sábado, 2 de marzo de 2024

Espeleología

No está muy claro si la Espeleología cabe considerarla un deporte o no, aunque muchos así la consideran. Su objetivo (y por eso tiene mucho de ciencia) es la exploración y estudio de las cavidades subterráneas, lo cual exige una buena forma física y el desarrollo muscular durante su práctica, de ahí considerarla también un deporte. Dicen los entendidos que, en este caso, no debería llamarse Espeleología sino Espeleísmo, pero como este segundo término no lo he escuchado nunca, lo cito aquí sólo a título de curiosidad.
 
La aventura, la exploración... son cosas que siempre me han atraído desde la infancia. Eso de descubrir nuevos caminos, de entrar en lugares desconocidos, te hace liberar adrenalina porque además lo desconocido siempre entraña un riesgo. Claro que hablando propiamente de Espeleología, eso de meterse en cuevas y galerías subterráneas naturales, es lo que hacen los turistas que visitan de forma guiada muchas de las preciosas cuevas que hay en España y no puede considerarse como deporte. Citaré, no obstante, algunas de las cuevas que he visitado como las del Drach y Artá (Mallorca), El Águila (Arenas de San Pedro, Ávila), Nerja (Málaga)... e incluso eso que de no haberlo hecho en visita guiada se hubiera llamado “Vulcanoespeleología” cuando visité los tubos subterráneos dejados por la lava en la isla de Lanzarote... o la visita a las grutas excavadas por los ríos subterráneos como las de Tummelbach Falls (Lauterbrunnen, Suiza).
 
En fin, es una pena que como todo lo anterior no vale como “deporte” sólo puedo referirme en este capítulo a una experiencia de Espeleología, la cual tuvo lugar hace años en el cañón de Río Lobos (entre Burgos y Soria) cuando divisé una gran oquedad en la roca. Me acerqué y vi que se trataba de una cueva. Como es natural sentí el deseo de explorarla y me adentré en ella. Avancé bastantes metros, mientras la luz se iba perdiendo y la oscuridad ganaba terreno. Iba a pelo, sin casco, sin cuerdas, sin linterna... sólo con mis botas y una mínima equipación adecuada para practicar el Excursionismo. El silencio era absoluto y la oscuridad ya se había adueñado de casi todo el entorno. Entonces, de improviso, se escuchó un revolotear y vi cómo una especie de nube negra y cambiante se acercaba a mí, me pasaba por encima de la cabeza y por ambos lados de mi cuerpo y salía finalmente por la entrada de la cueva. Me giré de inmediato tratando de esquivar aquello que se me venía encima y que no sabía lo que era, mientras el corazón aceleraba sus latidos. Al dirigir la mirada hacia la entrada de la cueva, por donde aún se divisaba la luz, pude ver de qué se trataba: una enorme bandada de murciélagos se había asustado con mi presencia y salía huyendo de la cueva. Una vez recuperado del susto, di por finalizada aquella breve experiencia en el deporte de la Espeleología, deshice el camino andado y la luz volvió a bañarme retornando todo a la normalidad, pero aquél susto aún está perceptible en mi memoria.
 

Una novela en donde el humor alcanza el estado de gracia…
“El dulce gorjeo del buitre en celo”: https://www.bubok.es/libros/210805/El-dulce-gorjeo-del-buitre-en-celo

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