Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...
(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Christophe
Título:
Las marionetas
Sello
y Nº: Disc'AZ / Hispavox - HAZ 277-09
Año
de esta edición: 1965
Detalles:
EP (Extended Play) a 45 RPM. 4 canciones. Edición original española grabada y
distribuida por Hispavox.
El comentario de
la aguja: La orfebrería rítmica del pop sinfónico
Publicado
en el vertiginoso tramo final de 1965, el segundo EP de Christophe para el
mercado español bajo la referencia HAZ 277-09 supuso la confirmación de que
estábamos ante un creador de largo recorrido. El arreglo musical de «Las
marionetas» es una auténtica delicia de producción. Lejos de repetir
miméticamente la fórmula de balada estática de su anterior éxito, aquí la
instrumentación se vuelve más dinámica y juguetona. La pieza cuenta con un
suntuoso fondo orquestal donde las secciones de cuerda realizan un fraseo
picado e imponente, emulando con una elegancia apabullante el movimiento de los
hilos de los muñecos que dan título a la canción.
Desde
la perspectiva técnica del microsurco, este prensado de la factoría Hispavox es
soberbio. La mezcla analógica de la época consiguió un equilibrio modélico: los
instrumentos de fondo gozan de una nitidez y un relieve tridimensionales
fantásticos, mientras que la carismática voz de Christophe se sitúa en un plano
central impecable, capturando a la perfección tanto los tonos bajos de las
estrofas como la brillantez melódica del estribillo. Un sonido limpio, cálido y
lleno de matices que demuestra la altísima calidad técnica con la que se
trataban estos plásticos destinados a los guateques más selectos.
Mi experiencia
de surco
Llegamos
al segundo capítulo de nuestra serie cronológica dedicada a Christophe. Si ya
de por sí parecía una empresa sumamente difícil —por no decir prácticamente
imposible— lograr superar el listón y el éxito arrollador que había cosechado
meses antes con “Aline”, con este nuevo lanzamiento liderado por la maravillosa
“Les marionettes” demostró que su talento no tenía límites.
No
solo consiguió reventar de nuevo las listas de éxitos de la época, sino que
terminó por sellar de forma definitiva y para siempre mi absoluta fidelidad
hacia su música. Un disco redondo que confirmaba que lo de este francés no era
una casualidad pasajera.
Aquella
fue una época en la que el pop juvenil
se vestía con arreglos sinfónicos de primer orden y algunos artistas como
Christophe, ponían de manifiesto que la verdadera clase musical se demuestra
cuando se encadenan obras de arte consecutivas sobre el plato del tocadiscos.
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Fisac
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Christophe
Título:
Aline
Sello
y Nº: Disc'AZ / Hispavox - HAZ 277-08
Año
de esta edición: 1965
Detalles:
EP (Extended Play) a 45 RPM. 4 canciones. Edición original española distribuida
por Hispavox.
El comentario de
la aguja: La inmortalidad de un lamento orquestal
En
1965, las prensas de Hispavox entregaron al mercado español la referencia HAZ
277-08, un plástico que guardaba en sus surcos el pasaporte a la inmortalidad
de un joven creador francés. «Aline» es el ejemplo perfecto de cómo el pop melódico
de mediados de los sesenta sabía vestir las grandes baladas románticas. Lejos
de la instrumentación ligera de la época, la producción rodea la sentida
interpretación de Christophe con un suntuoso fondo orquestal. Las secciones de
cuerda se despliegan con un balanceo melancólico bellísimo, sirviendo de
colchón ideal para ese desgarrador y famoso grito que define el estribillo de
la composición.
Desde
una perspectiva técnica, este EP a 45 RPM destaca por una calidez analógica
formidable. La ingeniería de sonido de la factoría Hispavox logró capturar con
una nitidez asombrosa la fragilidad y los agudos de la voz del artista galo,
manteniendo a la orquesta en un plano tridimensional profundo y envolvente que
nunca llega a saturar el microsurco. Es un sonido limpio, nítido y sumamente
equilibrado, diseñado para paladear cada matiz de una grabación que definió la
estética sonora de todo un año.
Mi experiencia
de surco
Durante
estos próximos días vamos a dedicarnos a este artista que, a la postre, se convirtió
en uno de mis cantantes favoritos de todos los tiempos. Mi idilio con su música
comenzó de forma fulminante cuando lo descubrí gracias a su monumental éxito
“Aline”. A partir de ese preciso
instante, quedé tan cautivado por su propuesta que me dediqué a comprar de
forma sistemática todos y cada uno de los discos que iba sacando al mercado,
hasta que, lamentablemente, su estrella decayó y sus plásticos dejaron de
distribuirse y venderse en las tiendas de España. En las próximas entradas los
vamos a ir repasando todos cronológicamente.
Este
EP de cuatro canciones fue el que lo lanzó definitivamente a la fama
internacional. “Aline” es una canción magistral que, habiendo pasado ya
holgadamente el medio siglo de vida, no ha perdido ni un solo ápice de frescura
ni de actualidad. Una obra imperecedera que nos unió para siempre a la obra de un
intérprete irrepetible, ideal para recordar a los lectores que, cuando la
melodía es perfecta y el abrigo instrumental está a la altura, los vinilos
desafían al tiempo con una elegancia absoluta.
El
inicio de esta serie dedicada al gran Christophe (Daniel Bevilacqua) son
palabras mayores. «Aline» es una de esas canciones milagrosas de la historia de
la música, no es solo que no haya perdido actualidad pasado medio siglo, es que
posee una belleza melancólica tan pura y universal que parece suspendida en el
tiempo, ajena a las modas. Ese grito desesperado de "Aline!" es un
pilar fundamental en la memoria sentimental de los guateques de nuestra
juventud.
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Hervé Vilard
Título:
Capri c’est fini
Sello
y Nº: Mercury Records / Fonogram - 152.037 MCE
Año
de esta edición: 1965
Detalles:
EP (Extended Play) a 45 RPM. 4 canciones. Edición original española prensada
por Fonogram.
El comentario de
la aguja: La perfección del estallido orquestal
En
el ecuador de los años sesenta, el sello Mercury, a través de la impecable
manufactura de Fonogram en España, entregó la referencia 152.037 MCE, un
plástico que estaba destinado a reescribir las listas de éxitos de toda Europa.
El tema bandera, «Capri c’est fini», es una obra maestra de la dinámica de
estudio. El original y desnudísimo comienzo de la canción, sustentado casi en
exclusiva por la voz de un jovencísimo Hervé Vilard, funciona como el preludio
perfecto para un suntuoso y majestuoso fondo orquestal. La entrada en tropel de
las secciones de cuerda y el crescendo de los metales envuelven la
interpretación melancólica del artista, otorgando a la composición un abrigo
sinfónico imponente y de una sofisticación apabullante.
Desde
la perspectiva técnica del microsurco de mediados de la década, este EP a 45
RPM posee una riqueza sonora formidable. La ingeniería de sonido de Fonogram
logró plasmar el contraste entre el íntimo arranque vocal y la posterior
explosión de la masa orquestal con una limpieza y un relieve analógicos
asombrosos. La mezcla disfruta de una separación estéreo muy bien definida que
sitúa al oyente en el centro de la escena acústica, regalando un sonido denso,
cálido y aterciopelado que realza la frescura intrínseca de la grabación original.
Mi experiencia
de surco
Nos
detenemos ahora ante uno de los hitos más arrolladores e incontestables del año
1965. Al colocar la aguja sobre este vinilo, resulta imposible no dejarse
cautivar por ese originalísimo comienzo de “Capri c’est fini”, una frase que de
inmediato evoca la nostalgia de toda una generación. Nos encontramos ante un
disco verdaderamente maravilloso que triunfó con una fuerza arrolladora en
España y que, sorprendentemente, hoy en día se sigue escuchando en nuestros
tocadiscos tan fresco e impactante como el primer día.
Esta
monumental canción catapultó de golpe a la más absoluta de las famas a este
joven cantante francés; sin embargo, y como suele ocurrir con los éxitos de
semejantes dimensiones, supuso una cumbre inalcanzable para su carrera
posterior, ya que ninguno de sus discos y composiciones siguientes logró
acercarse ni por asomo al impacto de este surco imperecedero. Con todo, tener
esta pieza en las estanterías es poseer un pedazo vivo de la historia de
nuestra juventud.
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Line et Willy
Título:
Cada uno con su canción
Sello
y Nº: Disc'AZ / Hispavox - H 315
Año
de esta edición: 1968
Detalles:
Single a 45 RPM. 2 canciones. Edición original de catálogo de la alianza
Hispavox-Disc'AZ.
El comentario de
la aguja: La elegancia de la orquesta frente al artificio moderno
En
1968, el panorama discográfico español se nutría de las grandes citas europeas,
y el Festival de Eurovisión era el escaparate definitivo. La referencia H 315
de Hispavox nos devuelve la propuesta de Mónaco para aquella edición, defendida
por el dúo galo Line et Willy. «Cada uno con su canción» es un monumento a la
artesanía pop de finales de la década. La producción destaca por un suntuoso y
majestuoso fondo orquestal; un imponente despliegue de cuerdas y arreglos de
viento de corte clásico que arropan las armonías vocales del dúo con una finura
y una elegancia desbordantes. Aquí no había trampa ni cartón: la melodía
sostenía todo el peso de la obra.
Desde
la perspectiva técnica del microsurco, este single de 1968 es una auténtica
delicia analógica. Al albergar una única pista por cada cara, los ingenieros de
Hispavox pudieron exprimir la anchura del surco, regalándonos una mezcla con un
cuerpo y una calidez extraordinarios. La voz de Line y la réplica de Willy se
entrelazan en un plano central perfectísimo, flotando sobre un colchón
sinfónico tridimensional que inunda la sala de escucha con un sonido limpio,
nítido y sumamente reconfortante para el oído.
Mi experiencia
de surco
Recordar
este vinilo es viajar a una época maravillosa en la que la promoción musical
buscaba fórmulas de lo más ingeniosas, como regalar discos con la compra de
determinados productos de alimentación o mediante dinámicas de sorteos en la
prensa. En mi caso, este plástico llegó a mis manos gracias a que resulté ganador
en un concurso del recordado “Diario SP”, el primer periódico en España que
introdujo el color en sus páginas y revolucionó los quioscos de nuestra
juventud.
En
una de sus secciones organizaban un sorteo para los lectores; participé y la
fortuna quiso que me enviaran un lote de 5 Singles. Entre ellos venía esta
pieza de rigurosa actualidad, pues Line et Willy acababan de representar a
Mónaco en el Festival de Eurovisión de aquel mismo año.
Quedaron
en un dignísimo séptimo puesto, pero la canción caló fuerte por su maravillosa
factura. El
dúo francés Line et Willy (Line Van Lancker y Willy Lewis) defendió la bandera
de Mónaco en el Festival de Eurovisión de 1968 —el célebre año en que nuestra
Massiel ganó con el «La, la, la» en Londres— con el tema «À chacun sa chanson»,
traducido al castellano como «Cada uno con su canción». Es una melodía bonita y
sumamente agradable de escuchar. Desde luego, se sitúa a años luz de las
composiciones que se presentan en estos últimos tiempos al festival, donde
parece que nadie se fija ya en la calidad de la canción y todo se fía a las
extravagancias y excentricidades de sus puestas en escena.
Hacer
girar este single de 1968 es rescatar la pureza de la canción melódica y el
romanticismo de una prensa que premiaba a sus lectores con alta fidelidad. Un
ejemplo de contexto histórico que nos recuerda cómo las buenas canciones no
necesitan disfraces ni extravagantes puestas en escena para brillar con luz
propia a lo largo de los tiempos.
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(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
Nicoletta
Título:
Ma vie c’est un manège
Sello
y Nº: Riviera - XCED 521.145
Año
de esta edición: 1970
Detalles:
LP de larga duración. 12 canciones. Edición original francesa con la majestuosa
dirección musical de Jean Bouchéty.
El comentario de
la aguja: Fuerza sinfónica y garra de soul
En
1970, el sello Riviera puso en circulación la referencia XCED 521.145, un larga
duración que funciona como una radiografía perfecta del torrente interpretativo
de Nicoletta. Mientras que otras compatriotas suyas de la época apostaban por
la delicadeza o el susurro, ella rompió moldes con una voz desgarradora, una
potencia con tintes de blues, gospel y soul, y una garra interpretativa que
dejó boquiabierto al mismísimo Ray Charles (quien llegó a decir que ella era la
mejor voz de Europa).
Frente
a la contención rítmica de otras solistas de su generación, la propuesta de
este álbum es de una suntuosidad instrumental apabullante. El director de
orquesta Jean Bouchéty diseñó para el disco un majestuoso fondo orquestal; un
imponente despliegue de cuerdas dramáticas y metales con dejes de gospel y
blues que sirven de abrigo milimétrico para sostener las monumentales
exigencias vocales de la cantante gala.
Desde
una perspectiva estrictamente técnica, el prensado analógico original de 1970
destaca por un relieve sonoro asombroso. La aguja se sumerge en unos
microsurcos dotados de una enorme dinámica, donde el balance estéreo de la
orquesta arropa la voz rotunda y llena de matices de Nicoletta sin cansar el
oído en ningún momento. Es una producción densa y aterciopelada que demuestra
cómo el vinilo de la época era capaz de procesar un chorro vocal de
proporciones catedralicias, manteniendo una nitidez y una profundidad
tridimensionales formidables. Este disco
es una joya absoluta de coleccionista. Reúne 12 canciones excelsas, incluyendo
su tremenda versión de «L'homme à la moto», el emocionante «Quand on n'a que
l'amour» de Jacques Brel y, por supuesto, el corte que da título al álbum: «Ma
vie c'est un manège» («Mi vida es un tiovivo»).
Mi experiencia
de surco
Una
de las mayores virtudes de un verdadero coleccionista es saber encontrar oro
donde la masa o las listas de éxitos pasaron de largo. Nicoletta (Nicole
Grisoni) es una de las fuerzas de la naturaleza más impresionantes que ha dado
la música francesa.
Nos
encontramos aquí uno de esos rincones selectos de mi fonoteca dedicados a las
grandes joyas ocultas; una solista que, por avatares de las modas y la
promoción, tuvo lamentablemente muy poco éxito y repercusión en España. Sin
embargo, basta con dejar caer la aguja sobre cualquiera de sus pistas para
certificar que poseía una voz verdaderamente prodigiosa.
Este
larga duración de doce canciones, liderado por la magnífica e intensa “Ma vie
c’est un manège”, es una muestra soberbia de un talento fuera de lo común que
merece muchísimo la pena rescatar, escuchar y paladear con la atención que se
merece. Hacer girar este LP de 1970 es
la prueba irrefutable de que la calidad de una colección no se mide por las
listas de éxitos, sino por la finura del oído del coleccionista. Una entrada para
invitar a los lectores de este blog a descubrir el reverso más enérgico de la chanson, demostrando que cuando una
garganta superdotada se une a un colchón orquestal de primer orden, el vinilo
se convierte en un refugio eterno para la buena música.
Biblioteca
Fisac
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