lunes, 10 de diciembre de 2018

Motociclismo (empresario) (1)


En mi caso concreto baste decir que nunca tuve ninguna moto, y nunca piloté ninguna moto, aunque alguna vez (muy pocas) fui como copiloto, precisamente en una época donde nadie llevaba casco. Mi relación con las motos nunca fue muy cercana, es más, parecía como si las motos fuesen las que se alejasen de mí. Sirva como ejemplo que una vez vino mi amigo Joaquín Grassi a casa a enseñarme la motocicleta que le acababa de comprar su padre. “Baja a verla”, me dijo todo contento en cuanto le abrí la puerta de casa, y en efecto así hicimos y bajamos rápidamente a verla... pero ya no estaba. Algún caco había sido más rápido aún y se la había llevado. Así que el pobre Joaquín regresó hundido y cabizbajo hasta  su casa sin encontrar la manera de explicarle a su padre lo que había pasado, porque además como era una motocicleta de pequeña cilindrada no tenía matrícula y por consiguiente era absurdo poner una denuncia porque nunca podría encontrarse, ni aunque un día se topase con ella delante de sus narices, porque al no tener matrícula era imposible identificarla. No le duró ni 24 horas la alegría de la moto y, en cambio, sí que le duró muchos años el disgusto de aquél robo.

Sin embargo como empresario sí que tuve una vez la oportunidad de acercarme al mundo del motociclismo y codearme con la élite de este deporte. Sucedió en el año 1983 y acababa de empezar a trabajar como Jefe de Publicidad en la empresa de agroquímicos Zeltia Agraria (hoy se llama Syngenta). Gustaba mucho en esta empresa hacer grandes promociones, aunque con un error conceptual básico: se gastaban mucho dinero en los regalos y muy poco en la comunicación e incentivación de los clientes potenciales. Todo eso fue cambiando a partir de mi incorporación aunque en esta promoción que voy a relatar, que era la primera gran promoción en que participaba, se destinó más dinero a los premios que a la comunicación, y es que el premio consistía en 100 motocicletas de la marca Mobylette.

A grandes rasgos, la promoción consistía en colocar un expositor con un envase del herbicida Gramoxone con un candado en cada punto de venta. En el mismo había unos folletos en los que se invitaba al agricultor a participar en la promoción para lo cual debía rellenar y enviar una tarjeta con su nombre, dirección y cultivos que tenía (gracias a lo cual pudimos construir un gran listado de clientes potenciales). Al recibir las tarjetas (recibimos 10.765) se les enviaba una carta que contenía una llave real, de metal, indicándoles que acudiesen al punto de venta para comprobar si esa llave abría el candado; si lo abría... ¡premio! ¡Habrían ganado una Mobylette! Así de fácil y así de atractivo. Y si no lo abría, recibirían como premio de consolación un llavero. Pero había algunas interioridades que ahora voy a desvelar… (continuará)

domingo, 9 de diciembre de 2018

Marcha nórdica


Ya he comentado en el capítulo relativo al esquí o a los demás deportes de invierno, que estas modalidades deportivas no son aquellas en las que más destaco a pesar de la gran atracción que siento hacia la nieve y hacia todo lo relativo a los países nórdicos. Parecía un contrasentido que un noruego de corazón como yo no practicase, como mínimo de forma correcta, ningún deporte nórdico... hasta que conocí la Marcha nórdica o Nordic walking. Se trata de una especialidad que consiste en caminar por el campo ayudado con unos bastones similares a los del esquí (ojo, pero no iguales). Tiene la ventaja que se puede practicar a cualquier edad y, en mi caso, esa edad ha sido la tercera, es decir, la tercera edad, o sea, ya pasados los 65 años.

Quizás sea por eso, que por los pocos años que llevo practicando Marcha nórdica, aún no tengo ninguna anécdota que contar, sólo reseñar que –según dicen- en este deporte se ejercitan más músculos incluso que en la Natación, lo que le convierte en el deporte más completo. Téngase en cuenta que la Marcha nórdica vuelve al hombre cuadrúpedo ya que el uso que se da a los bastones es el equivalente a ir a cuatro patas y por tanto se ejercitan por igual tanto las piernas como los brazos, además del resto del cuerpo con una ventaja añadida: la espalda permanece recta y erguida, lo cual resulta muy beneficioso para la salud de la espalda.

Para practicarlo sólo se necesita aprender bien la técnica de marcha, unos buenos bastones, un buen calzado deportivo y el horizonte de un amplio parque o del campo para insuflar energía a nuestro cuerpo y a nuestra alma.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Marcha atlética


Una de las disciplinas del Atletismo es la Marcha atlética, a la que también se la conoce simplemente como Marcha, un deporte en el que se intenta caminar lo más rápido posible pero sin llegar a correr, por eso siempre debe estar apoyado en el suelo uno de los dos pies y cuando en algún momento los jueces ven que el marchador no ha tocado el suelo con ninguno de los dos pies le dan una amonestación y a la tercera será expulsado de la prueba. España ha tenido grandes marchadores y uno de ellos he sido yo aunque no haya competido nunca.

Tanto en pistas de Atletismo como en algún parque o zona lisa donde no hubiera demasiada gente mirando (los movimientos que debe hacer el marchador oscilan entre lo ridículo y lo cómico) me dedicaba a este curioso deporte para el que se necesita poco peso corporal y mucho nervio. Para poder impulsar el cuerpo adecuadamente hay que ir moviendo mucho las caderas con cada paso al tiempo que los brazos, doblados por el codo, se mueven con brío conforme se avanza... por eso digo que el aspecto del marchador suele ser cómico o ridículo. Lo que resulta evidente es que con la marcha se pueden alcanzar importantes velocidades; he llegado a alcanzar los 8 kilómetros hora (velocidad a la que muchos suelen correr) en los aparatos de cinta móvil que hay en los gimnasios y que la gente utiliza precisamente para correr, no para hacer Marcha. Sin embargo esas cintas para correr (o eventualmente hacer Marcha como algunas veces he hecho en ellas) no ofrecen ningún aliciente salvo el conocer la velocidad a la que vas y la distancia recorrida. Lo bonito de la Marcha es avanzar por el campo y descubrir nuevos parajes, no estar como un tonto caminando sin moverse del sitio.

Si alguien siente curiosidad por ver cómo es mi estilo de marchador, sólo tiene que irse a Youtube, escribir “Correcaminos hispanicus y Coyote”, y allí aparecerá en primer lugar un vídeo de 9 segundos que publiqué en 2009 en donde se me ve practicar la Marcha en una pista de Atletismo de la Ciudad Universitaria de Madrid. Como lo de la Marcha ya he dicho que resulta cómico, por eso titulé ese video como “Correcaminos hispanicus” ya que así era como me sentía al practicar este deporte. Pero “¿Y lo de Coyote?”, te estarás preguntando. En aquella ocasión en que tomé el vídeo no iba solo sino que me acompañaba mi perro, un pequeño Westin, el cual nada más verme aparecer marchando a toda velocidad como el pájaro Correcaminos, salió corriendo detrás de mi tal como hacía su eterno enemigo el Coyote, por eso bauticé su interpretación en esa película como “Coyote”, el pobre cánido que siempre perseguía infructuosamente al Correcaminos. Este es el enlace para ver ese vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=02CSNh53zsE

Actualmente practico muy poco la Marcha pero cuando voy andando por la calle he conseguido ir casi a la misma velocidad que un marchador aunque sin mover de esa forma tan exagerada la cadera y los brazos. Con esto consigo que mi recorrido por las calles no llame la atención, por más que la velocidad que alcanzo levante una corriente de aire que despeina a todos los que adelanto.