miércoles, 20 de marzo de 2024

Fútbol (jugador) (7)

Cuando dejé Sideta cambié de tercio, pasando de la industria farmacéutica a la industria agroquímica,  incorporándome a una empresa que se llamaba Zeltia Agraria, que poco después pasó a llamarse ICI-Zeltia, que luego se llamó Zéneca Agro, y que ahora se llama Syngenta. ¡Hay que ver qué cambiante es la vida! ¡Aunque no te cambies de empresa es la empresa la que se cambia! Como Jefe de Publicidad de la misma estaba en contacto con muchas Agencias de Publicidad y con una central de compra de Medios, Central Media, cuyo director era Antonio Ruiz, un gran aficionado al deporte que nos animó a jugar partidos de fútbol en donde algunos empleados de su compañía y de la nuestra nos enfrentábamos a los equipos de otras empresas. Por mi parte, ya estaba olvidada aquella lesión y aún mantenía una buena forma física, capaz de correr los 90 minutos sin desfallecer, así que participé en algunos de aquellos partidos, incluso una vez volvimos a jugar en un campo de hierba, el que había en el Parque Sindical, pero lo normal era jugar en campos de tierra, aunque eso sí, reglamentarios. De estos últimos recuerdo –por lo insólito- uno de ellos.
 
Se jugó en un campo reglamentario de fútbol en El Pardo y nuestro equipo –ya llevábamos varios partidos jugando juntos- demostró su superioridad desde el principio. Sin embargo aquél día brillé más que ningún otro (bueno, en realidad pocas veces brillé, pero esta vez sí que sí) y realicé una proeza sin precedentes en toda mi larga, irregular e intermitente carrera como futbolista. Actué como lateral derecho pero subiendo una y otra vez al ataque y si bien mi equipo ganó por 9 a 2, ese día marqué 5 goles; pero no cinco goles cualquiera, sino cinco soles, cinco goles de todas las facturas posibles. Para el primero, el que abría la cuenta goleadora de mi equipo, utilicé la estrategia, que era una de mis armas preferidas. Mientras que al ir a rematar un córner todos los jugadores se apelotonan en el centro del área, yo busqué el espacio libre que siempre se dejaba (y se sigue dejando) un poco más allá del segundo palo. Tal como esperaba, hacia ese lugar llegó un balón rebotado y entonces, estiré la pierna, le di con la tibia y el balón entró en la portería. Está claro que no es muy normal marcar un gol con la tibia, pero es que eso sólo era el comienzo, después marqué un gol de un perfecto punterazo con la derecha, más tarde –algo inédito en mi carrera- marqué de cabeza al rematar un córner, después marqué otro gol también con la derecha aunque esta vez golpeando el balón con el interior de la bota, y finalmente, el más recordado: me escapé por la banda corriendo con el balón controlado; me seguía de cerca, pegajosamente cerca, un defensa contrario al que no podía dejar atrás; así, corriendo en paralelo nos fuimos acercando hacia la portería contraria; no conseguía dejar atrás al defensor contrario, el portero iniciaba la salida para tapar ángulo, el oxígeno llegaba cada vez con más dificultad a mi cerebro a consecuencia del esfuerzo que suponía tan larga carrera ya muy cerca del final del partido; aun así tuve un momento de lucidez mental y un desborde de confianza y me atreví a hacer lo que no había hecho nunca en mi vida: chutar con la izquierda, que era la única pierna que me dejaba libre el defensor-lapa que llevaba pegado todo el tiempo como mi propia sombra. Aquél inopinado disparo desde fuera del área se coló en la portería rival y todos los de mi equipo estallamos en un éxtasis de alegría, sobre todo yo que aún no daba crédito a lo que había sido capaz de hacer con mi pierna mala, la izquierda.
 
Con aquél momento de gloria irrepetible finalizó mi carrera como futbolista en activo. En mi haber queda haber jugado en campos de hierba natural, haber formado defensa con un internacional como Zoco, haber hecho regates increíbles, haber salvado goles cantados aun a costa de mi integridad física, y haber marcado goles de todas las facturas. No me gustaría, sin embargo, acabar este capítulo sin insistir en la importancia de saber jugar sin balón y saber situarse bien en el campo; pocos jugadores profesionales saben colocarse en esos espacios libres que quedan en el segundo palo cuando se saca un córner y esto lo aprendí y utilicé yo solo sin que nadie me lo enseñara.
 

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