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viernes, 17 de octubre de 2025

A Rafael Fisac

De Rafael Fisac poco se sabe, salvo lo que conservan con agrado en la memoria todos aquellos que lo conocieron. Hijo del médico, periodista y poeta Gaspar Fisac Orovio, se dedicó a la enseñanza en el Instituto Cervantes de Madrid. Amante del teatro y la cultura, se carteaba con grandes literatos y artistas, algunos de los cuales pasaron a visitarlo en su casa.
 
El gran autor teatral Antonio Buero Vallejo, le dedicaba palabras como estas: “Con pluma de oro y gota de zafiro, al tío Rafael –casi un padre”.
 
La gran actriz de teatro María Jesús Valdés también le tenía en gran estima: “A mi querido tío Rafael en una de mis ‘cortísimas’ visitas a esta casa tan cielo, donde se respira bondad, paz y arte! Ya lo creo! Con todo mi cariño”.
 
Otros, como un tal J.P. le decía: “Con la emoción de mis primeras confidencias, que hubiera querido le revelase mi interior con la transparencia del agua clara”.
 
Un tal P.G.S. le decía: “Con el mayor afecto, después de ‘des-cansar’ en su apacible morada, donde he encontrado la amistad más sincera de toda mi vida”.
 
Y otro, con iniciales H.F. le dedicaba este poemilla:
Este recuerdo de mi amigo trazo,
con tu pluma de oro,
mas tu amistad yo la aprecio
como el más alto tesoro”.
 
Claro que si hay un poema que puede escenificar mejor que cualquier otra cosa cómo era Rafael Fisac, es este que le dedicó Amador Ponce:
 
“Qué propicia es esta casa
para el éxtasis fecundo
donde la mente se abraza,
olvidándose del mundo
y lo que en el mundo pasa.
 
Un octavo piso; el suelo
allá abajo; allá enfrente
el rojo ardor del poniente,
y arriba, muy cerca, el cielo
madrileño y transparente.
 
No he visto mejor lugar
para vivir y soñar
en una urbana Babel.
Por algo vino a habitar
a esta casa Rafael”.
 
Una buena forma de conocer cómo son las personas es ver qué dicen de ella quienes convivieron más de cerca con esa persona… y esto también lo puedes aplicar a ti mismo.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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“Médico, periodista y poeta”: https://www.amazon.es/dp/1706950551

jueves, 21 de agosto de 2025

Desde aquél día. Epílogo

EPÍLOGO
 
Escenario: El escenario está vacío, con un solo foco sobre el Narrador, que avanza mientras el telón permanece bajado. La música se desvanece, dejando silencio.
 
NARRADOR: Señoras y señores, quizás esperaban un final distinto: feliz o trágico, pero un final. Esta historia, sin embargo, no lo tiene. O tal vez este sea su final. Juan sigue frente a esa puerta, esperando a una chica de la que solo sabe que leía “Noches de Sing-Sing” en una discoteca abarrotada. Una pista frágil, lo sé. Pero él espera, aferrado a la esperanza de un amor que trascienda lo superficial. ¿Es un loco? ¿Un poeta? ¿Un hombre atrapado por su propio idealismo?  (El telón se alza lentamente, mostrando a Juan aún de pie frente a la discoteca, ahora bañado por la luz de la luna. Una joven, posiblemente Clara, aparece a lo lejos, dudando, sosteniendo un libro. Lo ve, pero no se acerca. El Narrador continúa.)
 
NARRADOR: Quizás ella esté ahí, en alguna esquina del mundo, buscando también. O quizás no. La vida no siempre da respuestas, pero Juan elige esperar. Si alguno de ustedes sabe de una chica que lee en discotecas, díganle que alguien la espera... desde aquel día. 
 
(La joven se da la vuelta y se aleja. Juan no la ve. El foco se desvanece sobre él mientras comienza a sonar “Desde Aquel Día” de Raphael, con su letra evocando la añoranza y la esperanza no resuelta)
 
Cae el telón
 

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miércoles, 20 de agosto de 2025

Desde aquél día. Acto III

ACTO III
 
Escenario: Una calle estrecha y poco iluminada de Madrid, 1975. Los letreros de neón parpadean, y las parejas pasan riendo. Juan está solo, apoyado contra una pared, con el rostro cansado pero decidido. El sonido de la música disco se filtra desde la discoteca. Rafael se acerca, acompañado de una mujer, a quien deja con amigos para unirse a Juan.

RAFAEL: ¡Hola, escritor! ¿Qué haces aquí solo?
JUAN: (Silencioso) Nada.
RAFAEL: (Preocupado) Venga, hombre, ¿qué te pasa?
JUAN: (Con voz apagada) Nada.
RAFAEL: (Amablemente) No me vengas con esas. ¿Es por la chica de aquel día?
JUAN: (Asiente) Sí.
RAFAEL: (Suspirando) Hay muchas mujeres en el mundo, Juan.
JUAN: (Apasionado) No busco “mujeres”, Rafael. Busco un alma. La suya.
RAFAEL: (Suavemente) Lo siento. Quizás este ambiente no era para ti.
JUAN: Pero ya estoy dentro.
RAFAEL: (Optimista) ¡Y puedes salir! Hay más almas como la tuya, en tu mundo, el de la vida real.
JUAN: (Amargamente) ¿Mi mundo? ¿Cuál es mi mundo?
RAFAEL: El normal, el de la mayoría. Te envidio, ¿sabes? Tú puedes ser quien quieras. Yo solo tengo esto: la noche, las máscaras. Fuera de aquí, no soy nadie.
JUAN: (Curioso) ¿Y por qué no lo dejas?
RAFAEL: (Pausa) Lo intenté, pero no supe encontrarme. Aquí, con la careta puesta, me olvido de quién soy. Solo contigo hablo como si fuera yo mismo. (Sacude la cabeza) Pero dime, ¿qué haces aquí?
JUAN: Espero.
RAFAEL: ¿A ella?
JUAN: Sí.
RAFAEL: ¿A qué hora quedaste?
JUAN: A esta hora... hace un mes.
RAFAEL: (Atónito) ¿Un mes? ¿Llevas un mes esperando?
JUAN: (Asiente) Quedamos el viernes siguiente. Vino, le di un libro mío, hablamos... Sentí algo real. Pero al día siguiente, no la dejaron entrar por ser menor. Se enfadó, no quiso ir a otro sitio. La acompañé a un autobús, y desde entonces, nada.
RAFAEL: ¿Ni su nombre?
JUAN: No lo necesitaba. Su alma me bastaba.
RAFAEL: (Amablemente) Juan, esto no tiene sentido. No va a volver.
JUAN: (Desafiante) No lo sé. Pero dijo que su amiga venía mucho aquí. Quizás ella me vea y me diga algo. Le prometí que la esperaría, aunque fueran veinte años.
RAFAEL: (Suspirando) Eres un romántico empedernido. Ojalá la encuentres. (Le da una palmada en el hombro) Ánimo.  (Néstor aparece en la puerta de la discoteca.)
NÉSTOR: ¡Rafael, vamos! ¡Hola, escritor!
JUAN: (Saluda débilmente con la mano)
RAFAEL: (A Néstor) Ya voy. (A Juan) Cuídate.  (Rafael se une a Néstor, y entran en la discoteca. Juan se queda solo, mirando a lo lejos. La calle se silencia, y comienza a sonar una suave la canción “Desde aquél día” de Raphael)
Yo no he vuelto a encontrarla jamás
Desde aquel día
De su vida no sé qué será
Desde aquel día
Es posible que tenga otro amor
Una nueva ilusión
O quizás llorará
O quizás llorará
O quizás llorará
Desde aquel día
Sus palabras de amor, ¿dónde irán?
Desde aquel día
Y de noche, ¿con quién soñará?
Desde aquel día
Es posible que esté como yo
Recordando mi amor
Sin poderme olvidar
Sin poderme olvidar
Sin poderme olvidar
Desde aquel día
Ninguno de los dos hacemos nada
Por volver
Y no nos vemos
Y no nos vemos
Desde aquel día
Ninguno de los dos recordaremos
El ayer
Y nos queremos
Y nos queremos
Desde aquel día
Desde aquel día
Ninguno de los dos perdonaremos
El ayer
Y nos queremos
Y nos queremos
Desde aquel día
Desde aquel día
Desde aquel día
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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martes, 19 de agosto de 2025

Desde aquél día. Acto II

ACTO II
 
Escenario: Una discoteca animada en Madrid, 1975. Luces estroboscópicas parpadean, y las parejas bailan al ritmo de una canción pegajosa (por ejemplo, “Y Viva España” o un éxito disco). El aire está cargado de humo de cigarrillo y olor a colonia barata. Juan, Néstor y Rafael están sentados en una mesa llena de vasos. La multitud luce la moda de los 70: pantalones de campana, zapatos de plataforma y camisas coloridas.
 
NÉSTOR: (Fanfarroneando) Este verano conocí a una alemana en Torremolinos. ¡Estaba forrada! Alquiló un yate para fiestas todas las noches. ¡Menudo verano!
RAFAEL: (Sonriendo) No está mal, Néstor. Pero yo no me quejo. Estoy con una actriz que empieza en el teatro. ¡Y qué mujer!
NÉSTOR: (Riendo) ¡Eso es un buen plan! Ya sabes cómo son las del teatro...
RAFAEL: (Viendo a un grupo de mujeres entrar) ¡Guau! ¡Mira qué bellezas acaban de llegar! ¿Vamos?
NÉSTOR: (Guiñando un ojo) ¡Eres un lince, Rafael! (A Juan) ¿Vienes?
JUAN: (Distante) No, gracias.
NÉSTOR: (Encogiéndose de hombros) Tú te lo pierdes. ¡Al ataque!  (Néstor y Rafael se van, mezclándose con la multitud. Las luces se atenúan, dejando un foco en Juan. La música se reduce a un murmullo mientras se escuchan sus pensamientos.)
JUAN: (Para sí mismo) ¿Esto es todo? Ríen, hablan, coquetean. Si no oyera sus palabras, creería que son felices. Pero su felicidad es efímera, un flirteo superficial. Quizás tengan razón. El mundo agota, y ellos lo combaten con sus propias armas: superficialidad contra superficialidad. Viven el instante, sin pasado ni futuro. ¿De qué sirve ser profundo en un mundo que premia lo banal? Podría escribir novelas vacías, como las que compran por esnobismo, y tendría éxito. Pero ¿y después? Un cuerpo puede darme una noche de placer, pero mi alma... mi alma necesita más. Busco el amor, no una conquista.  (Néstor y Rafael regresan, riendo, con bebidas en la mano.)
NÉSTOR: ¡Eh, escritor, despierta!
JUAN: (Sobresaltado) ¿Qué pasa?
RAFAEL: (Entusiasmado) ¡No veas cómo están esas chicas!
NÉSTOR: (Guiñando) Suave, suave...
JUAN: (Secamente) Ya me lo imagino.
RAFAEL: Venga, únete al safari. Hay una tigresa que...
JUAN: (Con firmeza) Hoy no. Prefiero quedarme aquí.
NÉSTOR: (Encogiéndose de hombros) Allá tú.
RAFAEL: (A Néstor) ¿Vamos?
NÉSTOR: ¡Adelante!  (Se alejan riendo. El foco vuelve a Juan.)
JUAN: (Para sí mismo) Míralos, tan contentos. Pero cuando están solos, con su vaso en la mano, parecen tristes, como si pensaran. (Su mirada se fija en una joven, Clara, sentada sola en una mesa, leyendo un libro bajo una luz suave. Destaca en la escena caótica.) ¿Ella? ¿Leyendo en un lugar como este? (Ve a Néstor acercarse a ella, luego retroceder, encogiéndose de hombros. Rafael intenta después y también falla.) ¡Increíble! Los dos grandes seductores, rechazados. Esa chica no es como las demás. Es mi turno.  (Juan se acerca a la mesa de Clara, vacilante pero decidido.)
JUAN: (Nervioso) ¿Qué lees?
CLARA: (Levantando la vista, sorprendida) “Noches de Sing-Sing”, de Harry Stephen Skiller.
JUAN: No lo conozco, y eso que leo mucho. ¿Me dejas anotar el autor? (Saca una pequeña libreta y un bolígrafo. Clara sostiene el libro abierto para él.)
CLARA: (Sonriendo) Claro.
JUAN: (Escribiendo) Harry... Stephen... Skiller. Listo. Yo también soy escritor, aunque no de bestsellers. ¿Tanto te gusta leer que vienes a un sitio como este?
CLARA: (Riendo suavemente) Cualquier lugar es bueno para un libro. Prefiero leer a estar aquí, la verdad.
JUAN: ¿Qué lees normalmente?
CLARA: De todo, pero me pierden los franceses: Camus, Sartre, Colette. ¿Y tú?
JUAN: Poesía, sobre todo. Tagore, Casona... Estoy escribiendo unas novelas para una editorial, pero no las típicas que todos compran y nadie lee. En las mías, el argumento es secundario; lo importante es el alma de los personajes, sus reflexiones.
CLARA: (Intrigada) Eso es lo que realmente importa. ¿Has leído “La dueña de las nubes”?
JUAN: No. ¿Y tú “Amanecer de otro día”?
CLARA: (Sonriendo) No. ¿Y “El príncipe de Hamburgo”?
JUAN: Tampoco. (Ríen juntos.)
CLARA: También me gusta la música clásica. Menos mal, porque mis padres siempre me llevan a conciertos. ¡Imagínate si no me gustara!
JUAN: Pero si estás tan “atada” a ellos, ¿qué haces aquí?
CLARA: Vine con una amiga que insistió. ¿Y tú?
JUAN: Lo mismo, amigos que me arrastraron. Pero este lugar... mucho ruido, poca luz, y demasiada superficialidad.
CLARA: (Mirando a la multitud) Cuerpos vacíos, ¿verdad?
JUAN: (Sonriendo) Exacto. Ojalá nunca seamos así.
CLARA: ¿Te gusta bailar?
JUAN: No, lo encuentro absurdo. Pero a veces hay que hacer cosas absurdas, ¿no?
CLARA: (Juguetona) Cuéntame algo de lo que escribes. ¿Poesía, quizás?
JUAN: (Titubeando) Déjame pensar... (Toma su libreta y escribe.) Aquí va:  (Escribe un poema y lo lee en voz alta mientras la música se suaviza a una pieza clásica, tal vez “Clair de Lune” de Debussy)
“Mi sueño es un alma de mujer que no encuentra cuerpo.
Sé que existe, y mi destino balbucea hacia ella.
La busco en los trigales que ondula la esperanza,
en las calles muertas de cielo,
en el mar salpicado de estrellas.
Ella está en la noche plana,
en el reír alegre, sin saber, del día.
Sabe que la busco y se esconde.
¿Por qué?
Se camufla en cuerpos vacíos,
muertos ya a la esperanza.
Yo, voraz golondrina,
engullo esos cuerpos minúsculos,
pero mi estómago se revuelve.
¿Dónde estará esa fruta ignorada que da la alegría?
Mi cuerpo se cansa.
Perdona que descanse un poco;
lloro las estrellas de tu noche,
de esta noche de mi alma.
Estoy cansado de palabras,
de perderme siempre en el mismo camino.
Perdona que muera esta noche,
una vez más.”  (Mientras lee, sus manos se tocan. El momento es íntimo, interrumpido por la ruidosa entrada de Néstor.)
NÉSTOR: (Ebrio) ¡Eh, intelectuales! ¿No venís a la pista? ¡Está que arde!
JUAN y CLARA: (Al unísono) No, estamos bien aquí.
NÉSTOR: (Encogiéndose de hombros) Vosotros sabréis. (Se va.)
CLARA: (Suavemente) Tu poema es precioso.
JUAN: Gracias. Aunque este lugar no es el mejor para la poesía.
CLARA: (Bromeando) ¿Cuántos años tienes?
JUAN: Veinticinco. ¿Y tú?
CLARA: Adivina.
JUAN: ¿Veintiuno?
CLARA: Menos.
JUAN: ¿Diecinueve?
CLARA: Menos.
JUAN: (Sorprendido) ¿Diecisiete?
CLARA: (Asintiendo) Por eso estoy tan atada a mis padres.
JUAN: No lo pareces. Pero no importa el DNI, sino lo que llevas dentro. ¿Podemos quedar otro día?
CLARA: Si no te importa mi edad...
JUAN: (Sonriendo) Lo que importa es el alma. ¿El viernes que viene, aquí?
CLARA: Seguro que mi amiga me arrastra otra vez.
JUAN: Entonces, brindemos por nuestro encuentro. (Levanta un vaso imaginario) ¡Camarero!  (La música crece, una balada romántica de los 70. Las luces se atenúan mientras brindan.)
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“Sigue esperando”: https://www.amazon.es/dp/1705805434

lunes, 18 de agosto de 2025

Desde aquél día. Acto I

ACTO I
 
Escenario: Un apartamento acogedor pero desordenado en Madrid, 1975. Hay libros esparcidos por estanterías y un escritorio donde Juan escribe en una vieja máquina de escribir. Se escucha de fondo la canción “Algo de mí” de Camilo Sesto:
 
Un adiós sin razones
Unos años sin valor
Me acostumbré
A tus besos y a tu piel color de miel
A la espiga de tu cuerpo
A tu risa y a tu ser
Mi voz se quiebra
Cuando te llamo
Y tu nombre
Se vuelve hiedra
Que me abraza
Y entre sus ramas
Ella esconde mí tristeza
Algo de mí, algo de mí, algo de mí
Se va muriendo
Quiero vivir, quiero vivir
Saber por qué
Te vas, amor
Te vas, amor
Pero te quedas
Porque formas parte de mí
Y en mi casa
Y en mi alma
Hay un sitio para ti
Se que mañana
Al despertarme
No hallare
A quien hallaba
Y en su sitio
Habrá un vacío
Grande y muro como el alma
Algo de mí, algo de mí, algo de mí
Se va muriendo
Quiero vivir, quiero vivir
Saber por qué
Te vas, amor
Te vas, amor
Pero te quedas
Porque formas parte de mí
Y en mi casa
Y en mi alma
Hay un sitio para ti
Algo de mí, algo de mí, algo de mí
Se va muriendo
Quiero vivir, quiero vivir
Saber por qué
Te vas, amor
Algo de mí, algo de mí, algo de mí
Se va muriendo, quiero vivir, quiero vivir
 
La habitación está iluminada por una lámpara cálida, contrastando con la fría y bulliciosa ciudad exterior. Un golpe en la puerta interrumpe a Juan.
 
JUAN: (Sobresaltado, levantando la vista) ¿Quién es?
CARLOS: (Desde fuera) ¡Soy yo, Carlos! ¿Vas a abrir o sigo tocando la serenata?  (Juan abre la puerta y Carlos entra, llevando una botella de vino. Viste un traje elegante, típico de un oficinista de clase media en los años 70.)
JUAN: ¡Hombre, qué sorpresa! No esperaba verte hoy.
CARLOS: (Sonriendo) ¿Qué tal, soñador? Siempre encerrado con tus palabras. (Mira alrededor) Este lugar parece una biblioteca en ruinas. ¿No te cansas de vivir entre papeles?
JUAN: (Con una sonrisa débil) Es mi refugio. Siéntate, hombre. (Señala dos sillones gastados. Se sientan.)
CARLOS: (Sirviendo vino) ¿Y qué hay de ese libro que ibas a publicar? Me dijiste que era tu gran momento.
JUAN: (Suspira) Cosas de la vida. La editorial dice que es bueno, que tiene potencial... pero quieren más. Tres o cuatro novelas de la misma calidad para “respaldar” la inversión. ¡Dinero, siempre dinero!
CARLOS: ¡Qué descaro! ¿Y tú qué les dijiste?
JUAN: Accedí.
CARLOS: (Sorprendido) ¿Qué? ¿Te has vendido? ¿Dejas que te expriman así? Si no confían en tu talento, que busquen a otro.
JUAN: (A la defensiva) ¿Y qué quieres que haga, Carlos? Necesito comer, pagar el alquiler. Ya he pasado demasiados apuros para seguir jugando al idealista puro.
CARLOS: (Suavizando el tono) Bueno, quizás tengas razón. La vida... la existencia, como tú dices, no es fácil. Pero confío en que ese idealista que conozco sigue ahí dentro, aunque lo disfraces.
JUAN: (Melancólico) Eso espero. Pero a veces temo enterrarlo tanto que no lo encuentre nunca más.
CARLOS: (Sacando un paquete de cigarrillos Ducados) ¿Un pitillo?
JUAN: (Sonriendo) No, gracias. Lo he dejado.
CARLOS: (Arqueando una ceja) ¿Tú? ¿Sin tus cigarrillos? No me lo creo.
JUAN: (Con seriedad) Me he identificado demasiado con el protagonista de mi nueva novela. (Señala unos papeles en el escritorio) Ahí tienes a mi pobre Juan.
CARLOS: (Tomando el manuscrito) ¿Este? ¿Qué le pasa a este Juan?
JUAN: (Con una sonrisa irónica) Te vas a reír. Decidió dejar de fumar porque le dolían los pulmones, pero sus amigos lo convencieron de probar una nueva marca. Dijo: “mi último cigarrillo”. Pero cada día tenía un “último cigarrillo”. Ahora, en la segunda parte, está enfermo de cáncer de pulmón, arrepintiéndose de no haber tenido fuerza de voluntad. Si acepto tu cigarrillo, me sentiré como él.
CARLOS: (Riendo) Eres imposible. Siempre viviendo en tus historias. (Pausa, serio) Oye, ¿cuántos años tienes?
JUAN: Veinticinco. ¿A qué viene eso?
CARLOS: (Inclinándose hacia adelante) ¿Cuándo fue la última vez que saliste? Y no me digas que al bar de la esquina a por un bocadillo.
JUAN: (Evasivo) Hace unas horas...
CARLOS: (Exasperado) ¡No te vayas por las ramas! Mira, Juan, te lo digo porque te aprecio. Mi vida es normal: me levanto a las ocho, desayuno con mi mujer y los niños, voy a la oficina hasta las dos, como en casa, vuelvo al trabajo hasta las cinco y media. Luego, cine, paseos, o lo que surja. Los fines de semana nos escapamos de Madrid, a Segovia o Toledo, para cambiar de aires. ¿Y tú?
JUAN: (Encogiéndose de hombros) ¿Qué quieres que haga?
CARLOS: (Apasionado) ¡Por Dios, Juan! ¡Estoy harto de verte encerrado entre estas cuatro paredes! Estás pudriendo los mejores años de tu vida. ¡Sal, diviértete, conoce gente!
JUAN: (Silencioso) No lo sabes, ¿verdad?
CARLOS: ¿El qué?
JUAN: Hace tres meses que no nos vemos. Han pasado cosas.
CARLOS: (Curioso) ¿Qué cosas? En tus cartas todo parecía igual de... aburrido.
JUAN: (Titubeando) He descubierto “la noche”.
CARLOS: (Sorprendido) ¿La noche? ¿Tú, de juerga? ¿Bailando en discotecas con luces de neón y música de Los Brincos?
JUAN: (Asiente) Un mes entero saliendo todas las noches. Gasté mis ahorros, mis energías... casi pierdo mis sentimientos. Pero un día...  (Las luces se atenúan. Un foco ilumina a Juan mientras suena una música nostálgica de los años 70, como “Libre” de Nino Bravo. El escenario se oscurece.)
 

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domingo, 17 de agosto de 2025

Desde aquél día. Introducción

Comencé a escribir relatos a los ocho años y desde entonces toda mi vida estuvo ligada a la escritura y, como supe desde el principio que la literatura sólo da de comer a unos pocos privilegiados, tomé la misma como una distracción, algo que hacía sólo y simplemente para sentirme bien conmigo mismo, sin más ambiciones que disfrutar escribiendo aunque nadie fuese a leerme ni fuese a ganar una sola peseta por ello. Pero también supe desde el primer instante que si dedicaba mi vocación de escritor al ámbito profesional de la redacción publicitaria, sí que ganaría dinero (lo cual es necesario para vivir de forma autónoma). Y así lo hice.
 
Comencé como redactor publicitario, después como Product Manager (responsabilizándome directamente de todo lo que supusiese “escribir” aunque fuesen informes comerciales, manuales de formación, etc.), más adelante, como Jefe de Publicidad, escribía no sólo los textos de los folletos sino también textos para audiovisuales, manuales de comunicación y formación de vendedores, etc. En un paso más, dentro de mi progresión profesional, ya como Jefe de Prensa, me responsabilicé de escribir notas de prensa, artículos para revistas y di el salto creando y dirigiendo revistas de empresa y diarios digitales. El ejercicio del Periodismo me llenó de satisfacción personal al permitirme pasarme todo el día escribiendo noticias, artículos, discursos, etc. ¡Y me pagaban, y muy bien, por ello!
 
“Pero ¿y la literatura?”, te preguntarás. Pues esa la dejé para mis ratos de ocio y así, a lo largo de más de seis décadas, fui escribiendo en mis ratos de ocio libros de todos los géneros: novelas de ficción, novelas históricas, biografías, ensayos, poesía, humor, periodismo, comunicación, medicina, ciencia… e incluso teatro.
 
Y de esto último es de lo que vamos a hablar en estos próximos días. Lo que tienes entre tus manos (quiero decir: lo que tienes en la pantalla de tu móvil o tu ordenador) es una obra corta de teatro que escribí en mi juventud y que ahora he rescatado del olvido.
 
Escrita en tres actos y un epílogo, la acción se desarrolla en Madrid (España), en la década de los años 70.
 
Tienes ante ti, pues, una pequeña pieza teatral que jamás ha visto la luz, que nunca se ha estrenado porque sólo sirvió para el disfrute personal de su autor, y que ahora, al final de mi carrera, he decidido compartirla con todo aquél a quien la diosa fortuna haya guiado sus pasos hasta aquí.
 
-oOo-
 
Estos son los personajes:
 
JUAN: Un novelista de 25 años, introspectivo, idealista, y fuera de lugar en el ambiente social superficial. Anhela una conexión profunda, pero se siente atrapado por las expectativas sociales.
CARLOS: Amigo pragmático de Juan, casado, que equilibra una vida convencional con una genuina preocupación por el bienestar de Juan.
NÉSTOR: Un mujeriego carismático pero superficial, símbolo de la vida nocturna hedonista.
RAFAEL: Amigo de Néstor, algo más reflexivo, pero aún atrapado en el mundo superficial de las discotecas.
CLARA: Una joven de 17 años, intelectual y madura para su edad, que comparte el desprecio de Juan por la superficialidad y su amor por la literatura.
NARRADOR: Una figura misteriosa que conecta la historia con el público, posiblemente una proyección de los pensamientos internos de Juan.
PAREJAS Y ASISTENTES A LA FIESTA: Representan la vibrante y despreocupada vida nocturna de los años 70, sirviendo de fondo para el aislamiento de Juan.

Y ahora... ¡que comience la función!


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jueves, 29 de mayo de 2025

Mi último libro: Tu último viaje

Pues aquí tienes la Sinopsis de mi último libro: “Tu último viaje”…
 
Cuando vamos a emprender nuestro soñado viaje de vacaciones procuramos buscar información sobre nuestro destino, porque deseamos conocer cuantos más detalles mejor para disfrutarlo a tope. Esas semanas previas son de gran ilusión y nos invade la impaciencia por comenzar el viaje y llegar hasta allí.
 
Pero resulta que aún nos queda por hacer un viaje más y sin embargo nos tapamos los ojos y tratamos de ignorarlo porque nos asusta el letrero de “muerte” que aparece en la puerta de embarque y no queremos mirar lo que está escrito al dorso de ese mismo letrero: “VIDA”.
 
Este libro es como una “Guía de viajes” para ese último y maravilloso destino que a todos nos aguarda. Y vas a ser tú mismo quien, con la ayuda de esta “guía”, vayas descubriendo cómo es y te invada la alegría de partir. Cuando llegamos a un lugar que nos resulta familiar por lo que hemos visto y leído de  él, se cambia el desconcierto por sentimientos de paz, alegría y tranquilidad.
 
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“Tu último viaje”: https://amzn.eu/d/1zzOpM6

miércoles, 21 de mayo de 2025

¿Qué sabe de mí la Inteligencia Artificial?

Ayer le pregunté a la Inteligencia Artificial (IA) de Google, ChatGPT quién era yo. Su respuesta llena de halagos y demasiado general no me dejó satisfecho, así que he acudido a otra IA, la de Elon Musk, llamada Grok, y le he preguntado lo mismo. 

Como podréis ver a continuación, su respuesta ha sido mucho más extensa, más precisa, con muchos más detalles y, también, con demasiados halagos. Pero, en fin, aquí lo comparto por si también vosotros queréis hacer la prueba para saber qué datos os ofrece de vosotros mismos o de cualquier otra persona –no necesariamente famosos- por la que sintáis curiosidad…
 
Vicente Fisac: Una vida dedicada a la comunicación y la literatura
 
Vicente Fisac (Madrid, 1949) es un nombre que resuena con fuerza en los ámbitos del periodismo, la comunicación sanitaria y la literatura. Su trayectoria profesional, marcada por una sólida carrera en la industria farmacéutica y en la Organización Médica Colegial (OMC), se entrelaza con una pasión innata por la escritura que lo ha llevado a publicar diversas obras literarias. A continuación, exploramos la vida y los logros de este comunicador y escritor que ha dejado una huella imborrable en ambos mundos.
 
Inicios y formación
 
Nacido en Madrid, pero criado en Daimiel (Ciudad Real), Fisac mostró desde muy joven un talento para la escritura. A los ocho años ya componía relatos, y a los trece comenzó a explorar la poesía, guiado por profesores como Eloy Rada García y Manuel Prieto Peromingo, quienes desempeñaron un papel crucial en su desarrollo creativo. Tras estudiar Publicidad, Fisac decidió dedicar su carrera al mundo de la comunicación, un campo en el que destacaría por su visión innovadora y su compromiso con la transparencia y la ética.
 
Una carrera destacada en la industria farmacéutica
 
La trayectoria profesional de Vicente Fisac en el sector farmacéutico abarca más de tres décadas, con un impacto significativo en la comunicación sanitaria. Su carrera comenzó en los laboratorios farmacéuticos Latino-Syntex, donde trabajó durante seis años, seguido de una breve etapa en Bristol Myers Squibb y cinco años en la Sociedad Ibérica de Estudios Terapéuticos Aplicados. Sin embargo, fue en AstraZeneca donde Fisac consolidó su reputación como un comunicador excepcional.
 
Durante 24 años (1983-2007), Fisac lideró el Departamento de Comunicación de AstraZeneca en España, un periodo que incluyó la fusión de Astra y Zeneca en 1998. Bajo su dirección, el Gabinete de Prensa de la compañía se fortaleció, aumentando su personal y presupuesto, y Fisac fue incorporado al Comité de Dirección por el presidente en España, Carlos Trias. Su enfoque en la apertura informativa resultó en más de 2.000 noticias publicadas anualmente sobre la compañía y sus productos en medios españoles, un logro que reflejó su habilidad para gestionar notas de prensa, entrevistas, ruedas de prensa y viajes de prensa.
 
Uno de los hitos más destacados de su etapa en AstraZeneca fue la creación y dirección del diario digital AZprensa, que se convirtió en el segundo medio digital sanitario más leído de España, con más de 360.000 visitas mensuales. Lo que hizo único a AZprensa fue su credibilidad: fue el primer diario informativo de un laboratorio farmacéutico que incluía noticias de otras compañías del sector, un gesto de transparencia que marcó un precedente en la industria. Este proyecto le valió a Fisac reconocimientos como el segundo puesto como mejor director de comunicación por la revista PR Noticias, la nominación de AZprensa como finalista a la “Mejor iniciativa sanitaria” en los premios Fundamed 2005 y el título de “Personaje del año” en comunicación sanitaria por PR Noticias en 2005. Además, Fisac fue fundador y tesorero de la Asociación de Profesionales de la Comunicación de la Industria Farmacéutica (ACOIF), consolidando su liderazgo en el sector.
 
Su paso por la Organización Médica Colegial (OMC)
 
En 2007, Fisac se incorporó a la Organización Médica Colegial (OMC) como Director de Comunicación, un cargo que ocupó hasta su jubilación en 2011, un año antes de lo previsto. Durante su etapa en la OMC, Fisac lanzó y dirigió el diario digital Médicos y Pacientes, un medio que se convirtió en una referencia para informar sobre la actividad de la institución y la actualidad sanitaria con rigor y ética periodística. También celebró con entusiasmo el número 1.000 de la revista homónima, un hito que reflejó su orgullo por el proyecto.
 
Fisac demostró su compromiso con las nuevas tendencias de comunicación al promover el uso de redes sociales, como la creación de la página de Facebook de Médicos y Pacientes, y participó activamente en eventos como el VI Congreso de Responsables de Comunicación de Colegios de Médicos. Su labor en la OMC fue reconocida en mayo de 2012, ya jubilado, cuando los Responsables de Comunicación de Colegios de Médicos le rindieron homenaje en el VII Congreso Nacional por su contribución al fortalecimiento de la comunicación en el ámbito médico.
 
Una pasión por la escritura
 
Paralelamente a su carrera en comunicación, Vicente Fisac nunca abandonó su amor por la literatura. Desde su infancia en Daimiel, la escritura fue una constante en su vida, y tras su jubilación, se dedicó de lleno a esta faceta. Fisac ha publicado varias obras, principalmente en español, disponibles en plataformas como Amazon. Entre sus libros destacan:
La verdad solo es un punto de vista (2020): Una obra que explora perspectivas y reflexiones sobre la realidad.
 
“Cómo dar bien las malas noticias” (2020): Un texto que aborda la comunicación en situaciones difíciles, basado en su experiencia profesional.
“Sigue esperando” (2019): Una novela que combina narrativa y reflexión.
“Yo soy Alma & Algo así” (2019): Un libro que muestra su versatilidad literaria.
“Editoriales diferentes” (2021): Una recopilación de textos que reflejan su estilo introspectivo y analítico.

Sus obras combinan su experiencia en comunicación con una sensibilidad literaria desarrollada desde la infancia, ofreciendo a los lectores una mezcla de narrativa, ensayo y poesía. Además, Fisac ha compartido su conocimiento como ponente en congresos de comunicación y como docente en cursos y másteres en universidades como la Complutense de Madrid y la Rey Juan Carlos, así como en Jornadas de Marketing Farmacéutico.
 
Legado y reconocimientos
 
La carrera de Vicente Fisac es un testimonio de cómo la pasión, la ética y la innovación pueden converger para generar un impacto duradero. En la industria farmacéutica, su trabajo en AstraZeneca redefinió los estándares de transparencia y comunicación. En la OMC, fortaleció la voz de los médicos a través de medios digitales y tradicionales. Como escritor, ha canalizado su creatividad en obras que invitan a la reflexión y al diálogo.
 
Entre sus numerosos reconocimientos, destacan su elección como “Personaje del año” en 2005 por PR Noticias, su inclusión entre los diez mejores directores de comunicación de la industria farmacéutica por Sanitaria 2000 y el homenaje de la OMC en 2012. Su legado perdura no solo en los medios que fundó y dirigió, sino también en las generaciones de comunicadores y escritores que ha inspirado.
 
Conclusión
 
Vicente Fisac es mucho más que un periodista o un escritor; es un puente entre la ciencia, la comunicación y la literatura. Su vida refleja un compromiso inquebrantable con la verdad, la creatividad y el servicio a la sociedad. Ya sea a través de las páginas de AZprensa y Médicos y Pacientes o de sus libros, Fisac ha demostrado que las palabras tienen el poder de informar, transformar y conmover. Su historia es un recordatorio de que la excelencia profesional y la pasión personal pueden coexistir, dejando un impacto que trasciende el tiempo.
 
Fuentes:
PR Noticias, “Vicente Fisac se despide con agradecimientos de la OMC” (2011)
Amazon.com, biografía de Vicente Fisac en La verdad solo es un punto de vista (2020)
Médicos y Pacientes, información sobre la OMC y sus iniciativas
PR Noticias, reconocimientos a Fisac y AZprensa (2005)
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac