Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...
(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
The Electric Prunes
Título: Consigue que llegue a tiempo (I Had Too Much
to Dream [Last Night])
Sello
y Nº: Reprise Records / Hispavox - HRE 297-54
Año
de esta edición: 1967
Detalles:
EP a 45 RPM. 4 canciones. Una de las piedras angulares del rock psicodélico
americano editada en España.
El comentario de
la aguja: Distorsión, "fuzz" y el nombre más raro de Los Ángeles
A
mediados de los años sesenta, el panorama musical empezó a teñirse de colores
fluorescentes y sonidos experimentales. Desde Los Ángeles (California), un
grupo de jóvenes sorprendió a la industria no solo por su música, sino por
bautizarse como The Electric Prunes ("Las ciruelas eléctricas"), un
nombre estrafalario que competía en excentricidad con bandas europeas de la
época como los franceses Les Chaussettes Noires (“Los calcetines negros”).
Editado con enorme audacia por Hispavox en 1967, este EP trajo a los tocadiscos
españoles un sonido completamente avanzado a su tiempo.
El
corte principal, rebautizado en España como «Consigue que llegue a tiempo»,
arranca con un famoso efecto de guitarra invertida que emula el zumbido de un
insecto, abriendo paso a un torrente de distorsión y psicodélica oscura. Al
contrario que el pop limpio de la época, las ciruelas eléctricas apostaban por
una producción densa, misteriosa y reverberante. El prensado de Reprise Records
de 1967 logra capturar toda esa reverberación analógica y el latido del bajo,
ofreciendo una experiencia auditiva que en su momento debió de romper los
esquemas de más de un oyente acostumbrado a ritmos más dóciles.
Mi experiencia
de surco
Por
aquellos años comenzaba con fuerza la moda entre los conjuntos musicales de
ponerse nombres verdaderamente raros y absurdos, y este grupo era, desde luego,
un magnífico ejemplo de ello. Detrás de “The Electric Prunes” se esconde un
significado tan peculiar como “Las ciruelas eléctricas”.
Este
plástico es otro testimonio perfecto de cómo, con tanto trasiego de discos de
una fiesta a otra, las colecciones juveniles acababan mezclándose
inevitablemente; siempre terminabas perdiendo algún que otro disco de tus
estanterías y, en contrapartida, aparecían otros ajenos mezclados en tu propia
casa.
Aunque
tanto Les Chaussettes Noires (“Los calcetines negros”) como The Electric Prunes
("Las ciruelas eléctricas") se colaron en mis guateques, este de las
“ciruelas” prefirió quedarse conmigo para siempre, regalándome un recuerdo
musical verdaderamente “atronador” que sigo disfrutando y agradeciendo.
Escuchar
hoy este disco es evocar el espíritu libre y un tanto caótico de las fiestas de
juventud, donde un feliz intercambio involuntario te entregaba las llaves de la
vanguardia psicodélica americana. Un trueno sónico que se resiste a envejecer y
una pieza de culto muy buscada por los coleccionistas internacionales.
Biblioteca
Fisac
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Donovan
Título:
El soldado universal (Universal Soldier)
Sello
y Nº: PYE Records (Inglaterra) / Hispavox - HPY 337-12
Año
de esta edición: 1965
Detalles:
EP a 45 RPM. 4 canciones. Edición original española en formato acústico de
protesta.
El comentario de
la aguja: El bardo escocés que desafió a la censura en los sesenta
A
mediados de los años sesenta, la canción de autor de corte político y pacifista
lo tenía muy difícil para circular por los canales oficiales en España. Sin
embargo, el empuje de la juventud y el olfato de sellos como Hispavox —que
licenciaba el catálogo británico de PYE Records— permitieron que viera la luz
este EP fundamental de Donovan, editado en las postrimerías de 1965. El músico
escocés, armado únicamente con su guitarra acústica y una armónica, insuflaba
al panorama pop una madurez lírica desgarradora.
El
corte que abandera el vinilo, «El soldado universal», es una de las canciones
pacifistas más perfectas y punzantes jamás escritas. Al contrario que otros
himnos que culpaban a los gobiernos, la letra de Donovan ponía el foco en la
responsabilidad individual del soldado que obedece órdenes sin pensar. Con el
sonido limpio y crudo característico de las producciones analógicas de PYE,
este EP de cuatro temas demostraba que para agitar conciencias y abrir nuevas
perspectivas conceptuales en el oyente no hacían falta grandes amplificadores,
sino verdades cantadas con el corazón.
Mi experiencia
de surco
Hasta
que este disco llegó a mis manos, yo solo conocía a Donovan de oídas, por meras
referencias y por haber escuchado alguna que otra canción suelta en las ondas
de la radio. Sin embargo, mi participación en un sorteo del desaparecido e
histórico “Diario SP” —que ostenta el honor de haber sido el primer diario
nacional que introdujo el color en sus páginas— se convirtió en el inesperado
regalo que la suerte trajo hacia mí. Un premio fortuito que terminó abriéndome
los ojos hacia nuevas e insospechadas perspectivas musicales.
Al
volver a pincharlo hoy, uno se da cuenta de que este vinilo es el testigo
absoluto de una época irrepetible y de una generación inconformista que pedía a
gritos un cambio en el mundo.
Un
auténtico viaje en el tiempo a través de la memoria musical y periodística de
nuestro país. Una pieza de coleccionista soberbia que demuestra que, a veces,
la suerte se alía con los mejores surcos para cambiar nuestra forma de entender
la música.
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Johnny Rivers
Título:
El séptimo hijo (Seventh Son)
Sello
y Nº: Gamma (México) / Imperial - GX 07-178
Año
de esta edición: 1965
Detalles:
EP a 45 RPM. 4 canciones. Edición original mexicana de exportación.
El comentario de
la aguja: El pulso eléctrico de 1965 que cruzó el océano
Si
1964 había sido el año de la eclosión de Johnny Rivers, 1965 fue el de su total
consagración internacional. Con una fórmula perfectamente engrasada, el músico
de Luisiana seguía facturando “rompe pistas” basados en el rhythm and blues
dotados de un ritmo beat contagioso. El sello mexicano Gamma no dejó pasar la
oportunidad y editó este EP encabezado por «El séptimo hijo», una vibrante
lectura del clásico que Rivers llevó a los puestos más altos de las listas
mundiales gracias a su inconfundible juego de guitarra y su ritmo directo.
Se
percibe de inmediato la continuidad de esa atmósfera sudorosa y enérgica que
caracterizaba los lanzamientos de Rivers en el sello Imperial. Al igual que su
predecesor, el prensado de Gamma de 1965 exprime al máximo la dinámica
analógica: el bajo camina con un aplomo fantástico y los coros arropan la voz
principal transportando al oyente al centro mismo de una pista de baile de
mediados de los sesenta.
Mi experiencia
de surco
La
historia vuelve a repetirse en mi discoteca de la forma más maravillosa
posible. Nos encontramos ante otro de aquellos dinámicos EP
"viajantes" que, metidos en las maletas de discos de la época, iban
de guateque en guateque animando las tardes de toda una generación de jóvenes.
Al
igual que ocurrió con el volumen anterior, este ejemplar terminó de manera
completamente fortuita e inesperada mezclándose entre los plásticos de mi
propia colección de vinilos al acabar alguna fiesta. Una segunda y feliz
coincidencia que, con el tiempo, se ha convertido en un regalo musical
extraordinario que sigo disfrutando enormemente.
Un
vinilo que, en definitiva, tras sobrevivir al trasiego de las fiestas de
juventud, encontró su hogar definitivo en mis estanterías para seguir
demostrando por qué el rock y el ritmo melódico de Johnny Rivers eran los reyes
indiscutibles de cualquier reunión.
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Johnny Rivers
Título:
Memphis
Sello
y Nº: Gamma (México) / Imperial - Vol. 4 / GX 07-062
Año
de esta edición: 1964
Detalles:
EP a 45 RPM. 4 canciones. Edición especial mexicana de importación.
El comentario de
la aguja: De las noches de Los Ángeles al prensado mexicano
A
mediados de los años 60, Johnny Rivers se convirtió en el rey absoluto del
ritmo nocturno estadounidense gracias a sus magnéticas actuaciones en el club
Whisky a Go Go. Su fórmula era imbatible: coger clásicos del rock and roll y
del rhythm and blues primitivo y acelerarles el pulso con una guitarra
eléctrica afilada, una batería contundente y un dinamismo contagioso. El sello
mexicano Gamma, muy avispado, licenció en 1964 este cuarto volumen en formato
EP para el mercado hispanohablante, convirtiéndose en un codiciado objeto de
deseo para los jóvenes melómanos de la época.
El
corte que da título al disco, «Memphis» (la inmortal composición de Chuck
Berry), suena en este vinilo con una frescura indómita. Al ser un formato EP de
cuatro pistas, la aguja extrae un sonido con un relieve analógico fantástico:
la sección de ritmo empuja con una fuerza tremenda y la voz de Rivers rasga el
ambiente con la cercanía típica de los directos de la época. Un plástico
diseñado para ser exprimido al máximo en cualquier tocadiscos portátil.
Mi experiencia
de surco
Nos
adentramos por fin en el nostálgico universo de los formatos cortos. Este disco
es el ejemplo perfecto de aquellos maravillosos EP de cuatro canciones que
viajaban constantemente metidos en fundas de guateque en guateque para el
disfrute absoluto de todos los jóvenes de la época.
En
el caso particular de este ejemplar, el destino quiso que, de manera totalmente
fortuita, alguien lo traspapelase al final de una fiesta y acabase mezclándose
entre los discos de mi propia colección. Mirando atrás, la verdad es que no
puedo más que agradecer aquel dichoso descuido, porque es un plástico que me
encanta y que atesoro con un cariño enorme.
Escucharlo
es conectar directamente con la intrahistoria de las reuniones juveniles de los
sesenta. Un vinilo que llegó por accidente para quedarse para siempre gracias a
su ritmo contagioso y a su innegable encanto analógico.
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista: The Moody Blues
Título: The Moody Blues
Sello
y Nº: Deram / Columbia - CPS 9032
Año
de esta edición: 1969
Detalles:
LP. 13 canciones. Edición especial de catálogo enfocada en la vertiente más
rítmica y pop del grupo.
El comentario de
la aguja: La síncopa pop que conquistó las pistas
Cuando
un grupo alcanza la cima con una obra tan masiva y compleja como Days of Future
Passed, las discográficas se enfrentan a un bendito problema: el público quiere
más, pero la banda necesita tiempo para componer su siguiente gran obra
conceptual. En España, el sello Columbia (a través de su sello de vanguardia
Deram) resolvió el dilema en 1969 con este álbum homónimo de 13 cortes. Se trataba
de una astuta selección que mostraba una cara muy distinta, pero igualmente
brillante, de los de Birmingham.
Al
pinchar la referencia CPS 9032, el oyente se encontraba con una grata sorpresa.
Desaparecía la pomposidad de la London Festival Orchestra y, en su lugar,
emergía un combo de pop-rock de primerísimo nivel. Los Moody Blues demostraban
aquí que, antes de vestir de frac orquestal, sabían componer canciones
directas, ricas en armonías vocales, con guitarras acústicas vibrantes y el uso
juguetón del melotrón. Era la cara B de su éxito: menos mística, pero mucho más
accesible y rítmica, ideal para las emisoras de radio que buscaban frescura
para la juventud de finales de la década.
Mi experiencia
de surco
En
las pistas de este vinilo, los Moody Blues rebajan notablemente su denso toque
sinfónico para dar vida a 13 canciones eminentemente bailables. Es un trabajo
concebido sin tanta pretensión ni complejidad conceptual como su anterior y
celebrado disco, “Días del futuro pasado”, pero que resulta absolutamente
redondo y funcional.
Un
álbum que se convirtió en el aliado perfecto de las reuniones de la época,
resultando ideal tanto para sentarse a escucharlo con atención como para salir
a la pista y disfrutar del baile.
Hacer
girar este ejemplar de 1969 en el plato es el ejercicio perfecto para
reivindicar la versatilidad de una banda irrepetible. Un cierre magnífico para
la sección de grandes álbumes de mi blog, que demuestra que hasta los reyes del
rock sinfónico sabían cómo hacer sonar un guateque.
Biblioteca
Fisac
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