martes, 16 de octubre de 2018

Santa Teresa (2): Joyas nupciales. Camino de perfección I

Fue Gaspar de Salazar
—admirador de Teresa—
quien mostró a una peregrina
que desde Roma volviera
hasta Granada, el lugar
donde se encontraba aquella:
El lugar era Toledo
y su mansión allí era
de los de Medinaceli
la señorial residencia.
Hallábase consolando
en la más triste dolencia
—en la aflicción del espíritu—
a la señora más buena,
a la hermosa hija del Duque
tan desgraciada cual bella,
que de su esposo y sus hijos
lloraba la eterna ausencia.
Y María de Jesús
díjole a la de Cepeda
que en la Orden primitiva
del Carmelo, la pobreza
absoluta se observaba
cual si fuese la indigencia
puesto que no admitió bienes
que de limosna no fueran.
Lo mismo pensó la Santa
para reformar su Regla,
inspirándose en la Cruz
donde a su esposo contempla
en la mayor desnudez
y en la más grande miseria.

Marchóse la peregrina,
y quedó la Santa nuestra
en la señorial mansión
de los Duques que la hospedan,
donde realiza prodigios
que cual milagros se cuentan...
De su director, Fray Pedro
de Alcántara, llegan letras
en las que aquél varón santo
a la Reforma aconseja
una pobreza absoluta
como el Evangelio enseña...
“Que Él que nos dio su alto ejemplo
consejo también nos diera”.
Oyó la inspirada carta
Doña Luisa de la Cerda,
muy consolada en su llanto
y aliviada en su dolencia
a tal punto que aquél día
se holgó de olvidar sus penas
mostrando a su casta amiga
sus riquísimas preseas.
Reclinándose a su lado,
solazándose con ella
al ver los rayos del sol
quebrarse entre las facetas
de los diamantes y oír
con el choque de las piedras
que de un cofrecito saca,
el ruido que hacen las perlas
al desgranarse el collar
que entre sus dedos se enreda.
Ambas contemplan la carta,
ambas las joyas contemplan,
y ambas levantan los ojos
y sus miradas se encuentran
despidiendo unos fulgores
que pueden fundir las piedras.
¡Resplandor de santidad
que va a iluminar su senda!
¡Camino de perfección
donde va a dejar sus huellas!

Santa Teresa (1): Los Caballeros de Santa Teresa

El 15 de octubre de 1923 tuvo lugar en Daimiel (Ciudad Real) una velada artístico-literaria con motivo de la fundación de la asociación “Caballeros de Santa Teresa”, habiéndose escogido esta fecha por coincidir en el santoral con la onomástica de santa Teresa de Jesús y haberse cumplido recientemente su centenario.

Siendo Gaspar Fisac Orovio (Doctor en Medicina, Médico del Hospital provincial de Ciudad Real y Médico titular de Daimiel) un hombre de profundas convicciones religiosas (Caballero de santa Teresa y miembro del grupo de “Adoración nocturna”), un consumado periodista (fundador junto a su hermano Deogracias, del diario “El Eco de Daimiel”), y un reconocido poeta (numerosas poesías que, aun no habiendo sido publicadas mas  que en su periódico, le habían granjeado la fama y el aprecio como poeta), fue requerido para dar a conocer en aquella velada un poema dedicado a santa Teresa, el cual fue leído por uno de sus hijos, Rafael Fisac. Se trataba de un romance –que reproducimos a continuación- el cual fue incluido en el libro que se editó en 1924 para recoger todo lo acontecido en esa importante velada y, según reconoció su autor, estuvo inspirado en la lectura de un artículo de Luís León con motivo del “Homenaje a Santa Teresa de Jesús” con motivo de la conmemoración de su beatificación.

Alude en sus versos finales a una tradición según la cual, santa Teresa, de paso hacia el convento de Malagón, paró en Daimiel, ocupando una habitación en la casa que fue del subdelegado de Farmacia, César Cruz Periconi, en cuya fachada existe una placa conmemorativa de ese hecho y cuya habitación se conservó en la misma forma en que se encontraba en aquella época, pues –a pesar de sucesivas remodelaciones de la casa- quiso su dueño que dicha habitación permaneciera intacta.

En los próximos post ofreceremos el texto del “Romance a Santa Teresa” que con motivo de este acontecimiento compuso Gaspar Fisac Orovio, y que llevaba por título “Joyas nupciales. Camino de perfección”.
(Continuará...)

lunes, 15 de octubre de 2018

Días felices

Esta es una poesía inédita de Gaspar Fisac Orovio. Aunque no figura la fecha en que fue escrita, podemos deducir sin temor a equivocarnos que la escribió en torno al 30 de julio de 1925, fecha en que falleció su esposa, ya que en ella llora la pérdida de tan querido ser tratando de sobreponerse a dicho dolor asido a la esperanza de la vida eterna. El amor le hizo vivir y el amor le hizo, a partir de ese momento, sobrellevar su pérdida, llenando su memoria de tantos días felices de amor vividos junto a ella. El poema llevaba por título “Días felices” y bajo el mismo figuraba la dedicatoria “A mi esposa”.

Horas de dicha con tu amor pasadas,
días felices por tu amor vividos,
despertad al rumor de mis pisadas
y clavaos al dolor de mis sentidos.

Voy caminando hacia el hogar del duelo
donde el cuerpo reposa,
que allí, cerca de mi, se encuentra el cielo
en donde está mi esposa.

Tras de la losa fría
está la realidad del cuerpo inerte,
mas la esperanza del cristiano fía
que allí no está la muerte,
sino el amanecer de eterno día...

Allí el dolor que simboliza el Leño,
la Cruz del Redentor que al mundo abarca,
nos despierta de un sueño,
nos coge entre sus brazos y nos marca
el fin de este camino:
“Sufrir –nos dice- es codiciar la calma,
soy la Cruz, soy tu lecho, tu destino,
soy la luz, soy la vida de tu alma”.

¡Bendito este dolor que me sublima!
exclamo, contemplando la Cruz santa,
¡qué importa que mi cuerpo un punto gima
si, apoyando la planta
en mi mortal desvelo,
esta Cruz es la llave que abre el cielo!