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lunes, 21 de agosto de 2023

Gracias… mutuas

A los ocho años comencé a escribir pequeños relatos. A los 13 años comencé a escribir poesía. Con 16 años los libreros se sorprendían cuando me veían entrar y pedir, por ejemplo, un libro de poemas de José Hierro. Con 17 años, yo era el único joven que se veía en el patio de butacas del Teatro Español presenciado un recital de poemas de la gran actriz y recitadora argentina Berta Singerman. Con 19 años (en 1968) me compré cuatro libros, del autor Julián Fernández Gutiérrez, cuyos títulos dicen bien a las claras cuáles eran mis inquietudes: “¿Quién es Dios?”, “¿Qué es lo ultrahumano?”, “¿Cómo es el fin del mundo?” y “¿Qué hay al otro lado de la barrera de la muerte?”.
 
Siempre he mirado más allá y siempre he tenido la certeza de que este mundo es una estación de tránsito y que la vida (la verdadera vida) es lo que nos espera cuando muramos.
 
Alcanzada ya la edad de 74 años, puedo decir que he cumplido, y con creces, las tres cosas que se dice debe hacer toda persona en esta vida: Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro.
 
He tenido tres hijos; he plantado un árbol (y no en cualquier sitio, sino en el país más paradisíaco del planeta: Islandia); y he escrito no uno sino más de 30 libros.
 
Quería estudiar algo que permitiese explotar todos los recursos de mi imaginación y descubrí la recién implantada carrera de Publicidad.
Quería acabar la carrera cuanto antes, y la carrera de Publicidad fue de sólo tres años de duración; al año siguiente a la finalización de mis estudios ya pasó a ser de cinco años.
Quería casarme pronto, y me casé el día que cumplí 23 años.
Quería tener hijos y una pareja estable, y tuve tres hijos y he cumplido ya las bodas de oro con mi mujer.
Quería vivir de mis escritos, y así lo hice, primero en Publicidad y después en el ámbito del Periodismo de empresa como responsable de Comunicación de un gran laboratorio.
Amaba los países nórdicos, y la empresa británica en la que trabajaba se fusionó con una sueca, lo que me facilitó el contacto y los viajes a los países nórdicos.
Quería conocer por dentro cómo eran los nórdicos, y tuve amigos de Noruega e Islandia que me invitaron a países para vivir la experiencia como uno de ellos, no como un turista.
Quería triunfar en mi profesión, y recibí el reconocimiento profesional a mis logros en el ámbito de la Comunicación en la industria farmacéutica.
Quería… en fin, tantas cosas… que la mayoría de ellas se hicieron realidad, pero…
 
Sí, esto hay que añadirlo: Nunca me quedé sentado esperando que las cosas vinieran a mí, sino que me esforcé y luché por conseguirlas. Hay gente que dice “hasta que no me paguen más, no hago nada más”; en cambio yo dije e hice lo siguiente: “mira todo lo que trabajo, cómo lo hago de bien, y el éxito que está teniendo… así que me merezco un aumento de sueldo”. Y gané mucho dinero, y viajé por toda Europa, y –lo más importante- disfruté con mi trabajo e hice que los empleados que dependían de mi disfrutasen también con su trabajo.
 
Tengo que estar agradecido a la vida, pero también la vida tiene que estarme agradecida porque lo que he conseguido me lo he currado.
 
Ahora, ya al final de mi camino, he sentido la necesidad de compartir en este blog unos últimos pensamientos y reflexiones que quedarán en la nube de Internet con la esperanza de que puedan servir de ayuda a quien los lea. Ojalá el afortunado seas tú.
 
Vicente F.R.C.
 

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domingo, 11 de junio de 2023

La fuerza del pensamiento

El pensamiento es un arma poderosa y cuando alcanza cierta intensidad es capaz de atraer hacia sí el poder de transformar la realidad en lo que se desea. Las emociones tienen igualmente ese poder.
 
Vemos, pues, como disponemos de dos herramientas muy potentes para cambiar la realidad acorde con nuestros deseos; el problema es que no sabemos manejarlos adecuadamente. Si pones a un niño a los mandos de un avión, lo más normal es que ese avión no llegue a despegar (y mejor que no lo haga, ¿verdad?).
 
Eso mismo nos pasa a nosotros, que nos cuesta controlar nuestras emociones sin darnos cuentas del influjo que estas ejercen sobre nuestro estado de ánimo, sobre nuestra salud, e incluso sobre el futuro desarrollo de los acontecimientos que nos afectan.
 
Y eso es lo mismo que nos sucede con el pensamiento, que no nos creemos que tenga poder para transformar el devenir de los acontecimientos… Pero aquí hay que recordar algo muy importante y que no se debe olvidar jamás: El poder del pensamiento y de las emociones para canalizarlo tal como deseamos, debe ir acompañado de obras, de acción. No basta con quedarse sentado y pensar en lo que queremos; eso está bien –por supuesto- pero sentados no lograremos nada, tenemos que levantarnos, trabajar, hacer cuanto esté en nuestras manos para conseguirlo. Ambos deben ir siempre juntos: el pensamiento y las obras.
 

Y ¿qué es la verdad? Pues eso, un simple punto de vista…
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miércoles, 29 de junio de 2022

Deseos convertidos en realidad

Aunque nunca me había parado a escribir sobre ello, siempre he sido consciente de que gran parte de mis deseos se convertían en realidad. Ahora, sin embargo me ceñiré a un caso reciente y que, quizás tiene más que ver con esas “coincidencias” que por doquier voy descubriendo, como si una especial vía de comunicación se hubiese establecido entre ese “alguien” y yo.
 
Desde hace tiempo vengo haciendo un intercambio muy especial con una amiga noruega. Yo le envío sellos de Noruega, que adquiero aquí en España (ella vive en un pequeño pueblo y, por lo tanto, no tiene ninguna Filatelia a mano) y ella me envía CD’s grabados con música moderna de su país.
 
Yo me limito a mantenerle actualizada la lista de los CD’s que tengo, indicando si me gustan mucho, regular o poco, para que así ella sepa cuáles son mis gustos musicales y me envíe cualquier cosa que se le ocurra que me pueda gustar. 

Pues bien, haría unos 15 ó 20 días que le había enviado mi última carta con dicha lista actualizada y sin ninguna preferencia marcada. Yo estaba sentado frente al ordenador, buscando en Internet cosas de Noruega y entré en una “tienda virtual”. Allí encontré algunos CD’s y vi 3 que me gustaría comprar, uno de Bjorn Eidsvag, otro de DDE y otro de Sissel Kyrkjebo que, por cierto, se llamaba “All good things”. Sin embargo, como es muy peligroso hacer compras por Internet, no llegué a hacer el pedido y, claro, me quedé con las ganas de haber conseguido esos tres CD’s. 

Dos días después abrí el buzón de correo y allí tenía una carta de mi amiga. Abrí el sobre y encontré un nuevo CD. ¿Cuál sería? A estas alturas creo que no sería difícil adivinar que uno de esos tres que he citado antes y, efectivamente, así era; en concreto, el de Sissel y su sugerente título “All good things”. 

Como se puede ver era una coincidencia más, aunque en este caso, cuando se produjo mi visualización de aquél CD en Internet y mi deseo de comprarlo, el CD ya estaba realmente en camino, posiblemente llegando a España. Puede que mi amiga estuviese pensando si me gustaría el CD que ella había elegido, aunque el hecho en sí de su decisión y su compra lo había hecho varios días antes. Yo, desde luego, estaba pensando en ese momento que me gustaría tener ese CD. Pero, lo más curioso es que precisamente hubiese entrado en esa página de Internet y que en ella hubiesen puesto el citado CD. 

Porque ¿sabéis una cosa? Unos días atrás, no muchos, menos de una semana, yo había entrado en esa misma página, había revisado qué clase de CD’s vendía allí y…. el de Sissel no estaba entonces.


Que no, que no, que no son coincidencias ni casualidades...

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