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domingo, 17 de diciembre de 2023

Ciencias o Letras, la eterna disyuntiva

Aquél verano las clases particulares tuvieron que ser de algo menos poético y, con la ayuda de otro profesor, se intentó que aprobase aquellas dos asignaturas pendientes. No sólo no se logró el objetivo sino que sucedió algo totalmente imprevisto. Para poder pasar de curso con dos asignaturas pendientes (Matemáticas y Física) tuve que cambiar de colegio, pero la cosa no mejoraba y al llegar la Navidad, el director de ese nuevo colegio propuso una solución drástica: en vista de que las Matemáticas y la Física no eran lo mío ¿por qué no probaba con el Latín y el Griego? En su opinión, yo había elegido el camino equivocado, “Ciencias”, cuando quizás se adecuase mejor a mí el de “Letras” y, curiosamente, entre ambas opciones todas las asignaturas eran comunes excepto Latín y Griego por una parte y Matemáticas y Física por otra. El director del colegio había dado con la clave: los suspensos que arrastraba en Matemáticas y Física del curso anterior se cambiarían por las asignaturas de Latín y Griego del curso anterior.
 
Fue así como di un giro importante a mi formación. Me puse a estudiar de forma intensiva Latín y Griego –tanto del curso anterior como del que estaba inmerso en ese año- y el resultado no pudo ser más satisfactorio: saqué adelante las dos asignaturas pendientes además del curso normal de aquél año, aunque fuese con las recuperaciones de algunas asignaturas en septiembre.
 
Pero ¿qué fue de mi relación con Manuel Prieto después de aquello? Como he dicho, había una conexión especial entre nosotros y eso era algo que no podía matar ni el tiempo ni la distancia. Él había dejado el colegio y se había marchado a vivir a Zaragoza para dar clases en el Instituto Laboral de aquella ciudad. A partir de ese momento nuestra relación fue epistolar y durante varios años estuvimos escribiéndonos cartas.
 
Bueno ¿y qué? Posiblemente penséis que eso no tiene nada de particular, pero... os equivocáis. La comunicación que a partir de aquél momento mantuvimos por carta fue muy especial puesto que no se trataba de cartas normales en las que cada uno cuenta lo que ha hecho y pregunta qué tal le va al otro. Aquellas cartas eran de corazón a corazón, de poeta a poeta, de alumno inmaduro a alumno ya madurado. Sé que es difícil de entender y, por otra parte, no tengo intención de plasmar aquí mis interioridades ni las de él. Por este motivo, para que vosotros podáis comprenderlo, he recogido de aquellas cartas una serie de párrafos que dan buena idea de lo excepcionalmente atípico de dicha correspondencia.
 
Pero hay más, en esta selección de párrafos hay tal cantidad de reflexiones sobre el ser humano que conviene leerla con detenimiento para aprovechar toda su riqueza. Eso es también lo que me ha movido a incluirlas a continuación… que también vosotros podáis conocer al menos un poquito de las enseñanzas que yo tuve el privilegio de recibir. En las próximas entradas que haga en este blog lo podréis comprobar por vosotros mismos...
 

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sábado, 16 de diciembre de 2023

La belleza está en la sencillez

Comprendí que la belleza de la poesía estaba en la traslación sencilla de los sentimientos, que no eran necesarias la métrica y la rima, pero sí el ritmo y el corazón. De esta forma, aunque continuaba escribiendo algunos poemas con métrica y rima, al estilo clásico, comencé a adentrarme en la poesía moderna y más aún cuando él me enseñó sus propios poemas y cuando me hizo descubrir a grandes poetas como Pedro Salinas o Pablo Neruda... De igual forma me animó para que me atreviese con todo tipo de composiciones puesto que no se puede lograr mejorar en nada si no es con esfuerzo.
 
Como ejemplos de algunos de los ejercicios que me ponía para que yo se los entregase en la siguiente clase, recuerdo que iniciaba un diálogo entre dos personas sobre cualquier tema y lo cortaba de improviso; yo debía continuar ese diálogo de la forma que mejor me pareciese. Otras veces escribía una serie de palabras y después yo debía escribir cualquier tipo de narración con la única condición de que estuviesen contenidas en la misma todas esas palabras. Más común era cuando comenzaba un relato que yo debía continuar o cuando me encargaba que utilizase un montón de sinónimos o antónimos en cualquier composición escrita.
 
Como prueba de esa especial relación que surgió entre ambos, un buen día, al mes escaso de haber comenzado aquellas clases, me dedicó este acróstico:
 
“Vas sudando la lucha serena,
Intranquila, del tiempo,
Con las manos abiertas al mundo,
Estrenando la vida y la sangre,
Nacida de la luz tan de repente.
Trampa abierta en tu paz
Entre tu asombro de joven que renace.
 
Fuego que hiela las entrañas niñas,
Inútiles aún, a punto siempre,
Siempre esperando,
Acaso sin saberlo,
Con los ojos alegre un primer llanto”.
 
Lo tituló “Un mes... y tú tranquilo” y le puso la siguiente dedicatoria: “A Vicente, al mes de conocer que también hace poesías”. Ya no éramos profesor y alumno, ya éramos amigos, ya éramos colegas. Cada hora de clase particular fue dejando menos espacio a la enseñanza de la Historia y más tiempo a mejorar mi forma de escribir, pero curiosamente comencé a sacar mejores notas y saldé mi cuenta pendiente con la Historia aunque no pude decir lo mismo respecto a las Matemáticas y la Física.
 

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viernes, 15 de diciembre de 2023

La forja de un escritor

Las asignaturas de Matemáticas y Física eran las que peor se me daban; sacar un cinco en ellas era toda una proeza que pocas veces conseguía. Sin embargo, no sé por qué extraña razón, ese año se me atragantó la asignatura de Historia. Pensándolo ahora no le encuentro explicación porque la asignatura no era demasiado difícil, como su propio nombre indica, la “Historia” son “historias”, es decir, algo que debe gustar a cualquier escritor o aspirante a serlo. Pero el caso es que comencé a sacar suspenso tras suspenso en Historia. Entonces sucedió algo inusual: el profesor de Historia dejó temporalmente las clases (creo que fue por enfermedad), el caso es que entró un profesor sustituto para continuar dando esa asignatura durante el tiempo en que el profesor titular faltase. Ese profesor era Manuel Prieto Peromingo. Como profesor era bueno y me gustaba más su forma de explicar las cosas porque trataba de hacernos entender la Historia en vez obligarnos a aprenderla de memoria (quizás ahí estribase el motivo de mis malas notas anteriores). Y un buen día comentó que si alguien necesitaba clases particulares de apoyo él estaba dispuesto a darlas. Como aquél profesor me gustaba y ya iba bastante atrasado en esa asignatura, mis padres accedieron a que me diese clases particulares. De esta forma un par de días a la semana o así, se acercaba a casa para hacerme “entender” la Historia.
 
Como él era una persona amable, sencilla, que sabía ganarse la confianza de los alumnos, se estableció muy pronto una fluida corriente de comunicación entre ambos. Así, no habían pasado más que unos pocos días de clases particulares, cuando le comenté que yo escribía poesías. Aquello le sorprendió, sobre todo cuando comprobó que los poemas que empecé a mostrarle tenían cierto fundamento y, sobre todo, porque se daba otra circunstancia: él también era poeta.
 
De esta forma, las clases fueron dejando cada día un pequeño hueco reservado al análisis y corrección de mi forma de escribir. Con pequeños retoques sobre lo que yo había escrito previamente, conseguía dar ritmo a mis poemas, como podemos ver en el resultado final de este:
 
“Moría la luz
del lecho del sol.
Sentado, sentía
las nubes correr
por el espejo de la tarde.
Con tristeza a mis espaldas
reía y lloraba; y no sabía
por qué yo no quería ver
mi propia luz.
Se detuvo el sol
y me dejó pensar”.
 

Un escritor debe explorar todos los caminos…
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miércoles, 13 de diciembre de 2023

Primeras lecciones de Poesía

Aunque ahora le parezca mentira a los chicos de hoy, en aquella época los estudiantes teníamos muy poco tiempo libre. En mi caso concreto, entraba en el colegio a las nueve de la mañana y salía de allí... ¡a las siete de la tarde! A media mañana, un pequeño momento de recreo. Después, a mediodía, la comida en el propio colegio, y apenas después de comer, otra vez a clase. Cuando terminaban las clases, nada de irse corriendo a casa; había que estudiar y hacer los deberes y por eso casi todos los días había que quedarse en una clase, vigilados por un profesor, una o dos horas más para asegurarse que hacíamos los deberes que nos habían mandado para el día siguiente. Cuando por fin llegabas a casa, seguramente aún quedase algún problema de matemáticas por resolver, o algún ejercicio de cualquier otra asignatura, así que tampoco era cosa de ponerse a jugar. Cuando, por fin, habías terminado...ya era hora de cenar y después un poco de vida familiar y a dormir. Este programa se repetía ¡seis días a la semana! Puesto que los sábados eran un día laborable como cualquier otro; el único día un poco especial (aparte del domingo) era el jueves, en que teníamos la tarde libre. ¡Vamos, igual que ahora!
 
Precisamente ahí quería llegar, al tiempo libre que –como acabo de explicar- era muy escaso. Por eso, Eloy se ofreció para ayudarme en uno de los pocos ratos libres que yo podía disponer y a él no le importaba: el domingo por la mañana. Me dijo que si quería podía ir a su casa los domingos por la mañana y allí revisaríamos juntos mis poesías y me explicaría cómo ir mejorando. Acepté encantado y comencé a visitarle, en el piso de alquiler donde vivía con su mujer y su hija recién nacida, a la salida del metro de Batán. Acudía allí un par de domingos al mes con las cosas que había escrito.
 
Recuerdo que el primer poema que sometí a su consideración se titulaba “Nieve” y tenía versos como estos que exaltaban la ilusión con que siempre es recibida la nieve por los jóvenes:
 
“¡Nieve! Mágica palabra que encierra
un mensaje de amor y ternura. ¡Nieve!
Eterna esperanza del mundo más joven”.
 
Para lamentar, después, esa obstinación del mundo adulto por quitarla de en medio:
 
“Te quitan de la vista del mundo,
y de ti no queda nada.
Tan solo se recuerdan esas gotas
que en otro tiempo fueron carne tuya.
¡Qué pena que tanta hermosura
tenga final tan amargo!”
 
A lo largo de varios meses, Eloy me fue dando sus consejos para que mejorase mi poesía y algunas veces hasta sonaba la flauta por casualidad. En una poesía, titulada “Poema a la madre” decía en unos versos:
 
“Tú que por mi atlas caminaste
buscando hasta en lo más escondido...”
 
Al leer aquello, Eloy elogió esa figura poética, el atlas de mi persona, por donde camina una madre pendiente siempre hasta de los más pequeños detalles de su hijo... ¡Quiá! ¡Pura chiripa! Lo que en realidad yo había escrito, era mi admiración por el esfuerzo de mi madre que se recorrió un montón de librerías de Madrid hasta que por fin encontró un “Atlas” que necesitaba para la clase de Geografía. Sin embargo, aquella inesperada coincidencia, hizo que me diese cuenta del significado visual que encierran muchas palabras y cómo estas se pueden utilizar para expresar el pensamiento poético.
 

La Poesía es el lenguaje del alma…
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martes, 12 de diciembre de 2023

Un 10 que marcó mi vida

En el campo de la Literatura (que era, evidentemente, la asignatura que más me gustaba, junto con las Ciencias Naturales) disfrutaba cada vez que me mandaban hacer alguna redacción. A la edad de 12 años llamó la atención de mis profesores mi capacidad para escribir y publicaron una de mis redacciones en la revista del colegio. Se titulaba “La primera vez que vi el mar” y decía cosas como esta:
 
“De sitio en sitio por los lugares costeros. Y a mi alma le pregunto ¿cómo será el mar? Por los caminos del mundo voy en busca de un algo. Y cada vez que pienso en ese algo, más aumenta mi desconcierto y por mi mente pasan más de mil pensamientos. Por más que lo pienso no acierto a imaginar: ¿Cómo será el mar? Mi viaje se detiene, mientras una voz dice: ‘¡Hemos llegado al mar!’. Es de noche y no lo veo. Yo quiero verlo. Y mientras más miro, menos veo. Yo me consuelo diciendo: ‘Hemos llegado al mar’”.
 
Estaba escrita en prosa aunque instintivamente buscaba la rima en algunos párrafos, lo cual no hacía sino estropear la narración. Pero, a fin de cuentas, era un incipiente escritor que se estaba haciendo a sí mismo. Por eso supuso una gran ayuda lo que sucedió un buen día, a los 13 años de edad, cuando estaba en clase de Literatura. El profesor, Eloy Rada García, nos había mandado escribir una redacción. Los alumnos escribíamos afanosamente en nuestro cuaderno, buscábamos en nuestro cerebro ideas que transmitir, nos rascábamos la cabeza... y mientras tanto, Eloy se paseaba entre nosotros para que permaneciésemos inmersos en nuestra tarea sin distracciones de ningún tipo, en medio de un silencio sepulcral. Según fuimos finalizando –ya no recuerdo si yo fui uno de los primeros o de los últimos en entregar la redacción- el profesor recogió los cuadernos y se los llevó para corregirlos. Al día siguiente, en clase, comenzó a repartir los cuadernos con las notas correspondientes que siempre ponía con un lápiz rojo. Cuando me entregó mi cuaderno vi que allí había algo fuera de lo normal; no se había limitado a escribir la nota sino que había escrito un párrafo. Decía así: “Con toda alegría le felicito y le animo; tal vez por este camino que tiene pasos de niño, Vd. llegue a dar pasos de gigante. 10”. Evidentemente, el “10” era lo que menos me importaba (entre otras cosas porque en Literatura estaba sacando mis mejores notas); lo que me llenó de una inmensa alegría fue aquella frase de ánimo, de valoración positiva de cuanto había escrito.
 
Aquella redacción no es que fuese gran cosa, pero teniendo en cuenta que estaba escrita en vivo y en directo, improvisada allí mismo, por un niño de 13 años, tenía un nivel bastante superior a la media y decía cosas como esta:
 
“Entre la alta hierba y bajo el amparo de los gigantescos árboles, corre un hermoso río. Su corriente incansable de agua es como el corazón del bosque. Atraviesa las grandes montañas y vadea las colinas siempre sin detenerse. Visto desde lo alto de su nacimiento, y observando su recorrido, parece no morir nunca. Él es la vida de todos…”.
 
Al finalizar la clase me dirigí hacia el profesor y le dije que me gustaba mucho escribir y que también escribía poesías.  Eloy me dijo que le gustaría ver alguna de esas poesías y entonces quedé con él en llevarle alguna al día siguiente. Así lo hice y cuando las vio, me preguntó si de verdad quería ser escritor y desarrollar esta faceta, a lo que respondí que sí, sin dudar.
 

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martes, 19 de septiembre de 2023

Una carrera que dura toda la vida

¿Sabías que hay una carrera que dura toda la vida? Las carreras de Periodismo y Publicidad duraban antes tres años, pero después pasaron de ser carreras técnicas a carreras universitarias y su duración aumentó hasta los cinco años. La carrera de Medicina antres duraba cinco años, pero después le empezaron a añadir que si la especialización, que si el MIR, total que según la especialidad que escojas puede durar hasta diez años o así.
 
Yo no sé qué carrera has estudiado, estás estudiando o vas a estudiar, pero hay una carrera que dura toda la vida. ¿Sabes cuál es esa carrera?: “La vida”. ¡Toma ya! Pues resulta que esa carrera la estás haciendo tú (y todos nosotros) y a veces no nos damos ni cuenta de que estamos en clase y debemos prestar atención.
 
Para poder aprobarla se necesita en primer lugar, prestar atención a nuestro entorno, no solo al visible sino también al invisible. En segundo lugar, se necesita reconocer que formamos parte de un todo y por consiguiente debemos tratar a los demás, a la Naturaleza y a todo cuanto nos rodea, de la misma forma que nos gustaría que nos tratasen a nosotros. En tercer lugar, se necesitan dos herramientas imprescindibles: Paciencia y Confianza. Sin ellas no podremos avanzar a través de todas las lecciones que nos saldrán al paso, porque el aprendizaje se lleva a cabo durante toda la vida.
 
Si ya has terminado tu carrera y estás trabajando con ganas de progresar en tu profesión o empleo, habrás escuchado muchas veces eso del “aprendizaje continuo” y te habrás dado cuenta que no basta con obtener tu título sino que hay que seguir estudiando y aprendiendo toda la vida. Pues si esto es así en las carreras y trabajos normales, ¿qué no será en esta otra carrera, más importante aún, que es nuestra propia vida?
 

Las sorprendentes memorias de un Director de Comunicación a lo largo de su vida…
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miércoles, 25 de enero de 2023

El inmenso placer de escribir

Supongo que para un pintor jubilado, seguir pintando sólo por placer debe darle una gran satisfacción personal. Supongo que para un compositor jubilado, seguir componiendo melodías tan solo por entretenimiento y disfrute, le debe llenar de satisfacción. Supongo que para un carpintero jubilado, seguir distrayéndose con pequeñas tareas de bricolaje tan solo como un pasatiempo, le debe hacer sentirse pleno y lleno  de felicidad…
 
Lo mismo sucede con un escritor jubilado: Seguir escribiendo sólo por placer (no por dinero, ni por obligación para ganarse un sueldo, ni por atender compromisos sociales, empresariales o políticos) es el más absoluto de los placeres. Y por eso sigo escribiendo… pero también por responsabilidad.
 
Si tengo el don de escribir medianamente bien y con personalidad, siento que tengo igualmente la responsabilidad social de compartirlo, de no privar a otras personas de contemplar la obra que voy creando.
 
Un cuadro no se debe esconder en un almacén. Una estantería de madera bellamente ensamblada, no se debe arrinconar en un desván. Una nueva melodía debe alcanzar o estar disponible para el oído de todas las personas.
 
Y los escritos que yo mismo, o tú mismo, puedas realizar… están hechos –esa es nuestra obligación moral- para ser compartidos.
 
Cuando escribas… sé tú mismo:
https://azpressnews.blogspot.com/2023/01/cuando-escribas-se-tu-mismo.html
 

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viernes, 25 de noviembre de 2022

Libros sobre Periodismo

Después de toda una vida dedicada a la comunicación y el periodismo, no podía faltar entre mis libros alguna referencia al mundo del periodismo, algo que pude ejercer con bastante independencia cuando trabajaba en la industria farmacéutica y en la Organización Médica Colegial (OMC) y con total independencia cuando finalmente me jubilé.
 
Repasemos algunos de esos títulos:
 
“Castidad & Rock and Roll”, este libro es una novela de intriga, amistad, viajes… y sin embargo nos da una lección magistral de periodismo y comunicación.
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“Editoriales diferentes”, una selección de editoriales diferentes en donde la independencia es el signo distintivo.
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“Lecturas diferentes”, una selección de artículos y noticias con un enfoque que sorprenderá al lector.
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“Cómo dar bien las malas noticias”, los periodistas tienen que dar con frecuencia malas noticias y a veces ellos mismos padecen las consecuencias.
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“La edad de oro de la industria farmacéutica”, una selección de entrevistas con un alto directivo para conocer mejor la industria farmacéutica.
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“Memorias de un Dircom”, anécdotas de un Director de Comunicación a lo largo de su trayectoria profesional.
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“La Comunicación en Medicina”, el arte de llevar información sanitaria a los pacientes.
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“La Comunicación en la industria farmacéutica”, una manuela de ayuda para el periodismo de empresa en los laboratorios farmacéuticos.
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“Internet y Salud”, frente a la “infoxicación” hay que enseñar a distinguir la información fiable de la que no lo es.
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“Médico, periodista y poeta”, biografía de un médico que dirigió un periódico rural hace más de un siglo.
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viernes, 27 de mayo de 2022

Los primeros pasos de un escritor

En el presente libro he recogido mis primeros pasos como escritor con la suerte de haber conservado algunos de mis primeros escritos. Ese deseo de ser escritor se despertó en mí a muy temprana edad, y digo temprana porque a los siete años ya había escrito mi primera “novela” (en realidad, un pequeño relato que se ofrece en el segundo capítulo). Años más tarde, ya en el colegio, disfrutaba cada vez que nos mandaban hacer redacciones, tanto es así que desperté la atención del profesor de Literatura y, desde aquél momento, me dedicó parte de su tiempo libre a instruirme en esos primeros pasos como escritor. Unos años más tarde, en los primeros años de juventud, otro profesor descubrió que me gustaba escribir poesía (él también era poeta) y se convirtió en mi maestro y guía en esa época turbulenta que es la juventud y los primeros amoríos.
 
Al empezar la carrera de Publicidad dejé atrás el soporte de aquellos maestros, aunque conservaba intactas todas sus enseñanzas, y como siempre, la redacción (en este caso Redacción Publicitaria, que así se llamaba la asignatura) fue mi favorita. Era consciente que la poesía no da de comer (salvo casos excepcionales), y que intentar vivir de lo se gana como escritor es un calvario que pocas veces tiene final feliz. Por eso me fui a lo práctico: la redacción y creación publicitaria sí daban dinero y a eso me dedicaría.
 
Muy pronto empecé a trabajar (a los 22 años) y muy pronto me casé (el mismo día que cumplía 23 años). Tenía un trabajo que me permitía desarrollar mi creatividad y escribir, aunque lo que escribía era el texto de folletos publicitarios de medicamentos, informes, manuales de formación, guías de entrenamiento para visitadores médicos… Pero había conseguido lo que me propuse: dedicarme a escribir y vivir bien gracias a ello. Sin embargo aún me quedaba mucho camino por recorrer.
 
Tras unos años en aquél mi primer laboratorio farmacéutico, tuve un paso esporádico –apenas unos meses- en una agencia de publicidad tras lo cual me contrataron en otro laboratorio, y sólo unos meses después me volvieron a fichar en otro laboratorio. Cada vez tenía más responsabilidad (también más sueldo) y sobre todo más libertad y medios para desarrollar mi creatividad y escribir textos en el ámbito del sector farmacéutico; pero también tenía tiempo libre y lo dedicaba a veces a escribir poesía o algún relato por el simple placer de hacerlo. En definitiva, los escritos profesionales me daban dinero, y la poesía que escribía en mis ratos libres me daba satisfacción personal.
 
Me planteé entonces dar un giro a mi carrera y me ficharon en una gran empresa del sector agroquímico. Ya no escribiría folletos y manuales de medicamentos, ahora lo haría de productos para el control de plagas, enfermedades y malas hierbas que atacan los cultivos. Pero esta era una empresa líder, con grandes recursos, y extendí el campo de mi redacción profesional a cuñas y programas de radio y audiovisuales. Y aún había campo para más… y me adentré en el periodismo, instaurando un Gabinete de Prensa (que hasta entonces no existía en la compañía) el cual me permitió escribir notas de prensa (en realidad siempre las escribí como noticias periodísticas para que los periodistas receptores de las mismas las publicasen tal cual en sus medios).
 
Como aquella era una multinacional presente en muchos sectores, también estaba presente en el sector farmacéutico, así que –ante un importante cambio que se iba a producir en el grupo- me llamaron para que me incorporase a la división farmacéutica, conocedores como eran de mi anterior experiencia en el sector farmacéutico y de mis habilidades como periodista para hacer llegar a los medios de comunicación las noticias de mi empresa. Precisamente aquella iniciativa mía, la de instaurar un Gabinete de Prensa, sería la que me abriría mi mejor y más satisfactoria etapa profesional: ya no escribiría más textos publicitarios ni informes ni manuales… a partir de ese momento me dedicaría única y exclusivamente a trabajar como periodista, como máximo responsable de la Comunicación en esa compañía.
 
A partir de ese momento pude dar rienda suelta al escritor que llevaba dentro y que hasta entonces se tenía que contentar con esos pequeños textos publicitarios o con los textos un poco más extensos de los manuales de formación e información para el resto de empleados. Como responsable de la Comunicación me dedicaba a buscar todas aquellas informaciones de la empresa y del grupo al que pertenecía, que pudieran tener interés periodístico. Después, convertía esa información en noticias de interés para el público general. Y finalmente las enviaba a los medios de comunicación para que las publicasen. Pero eso no era todo; también mantenía contacto diario con periodistas de diferentes medios de comunicación, organizaba viajes nacionales e internacionales con periodistas para cubrir eventos, organizaba ruedas de prensa, sesiones y cursos de formación para periodistas y para portavoces, escribía con regularidad artículos que enviaba y se publicaban en muchas revistas del sector, escribí –incluso- un libro sobre la historia de la compañía… y edité dos revistas, una trimestral y otra mensual. Con relación a esto último hay que aclarar que esas revistas no eran como las clásicas “revistas de empresa” que edita cualquier gran organización, algo así como “la voz de su amo”, en donde todo lo que se escribe es para ensalzar las virtudes de la compañía, de sus productos y de sus directivos; por el contrario, yo tenía libertad y criterio suficiente para dar a las informaciones un enfoque y estilo periodístico capaz de interesar a los lectores.
 
La compañía siguió creciendo, hubo una fusión y se convirtió en la tercera más grande del mundo. Y allí estaba yo como máximo responsable de Comunicación escribiendo constantemente todo lo que se me ocurría, pero nunca en plan de autobombo que es lo que se estila en las empresas, sino en plan auténticamente periodístico. Y como un paso más, puse en marcha un diario digital de información sanitaria que llegó a ser el segundo más leído de España.
 
Cuando después de 24 años en este grupo multinacional tuve que dejar el mismo, afronté la última etapa de mi carrera profesional como responsable de prensa en la organización que agrupa a todos los médicos españoles y ahí añadí a mis experiencias previas la de escribir discursos y artículos, aunque en esta ocasión quien los pronunciaba y firmaba luego era el presidente. Pero también tuve ocasión de poner en marcha otro diario digital y seguir escribiendo artículos y reportajes propios.
 
Haciendo un balance de mi trayectoria profesional, puedo sentirme enormemente satisfecho de haber trabajado en lo que más me gustaba y encima haber cobrado un buen sueldo, haber viajado por toda Europa, haber formado parte de equipos de comunicadores nacionales e internacionales y haber intercambiado con ellos ideas y experiencias.
 
Si me hubiese quedado con la idea fija de vivir de la poesía, me habría muerto de hambre. Si me hubiera empeñado en ser escritor buscando alguna editorial que me publicase, me hubiera desesperado y seguramente –porque a la extrema dificultad de esta tarea se añade una inestimable cantidad de suerte- no hubiera alcanzado el éxito que deseaba. Sin embargo, la Publicidad primero, y el Periodismo después, me permitieron disfrutar escribiendo noticias, reportajes, artículos, editoriales, discursos, libros, etc. con un salario y un reconocimiento profesional del que me siento honrado y agradecido.
 
Ahora, disfrutando ya de la jubilación, puedo recuperar muchos de aquellos escritos que realicé a lo largo de mi vida y reunirlos –como en este caso- en un libro para dar a conocer cómo son esos primeros años en que un niño, un adolescente y un joven, sueña con ser escritor. Ese es, en realidad, el único valor de este libro: la enseñanza, el poder ver cómo evoluciona un escritor en ciernes en esos primeros pasos.
 
Porque después, he seguido escribiendo y ha abarcado multitud de géneros a lo largo de mi trayectoria profesional: novela, historia, biografía, poesía, teatro, humor, comunicación, medicina, ensayo, divulgación científica… Todos esos libros que he escrito y que seguiré escribiendo mientras tenga vida y lucidez para ello, se van incorporando a Amazon para que sus ediciones en eBook y en papel puedan estar al alcance de cualquier lector interesado en cualquier parte del mundo.
 
Pasemos, ahora, pues, a ver cómo fueron esos principios, esos primeros años en que comencé a escribir siendo un niño…
 

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viernes, 7 de enero de 2022

Asignatura: la Vida

El 20 de octubre de 2019 falleció en Zamora el profesor de Lengua y Literatura Manuel Prieto Peromingo. El diario “La Opinión de Zamora” recogía la noticia en estos términos:
 
“Zamora despidió ayer a Manuel Prieto Peromingo en la iglesia de María Auxiliadora, donde se celebró la misa de su funeral.
Prieto Peromingo fue director de la Universidad Laboral durante ocho años y se jubiló en el cargo, tal y como mencionaba ayer el actual responsable del centro educativo, Carlos Macías quien lamentaba la muerte de quien años atrás había sido su profesor de Lengua y Literatura. ‘Era una persona muy entrañable y tengo un recuerdo muy bueno de él’, señala el pupilo que remarca que ‘su materia nos la hacía aplicar en la vida con actividades trasversales y, sin querer, te motivaba mucho’.
Como director apunta que Peromingo ‘tuvo buena sintonía con los compañeros y se hizo cargo de la dirección del centro cuando todavía había dos edificios y era una época de más alumnado’. También agrega que ‘vivió la época en la que se implantó la Logse y lideró un tiempo de adaptación en los centros de Bachillerato y de cambio completo en la FP’.
Manuel Prieto Peromingo, además, colaboró de este diario desde principios de 2009 hasta 2016, un período que su alumno menciona. ‘Leía sus columnas con interés dado que empezó a escribir tras jubilarse’, atestigua Carlos Macías”.
 
Por su parte, la publicación “Zamora News” señalaba que:
 
“Falleció el pasado domingo el que fuera director y profesor de la Universidad Laboral de Zamora Don Manuel Prieto Peromingo.
Don Manuel Prieto Peromingo fue profesor de literatura en la Universidad Laboral de Zamora y también director del centro. Un hombre activo en su jubilación puesto que no dejó de escribir artículos de opinión en varios diarios. Tras una larga enfermedad en el día de ayer el profesor y director jubilado de la Universidad Laboral, columnista y en tiempos paseante zamorano, fallecía en el día de ayer a la edad de 76 años.
La misa de funeral será esta mañana a las 10 en la Iglesia de María Auxiliadora, tras la misma se procederá a la conducción del cadáver al crematorio de la Soledad donde se procederá a su incineración.
Un hombre entrañable y gran conocedor del mundo de las letras, amante de la literatura y escritor así como gran docente. Pasó el final de carrera como profesor en la Universidad Laboral que hoy se entristece con su fallecimiento. D.E.P don Manuel Prieto Peromingo”.
 
A través de su hija María tuve noticia del fatal desenlace y sentí que una parte de mi vida se quedaba huérfana. Veía que a esas reseñas periodísticas, aun siendo afectuosas y correctas, les faltaba corazón, les faltaba la chispa de emoción que él supo encauzar en mi cuando entró en mi vida, les faltaba esa profunda admiración y agradecimiento que supo despertar en mí.
 
Tratando de recuperar algunos recuerdos de todo lo que significó en mi vida, encontré en un estante de mi librería un libro encuadernado en piel cuyas hojas, ya amarillentas por el paso de los años, eran unas simples cuartillas escritas por mí a máquina cuando tenía 20 años. Decían así al comienzo:
 
“En este libro reúno gran parte de las poesías y cartas del que ha sido mi maestro: Manuel Prieto. Sin embargo, si me decido a ponerlo, se debe a varias razones. En primer lugar, conocer la vida y la psicología de aquél que me forjó como escritor, como poeta, como humano, como hombre en definitiva. En segundo lugar, porque a través de sus cartas se refleja gran parte de mi vida y mi psicología, que de haber sido escrita por mí, inexorablemente hubiera sido un poco parcial. Nuestras vidas, desde que nos conocimos, estuvieron fuertemente conexionadas. Él me enseñó muchas cosas, y creo que yo también le enseñé alguna. Este conjunto representa el más firme balance y estudio de Manuel Prieto, desde que lo conocí”.
 
No conservaba sus cartas, pero sí la transcripción que hice de ellas y dejé encuadernadas en ese libro, auténtica joya de mi juventud. Pero si son cartas personales ¿qué interés pueden tener para otras personas el poder leerlas? A este respecto debo aclarar que no se trata de cartas “normales”, de esas que cualquiera escribía cuando la gente se comunicaba por carta porque no existía Internet, ni redes sociales, ni nada de eso que hoy nos parece tan corriente y tan indispensable. En aquella época la gente se comunicaba por carta, la cual tardaba varios días en llegar a su destino y después, el destinatario, cuando encontraba tiempo suficiente para ponerse a escribir, las contestaba y una vez hecho esto, debía encontrar el momento adecuado para ir al estanco, comprar el sello y ponerla en el buzón de correos. De ahí, otra espera de varios días hasta que llegaba la respuesta a su destinatario.
 
Pero, como digo, las cartas “normales” son aquellas en las que decimos lo que hemos hecho, lo que nos ha pasado y/o lo que vamos a hacer. Por el contrario, las cartas que nos escribíamos Manuel Prieto y yo eran completamente diferentes porque hablaban de sentimientos, de emociones, de reflexiones sobre la vida… y en aquellos años, entre 1965 y 1969, cuando yo tenía de 16 a 20 años, en esa etapa en que se pasa de ser un crío a ser un adulto, el mundo de las emociones y sentimientos está en plena ebullición, anda desorientado… y necesitado de una mano amiga que te escuche y te oriente, que te ayude a encontrarte a ti mismo. Esa mano fue la suya, y eso que apenas si era seis años mayor que yo, pero era algo así como un hermano mayor, alguien a quien se quiere y se admira. Y sus consejos eran sabios a pesar de su juventud.
 
Este libro habla de él, no de mí, aunque las palabras que recoge fueran dirigidas a mí; pero me resultaron tan útiles que considero un terrible egoísmo marcharme de esta vida sin haber dado la oportunidad de que alguien más pueda leerlas y beneficiarse de las mismas. No va a ser este un best-seller, por supuesto, ni pretendo vender muchos ejemplares del mismo. Con que una o dos personas más acierten a leer este libro me doy por satisfecho.
 
Decía en una ocasión, Manuel Prieto, que “el ser profesor es eso. Nunca conoces los frutos de tus esfuerzos”. Y después reconocía que con que uno o dos alumnos supiesen sacar provecho de lo que intentaba enseñar se daba por satisfecho.
 
Pues a eso vamos en este libro titulado “Asignatura: la Vida” que puedes encontrar en Amazon (en ediciones digital e impresa)…
 
“Biblioteca Fisac”: https://amzn.to/3sOO1Yq

miércoles, 12 de agosto de 2020

Ojalá sigas aspirando a imposibles


Cuando después de muchos años me reencontré con mi maestro, aquél que me formó como persona en esa edad difícil que va de los 16 a 19 años, me dijo lo siguiente: “Físicamente con los años hemos cambiado, como puede verse, pero a pesar de los achaques, por dentro estoy seguro de que todos seguimos aspirando a imposibles, igual que entonces”. ¿Y tú? ¿Sigues aspirando a imposibles?

No era justo que me quedara para mí solo las enseñanzas de mi maestro, así que decidí trasladarlas a un libro para que todo aquél que quisiera pudiese beneficiarse de ellas.

Es tanta la riqueza de su contenido que debe ser leído y releído varias veces, porque la libertad individual y la necesidad de experimentar y decidir por uno mismo es algo que nos deja bien claro desde el principio.

Fuente.- “Asignatura: La vida”, de Vicente Fisac.
Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

lunes, 15 de junio de 2020

Se hace camino al andar


Cualquier artista, cualquier persona, sólo a base de practicar y practicar consigue mejorar aquello que está haciendo. En el caso de un escritor, sólo a base de escribir y escribir consigue mejorar sus obras. La práctica, como en todo, resulta imprescindible para poder llegar algún día a la excelencia. Pero ¿qué ocurre con los escritos de los primeros años de un escritor?: Que desaparecen, que al llegar a su edad adulta y profesional, aquellos primeros trabajos son simples recuerdos.

Pero, como en todo, hay excepciones, y en el libro “Los primeros pasos de un escritor” se han conseguido reunir una buena selección de los primeros trabajos de un escritor que ahora, cinco o seis décadas después, nos dan la suficiente perspectiva para ver cómo evoluciona un escritor, cómo eran en realidad esos primeros pasos por lo que quizás también esté pasando cualquier lector aficionado a la escritura.

Fuente.- “Los primeros pasos de un escritor”, de Vicente Fisac.
Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

viernes, 28 de abril de 2017

Amparo Llopis y Villa Fantasía

Mucha gente escribe los recuerdos de su infancia y adolescencia tirando de recuerdos, cuando en la edad adulta se miran con cariño los recuerdos de aquellos años; pero muy pocos son capaces de decir: “estos son mis recuerdos tal como los viví y escribí en el mismo instante en que sucedieron”.

Villa Fantasía es el nombre de un chalet en donde el autor conoció a Amparo Llopis, y en aquél mismo instante (y también durante los tres años siguientes) transcribió lo que sucedía y lo que sentía. Hoy esos escritos se han rescatado del olvido y están disponibles para que también Amparo Llopis los comparta otra vez... dondequiera que esté.

El libro “Villa Fantasía” está incluido en:

“Los primeros pasos de un escritor”: https://amzn.to/2OCXtzc



sábado, 26 de noviembre de 2016

Un poeta y AstraZéneca

Cuando trabajaba en AstraZéneca, en los años dorados de la industria farmacéutica (1999-2005) los empleados eran considerados el principal activo de una compañía y, como tal, mimados. Se nos daba formación, motivación, ambiente laboral atractivo, numerosísimos beneficios sociales y salarios en el tope más alto; de tal forma que éramos la envidia de otros sectores y más aún en el caso de esta compañía a la que todo el mundo quería ir a trabajar.

Aquellos años ya pasaron, aquella época también, y hoy todo es muy diferente (por desgracia).Sin embargo, me gusta recordar lo bueno al igual que otros detalles anecdóticos que ponen de relieve lo que llegamos a vivir y disfrutar quienes trabajamos en esta industria en aquellos años.

¿Qué puede aportar un poeta a la industria farmacéutica? Os invito a leer este artículo que, seguro, os sorprenderá:




La historia del laboratorio farmacéutico que fundó Alfred Nobel y llegó a ser el tercer laboratorio más grande del mundo y la envidia de todos los profesionales:
“El legado farmacéutico de Alfred Nobel”: https://amzn.to/3lkv5h8

martes, 29 de abril de 2014

Villa Fantasía

La fantasía de la ilusión, de la emoción, de la inocencia... es la que late y aún perdura en estas frases y en estos versos. Pero no, este libro no es para ti, solo es para ellos dos.

Este libro no puede, pues, catalogarse como novela, ni como libro de poemas, ni como ensayo, ni como libro de reflexiones y opiniones personales... es todo eso y más. “Villa Fantasía” es –por definirlo de alguna manera- un atípico puzzle de emociones juveniles. Y como tal debe ser entendido y respetado... porque su autor lo escribió cuando sólo tenía dieciséis años.

“Villa Fantasía” es como un conjunto de viejas fotografías (en prosa y en verso) que nos hacen rememorar la inocencia de los primeros amores y de los primeros desengaños.

El libro “Villa Fantasía” está incluido en:

“Los primeros pasos de un escritor”: https://amzn.to/2OCXtzc