lunes, 31 de diciembre de 2018

Un año termina y empieza otro...


Termina un año y empieza otro, pero todo está cambiando más deprisa, mucho más de lo que imaginamos. Por eso os adjunto el enlace con este vídeo en donde se hace un acertado análisis de la situación actual que vive el mundo y de lo que nos espera. Ya podéis ir haciendo la maleta para retiraros al asilo de ancianos:


https://www.youtube.com/watch?v=EG01b2TgTlI&t=40s

domingo, 30 de diciembre de 2018

Anexo al “Diccionario Daimieleño – Español”


Tras la publicación del libro “Diccionario Daimieleño – Español” he ido encontrando otras expresiones y vocablos que merecían estar incluidas en el mismo. He aquí algunas de ellas, las cuales ponen de manifiesto la riqueza del idioma daimieleño:

Abocicarse.- Poner la boca en el lugar por donde sale el agua para poder beber (Ej: abocícate al caño = Acerca la boca al surtidor de la fuente para que puedas beber mejor).
Abundante / abundanta.- Que mete baza en todas las conversaciones aunque no se lo hayan pedido..
Alante.- Adelante (Ej: Ponte adelante = siéntate en la parte delantera).
Ale.- Adiós.
Afaitarse.- Afeitarse.
Caño.- Tubería (Ej: Hay que cambiar los caños = Hay que sustituir las tuberías).
Cerica.- Cerca (Ej: Quió verte cerica = quiero verte cerca) .
Chiquete.- Niño.
Coidao.- Cuidado.
Coidaico.- Cuidadito (Ej: Coidaito conmigo que como menfade = Cuidadito conmigo, porque como me enfade…).
Cúchalo.- Escúchalo, atiende lo que tiene que decirte.
Esculcar.- Rebuscar por los cajones.
Esquivocarse.- Equivocarse.
Flis.- Nombre genérico dado a cualquier insecticida en pulverización para matar moscas.
Inritación.- Irritación.
Mondar.- Pelar (Ej: ¿Me mondas la naranja? = ¿Me pelas la naranja?).
Pala.- A la (Ej: Súbete pala cera = súbete a la acera)
Posanda.- Pues anda (Ej: Pos anda, y pa eso hemos venío = Pues vaya, qué decepción, ¿y para eso hemos venido?
Ratejo.- Un corto espacio de tiempo, un rato no demasiado largo.
Tuveraaas.- Tú verás, eso es cosa tuya, tú decides.
Veleai.- Ten cuidado con lo que haces.

En fin, estos sólo son unos ejemplos del peculiar idioma de Daimiel, a quien se ha definido como “El país del to, cucha y arrea”:

sábado, 29 de diciembre de 2018

Si no hubiese Sol


¿Te has preguntado qué pasaría si desapareciese el Sol? Está claro que la humanidad desaparecería, aunque el planeta –ya sin vida- continuase rodando por el espacio. Pero ¿cuáles serían esos hipotéticos pasos?

Día 1.- La oscuridad sería total, como una noche sin luna.

Día 9.- La temperatura no sólo descendería vertiginosamente sino que se igualaría y sería la misma en cualquier rincón del planeta.

Día 20.- Todas las superficies de agua (mares, océanos, ríos, lagos...) se congelarían. La Tierra se convertiría en un mundo de hielo.

Día 65.- La temperatura del planeta, que seguiría bajando día a día, llegaría a los –50ºC.

A los 6 años.- Sin un centro de gravedad como es el Sol, la Tierra se iría alejando y rebasaría la órbita de Plutón.

A los 10 años.- La temperatura de la Tierra sería de –125ºC mientras seguiría vagando como un mundo oscuro y helado por el espacio profundo.

Evidentemente esto no puede suceder, ya que el Sol no desaparecería nunca como por arte de magia; esto sólo es una simulación. Sin embargo, lo que sí sucederá (aunque dentro de muchos millones de años) es que el Sol se apagará, claro que para entonces -en realidad mucho antes de eso- la vida humana sobre el planeta ya habrá desaparecido.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Sapore de sale


Hay canciones como esta de Gino Paoli, que marcan una época y se hacen inmortales. Por si te animas a cantarla, esta es la letra:

Sapore di sale, sapore di mare
Che hai sulla pelle, che hai sulle labra
Quando esci dall’acqua e ti vieni a sdraiare
Vicino a me, vicino a me.
Sapore di sale, sapore di mare
Un gusto un po’ amaro di cose perdute
Di cose lasciate lontano da noi
dove il mondo e diverso, diverso da qui.
Il tempo e nei giorni che passano pigri
E lasciano in boca il gusto del sale
Ti bitti nell’acqua e mi lasci a guardarti
E rimango da solo nella sabbia e nel sol.
Poi torni vicino e ti lasci cadere
Cosi nella sabbia e nelle mie braccia
E mentre ti baccio sapore di sale, sapore di mare, sapore di te.

jueves, 27 de diciembre de 2018

¿Quién es el mejor?


He aquí algunas reflexiones sobre quién es el mejor…

Deportista: El que cada día lucha por superarse a sí mismo.
Árbitro: El que pasa desapercibido.
Presentador: El que hace que el invitado del programa sea la estrella, no él mismo.
Presidente: El que gobierna para todos los ciudadanos y no sólo para quienes le han votado.
Persona: La que predica con el ejemplo.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Érase una vez el fútbol


El fútbol actual es un negocio en donde mandan las televisiones, los jugadores son mercenarios, los hinchas son violentos, los intermediarios son millonarios… ¡Qué poco queda de aquél noble deporte que se practicaba hasta hace tan solo unas pocas décadas! Sin embargo aún hay esperanza, aún queda algo de inocencia, aunque para ello tengamos que mirar muchos kilómetros al norte de nuestro planeta, concretamente a Islandia.

Con apenas 330.000 habitantes, la densidad de población más baja de Europa y un clima gélido con inviernos oscuros e interminables, este país ha conseguido un éxito notable en la última Eurocopa y en el último Mundial, siendo reconocido como uno de los ocho mejores equipos del mundo. ¿Cómo es posible eso? Veamos algunas de sus “rarezas”…

Para empezar han construido campos de fútbol cubiertos (ver imagen) para que el fútbol pase de ser un deporte de verano a un deporte que puede practicarse todo el año. El fútbol pueden jugarlo todos los niños y niñas que quieran, desde los 4 años hasta los 18 y para ello sólo tienen que apuntarse a un club en donde pagarán 700 euros al año, pero aquí viene lo bueno: reciben del Gobierno 600 euros de subvención. Después, tienen profesores y entrenadores que les inculcan no sólo la técnica futbolística sino el verdadero espíritu de este deporte: el “equipo”. Nada de figuras ni “figuritas”, aquí el fútbol es solidario y no un escaparate para descubrir talentos.

Más raro aún, los niños y niñas que forman los equipos nunca son descartados si lo hacen mal o parecen no tener cualidades; si ellos quieren siguen entrenando y jugando al fútbol junto a sus amigos un año tras otro. De esta forma no se desperdicia ningún talento, ya que no todas las personas maduran ni física ni mentalmente al mismo tiempo.

Los clubs son amateurs y los futbolistas tienen un trabajo del que viven y por el que contribuyen al progreso de la sociedad; el fútbol es simplemente su diversión. Cuando pasean por las calles lo hacen como unos ciudadanos más y ni tienen nubes de periodistas acechándoles ni viven en mansiones ni se las dan de figuras. Sólo los que han destacado mucho y han fichado por un equipo extranjero, pueden vivir sólo del fútbol.

Los hinchas son los familiares, amigos, vecinos… todos se involucran porque allí están jugando los suyos, no unos extranjeros comprados con dinero. Los hinchas animan a su equipo, son alegres y ruidosos, pero jamás se verá ninguna pelea ni enfrentamiento. Aquí el fútbol es pacífico.

Y más rara todavía, casi de un planeta extraterrestre, es la curiosa costumbre que ha implantado el último seleccionador nacional: Dos horas antes de cada partido se reúne con los hinchas del equipo en un bar a puerta cerrada. Allí les comunica la alineación que va a sacar y les explica cuál va a ser la táctica. ¿Por qué razón hace esto? La respuesta que nos da no puede ser más lógica: “De esta forma los aficionados saben a qué vamos a jugar y entienden el por qué; de lo contrario cada uno criticaría por qué no jugamos como él esperaba que jugásemos”.

Y si quieres conocer mucho más de sus peculiaridades, sólo tienes que leer el libro “El faro de Dalatangi”, del periodista deportivo Axel Torres.

martes, 25 de diciembre de 2018

Papá Noel es republicano


Esta imagen que veis aquí es del pueblo donde vive papá Noel (al norte de Finlandia) y la foto de debajo es del interior de su casa. Yo estuve allí haciéndole una visita y sin embargo él no ha correspondido y no ha venido nunca a visitarme. He tratado de averiguar por qué tal grosería, porque de buena educación es corresponder a las visitas. Al fin, tras muchas averiguaciones he podido saber la razón: Papá Noel es republicano. “¿Y qué tiene eso que ver?” se preguntarán algunos. Pues muy sencillo, se ha debido creer que yo soy monárquico, ya que de siempre he sentido veneración por los Reyes Magos, a los que situaba en lugar preferente en el Belén, a los que veía y aplaudía en su cabalgata, y a los que dejaba un vaso de leche (para ellos) y unas galletas (para sus camellos) la noche tan señalada del 5 de enero.

A eso se llama envidia. ¿Cómo no voy a tener atenciones con ellos si vienen de tan lejos para dejarme los juguetes? Porque comparado con el lejano Oriente, Finlandia está a la vuelta de la esquina. Además, los Reyes Magos hacen mucho más esfuerzo, porque vienen en camello, y a su lentitud, incomodidad de la joroba que se te clava en el culo, y constante bamboleo, hay que añadir muchos días y kilómetros recorridos para llegar hasta tu casa. ¿Cómo viaja –en cambio- Papá Noel? Pues sentado cómodamente en un trineo que para colmo va volando? Así no me extraña que esté tan gordo, mientras que los Reyes Magos están mucho más delgaduchos de tanto ejercicio como hacen.

No hay comparación posible: entre Papá Noel y los Reyes Magos, yo elegiré siempre a los Reyes Magos, y no porque sean “reyes” (que yo no soy monárquico) sino porque son más “majos”.

lunes, 24 de diciembre de 2018

El gran suplantador: Papá Noel


Al llegar estas fechas es normal decir y desear a todos una “Feliz Navidad” y luego ya, en el ámbito familiar, alegrarse al recibir los regalos que supuestamente nos ha traído Papá Noel. Y digo “supuestamente” porque está claro que esos regalos los ha comprado “Papá, no él” (ya lo dice su propio nombre). Es decir, el famoso Papá Noel es un suplantador que quiere llevarse todo el mérito cuando en realidad no ha hecho nada, ya que los regalos los ha buscado y comprado cada papá con su dinero, cariño y esfuerzo.

Sé que esta revelación os habrá sentado como un jarro de agua fría, como el día que descubrimos que los regalos del día de Reyes no los traen los Reyes Magos, sino los padres… de los Reyes Magos.

De cualquier forma, aprovecho estas líneas para desearos una Feliz Navidad.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Detrás del villancico “Los pastores”


El que escribió la letra de este villancico debía tener un vocabulario muy pobre, pues apenas sabe más de una docena de palabras y como no sabe más, pues las repite una y otra vez. Vean qué desaguisado:

“Los pastores a Belén corren presurosos. Llevan de tanto correr los zapatos rotos”.
Para empezar ya se está metiendo con los pobres pastores, a los que hace más pobres aún ya que se les rompen los zapatos y llegarán a Belén posiblemente descalzos.

“Hay hay hay- Que alegres van. Hay hay hay. Si volverán. Con la pan pan pan. Con la de de de. Con la pan con la de. Con la pan con la de. Con la pandereta. Y las castañuelas”.
¡Viva el rico idioma español! ¡Ay, ay, ay (ahora sin hache lo digo yo)! Esto es lo que sucede cuando escuchamos esta estupidez de estrofa. Y todo para decir que van con una pandereta y unas castañuelas, instrumentos que por otra parte no se utilizaban allí ni en aquella época. ¡Ah! Y encima dice que van muy contentos… ¡pero si se les han roto los zapatos y están exhaustos de tanto correr!

“Un pastor se tropezó a media vereda y un borreguito grito: ¡este aquí se queda!
Para terminar mete otra pequeña estrofa para celebrar que uno de los pastores se da un leñazo, y al verlo, hasta un burro se pone a hablar. En fin, sin más comentarios.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Detrás del villancico “Campana sobre campana”


En este villancico no sólo nos desconcierta el incontable número de campanas sino también el resto de incongruencias de su letra. Veamos:

“Campana sobre campana y sobre campana una, asómate a la ventana, verás el niño en la cuna. Belén, campanas de Belén, que los ángeles tocan ¿Qué nuevas me traéis?”
Ningún historiador nos habla de que en Belén hubiese campanas y mucho menos unas encima de otras y sonando a todas horas. Tampoco consta que frente al portal hubiese un edificio con ventanas desde las cuales se pudiese ver lo que sucedía en dicho portal que, en realidad, era un establo.

 “Recogido tu rebaño ¿a dónde vas pastorcito? Voy a llevar al portal requesón, manteca y vino. Campana sobre campana y sobre campana dos, asómate a la ventana porque está naciendo Dios”.
Si antes nos decían que el niño estaba en la cuna, ahora van hacia atrás en el tiempo y nos dicen que ‘está naciendo’. Y si antes nos decían que había muchas campanas, unas encima de otras, ahora nos dicen que sólo había dos.

“Caminando a medianoche ¿Dónde caminas pastor? Te llevare a cuidarte como a Dios, mi corazón.
Por fin en esta última estrofa se ofrecen a cuidar a ese pastor, algo muy necesario ya que debía estar hasta el gorro de tanta campana.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Detrás del villancico “El tamborilero”


Originalmente conocido como “El niño del tambor” cambió su nombre por el de “El tamborilero” al tiempo que se hacía famoso gracias a la canción de Raphael. Sin embargo, su letra induce, cuando menos, al desasosiego. Veamos:

“El camino que lleva a belén, baja hasta el valle que la nieve cubrió. Los pastorcillos quieren ver a su rey, le traen regalos en su humilde zurrón, al redentor, al redentor”.
Para empezar, el letrista desconoce la geografía ya que nos dice que Belén está en un valle cubierto de nieve. ¡Qué mas quisieran que un poco de nieve en tan árido paisaje!

“Yo quisiera poner a tu pies algún presente que te agrade señor, mas tú ya sabes que soy pobre también, y no poseo más que un viejo tambor. (Rom pom pom pom, rom pom pom pom) ¡En tu honor frente al portal tocaré con mi tambor!”.
El pastorcillo protagonista dice que es pobre y que sólo tiene un tambor. ¿Qué le ofrece como regalo, entonces? ¡Pues no, no le regala el tambor sino que se pone a tocarlo con frenesí como si eso fuese lo más adecuado para dormir y relajar a un niño recién nacido!

“El camino que lleva a Belén voy marcando con mi viejo tambor, nada hay mejor que yo pueda ofrecer, su ronco acento es un canto de amor al redentor, al redentor. Cuando Dios me vio tocando ante él me sonrió”.
El tamborilero no sólo le da la matraca con su aporreo del tambor al niño Jesús sino también a todo bicho viviente que circule por el camino a Belén. Toda una apología de los decibelios. En lugar de ir a Belén tendría que haberse ido a Calanda (Teruel). Y ya, para finalizar dice que Dios le sonrió cuando le vio tocar; no me lo creo ¡Dios debió sonreír cuando lo perdió de vista y lo dejó en paz!

jueves, 20 de diciembre de 2018

Detrás del villancico “Hacia Belén va una burra”


De todas las letras de villancicos, quizás sea esta la más absurda de todas. Vean sin no…

“Hacia Belén va una burra rin, rin Yo me remendaba, yo me remendé, yo me eché un remiendo, yo me lo quité. Cargada de chocolate. Lleva su chocolatera rin, rin, su molinillo y su anafre, María, María, ven acá corriendo, que el chocolatillo se lo están comiendo”.
Ese estribillo que se pone en medio de las estrofas es realmente estúpido: se echa un remiendo y luego se lo quita. ¿Pa qué? ¿Qué sentido tiene? Después resulta que llevan chocolate, cuando no se exportó desde América hasta muchos siglos más tarde. Y para colmo, parece que hace gracia que roben el chocolate y tengan que hacer correr a la Virgen para evitar el robo. (Por cierto, pregúntenle a cualquier niño qué es un "anafre"; si hay alguno que lo sepa, le invitamos a un viaje a Disneyland París. ¿Cómo se les ocurre poner esas palabrejas en una canción hecha para que la canten los niños?).

“En el Portal de Belén rin, rin… Han entrado los ratones. Y al bueno de San José
rin, rin… ¡Le han roído los calzones! María, María, ven acá corriendo, que los calzoncillos, los están royendo”.
Ya sabemos que en el portal de Belén había poca higiene, pero ningún historiador ni apóstol habló nunca de ratones. Pues el letrista dice que sí que había ratones y que le royeron los calzoncillos a San José, ¡y encima lo cantan en plan festivo! Poca humanidad, por no decir ninguna, tiene quien lo escribió. ¡Ah, y tampoco conocía los tiempos de los verbos: ¿en qué quedamos, los ratones “han roído” (pasado) o “están royendo” (presente)?

“En el portal de Belén rin, rin… Gitanillos han entrado, Y al Niño que está en la cuna
rin, rin... Los pañales le han robado. María, María ven acá volando que los pañalillos, los están llevando”.
Para terminar con los despropósitos hace ahora apología del racismo y homofobia denigrando a la raza gitana a los que acusa de ladrones y de una cosa tan absurda como robar unos pañales. Teniendo en cuenta que en aquella época no había Dodotis, estos serían unas simples piezas de telas casi sin valor alguno, por lo que poco beneficio iban a sacar. Para colmo, y como siempre, amargan a la Virgen reclamando su presencia para que evite todos los robos. Para este letrista, el portal de belén no era un establo sino un centro de convenciones para los ladrones.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Detrás del villancico “Arre, burro, arre”

El análisis de hoy se centrará en el popular villancico “Arre, burro, arre”, sin ánimo de molestar… a los burros.

“En la puerta de mi casa voy a poner un petardo, pa reírme del que venga, a pedir el aguinaldo”.
Pues sí que empieza bien; en vez de transmitir un mensaje de paz y amor, este villancico declara la guerra con petardos y burlas hacia todo aquél que ose acercarse.

“Pues si voy a dar a todo, el que pide en Nochebuena, yo si que voy a tener, que pedir de puerta en puerta”.
Claro ejemplo de egoísmo, exageración y demagogia. NO hace falta dar todo, sólo compartir algo con los demás.

“Que el que quiera comer pan que no venga a mi cena en el portal de Belén la Virgen es panadera”.
Anacrónico y paradójico: si quieres pan no vayas a donde esté el panadero. Y además ¿qué Evangelios habrá leído el que escribió esta letra? ¿Desde cuándo era la Virgen panadera?

“En el cielo hay una Estrella, que a los Reyes Magos guía, hacia Belén para ver, a Dios hijo de María. Cuando pasan los monarcas, sale la gente al camino, y a Belén se van con ellos, para ver al tierno Niño”.
Menos mal que entre tanto disparate hay alguna estrofa con cierto sentido… aunque no se ajuste a la realidad ya que al paso de los Reyes Magos algunos salieron al camino para verlos pero no los siguieron en procesión hasta Belén.

“Arre borriquito, arre burro arre, anda más deprisa que llegamos tarde. Arre borriquito vamos a Belén, que mañana es fiesta y al otro también”.
Y para terminar, el pobre burro acaba pagando el pato ya que no hacen mas que meterle prisa. ¡Que hubiera salido antes y así no tendrías que correr ahora! Además, en aquella época esos días  no eran festivos, sino que se han hecho festivos con mucha posterioridad, así que también en esto estaba mal documentado el letrista.

martes, 18 de diciembre de 2018

Detrás del villancico “Los peces en el río”


Una de las cosas más populares –y sin embargo más absurdas- de la navidad, son los villancicos. Las letras de estas canciones no tienen ni pies ni cabeza; como ejemplo vamos a analizar hoy la letra del famoso villancico “Los peces en el río”.

“La Virgen está lavando y tendiendo en el romero, los pajarillos cantando, y el romero floreciendo”.
Para empezar el romero no es una planta típica de Belén y, por supuesto en aquella época del –aunque hubiera romero- este no florecería.

“La Virgen se está peinando entre cortina y cortina, sus cabellos son de oro, el peine de plata fina”.
¿Pero no habíamos quedado que estaba lavando? ¿Cómo es que lo hace entre cortina y cortina? Que sus cabellos sean de oro pase que sea una metáfora, aunque no consta que la Virgen fuera rubia, pero el peine no podía ser de plata puesto que eran pobres.

“La Virgen va caminando por entre aquellas palmeras, el Niño mira en sus ojos, el color de la vereda”.
Esta estrofa es la única que puede pasar, aunque el único color de aquellas tierras era el marrón de las zonas áridas.

“Pero mira como beben los peces en el río, pero mira como beben por ver al Dios nacido. Beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río por ver a Dios nacer”.
Poco sabía de zoología quien escribió este estribillo: los peces no beben sino que toman el oxígeno del agua que pasa por sus branquias. Además, si los peces están dentro del agua (porque fuera se morirían) ¿cómo van a ver al niño si este se encuentra en tierra firme?

Como podemos comprobar, un total sinsentido. Quizás quien lo escribió lo hizo después de beber y beber… pero no precisamente agua.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Natación (y 4)


Ya para terminar la narración de mis aventuras con el deporte de la Natación, añadiré una experiencia que está al alcance de muy pocos. Durante una Convención del laboratorio AstraZéneca en Finlandia, en pleno mes de enero, nos desplazamos un día a la ciudad costera de Kemi. Allí nos embarcamos en el rompehielos “Sampo” para abrir caminos por la helada superficie del mar Báltico. Salimos a las cinco de la tarde y era noche cerrada. La temperatura era de –20ºC o quizás algo más baja aún, por lo menos la sensación térmica, ya que la brisa helada penetraba hasta los huesos a pesar del mono térmico que llevábamos. ¡Cómo sería el frío reinante que mi cámara fotográfica dijo “¡basta!” y se bloqueó, y ya no pude hacer más fotos! Al cabo de una hora de navegación, escuchando el imponente crujir de la superficie del mar que iba quebrando el barco, éste se detuvo. Nos ofrecieron una experiencia inédita: bañarnos en las heladas aguas del Báltico en el canal que acababa de abrir el rompehielos. Hubo unos cuantos valientes, entre ellos yo, que nos animamos y pasamos a ponernos un traje de neopreno, de color naranja, con el que parecíamos no sé si un Teletubbie o el muñeco de Michelín en color butano. Bajamos por la escalerilla y caminamos por la superficie helada del mar, sobre la que habían clavado unas antorchas para iluminar el camino. La capa de hielo era tan gruesa que no había riesgo de que se rompiese y alguno de nosotros cayese al abismo de las profundidades. Desde el barco enfocaron con unos reflectores el canal abierto, un canal de aguas completamente negras (era noche cerrada). Ataviado, pues, con ese traje, me introduje en el mar con cuidado que no me salpicase agua a la cara, que era la única parte descubierta de mi cuerpo. Lo del traje térmico funcionaba, porque no sentí nada de frío y estuve un buen rato flotando y realizando gráciles movimientos natatorios en el agua como si fuésemos aprendices de pato. Igual que yo disfrutaron todos aquellos que se atrevieron a sumergirse en el mar... bueno, todos menos uno. Este tuvo menos suerte y el traje de neopreno que le dieron tenía una raja por donde se le coló el agua helada y tan pronto sintió aquél frío, como cuchillos afilados, tuvo que salir a toda prisa. Meterse en el agua no era difícil; lo complicado era salir. Cuando llegabas al borde y tratabas de agarrarte al borde de la superficie helada te escurrías y si no hubiera sido por los marineros del barco que nos ayudaron a salir, pescándonos como si fuésemos atunes (aunque sin emplear ganchos, afortunadamente) nos hubiéramos quedado allí para siempre. Como recuerdo de aquella experiencia de practicar la Natación en condiciones tan extremas, me queda un Diploma en el que puede leerse: “Certificate of participation in icebreaking operations under Artic conditions”.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Natación (3)


Bien, hasta ahora hemos hablado de la Natación pero sin entrar en el detalle de los estilos que, como sabéis son cuatro. Uno de ellos es el “Crol”, que es el que utilizaba Tarzán y por consiguiente el que más me hubiera gustado practicar. Pero había un problema: si nadas a Crol tienes que meter la cabeza dentro del agua y mojarte el pelo, y yo no estaba por esa labor. Además se corre el riesgo de que te entre agua por la nariz e incluso en los oídos. He intentado, alguna vez, practicar un estilo de “Crol con cabeza fuera” pero resulta tan antiestético, tan agotador, tan absurdo, que lo he desestimado.

Otro estilo es el denominado de “Mariposa”, pero todos sabemos que si a una mariposa se le mojan las alas, se ahoga. En mi caso lo que no quiero que se me moje es la cabeza, así que tampoco he podido nadar a Mariposa, ya que resulta imposible hacerlo sin sumergir la cabeza, y como ya me he ahogado una vez no quiero repetir la experiencia.

El tercer estilo es, en teoría, el más cómodo: “Espalda”. Quienes nadan así van tumbados de espaldas sobre el agua, con la cara fuera mirando el cielo, moviendo los brazos rítmicamente hacia atrás. Parece sencillo y tranquilo, pero no es así. Cuando lo he intentado, no sé por qué extraña razón, mi cuerpo parece de plomo e irremediablemente se va hacia el fondo. Conclusión: Descartado.

Finalmente queda otro estilo, el denominado “Braza”, y este es el que he utilizado siempre aunque a mi manera. Si bien los movimientos natatorios que utilizo al nadar a Braza son los correctos, la posición del cuello es perpendicular a la superficie del agua para que la cabeza permanezca siempre fuera y acabe la sesión con el pelo seco. Tampoco es tan difícil. Y encima te ahorras el tener que lavarte a continuación la cabeza, ya que el cloro de las piscinas y la sal del mar te dejan el pelo como estropajo. Te invito a probar esta variante tan original del estilo de Braza.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Natación (2)


Para no preocupar a la familia (y para no preocuparme yo, tampoco) mis sesiones de Natación en el mar se hacen en paralelo a la costa, a una distancia suficiente como para no hacer pie y poder nadar bien, pero no tan lejos como para no poder volver nadando a la orilla si surgiese algún imprevisto. Y uno de esos imprevistos me sucedió una vez hace pocos años. Estaba nadando en la playa de Muro (Alcudia, Mallorca) cuando algo me picó en una pierna y empecé a sentir un escozor enorme. Tampoco hay que exagerar y decir que no podía moverme, porque sí que podía moverme y nadé rápido hacia la orilla en donde descubrí una zona enrojecida, posiblemente por el roce de una medusa. La sospecha se confirmó horas más tarde cuando vi merodear por la orilla algunas Cnidarias (o sea, medusas). El relato de tal aventura quedó reflejado con estas palabras en un escrito que publiqué poco después en mi blog (nótese el tono épico de aquellos históricos acontecimientos):

“La claridad del amanecer fue atravesando con delicadeza mis párpados y me hizo despertar a un nuevo día. Me levanté, salí a la terraza y contemplé la enorme bahía cuyas aguas parecían inmóviles y en su quietud me llamaban pidiéndome que, como cada día, mis brazos, nadando, las desperezaran.
Atravesé la arena ante la impávida mirada de las tumbonas recostadas junto a sus respectivas sombrillas, mientras los primeros rayos del sol se clavaban de forma horizontal y les hacían proyectar largas sombras.
Me sumergí en las aguas y comencé a nadar, tonificando mis músculos con el esfuerzo, llenando igualmente de energía mi alma. Cada nueva brazada levantaba una pequeña ola que se extendía por la superficie del mar hasta perderse en el horizonte y mi cuerpo era una minúscula mota que avanzaba incansable, durante una hora, por el horizonte.
Pero aquél día, todo fue diferente. En un momento dado algo agarró mi pie y un intenso dolor, cual dentellada, se clavó en mi tobillo. Agité los pies y logré desembarazarme de aquello y nadé con fuerza hasta la orilla... pero estaba lejos. Comprobé que, a pesar del dolor, aún podía mover la pierna, así que continué nadando perpendicular hasta la orilla. Cuando por fin hice pie, miré mi tobillo y no vi nada; me fijé un poco más y aprecié unas marcas blanquecinas y justo ahí un intenso dolor que penetraba hasta el interior de mi tobillo. Me lavé bien aquella zona con el agua del mar y tan pronto llegué a la habitación del hotel me apliqué Synalar Gama. El acetónido de fluocinolona mitigó el dolor aun cuando este persistió durante todo el día al tiempo que unas ronchas rojizas se alzaban alrededor de mi tobillo.
Al amanecer del día siguiente me sumergí de nuevo en el mar, pero esta vez alertado ante cualquier posible ataque. Y de repente, a tan solo un metro de distancia de mí, la vi venir sigilosa hacia mi encuentro: era una Cnidaria o medusa, de cabeza compacta y marrón de unos 30 centímetros de diámetro y gruesos tentáculos transparentes. Al parecer no había tenido suficiente con el mordisco del día anterior y quería completar su almuerzo.
Yo la miré fijamente y detecté sus aviesas intenciones. Bien es sabido que las medusas se alimentan de fito y zooplancton, pero no suelen desdeñar otro tipo de alimentos aunque el ser humano no figure en su menú. Por lo que se veía, yo era de lo más apetitoso. Se avecinaba un combate desigual: ella con sus tentáculos urticantes dispuesta a clavarlos en mí como el día anterior; yo en cambio, sin nada con que defenderme puesto que no podía tocarla. Pero entonces saqué partido de mis sesiones de natación y comencé a mover los brazos en el agua para generar una corriente que la llevase hasta la orilla. Ella se resistió y me miró con sus ocelos, esas células fotosensitivas que hacen la vez de ojos, pero no comprendió nada al carecer de cerebro. Así, poco a poco, la fui empujando hasta la orilla y su cuerpo finalmente agonizó en la arena.
Tomé fotografías de aquél monstruo mientras un grupo de turistas alemanes se acercó con curiosidad y asombro. Unos días después, el ataque de la medusa sólo era un vago recuerdo que tan solo se avivaba cuando miraba mi tobillo aún enrojecido, aunque ya sin dolor, gracias a mi fiel amigo e inseparable compañero de viajes, el Synalar Gama”.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Natación (1)


La Natación se define como el movimiento y desplazamiento del cuerpo a través del agua, mediante la ayuda de las extremidades (brazos y piernas) y, generalmente, sin utilizar ningún instrumento de ayuda para avanzar. Esta actividad es tan antigua como el ser humano, casi diría mejor “como el ser vivo” porque todos los animales tienen la impronta de saber nadar y si se caen al agua son capaces de salir nadando aunque nadie les haya enseñado. Como deporte también tiene muchos años de historia, así como muchas modalidades en cuanto a estilos y longitud de las pruebas. Y bien sea como deporte o diversión, es una de las actividades físicas más practicadas en todo el mundo. Pero hay un problema. Cuando se le pregunta a la gente si practica algún deporte, todos responden siempre: “la Natación”. ¿Y por qué dicen eso? Pues porque al llegar el verano se dan un baño en la piscina. Pero no, darse un baño en la piscina no es Natación aunque se nade; la Natación como deporte exige esfuerzo y duración. Eso de cruzar nadando la piscina de lado a lado una sola vez, no es deporte sino diversión.

Por consiguiente yo siempre he sabido distinguir muy bien qué es eso de darse un baño en la piscina y qué es eso de practicar el deporte de la Natación, y aunque no haya competido contra nadie sino sólo contra mí mismo (tratando de superarme cada vez) este deporte lo he practicado con asiduidad, tanto en verano como en invierno (piscinas cubiertas), tanto en piscinas de todas las formas y tamaños como en el mar.

En esta visión de la Natación como deporte debo decir que mis sesiones de natación pueden durar más de una hora si estoy en el mar, pero sólo 50 o 55 minutos si estoy en una piscina. La razón es muy sencilla: después de tanto tiempo en remojo me entran unas irrefrenables ganas de hacer pis, y no es cuestión de hacerlo en la piscina. Debo aclarar igualmente que cuando nado en una piscina jamás toco el borde (porque eso supondría unas décimas de segundo de descanso y no me gusta hacerme trampas a mi mismo) ni por supuesto el fondo en los casos donde este sea alcanzable. Tanto si voy nadando de lado a lado como si voy bordeando su perímetro interno, me mantengo nadando sin parar todo el tiempo, y ese esfuerzo continuado hace que salga exhausto pero fortalecido.

También en el mar he practicado este deporte, aunque procuro elegir para ello esos días en que el mar está completamente en calma, sin olas. Y es que tengo una manía: no me gusta mojarme la cabeza y me molesta mucho que una ola me salpique o me cubra. Como podéis comprender esto supone un mérito añadido, porque pocas personas hay que sean capaces de estar más de una hora nadando y salgan después del agua con el pelo completamente seco (a excepción, claro, de los “abuelillos” del cogote).

jueves, 13 de diciembre de 2018

Motonieve


Los deportes de invierno son aquellos que se practican sobre la nieve o el hielo y las disciplinas más comunes (cada una de ella con distintas variantes) son el Esquí, el Patinaje, el Descenso en Trineo, los Deportes de Equipo, el Snowboard y las Motos de nieve o Motonieves, que es de lo que hablaremos aquí.

Mi experiencia con este deporte se limita a dos grandes recorridos, pero... ¡qué recorridos! Para empezar, el lugar donde probé lo que es conducir una Motonieve fue Finlandia, concretamente Rovaniemi, un mes de enero del año 2000, con una temperatura media durante el día de –18ºC y de –20ºC por la noche. Yo pensaba que en pleno invierno no se vería la luz del sol, pero sí que se veía, aunque la salida del mismo era a las 10:00 h. y la puesta a las 13:00 h. Lo más llamativo era que entre la salida y la puesta del sol no había ninguna diferencia, porque lo que hacía el sol era salir, quedarse tumbado en el horizonte y, pasadas cuatro horas, volver a ponerse. Gracias a Dios aquellos días el cielo estaba despejado por lo que se aprovecharon al máximo las horas de luz solar y además, el entorno, todo nevado, reflejaba la luz y aumentaba la luminosidad.

El motivo de tal viaje era la Convención de lanzamiento del antihipetensivo Atacand (candesartán) y nos dimos cita allí toda la red de Visitadores Médicos que trabajarían ese producto (unos 100) más unos cuantos de Central (Marketing, Comunicación, etc.). De las dos veces que practiqué el deporte de la Motonieve una fue durante esas cuatro horas de luz diurna y la otra durante la noche (eran las cinco de la tarde pero era noche cerrada).

Provistos de nuestro mono térmico, botas, guantes y casco, nos dimos cita a la puerta del hotel y allí nos fueron adjudicando unas Motonieves al tiempo que nos explicaban su sencillo manejo. Realmente era muy fácil manejarlas; al llevar dos filas de cadenas en vez de ruedas su estabilidad era total y sólo había que tener cuidado para no dar acelerones bruscos cuando estuviésemos girando. Lo que más agradecí fue que el propio manillar (al que te agarrabas con guantes) llevaba incluso calefacción interior, es decir, estaba calentito, y eso a –18ªC venía de maravilla. Aquél recorrido fue por parajes de abetos cubiertos totalmente de nieve en medio de una luz blanca casi cegadora y eso que ya he dicho que el sol no se levantaba del horizonte.

El segundo recorrido fue por la tarde (es decir, en plena noche) y nos dirigimos desde Rovaniemi a la ciudad de Kemi, en donde montamos en el rompehielos “Sampo” para dar un paseo por el Báltico y bañarnos en sus heladas aguas (con traje de neopreno, claro). Si antes había agradecido que el manillar estuviese caliente, no te digo nada en plana oscuridad, con más frío aún y un ligero viento que se había levantado.

No pasó nada especial ni gracioso en estos dos grandes recorridos, pero fue tan bonita la experiencia que no podía dejar de contarla en estas páginas.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Motociclismo (empresario) (y 3)


Finalizada la promoción se organizó un acto en el Parador de El Saler (Valencia) para la entrega de premios y se buscó dotarlo de la mayor notoriedad posible. A través de nuestro Jefe Regional en Valencia, se contactó con el entonces Campeón del Mundo de motociclismo, Ricardo Tormo (1952-1988), y este se prestó de forma gratuita a entregar los premios. Acudí, pues, a Valencia, y dispuse toda la parafernalia para tal acto, con la exhibición de las 100 Mobylettes puestas en línea, habiendo comunicado tal evento a la prensa local. Ricardo Tormo fue entregando los premios y diversos medios de comunicación de Valencia se hicieron eco de la entrega de premios, con titulares tales como “Ricardo Tormo con Zeltia Agraria” que explicaba cómo: “Se ha celebrado en el Parador Luis Vives (Valencia) la entrega de los premios de la gran promoción Gramoxone extra. El campeón mundial Ricardo Tormo hizo entrega de los ciclomotores que han correspondido a los ganadores de estas provincias” y se daba la relación completa de los 56 ganadores de Valencia, Castellón, Murcia, Alicante y Baleares, indicándose que otros 44 afortunados ganadores correspondían a otras provincias, y una foto en la que se me veía con Ricardo Tormo y el Jefe Regional, Christian Cuenca, durante el acto de entrega de premios. Otro periódico daba la noticia con el titular “Premio a los agricultores”, diciendo a continuación: “El motorista valenciano Ricardo Tormo, que tantos triunfos ha cosechado, fue el encargado de entregar ayer los premios que Zeltia Agraria ha concedido a 56 agricultores valencianos que se han destacado por su buena labor. El acto tuvo lugar en el Parador Luis Vives, de El Saler, a las seis de la tarde, con asistencia de directivos de la entidad patrocinadora y numerosos invitados, y constituyó una agradable fiesta que viene a cerrar el certamen destinado a premiar a los agricultores”.

Como se ve, mi relación con el mundo de las motos ha sido insignificante, puramente testimonial; sin embargo, me permitió codearme con todo un Campeón del Mundo, Ricardo Tormo, dos veces Campeón del Mundo (1978 y 1981) en la categoría de 50 cc; así como tres veces Campeón de España en 50 cc y cuatro veces Campeón de España en 125 cc; habiendo participado en 62 grandes premios a lo largo de su corta carrera (una grave accidente durante unos entrenamientos le alejó de las pistas y falleció poco después a causa de una leucemia) con un palmarés de 19 victorias y 36 podios. Al famoso circuito de Cheste se le bautizó más tarde como “Circuito Ricardo Tormo” en su memoria.

martes, 11 de diciembre de 2018

Motociclismo (empresario) (2)


Compré más de 500 candados con su correspondiente trozo de cadena, para que los delegados comerciales los distribuyesen en los puntos de venta de toda la zona del Levante español, aunque la mayoría fue en la Comunidad Valenciana. ¿Cómo hice para que unos candados pudieran abrirse y otros no, ya que sólo había 100 premios y por lo tanto sólo debían existir 100 posibilidades de abrirlos? Lo hable con Ferretería Venecia (mi proveedor para este menester) y llegamos a la conclusión que la mejor manera era que sólo se pudieran abrir con una llave que llevase su ranura a la derecha. Nos interesaba además que en algunos puntos de venta importantes saliese premio y en otros de carácter secundario no. Así que recibimos de Ferretería Venecia 100 candados que podían abrirse con llave de ranura a la derecha y 400 candados que no podían abrirse con esas llaves. Pero ¿y si algo fallaba? ¿Y si alguien llegaba con una llave distinta a la que le hubiésemos enviado y por casualidad abría el candado? El premio era demasiado goloso y demasiado caro como para descartar esa posibilidad, así que nos tocó a mi compañero Javier Cebrían y a mí, como tantas otras veces, resolver el problema. Una vez recibidos los candados que bajo ningún concepto deberían abrirse, nos pusimos –con infinita paciencia- a abrirlos, echarles unas gotas de pegamento especial instantáneo, cerrarlos y dejarlos secar unos minutos. Aunque se metiese la llave adecuada en los mismos, ya nadie sería capaz de abrirlos a partir de ese momento. Por el contrario en los otros 100 esperábamos que esas 100 llaves buenas llegaran a ellos y, si por alguna circunstancia, una llave ajena era capaz de abrirlos, el premio habría que adjudicárselo al inesperado ganador, pero al menos ese candado se retiraría de la circulación y sería sustituido por otro de los manipulados, por lo que el premio no se duplicaría.

De esta forma, enviamos 10.665 llaves con ranura a la izquierda (de ninguna manera podrían abrir el candado) y 100 llaves con ranura a la derecha (que sí podrían abrir cualquiera de esos candados). Poco a poco fueron abriéndose los candados que daban derecho a ese magnífico premio instantáneo y se corrió la voz tan rápido como una moto de competición. Supimos que algún avispado se pasaba por esos puntos de venta con un enorme manojo de llaves para ver si conseguía abrirlos con alguna, pero nadie lo consiguió, sólo los 100 afortunados a quienes (de manera aleatoria) habíamos enviado las llaves maestras. (Continuará…)

lunes, 10 de diciembre de 2018

Motociclismo (empresario) (1)


En mi caso concreto baste decir que nunca tuve ninguna moto, y nunca piloté ninguna moto, aunque alguna vez (muy pocas) fui como copiloto, precisamente en una época donde nadie llevaba casco. Mi relación con las motos nunca fue muy cercana, es más, parecía como si las motos fuesen las que se alejasen de mí. Sirva como ejemplo que una vez vino mi amigo Joaquín Grassi a casa a enseñarme la motocicleta que le acababa de comprar su padre. “Baja a verla”, me dijo todo contento en cuanto le abrí la puerta de casa, y en efecto así hicimos y bajamos rápidamente a verla... pero ya no estaba. Algún caco había sido más rápido aún y se la había llevado. Así que el pobre Joaquín regresó hundido y cabizbajo hasta  su casa sin encontrar la manera de explicarle a su padre lo que había pasado, porque además como era una motocicleta de pequeña cilindrada no tenía matrícula y por consiguiente era absurdo poner una denuncia porque nunca podría encontrarse, ni aunque un día se topase con ella delante de sus narices, porque al no tener matrícula era imposible identificarla. No le duró ni 24 horas la alegría de la moto y, en cambio, sí que le duró muchos años el disgusto de aquél robo.

Sin embargo como empresario sí que tuve una vez la oportunidad de acercarme al mundo del motociclismo y codearme con la élite de este deporte. Sucedió en el año 1983 y acababa de empezar a trabajar como Jefe de Publicidad en la empresa de agroquímicos Zeltia Agraria (hoy se llama Syngenta). Gustaba mucho en esta empresa hacer grandes promociones, aunque con un error conceptual básico: se gastaban mucho dinero en los regalos y muy poco en la comunicación e incentivación de los clientes potenciales. Todo eso fue cambiando a partir de mi incorporación aunque en esta promoción que voy a relatar, que era la primera gran promoción en que participaba, se destinó más dinero a los premios que a la comunicación, y es que el premio consistía en 100 motocicletas de la marca Mobylette.

A grandes rasgos, la promoción consistía en colocar un expositor con un envase del herbicida Gramoxone con un candado en cada punto de venta. En el mismo había unos folletos en los que se invitaba al agricultor a participar en la promoción para lo cual debía rellenar y enviar una tarjeta con su nombre, dirección y cultivos que tenía (gracias a lo cual pudimos construir un gran listado de clientes potenciales). Al recibir las tarjetas (recibimos 10.765) se les enviaba una carta que contenía una llave real, de metal, indicándoles que acudiesen al punto de venta para comprobar si esa llave abría el candado; si lo abría... ¡premio! ¡Habrían ganado una Mobylette! Así de fácil y así de atractivo. Y si no lo abría, recibirían como premio de consolación un llavero. Pero había algunas interioridades que ahora voy a desvelar… (continuará)

domingo, 9 de diciembre de 2018

Marcha nórdica


Ya he comentado en el capítulo relativo al esquí o a los demás deportes de invierno, que estas modalidades deportivas no son aquellas en las que más destaco a pesar de la gran atracción que siento hacia la nieve y hacia todo lo relativo a los países nórdicos. Parecía un contrasentido que un noruego de corazón como yo no practicase, como mínimo de forma correcta, ningún deporte nórdico... hasta que conocí la Marcha nórdica o Nordic walking. Se trata de una especialidad que consiste en caminar por el campo ayudado con unos bastones similares a los del esquí (ojo, pero no iguales). Tiene la ventaja que se puede practicar a cualquier edad y, en mi caso, esa edad ha sido la tercera, es decir, la tercera edad, o sea, ya pasados los 65 años.

Quizás sea por eso, que por los pocos años que llevo practicando Marcha nórdica, aún no tengo ninguna anécdota que contar, sólo reseñar que –según dicen- en este deporte se ejercitan más músculos incluso que en la Natación, lo que le convierte en el deporte más completo. Téngase en cuenta que la Marcha nórdica vuelve al hombre cuadrúpedo ya que el uso que se da a los bastones es el equivalente a ir a cuatro patas y por tanto se ejercitan por igual tanto las piernas como los brazos, además del resto del cuerpo con una ventaja añadida: la espalda permanece recta y erguida, lo cual resulta muy beneficioso para la salud de la espalda.

Para practicarlo sólo se necesita aprender bien la técnica de marcha, unos buenos bastones, un buen calzado deportivo y el horizonte de un amplio parque o del campo para insuflar energía a nuestro cuerpo y a nuestra alma.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Marcha atlética


Una de las disciplinas del Atletismo es la Marcha atlética, a la que también se la conoce simplemente como Marcha, un deporte en el que se intenta caminar lo más rápido posible pero sin llegar a correr, por eso siempre debe estar apoyado en el suelo uno de los dos pies y cuando en algún momento los jueces ven que el marchador no ha tocado el suelo con ninguno de los dos pies le dan una amonestación y a la tercera será expulsado de la prueba. España ha tenido grandes marchadores y uno de ellos he sido yo aunque no haya competido nunca.

Tanto en pistas de Atletismo como en algún parque o zona lisa donde no hubiera demasiada gente mirando (los movimientos que debe hacer el marchador oscilan entre lo ridículo y lo cómico) me dedicaba a este curioso deporte para el que se necesita poco peso corporal y mucho nervio. Para poder impulsar el cuerpo adecuadamente hay que ir moviendo mucho las caderas con cada paso al tiempo que los brazos, doblados por el codo, se mueven con brío conforme se avanza... por eso digo que el aspecto del marchador suele ser cómico o ridículo. Lo que resulta evidente es que con la marcha se pueden alcanzar importantes velocidades; he llegado a alcanzar los 8 kilómetros hora (velocidad a la que muchos suelen correr) en los aparatos de cinta móvil que hay en los gimnasios y que la gente utiliza precisamente para correr, no para hacer Marcha. Sin embargo esas cintas para correr (o eventualmente hacer Marcha como algunas veces he hecho en ellas) no ofrecen ningún aliciente salvo el conocer la velocidad a la que vas y la distancia recorrida. Lo bonito de la Marcha es avanzar por el campo y descubrir nuevos parajes, no estar como un tonto caminando sin moverse del sitio.

Si alguien siente curiosidad por ver cómo es mi estilo de marchador, sólo tiene que irse a Youtube, escribir “Correcaminos hispanicus y Coyote”, y allí aparecerá en primer lugar un vídeo de 9 segundos que publiqué en 2009 en donde se me ve practicar la Marcha en una pista de Atletismo de la Ciudad Universitaria de Madrid. Como lo de la Marcha ya he dicho que resulta cómico, por eso titulé ese video como “Correcaminos hispanicus” ya que así era como me sentía al practicar este deporte. Pero “¿Y lo de Coyote?”, te estarás preguntando. En aquella ocasión en que tomé el vídeo no iba solo sino que me acompañaba mi perro, un pequeño Westin, el cual nada más verme aparecer marchando a toda velocidad como el pájaro Correcaminos, salió corriendo detrás de mi tal como hacía su eterno enemigo el Coyote, por eso bauticé su interpretación en esa película como “Coyote”, el pobre cánido que siempre perseguía infructuosamente al Correcaminos. Este es el enlace para ver ese vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=02CSNh53zsE

Actualmente practico muy poco la Marcha pero cuando voy andando por la calle he conseguido ir casi a la misma velocidad que un marchador aunque sin mover de esa forma tan exagerada la cadera y los brazos. Con esto consigo que mi recorrido por las calles no llame la atención, por más que la velocidad que alcanzo levante una corriente de aire que despeina a todos los que adelanto.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Luge


Quizás muchos de los que estáis leyendo este libro no sabéis lo que es el Luge, así que os lo aclararé. Se trata de un deporte olímpico de invierno que, junto al Bobsleigh y el Skeleton representan distintas modalidades de descenso en trineo (Luge es una palabra francesa que significa trineo ligero). Las características del trineo, según se explica en este deporte, os resultarán familiares: un pequeño armazón en donde el piloto va sentado o tumbado boca arriba y mirando hacia delante, basculando con su cuerpo para dirigirlo.

La realidad es que todo aquel que haya sido niño o tenga niños, habrá disfrutado de este deporte de invierno. Pero para sorprender al lector, como me gusta hacer, contaré una de mis primeras experiencias cuando no tenía trineo y, aunque ya era mayor de edad, tampoco tenía mucho conocimiento dentro de la sesera. Subí a Navacerrada un domingo con buena cantidad de nieve y numerosos esquiadores en las pistas. Como no tenía trineo, no se ocurrió otra cosa que coger una gran bolsa de plástico, de esas que da El Corte Inglés para proteger los trajes (eso demuestra que lo hice con premeditación y alevosía, puesto que la bolsa no estaba en el maletero del coche por casualidad). Y busqué una pendiente por donde pudiera deslizarme con ella a modo de trineo. Por fin encontré una pendiente preciosa y despejada, me senté sobre el plástico y me lancé por ella. Según bajaba a toda velocidad, me sorprendió que me adelantara un esquiador, y un poco más tarde otro, y al cabo de unos segundos un silbato y unos gritos me alertaban para que me apartase de allí. ¡Me había lanzado por una pista de esquí! Cuando me di cuenta, ya no había posibilidad de marcha atrás, así que giré como puede hacia un lado para salir por un costado de la pista, antes de llegar hasta el final. Recogí mi plástico y me alejé tan deprisa como pude, diciendo a lo Bart Simpson: “Yo no he sido, yo no estaba allí”. Seguramente me llamaron de todo, pero el gustazo que me di bajando por aquella inmaculada pendiente no me lo quita nadie.

Ya más en serio, acudí otras muchas veces a la sierra madrileña para practicar Luge, unas veces con trineos alquilados y –cuando tuve niños pequeños- con uno de plástico que les compre (bueno, que compré para todos porque yo lo utilizaba tanto o más que ellos).

Ahora bien, si creéis que con esto he acabado, estáis muy equivocados, porque ya más en serio también lo he practicado, pero para eso tendrás que esperar a que llegue a a la letra “O” de “Olimpiadas de Invierno” (ya que aquí voy recogiendo mis memorias deportivas por orden alfabético de deportes). Así que más adelante llegará mi relato de las Olimpiadas de Invierno, en donde hablaré -entre otras cosas- de mi primera y única carrera seria y competitiva de trineos, o sea, de Luge.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Lanzamientos


Otra de las pruebas típicas del Atletismo es el Lanzamiento, del que existen muchas modalidades según qué objeto sea el que se lance. Los más comunes son el lanzamiento de peso, de disco, de martillo y de jabalina. Por lo que se refiere a mi experiencia en Lanzamientos, la verdad es que he “lanzado” muchas cosas a lo largo de mi vida. De jabalina, nada, si acaso algún palo cuando paso un día de campo. De disco, tampoco, porque siempre he apreciado mucho mis vinilos y si alguno se ha roto, sencillamente lo he depositado con gran dolor de mi corazón en el cubo de basura. De martillo tampoco, porque aunque me guste el bricolaje no se me ocurre lanzarle el martillo a nadie, so riesgo de escalabrarlo. Finalmente queda eso del lanzamiento de peso, y sí que es verdad que he lanzado objetos de las más diversas formas y pesos en todo tipo de circunstancias, tanto recreativas como de pura necesidad.

Si hay que atravesar un río, lanzo primero la mochila al otro lado y luego salto yo. Si hay que hacer caer un balón de la copa de un árbol, le lanzo piedras para recuperarlo. Y si se trata de competir con los amigos o simplemente divertirse, lanzamos piedras a ver quién llega más lejos. Me temo que en esta práctica deportiva he sido muy poco deportivo y ni siquiera he cuidado la técnica (esos movimientos circulares que hay que hacer para tomar impulso a la hora de lanzar) porque siempre he pensado que iba a ser peor el remedio que la enfermedad, es decir, que de tanta vuelta me iba a marear y el objeto acabaría impactando contra la persona que tuviese al lado.

En cambio sí que he hecho muchísimos lanzamientos en mi vida profesional, pero han sido lanzamientos de productos, de diarios digitales, de revistas de información, de campañas de publicidad y promociones, etc., y no sé por qué me parece que esto no cuenta como deporte, aunque casi todos esos lanzamientos hayan sido un éxito.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Karting (y 2)


Poco después viví una nueva experiencia en ese mismo circuito de Karts de Carlos Sainz en Madrid. La Editorial Doyma (hoy Elsevier) me invitó a una mañana de Karting a la que podía  ir con un acompañante, para lo cual elegí a mi hija menor. Hicieron dos equipos, uno con los hijos (porque yo no fui el único padre que acudió acompañado de algún hijo) y otro con los adultos (otros Jefes de Comunicación y responsables de Marketing de distintos laboratorios farmacéuticos). La experiencia fue similar: disfruté conduciendo, supongo que también adelgacé algo a causa de la sesión involuntaria de sauna, me volvieron a adelantar y quedé el último, aunque mejorando carrera tras carrera mis tiempos, lo cual supuso todo un éxito. Pero es que además, para mí, el mayor éxito es que yo demostré ser un excelente piloto porque no me choqué ni una sola vez, e incluso esta vez estuve atento para apartarme cada vez que quería adelantarme otro piloto y así evitar el choque. Mientras los pilotos rivales iban a lo loco, chocando contra todo y contra todos, yo mantuve mi coche impoluto, sin un solo rasguño, demostrando unos reflejos y una habilidad extraordinarios. Estoy seguro que si una compañía de seguros de automóvil me hubiera visto conducir, me hubieran ofrecido una póliza a precio de ganga porque ningún otro piloto les iba a salir tan barato como yo: ni un solo parte de accidente en todas las carreras. Dicen que de tal palo tal astilla, y así debe ser, porque a mi hija le sucedió lo mismo: quedó la última de su grupo... pero tanto ella como su coche salieron ilesos.

Después de aquellas dos experiencias no he vuelto a practicar este deporte, aunque no descarto volver a hacerlo. De lo que estoy seguro es de mantener mi profesionalidad y evitar por todos los medios cualquier tipo de accidente. ¿No dice Jesús en el Evangelio que “los últimos serán los primeros”? Pues yo pienso seguir siendo el último, o sea, el primero.

martes, 4 de diciembre de 2018

Karting (1)


El Karting o Kart es una disciplina perteneciente al deporte del Automovilismo. Se practica con unos vehículos especiales de motor, llamados “karts” en un circuito cerrado. El Karting es la modalidad por excelencia para la formación de los pilotos y el kart suele ser el primer automóvil de competición con el que debutan los aspirantes a piloto profesional, algo que suele suceder en edades tan tempranas como a partir de los ocho años. Pues bien, en mi caso, aunque también he practicado el Karting debo decir que ha sido al revés: ha sido en la edad madura, y no en la infancia o juventud, cuando he pilotado alguna vez estos bólidos (también debería aclarar que cuando yo era niño o cuando yo era joven, esto no existía, y lo más parecido a un kart era una caja de madera a la que se ponían cuatro ruedas y se echaban a rodar cuesta abajo por una calle adoquinada del pueblo).

En realidad, mi experiencia en este deporte ha sido más bien escasa, testimonial, diría, habiendo participado únicamente en dos carreras, ambas en el circuito Carlos Sainz, de Madrid. En la primera ocasión acudí con varios miembros de mi familia y de la familia de mi yerno. Lo primero que se siente al llegar allí es el profesionalismo, con un circuito perfectamente dotado de todos los adelantos. Además, y ya de entrada, cuando te apuntas para correr en una carrera, en la que participarán 10 ó 15 pilotos (evidentemente –en este caso- habría varios miembros de la familia pero también otros muchos pilotos ajenos a la misma), te dan el mono de piloto y el casco. Eso es bueno porque te sientes como un auténtico piloto profesional, pero lo malo es que ese mono y casco dan tanto calor que tan pronto como te los enfundas, aquello parece más una sauna que un circuito automovilístico.

En este debut en el mundo del Karting, donde corrí varias carreras, guardo recuerdos agradables y otros no tantos. En lo positivo, la sensación de velocidad y competitividad que se respira, el placer de conducir esos coches, y la hoja que te entregan al final en donde puedes ver todas las estadísticas: posición ocupada, velocidad media y velocidad máxima, número de vueltas, etc. En lo negativo, aparte del calor insoportable, lo resentida que acaba la espalda al final de las carreras y el tener que competir con otros pilotos que parece que se están jugando la vida, porque una cosa es correr lo más deprisa posible y otra muy distinta ir como un loco. Eso era, en efecto, lo que hicieron muchos de aquellos pilotos ajenos que competían con nosotros; no les bastaba con pisar el acelerador a tope (debían pensar que estaba prohibido pisar el pedal del freno) sino que te adelantaban sin ningún miramiento, te arrinconaban, te empujaban... se creían que estaban en los coches de choques de las Ferias y no paraban de golpearse con las paredes en todas las curvas y con los contrarios cada vez que los adelantaban. Total, que yo me sentí muy orgulloso de comprobar al final cómo había mejorado mis tiempos de una carrera a otra, aunque por detrás de mi sólo quedaron... las mujeres.

lunes, 3 de diciembre de 2018

No puse nombre a mi primer amor


Hoy vamos a hablar de un retrato sociológico y humano de las generaciones que vivieron los duros años de la postguerra española. El libro “No puse nombre a mi primer amor” está lleno de personajes, situaciones y anécdotas propuestas como excusa para hacernos recalar en un mismo puerto: el de las emociones y sentimientos que, en la infancia y adolescencia, son tan comunes a cualquier generación de cualquier país. El lector se verá implicado en un mundo que forma parte de la historia menuda: la de los ciudadanos-transeúntes-que nunca aparece en los libros de cantos dorados de la Historia, pero son siempre los primeros llamados a filas.

Con una considerable carga poética y sensibilidad, apunta reflexiones a modo de ensayo, plantea preguntas, se identifica reivindicando una narrativa más comprometida socialmente; es de esos libros que te absorben desde la primera página y no quieres que se acaben, aunque puedan dejar una herida abierta en tu propia visión de la realidad.

Su autor, Pedro Díaz Cepero, ha desarrollado su trayectoria profesional en el mundo de la Publicidad, tras haber pasado por la Escuela Oficial de Publicidad y además, el hecho de haber estudiado Sociología, le ha dejado una impronta permanente en el análisis de la realidad social.

Más información sobre este libro, en el siguiente enlace: