(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Miguel Ríos
Título:
Cantares / Un castillo de arena
Sello
y Nº: Hispavox - HS 848
Año
de esta edición: 1972
Detalles:
Single a 45 RPM. 2 canciones. Edición original española en sonido estéreo.
Versión rockera del clásico de Joan Manuel Serrat.
El comentario de
la aguja: Tensión eléctrica, cuerdas suntuosas y vigor analógico a 45 RPM
Al
depositar la aguja con pulso firme sobre la preciada referencia HS 848 de 1972,
la sala de audición es testigo de un extraordinario ejercicio de fusión
estilística y potencia sonora. La instrumentación de este icónico sencillo
esquiva los arreglos planos de estudio para edificarse sobre un suntuoso y
majestuoso fondo orquestal de un dinamismo sobrecogedor. Las secciones de
cuerda ejecutan unos fraseos amplios, fluidos y de un lirismo bellísimo, que en
esta ocasión se baten en un duelo electrizante con guitarras de rock punzantes
y una sección rítmica sumamente limpia que sostiene el pulso poético de la obra
con un aplomo imponente.
Técnicamente,
este prensado de principios de los setenta destaca por unas virtudes de alta
fidelidad sobresalientes para el formato de siete pulgadas. El tallado del
microsurco a 45 revoluciones por minuto procesa el rango dinámico con un
relieve físico generoso, nítido y sumamente limpio, permitiendo que la
personalísima, cálida, enérgica e intimista voz de Miguel Ríos se sitúe en un
primer plano central nítido, nítido y provisto de una presencia física y una
tridimensionalidad asombrosas. Su rotundo registro vocal, preñado de una fuerza
soul arrebatadora para morder los versos de Machado, flota sobre la orquesta
con una solera analógica reconfortante, mientras los arreglos se expanden hacia
los flancos con una separación estéreo modélica.
El
pacto de los poetas: De los surcos de 1972 a "El gusto es nuestro"
Detrás
de este plástico late la intrahistoria de una devoción fraternal que constituye
la aristocracia de nuestra música popular: la profunda y sincera amistad que
siempre ha unido a Miguel Ríos con Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel y Ana
Belén. Grabar esta versión en 1972 no fue una mera maniobra comercial; fue un
homenaje de Miguel hacia el genio de Serrat, quien había popularizado tres años
antes estos poemas de Antonio Machado en su mítico LP homónimo.
La
intrahistoria de este vinilo es, además, el reflejo de una de las alianzas
personales más sólidas, nobles y duraderas de nuestra cultura: la
inquebrantable amistad de Miguel con Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel y Ana
Belén. Este single de 1972 es la semilla analógica de un afecto mutuo que
desafió el paso de las décadas y que, muchos años más tarde, se materializó en
acontecimientos escénicos verdaderamente históricos. ¿Cómo no recordar la
legendaria gira «El gusto es nuestro» en 1996, donde los cuatro titanes
compartieron escenarios de forma multitudinaria, llenando plazas de toros y
estadios de punta a punta del país, fundiendo sus cancioneros en un abrazo
fraternal? Aquella gira demostró que por encima del éxito y de las diferencias
de estilo —el rock de Miguel, la poética mediterránea de Serrat y el compromiso
folclórico y teatral de Víctor y Ana— imperaba una lealtad humana
inquebrantable. Y ver que en 1972 Miguel ya reivindicaba el cancionero de su
amigo Serrat en un microsurco a 45 RPM demuestra que esa complicidad venía de
muy atrás.
Esta
hermandad artística, forjada en los años difíciles de la contracultura, se
mantuvo incombustible al paso del tiempo y terminó haciendo historia de los
escenarios décadas más tarde. En 1996, esa complicidad latente en este vinilo
brotó con una fuerza torrencial en la mítica gira multitudinaria «El gusto es
nuestro». Aquella histórica reunión, donde los cuatro amigos compartieron
micrófonos, risas y carreteras recorriendo estadios repletos, tuvo su origen
directo en gestos de generosidad analógica tan puros como el que atesora este
sencillo de 45 revoluciones.
Mi experiencia
de surco
Encendemos
el flexo de nuestra bitácora para adentrarnos en el quinto capítulo de nuestro
monográfico sobre Miguel Ríos, deteniendo nuestro plato en el año 1972 ante un
single de los llamados “sencillos” pero que desborda un señorío y una solera
históricos indiscutibles: la referencia que encierra su portentosa lectura de
“Cantares”.
Al
ver girar hoy esta codiciada galleta a 45 revoluciones, resulta verdaderamente
emocionante paladear el respeto entre grandes creadores. Este vinilo nos
muestra una soberbia e imponente versión rockera de la canción “Cantares”, la
emblemática pieza que Joan Manuel Serrat hizo eterna sobre los inmortales poemas
de Antonio Machado. Escuchar la garra de Miguel reinterpretando el cancionero
de Serrat bajo la aguja de nuestro tocadiscos es revistar los cimientos de una
amistad legendaria. Un plástico provisto de una solera histórica inmensa y un
empaque instrumental aristocrático que suena con una distinción suprema en
nuestro rincón de audición.
Hacer
girar este single de 1972 es certificar que el rock y la poesía caminan de la
mano cuando hay nobleza en los surcos y lealtad entre los artistas.
Biblioteca
Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Miguel Ríos
Título:
Despierta
Sello
y Nº: Hispavox - HH11 182
Año
de esta edición: 1970
Detalles:
LP a 33 RPM. 12 canciones. Edición original española en sonido estéreo. Álbum
que consolidó su proyección mundial.
El comentario de
la aguja: Apoteosis sinfónica, relieve coral y alta fidelidad en los talleres
de Hispavox
Al
depositar la aguja con pulso firme sobre la codiciada referencia HH11 182 de
1970, la fonoteca se estremece ante la producción más ambiciosa e internacional
de la historia del pop español. La instrumentación de este trabajo de cabecera
de Miguel Ríos esquiva las soluciones lineales de estudio, edificándose sobre
un suntuoso y majestuoso fondo orquestal de una riqueza dinámica sobrecogedora.
Las secciones de cuerda ejecutan unos fraseos amplios, fluidos y de un lirismo
bellísimo, que se entrelazan de manera magistral con metales imperiosos y unos
coros de una presencia física y un relieve catedralicios, tejiendo un abrigo
instrumental imponente para arropar el desgarrador y universal mensaje de las
composiciones.
Técnicamente,
este prensado original de principios de los setenta destaca por sus excelentes
propiedades mecánicas. El tallado del microsurco a 33 revoluciones por minuto
procesa la ingente y compleja masa orquestal-coral con un rango dinámico
generoso, nítido y sumamente limpio, libre de cualquier distorsión por
modulación en los pasajes de máxima intensidad. La personalísima, cálida,
nítida e intimista voz de Miguel Ríos se proyecta desde un primer plano central
impecable, nítida y provista de una presencia física y un relieve
tridimensional asombrosos. Su portentoso registro vocal, capaz de transitar
desde el susurro melancólico hasta el grito rockero más desgarrado, flota en la
sala con una solera analógica reconfortante, mientras que los fastuosos
arreglos de Waldo de los Ríos se despliegan hacia los flancos con una
separación estéreo ejemplar.
El
"Himno a la alegría": Cuando el rock en castellano doblegó a las
listas mundiales
La
intrahistoria de este álbum custodia el mayor hito internacional de nuestra
discografía. En sus surcos late el imperecedero "Himno a la alegría",
una audaz y revolucionaria adaptación del movimiento final de la Novena
Sinfonía de Ludwig van Beethoven. Con los soberbios e imperecederos arreglos
del maestro Waldo de los Ríos, la pieza tendió un puente de oro entre la
solemnidad de la música clásica y el vigor rítmico del pop-soul contemporáneo.
Hacer girar este LP de 1970 es certificar que la grandeza de un vinilo se mide por la eternidad de sus surcos y su capacidad para emocionar a todo un planeta sin importar el idioma. Sostener este LP de 12 canciones, titulado con el grito de una era como es «Despierta», es poseer el testimonio analógico del momento exacto en el que un rockero granadino rompió todas las fronteras físicas de la industria musical, logrando una gesta internacional jamás repetida a semejante escala por un artista español. Y es que el resultado de el “Himno a la alegría” no fue un simple éxito radiofónico; fue un terremoto ecuménico. Cantada en inglés como «A Song of Joy», la portentosa interpretación de Miguel Ríos escaló de forma inaudita hasta el número uno absoluto en las listas de éxitos de Estados Unidos, Alemania, Canadá, Australia y media docena de países europeos, despachando la friolera de más de siete millones de copias en todo el planeta. Que un microsurco gestado en los estudios madrileños de Hispavox lograse disputarle el trono de las listas mundiales a los mismísimos Beatles o a la plana mayor del rock anglosajón es una hazaña de un señorío inconmensurable.
Mi experiencia
de surco
Avanzamos
en nuestro apasionante monográfico dedicado al gran Miguel Ríos bajo el flexo
de nuestra bitácora, deteniendo nuestro plato en el año 1970 ante un LP de doce
pulgadas verdaderamente histórico y provisto de una proyección ecuménica sin
parangón dentro de mis archivadores: el álbum “Despierta”, compuesto por 12
canciones extraordinarias editadas bajo el sello Hispavox.
Al
ver girar hoy este codiciado vinilo bajo el brazo de nuestro tocadiscos,
resulta inevitable conmoverse ante la magnitud de su contenido. Nos encontramos
ante el LP de gran formato que contiene su primer y más gigantesco éxito
internacional, el imperecedero “Himno a la alegría”. Escuchar esta pieza en
alta fidelidad es rememorar el momento exacto en el que la voz de aquel joven
granadino traspasó todas las fronteras imaginables, conquistando los números
uno de medio planeta y demostrando que la música de autor hecha aquí poseía una
fuerza universal incontestable. Un vinilo provisto de una solera histórica
inconmensurable y un empaque instrumental aristocrático que suena con un
señorío absoluto en nuestro rincón de audición.
Biblioteca
Fisac
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Miguel Ríos
Título:
Mira hacia ti
Sello
y Nº: Hispavox - HH (S) 11-171
Año
de esta edición: 1969
Detalles:
LP a 33 RPM. 11 canciones. Edición original española en sonido estéreo. Incluye
funda especial con lámina firmada por el artista reproduciendo la fotografía de
portada.
El comentario de
la aguja: Opulencia sinfónica, la mano de Waldo de los Ríos y relieve estéreo
en Hispavox
Al
depositar la aguja con pulso firme sobre los surcos de la cotizada referencia
HH (S) 11-171, la sala de audición se convierte en el escenario de uno de los
mayores hitos sonoros de finales de la década de los sesenta. Bajo la dirección
de arreglos del genio argentino Waldo de los Ríos, la instrumentación de este
larga duración esquiva los esquemas planos de los conjuntos de la época para
edificarse sobre un suntuoso y majestuoso fondo orquestal de una finura
acústica abrumadora. Las secciones de cuerda ejecutan unos fraseos amplios,
fluidos y de un lirismo bellísimo, entrelazándose de manera magistral con unos
metales impetuosos y coros de un relieve catedralicio, tejiendo un abrigo
instrumental imponente que confiere a los 11 cortes un empaque sonoro colosal.
Técnicamente,
este prensado original en estéreo de Hispavox de 1969 ofrece unas virtudes de
alta fidelidad excelsas. El tallado del microsurco a 33 revoluciones por minuto
procesa la señal con un rango dinámico generoso, nítido y sumamente limpio,
capaz de gobernar la tremenda masa orquestal sin distorsión alguna. La
personalísima, cálida, nítida e intimista voz de Miguel Ríos se proyecta desde un
primer plano central impecable, nítida y provista de una presencia física y una
tridimensionalidad asombrosas. Su canto, lleno de fuerza soul y dramatismo
rockero, flota en el ambiente con una solera analógica reconfortante, mientras
que la fastuosa instrumentación se expande hacia los flancos con una separación
estéreo modélica para los equipos de alta gama.
Mi experiencia
de surco
Avanzamos
con paso firme bajo el flexo de nuestra bitácora musical para detener nuestro
tocadiscos ante un LP verdaderamente crucial, histórico y de un señorío
absoluto dentro de mis archivadores: el álbum “Mira hacia ti”, editado por el
sello Hispavox en el año 1969, compuesto por 10 canciones de su nueva etapa más
el monumental éxito que da sentido a toda una trayectoria. Custodiado además
por un precioso detalle de época: una lámina firmada por él que reproduce la
icónica portada.
Al
ver girar hoy este codiciado vinilo, resulta fascinante constatar que a lo
largo de toda su dilatada carrera —en la que milagrosamente sigue activo a día
de hoy— Miguel Ríos ha sido el más claro ejemplo del “cantante Guadiana”. Ha
sido un artista que cada cierto tiempo desaparecía de los escenarios,
sumergiéndose en el silencio, para después volver a brotar a la superficie con
renovadas energías y algún cambio sustancial en la propuesta de sus canciones.
En este sentido, la historia de este disco roza la poesía: una vez “fallecido”
el nombre artístico de Mike Ríos, el granadino se presentó como Miguel, pausó
otra vez su andadura al poco tiempo y, de repente, volvió a renacer con un
éxito arrollador e incontestable titulado de la manera más apropiada posible
para su naturaleza intermitente: “El río”. Un vinilo provisto de una solera
histórica inmensa y un empaque instrumental aristocrático que suena con una
distinción suprema en nuestro equipo. Después de este álbum, como bien sabemos,
vendrían más desapariciones y más reapariciones, pero el cauce original quedó
sellado aquí para siempre.
Biblioteca
Fisac
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Miguel Ríos (bajo el ropaje de su primera época como Mike)
Título:
Érase una vez
Sello
y Nº: Philips - 826 401-1
Año
de esta edición: 1985
Detalles:
LP a 33 RPM. Edición especial recopilatoria con 24 canciones (12 por cada cara)
en un único vinilo. Incluye créditos y cronología original.
El comentario de
la aguja: Un milagro del microsurco, orquestaciones sesenteras y la precisión
de Philips
Al
llegar a la referencia 826 401-1 de 1985, nuestra fonoteca se enfrenta a un
verdadero tour de force de la ingeniería analógica, presentándonos una carpeta
con dos LPs de 12 canciones cada uno. Albergar doce cortes por superficie es un
ejercicio extremo de microtallado que Philips resolvió con una finura
encomiable para ofrecernos en 1985 este recopilatorio de 24 canciones
originales de los años sesenta.
Mi experiencia
de surco
Avanzamos
en nuestra andadura por los casilleros de Miguel Ríos dando un salto de gigante
hasta el año 1985, para situarnos ante un vinilo que considero una auténtica
rareza técnica y editorial dentro de mis archivadores: el álbum recopilatorio
“Érase una vez”, editado bajo el sello Philips en un único vinilo que alberga
la asombrosa cantidad de 24 canciones, distribuidas a razón de 12 por cada
cara.
Al
escuchar ahora estas canciones, resulta inevitable reflexionar sobre la
tremenda evolución del artista. En el momento en que se editó este LP, los
inicios de aquel joven granadino como Mike Ríos habían quedado muy atrás; ahora
el público ya aclamaba a un Miguel Ríos consagrado, con un catálogo
impresionante de éxitos contemporáneos a sus espaldas y capaz de llenar
estadios de par en par para asistir a sus multitudinarios conciertos. Y sin
embargo, la discográfica Philips tuvo el inmenso acierto de recuperar estas 24
composiciones de su etapa inicial y ofrecerlas condensadas en este doble LP. Se
produce así una curiosa e impagable paradoja que deleita a cualquier
coleccionista: aunque en los créditos y en la hermosa carpeta del disco se lea
con letras grandes el nombre de “Miguel”, en realidad lo que brota de los
surcos y se escucha dentro es al primigenio Mike Ríos en estado puro. Es un viaje en
el tiempo en toda regla, una cápsula que permite confrontar al mito de los
estadios con el atolondrado muchacho de los guateques.
Biblioteca
Fisac
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mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Mike Ríos (con Los Sonor)
Título:
¡Oh mi Señor! / Un rincón del corazón / De cualquier manera / Escucha, muchacha
Sello
y Nº: Philips - 430 986 PE
Año
de esta edición: 1964
Detalles:
EP (Extended Play) a 45 RPM. 4 canciones. Edición original española. Portada a
todo color con funda protectora de la época.
El comentario de
la aguja: El nacimiento de un “viejo rockero” inmortal
Al
depositar la aguja con pulso firme sobre la codiciada referencia 430 986 PE de
1964, la sala de audición se impregna de la electricidad y el encanto melódico
de los primeros años sesenta.
Técnicamente,
este EP de la factoría Philips es un testimonio sonoro imponente que nos
permite descubrir el armazón rítmico de Los Sonor para dar el acompañamiento
ajustado al dinamismo de eset joven intérprete que años más tarde cambiaróa su
“Mike” de los comienzos por el “Miguel” que todos conocemos hoy.
La
figura de Miguel Ríos exige ser analizada bajo la perspectiva de una
singularidad sociológica muy particular. Existe en su trayectoria una curiosa
intermitencia que bien podría definirse –como así lo ha bautizado el autor de
este blog- como «el cantante Guadiana» —un término inspirado en la naturaleza
de esos Ojos del Guadiana que aparecen y desaparecen a capricho de las
corrientes subterráneas—. A lo largo de las décadas, Ríos ha escenificado
numerosos procesos de retirada y regreso, siendo el más sonado su tour de
despedida «Bye Bye Ríos». Sin embargo, la tozuda realidad de que las pensiones
de jubilación estándar no alcanzan para sostener el ritmo de vida y las
necesidades operativas de una leyenda del rock, ha hecho que sus aguas
musicales vuelvan a brotar una y otra vez, regresando a la carretera y editando
nuevos plásticos.
No
obstante, los surcos de este EP de 1964 nos devuelven a su fuente original, a
esa primera época de aguas cristalinas donde el mito apenas se estaba gestando
a ras de pista de baile.
Mi experiencia
de surco
Inauguramos
una nueva y emocionante sesión abriendo los casilleros de un artista
fundamental para completar nuestra fonoteca de vinilos: Miguel Ríos. Y lo
hacemos viajando en el tiempo hasta el año 1964 para detener nuestro plato ante
una de las joyas más deseadas de su catálogo inicial, el EP de 4 canciones
encabezado por “¡Oh mi Señor!” y editado bajo el sello Philips bajo el nombre
de Mike Ríos.
Asistimos
en primera persona a uno de los primerísimos discos que reflejan el nacimiento
del que, a la postre, ha sido el más claro y rotundo ejemplo del “viejo rockero
que nunca muere”. Es rigurosamente cierto que en estos comienzos el granadino
cantaba composiciones un tanto livianas o “cosas tontas”, tal y como él mismo
reconoció con encomiable honestidad años más tarde cuando decidió despojarse
del nombre de Mike para rebautizarse como Miguel. Sin embargo, con aquellas
melodías se hizo un nombre de oro imperecedero, llenando las discotecas y las
pistas de baile de toda la geografía nacional. Arropado de forma magistral por
Los Sonor, este microsurco se convirtió en la banda sonora obligada de
infinidad de guateques y en el cofre que custodia muchos de nuestros mejores
recuerdos de juventud.
Es
obligado reconocer que el rock en español aprendió a andar gracias al empuje de
unos jóvenes pioneros –del que Mike Ríos es uno de sus mejores exponentes- que
desafiaron las leyes del microsurco.
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Fisac
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