martes, 12 de mayo de 2015

Preguntar y escuchar, unidos y por este orden

Hablamos y hablamos sin parar, nos consideramos el centro del Universo y pensamos que todo gira a nuestro alrededor... por eso no escuchamos, por eso cuando preguntamos los hacemos de mala gana, como de compromiso, sin estar interesados en la respuesta porque en realidad solo pretendemos un asentimiento hacia nuestra persona y nuestros deseos... Podría seguir escribiendo sobre esto, pero ya quedó suficientemente claro en mi novela "La fuga (castidad y rock and roll)". Aquí os dejo un fragmento:

Le conté, entonces, que yo era hijo único, que mis padres tenían un bar cerca de Atocha, que estudié en un instituto y luego pasé directamente a estudiar la carrera, que tuve dos o tres novias hasta que me casé y que mi primer matrimonio fue un sonoro (por lo de ruidoso, a causa de las continuas broncas) fracaso.
-                     ¿Por qué discutíais? –se interesó Eloy.
-                     Pues... por cualquier cosa... que si no pongas esto ahí, que si por qué vienes tan tarde, que si vamos a este sitio pero tú no quieres...
-                     ¿Os queríais?
-                     Hombre, supongo que sí, pero cuando luego te vas a vivir con alguien y está siempre de morros, pues te hartas...
-                     ¿Cuáles eran los motivos?
-                     ¡Y yo que sé! Pues que ella era así...
-                     ¿Y antes no? ¿Cuánto tiempo estuvisteis saliendo antes de casaros?
-                     Bueno, antes yo la veía con mejor carácter y como enseguida nos casamos... creo que fue a los cinco o seis meses de conocernos.
-                     ¿Te interesaste alguna vez por conocer qué sentía, o cuáles eran sus sueños o qué esperaba ella de la vida o qué le gustaría hacer?
-                     No sé, ya me lo decía ella...
-                     Pero los sentimientos más profundos, si no se pregunta por ellos y se está dispuesto a escuchar con cariño y sin prisa, es algo que no se cuenta así deprisa y corriendo, de cualquier manera...

Me quedé pensativo un momento y antes que pudiera responder, ya nos estaban llamando para embarcar.

PD.- Las esperas en los aeropuertos pueden ser (¿por qué no?) un buen momento para abrirnos a los demás, preguntar y escuchar... en este orden. Así sucede en esta novela.

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