de soprano de Baez, su guitarra acústica de tres cuartos y el
sutil apoyo de una segunda guitarra a cargo de Fred Hellerman.
A
nivel musical, el álbum es un viaje por el cancionero popular anglosajón, pero
esconde una sorpresa mayúscula para el mercado hispano: la estremecedora
interpretación de «El preso número nueve», una ranchera mexicana que Baez borda
en un castellano rotundo y cargado de dramatismo. Un oasis de autenticidad
acústica en medio de la era de la alta fidelidad orquestal.
Mi experiencia
de surco
Este
vinilo es un ejemplo perfecto de los cantantes de la nueva ola de la canción
folk de aquella época. Una corriente que huía deliberadamente de las grandes
orquestaciones para conseguir que solo la voz del artista, su guitarra y, en
este caso, el acompañamiento de una segunda guitarra acústica, se escuchasen
con nitidez como una vía de protesta y autenticidad.
Aunque
debo admitir que nunca ha estado entre mis discos favoritos —puesto que yo
siempre he preferido la riqueza de un buen fondo orquestal frente a la austera
soledad de una guitarra—, sí que es cierto que guarda algunas canciones que me
gustan bastante. Curiosamente, todas las pistas están cantadas en inglés, a
excepción de la magnífica e intensa «El preso número nueve», que interpreta en
español y que destaca con luz propia en el álbum.
Poseer
esta edición de 1967 de Hispavox es conservar el testimonio de una época en la
que la música se desnudaba para decir verdades incómodas. Un vinilo que, guste
más o guste menos su minimalismo, es historia viva de la canción de autor del
siglo XX.
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Matt Monro
Título:
Alguien cantó
Sello
y Nº: Capitol / EMI - ST-19006
Año
de esta edición: 1969
Detalles:
LP. 12 románticas composiciones cantadas íntegramente en español.
El comentario de
la aguja: La fonética del amor a baja revolución
A
finales de los años 60, la discográfica Capitol tuvo una idea que resultó ser
una mina de oro: coger a Matt Monro, una de las voces ("crooners")
más excelsas y elegantes de Inglaterra, y hacerle grabar un disco entero
cantando en español para el mercado hispanohablante. Monro, que no hablaba una
sola palabra de nuestro idioma, aceptó el reto con una profesionalidad
admirable, grabando las pistas repitiendo los textos de forma fonética,
guiándose únicamente por el oído. El resultado fue Alguien cantó (1969), un álbum
que desbancó a los artistas locales y se convirtió en un pilar sentimental en
España.
El
disco, que contiene joyas imperecederas como su propia versión de «No puedo
quitar mis ojos de ti» o «Qué tiempo tan feliz», destaca por la asombrosa
calidez de la voz de Monro, capaz de empastar con unas orquestaciones suntuosas
que EMI mimó al detalle. El sutil y encantador acento británico del cantante,
lejos de ser un obstáculo, dotó a las canciones de una personalidad única y un
aire exótico muy tierno que derretía las listas de éxitos.
Mi experiencia
de surco
Nos
encontramos ante el que probablemente fuera el disco favorito de todos los
enamorados de aquella irrepetible época. Como Matt Monro no era lo que hoy
llamaríamos un hombre muy guapo, la discográfica anduvo muy lista y decidió
colocar en la carátula la evocadora imagen de una bella chica bailando muy
pegada a su pareja.
Y
es que todas estas canciones resultaban ideales no solo para escucharlas, sino
para bailarlas muy, pero que muy juntito a la chica que querías. Al estar
cantadas en español, no hacía falta mediar palabra; bastaba con dejarse llevar
por la música y escuchar los latidos del corazón de tu amada.
Como
anécdota divertida, siempre recordamos que, al cantar en español sin dominar el
idioma, había palabras que no pronunciaba del todo bien. Nos reíamos mucho en
las reuniones porque en el tema principal, en lugar de decir de forma clara
“silencios sin hablar”, parecía que decía “silencios sin balar”, momento en el
que siempre salía el gracioso del grupo imitando el “beee” de las ovejas.
Hacer
girar este vinilo de Capitol de 1969 es encender la máquina de la nostalgia
colectiva. Un disco que, entre aciertos fonéticos y bailes agarrados, se grabó
a fuego en la memoria de toda una generación y demostró que para hablar de
amor, a veces, un hilo de voz británico es más que suficiente.
Biblioteca
Fisac
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