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lunes, 17 de octubre de 2016

¿Basta sólo con rezar y no desanimarse?

El Evangelio de Lucas nos relata en su capítulo 18, 1-8, una parábola cuya moraleja es: hay que rezar y no desanimarse si a pesar de tanto rezo no obtenemos lo que pedimos. Curiosamente esa parábola es la de una viuda que insiste ante el juez para que le haga justicia y el juez pasa de ella olímpicamente. Sin embargo ella insiste, insiste, una y otra vez sin desanimarse, hasta que el juez, que ya estaba hasta las narices de tanta súplica, decide atender sus peticiones. Por eso dice el Evangelio que si ese juez, sólo por cansancio, atendió la petición, ¿cómo no iba a atender las peticiones un Dios misericordioso?

Está muy bien eso de “pedir”. Está muy bien eso de “insistir”. Está muy bien eso de “no perder la esperanza”. Pero ¿qué damos nosotros a cambio? ¿qué hacemos nosotros a cambio? El pedir es de vagos, lo que hay que hacer es trabajar para conseguir lo que queremos.

Quiero suponer que esa viuda de la que nos habla Lucas no se limitaba a estar sentada y quejarse, sino que hacía algo más, que se movía, que redactaba instancias, que hacía visitas, que buscaba vías de acceso para que sus peticiones llegaran al juez... es decir, trabajaba para conseguir su objetivo. Porque si nos quedamos sentados, mirándonos el ombligo, quejándonos de la mala suerte que tenemos, no conseguiremos cambiar la situación. El cambio exige movimiento, exige trabajo, exige insistencia, y por supuesto también una gran fe en alcanzar los resultados esperados, pero sólo con pedir y esperar que nos lo den todo hecho no se consigue nada.

Por consiguiente mi conclusión no es la de “rezar y no desanimarse” sino la de “trabajar, esforzarse y no desanimarse”.

lunes, 10 de octubre de 2016

Gracias, Takk, Thanks, Merci...

La lectura de ayer domingo, a pesar de su simplicidad aparente tiene muchos y profundos significados, así como plantea igualmente algunos interrogantes. Se trata de Lucas 17, 11-19.

Diez leprosos le gritan a Jesús (no se acercaron más, signo evidente de respeto, ya que ese tipo de enfermos eran auténticos apestados) que tenga compasión de ellos y les cure. Primera lección, pues: respeto. Segunda lección: Esperanza.

Jesús les responde que vayan a presentarse a los sacerdotes. Podía haberlos curado directamente allí, en ese mismo instante, pero quiso con este gesto dar a entender que si queremos algo tenemos que hacer algo para conseguirlo; no se puede pretender alcanzar todos nuestros deseos sin hacer ni el más mínimo esfuerzo por nuestra parte. En esta vida estamos para trabajar y superarnos día a día. En esta ocasión se les pide que vayan ante las autoridades religiosas, aunque no les explica los motivos, pero como ellos tienen confianza plena en el Maestro, hacen lo que este les pide. Tercera lección: si quieres algo trabaja por conseguirlo.

Cuando van en camino, los diez leprosos quedan limpios; es decir, el milagro no se obra en su presencia sino lejos de él, como si él no quisiese darse importancia. Primero les dice que vayan a ver a los sacerdotes, como si fuesen ellos quienes tuviesen el poder de curarlos en vez de él; y después hace que se curen en el camino en vez de montar el espectáculo de la curación en plan multitudinario de show-business. Cuarta lección: humildad, quitarse importancia y no alardear de los méritos propios.

Los diez se alegran mucho y dan saltos de alegría, pero sólo uno (precisamente el único extranjero del grupo de enfermos) regresa para darle las gracias. Eso era lo único que esperaba Jesús, que le diesen las gracias, pero sólo regresa el extranjero, como indicándonos que muchas veces son mejores que nosotros aquellos que no pertenecen a “nuestro grupo”. Quinta lección: tendríamos que acostumbrarnos a dar las gracias mucho más a menudo porque son muchos los favores que recibimos cada día, tanto por parte de Dios como de los hombres. Sexta lección: nada de “nacionalismos” ni creencias en que “los nuestros, los de nuestro grupo” son los mejores.

Finalmente, a ese que volvió a darle las gracias, Jesús le dice “levántate, vete: tu fe te ha salvado”. Eso es como decir: yo no he hecho el milagro, lo has hecho tú al creer en él. Al igual que se dice en más partes del Evangelio, la fe es la que realmente obra milagros y si nosotros creemos firmemente en aquello que vamos a emprender y lo trabajamos adecuadamente, podremos lograr el éxito. Pero entonces, si Jesús no hace el milagro, si quien lo hace es la fe... ¿significa eso que no debamos atribuirle a Dios este milagro? Pues va a ser que no, porque si Dios nos ha creado, la fe que podamos tener es también obra suya y por consiguiente se trata de un milagro por vía indirecta pero cuyo responsable último es Dios. Séptima lección: Creer, hay que creer no sólo en Dios sino también en nosotros mismos y en nuestra capacidad (vía trabajo) de modificar nuestro futuro.

No obstante este pasaje deja algunas incógnitas. Cuando los manda que se presenten a los sacerdotes ¿qué pretendía con ello? ¿Quería que los sacerdotes viesen el milagro para que se dieran cuenta que él era Hijo de Dios? En ese caso chocaría con la lección de humildad que parecía desprenderse del primer análisis. Pero a lo largo del Evangelio ya hemos visto que también Jesús tenía su genio y de vez en cuando (expulsión de los comerciantes del Templo) daba un puñetazo encima de la mesa. ¿Fue esta vez una de aquellas? Y la otra cuestión que no queda clara es si finalmente aquellos diez leprosos se presentaron en el Templo o se dieron cuenta que los sacerdotes no pintaban nada y que era Jesús al que debían mostrar agradecimiento.

Resumiendo: creer en nosotros mismos, tener fe en lo que hacemos y trabajarlo. Y acostumbrarnos a dar las gracias cuantas más veces mejor, tanto a Dios como a todos los que nos rodean.

lunes, 3 de octubre de 2016

Los versículos silenciados del Evangelio de Lucas

Este último domingo leyeron una parte del capítulo 17 del Evangelio de Lucas, pero sólo leyeron del versículo 5 al 10, se saltaron los cuatro primeros. Y es que a muchos de los altos cargos de la Iglesia les debe sonrojar leerlos ya que ellos no predican con el ejemplo (grandes comilonas, personas a su servicio, lujosos apartamentos, tratamiento VIP en todas partes...). Pues ya que no los han leído, aquí se los recuerdo yo, sobre todo los dos primeros:

“Dijo Jesús a sus discípulos: ‘Es imposible que no haya escándalos y caídas, pero ¡pobre del que hace caer a los demás!
Mejor sería que lo arrojaran al mar con una piedra de molino atada al cuello, antes que hacer caer a uno de estos pequeños’”.

Me hubiera gustado oír las críticas hacia esos altos cargos que están acabando con la fe en la Iglesia, pero de esto nada se dijo ni se dice. Porque en este mundo todos tenemos responsabilidades, pero esa responsabilidad se agiganta cuando entra en el terreno de nuestro ámbito personal y profesional.

Está mal que una persona robe, pero está peor que lo haga un político (que se supone está al servicio de los ciudadanos que le votaron) o de un rico (que si ya tiene más de lo que necesita, ofende si además sigue quitando a los demás lo poco que les queda). Está mal que una persona mienta, pero peor está que mienta un periodista (que se supone debe ser notario de la actualidad). Y no está mal sino que está peor, que una persona que debe dar ejemplo de humildad y amor y a los demás, como predicó Jesús, lleve una vida de lujo, prepotencia, hipocresía y ostentación, tal como hacen muchos obispos, cardenales, y altos cargos de la Iglesia (curiosamente este Papa es una excepción).

Miré a mi alrededor en misa: había unas cuarenta personas, el equivalente a un 20 por ciento del aforo. “Muy poco público”, me dije. Me fijé en el sexo de las mismas: sólo un 10 por ciento de varones. “Ya sólo vienen beatas”, me dije. Me fijé en la edad: una chica de unos 30 años, los demás, todos por encima de los 65 años. “A este paso, dentro de 15 años esa chica y el cura serán los únicos que estén en misa; todos los demás habremos muerto”, me dije.

Y es que hay que predicar con el ejemplo, porque si no se hace (y no se hace), la gente deja de creer en la Iglesia, en la política, en el periodismo...