Poco sabía yo de este individuo, hasta que –tras su muerte- todos los medios de comunicación hablan de él y su biografía llena ahora las estanterías de los VIPs. Fue el creador de los Macs, el iPod, el iPhone y el iPad. Bueno ¿y qué? ¿Cómo era él como persona? Y resulta que lo que de él puede leerse en este aspecto no resulta nada estimulante. No fue, desde luego, ninguna persona digna de admiración, ninguna persona a quien podamos tomar como modelo.
Por ofrecer un breve perfil de su faceta “humana” (ja!) vayan aquí unas cuantas perlas:
Como él estaba convencido de que se podían conseguir los imposibles, eso era lo que exigía a sus colaboradores.
Cuando algo no salía como él había pensado, se ponía a gritar y humillaba a quienes tenía delante sin el más mínimo respeto.
Tanto era así que se cuenta que en sus empresas daban premios a los empleados que mejor soportasen sus berrinches.
E incluso en las entrevistas de trabajo, a los candidatos no les preguntaba por sus aptitudes técnicas sino que les hacía preguntas de tipo íntimo y personal, violando los más elementales umbrales de la ética y la moral.
Su soberbia le llevaba a no admitir que nadie estuviese por encima de él, y como no pudo conseguir ser el nº 1 del organigrama de Apple, exigió ser el nº 0.
Aunque no quería una plaza de garaje por el hecho de ser “jefe”, sin embargo le parecía normal aparcar su coche en las plazas reservadas para minusválidos.
Como podéis comprender, este individuo debió ser un genio en el campo de la informática pero también –y esto es lo más importante- un miserable como ser “humano” (ja!). Así que de modelo y de admiración, nada de nada.
El eco de un periodismo rural ancestral
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El antiguo periódico *El Eco de Daimiel *representa uno de los capítulos
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