Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...
El
Azuer es un río que pasa por Daimiel (Ciudad Real). Bueno, eso de río es por el
verbo “reír” porque este pequeño río sólo lleva agua cuando quiere (que son
pocas veces) pero cuando se enfada hasta provoca inundaciones.
De
todas formas hoy no voy a hablar del río Azuer sino de un coche llamado “Azuer”
que hasta tuvo su propia canción. Así es la historia (más o menos)…
Veraneaba
toda la familia de Don Vicente Rodríguez en su finca de “El Recreo”, juntándose
allí casi dos decenas de nietos y sus correspondientes progenitores. Como la
finca estaba a poco más de dos kilómetros del pueblo, y para hacer más
divertidos los constantes viajes entre pueblo y finca, dos de los yernos de Don
Vicente compraron a precio de saldo un viejo coche de principios de siglo que
si andaba, era por casualidad. Para ponerlo en marcha había que meter una
manivela por el morro y darle vueltas enérgicas hasta que se escuchaba el rugir
del motor.
No
se conserva ninguna fotografía del mismo, pero la foto que acompaña este
comentario puede dar una idea de cómo era ese viejo y destartalado coche. (El
de la foto, por cierto, es más bonito y más nuevo que aquél).
Cuando
los nietos de Don Vicente vieron llegar (en realidad lo oyeron bastante antes
porque su motor no era muy silencioso que digamos) aquél estrafalario coche,
corrieron locos de alegría con ganas de subirse a él. Pero antes de hacerlo
tenían que bautizarlo y fue así como se decidió llamarlo “Azuer” como el río
del pueblo, y a fe que verlo llegar producía risa.
Con
frecuencia toda la chiquillería se apuntaba a los viajes de ida y vuelta entre la finca y el
pueblo para disfrutar de esa experiencia, más propia de un parque de
atracciones moderno por lo ajetreado del viaje y los imprevistos que podían
surgir (eran frecuentes los parones a mitad de camino para tratar de solucionar
alguna avería).
El
“Azuer” fue fiel compañero de las vacaciones durante algunos años y los
nietos de Don Vicente le compusieron una canción que más o menos decía así:
“El
Azuer qué bello es,
el
Azuer qué bello es,
tiene
más de ochenta años
y
no pasa de los cien.
El
Azuer es un machote,
el
Azuer va dando botes,
y
si vas en el Azuer,
y
si vas en el Azuer,
ten
cuidado con el culo
que
te lo haces puré”.
Una
Biblioteca realmente “inefable”…
“Biblioteca
Fisac”: https://amzn.to/3sOO1Yq
De
vez en cuando se publican en este blog recomendaciones de lectura, y no siempre
de mis propios libros. En esta ocasión comparto esta lista de siete libros que
me recomendaron para conocer un poco mejor cómo es el mundo invisible que nos
rodea:
“Los
sueños, mensajeros del alma”
Robert
Blais
“El
Kybalion”
Hermes
Trismegistro
“Ontología
Rosacruz”
Serge
Toussant
“El
poder del Ahora”
Eckhart
Tolle
“El
Universo”
Isaac
Asimov
“Arquetipos
e inconsciente colectivo”
Carl
Jung
“La
vida es real sólo cuando Yo soy”
George
Gurdjieff
Pero,
claro, a la vista de estos libros no puedo resistir la tentación de recomendar
otro libro mío que te ayudará a conocer mejor el mundo invisible…
“No
son coincidencias”
Vicente
Fisac
Hoy vamos a hablar de un cortometraje muy especial, el
cual te invito a ver y emocionarte. “Soy Tú” cuenta los problemas de Caty (Ana
Milán) con su hijo y su marido, (Miquel Fernández) y cómo éstos se proyectan
inconscientemente en la relación que mantiene con su padre (Pep Cruz). Todo
cambia cuando aparece Toni, (Lluís Soler) un sabio de lo invisible que guía y
explica a la protagonista paso a paso, cómo sanar las heridas del presente y
del pasado.
El cortometraje, dirigido por John Cutrina, gira en torno
a las relaciones de causa y efecto.
Comentario personal.-
Un excelente cortometraje que llega al corazón y hace
despertar tus sentimientos al tiempo que imparte una clase magistral de cómo
alcanzar la paz y la armonía en la siempre difícil convivencia del mundo que
nos ha tocado vivir. Si lo ves con la mente abierta encontrarás grandes
enseñanzas.
Tanto el guion, como la dirección, como la
interpretación, son excelentes. A nivel de “peros” sólo he encontrado uno…
aunque quizás tenga su sentido. Veamos…
La acción se desarrolla en una lujosa mansión y sus
personajes pertenecen a un nivel social alto. Esto puede hacer que uno se
sienta distanciado ya que la mayoría de nosotros pertenecemos a la clase media.
Así que me surgió la pregunta: “¿Han elegido ese escenario porque les dejaron
gratis la mansión para el rodaje y además dicha mansión ofrecía amplios
espacios y facilidad para el rodaje, o lo eligieron a propósito porque ese
nivel de alto standing es el que nos gustaría alcanzar a todos?
En fin, lo dejo a vuestra interpretación. Aquí tenéis el
enlace para que disfrutéis y os enriquezcáis espiritualmente con este
cortometraje (30 minutos):
https://www.youtube.com/watch?v=2Ze2xbE0Fp8
Si has llegado hasta aquí, ten por seguro que no ha sido
por casualidad…
“No son coincidencias”: https://amzn.to/2OCmSsO
Hoy
quiero mostraros el paralelismo entre un conocido cantante español, el rockero
Miguel Ríos y yo a través de la letra de una de sus canciones, una canción que
fue muy especial. Y digo esto, porque cuando empezó a cantar Miguel Ríos se
puso de nombre artístico “Mike Ríos” porque sonaba a extranjero y daba algo así
como más glamour. Por aquella época cantaba grandes éxitos de otros artistas,
en general canciones banales e intrascendentes aunque tuviera mucho éxito tanto
en sus versiones originales como en las versiones que hacía el propio “Mike”.
Pero
un día, y a pesar del éxito obtenido, se cansó de aquella superficialidad y se
retiró de la escena pública. Años después volvió a reaparecer –como el río
Guadiana- pero esta vez con su nombre real, Miguel Ríos, y cantando canciones
originales compuestas para él. Ese primer disco de la nueva etapa tenía una
canción muy significativa que se titulaba “Ahora que he vuelto”. Esto es lo que
decía esa canción y esto es lo que me sugiere…
“Yo
era joven y triunfaba, y la vida me sonreía,
y
cantaba cosas tontas aunque la gente aplaudía”.
Desde
muy joven me sentí escritor. Con siete años escribí mi primer relato y con 13
años ya escribía poesías. Pude lograr mi sueño de vivir de mis escritos, aunque
no fuesen poemas sino textos publicitarios, primero, y noticias, artículos periodísticos
e informes, después. Triunfé y la vida me sonrió. Claro que mis escritos (los
que no eran de carácter profesional y que sólo hacía por hobby, tenían esa
pizca de ingenuidad y de inocencia que dan los pocos años… no eran gran cosa
desde el punto de vista literario, pero sí una buena muestra de mi desbordante
creatividad y originalidad.
“Pero
un día no canté, porque un día comprendí
Que
era falsa mi canción, que la vida no era así”.
Mi
etapa de disfrute estrictamente personal como escritor tuvo un recorrido
similar al del río Guadiana, que tan pronto desaparecía y dejaba de escribir
para centrarme sólo en mi trabajo, como volvía con más fuerza que antes y era
capaz de compaginar profesión y disfrute íntimo por escribir. Y en una de esas,
comprendí que todo poder conlleva una responsabilidad, y por consiguiente un
escritor tiene la responsabilidad de poner su capacidad al servicio de los
demás.
“Ahora
que he vuelto y tengo tanto que decir,
pido
que me oigan, aunque no se acuerden de mí.
No
tengo miedo de que se pierda mi cantar,
sé
que entre todos, alguno me querrá escuchar”.
Si
bien he seguido escribiendo cómo y cuánto me ha dado la gana, he escrito consecuente
de la responsabilidad de compartir opiniones y experiencias y, sobre todo,
animando a que cada uno busque su camino y se forje su propia opinión; que no
sucumba ante el “pensamiento único” que la dictadura global nos está
imponiendo.
Al
igual que Miguel Ríos, no tengo miedo de que mis escritos caigan como semilla
en desierto estéril porque sé que alguien, aunque sólo sea uno (que son muchos
más, según he podido comprobar) quien me lea.
“Caminando
entre la gente de los campos y ciudades,
me
di cuenta de mentiras y aprendí grandes verdades.
Y
quisiera yo contar lo que de ellos aprendí,
ya
la gente no es igual que aquél día en que me fui”.
Tras
siete décadas de vida es mucha la experiencia que se adquiere y provechosas las
enseñanzas si uno pone interés en ello. Por eso quiero compartir lo que he
aprendido, lo que he experimentado, lo que he intuido… y siempre con respeto
por la libertad de opinión para que cada persona recuerde que tiene la
capacidad de pensar por sí misma, que este mundo no es sólo material sino
también espiritual, y que todos vamos evolucionando en este discurrir… y las “palabras
inefables” que voy volcando en este blog, son buena prueba de ello.
Las
sorprendentes memorias de un Director de Comunicación…
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de un Dircom”: https://amzn.to/32zBYmg
Siempre
me atrajo el río Guadiana, y no por tenerlo muy cerca de mi pueblo sino el
misterio que entrañaba su recorrido, el cual se sumergía bajo la tierra y
volvía a reaparecer, justo cerca de Daimiel en lo que se llaman -¡qué nombre
tan bonito!- los “Ojos del Guadiana”. Allí, recién renacido, nos ofrecía su
caudal y su verdor, e incontables tardes de disfrute de la naturaleza en sus
orillas en donde -¡qué tiempos aquellos!- se podía pescar e incluso cazar
cangrejos.
El
río Guadiana es un perfecto símbolo de lo que es nuestra vida, que un día
sucumbe y desaparece bajo la tierra para más tarde volver a la vida y
finalmente fundirse con el océano. Porque así es nuestra vida. Nacemos,
morimos, volvemos a nacer, volvemos a morir… en un constante discurrir
adquiriendo conocimientos y experiencias para –finalmente- fundirnos con el
Absoluto, con la Mente Universal, con Dios, o como quieras llamarlo.
Cuando
sólo contaba 13 años de edad, irrumpí en el mundo de la poesía y escribí este “Canto
al Guadiana”:
Río
extenso de La mancha
que
caminas por su seno,
¿cómo
es que nadie te admira
siendo
el corazón entero?
En
la tierra de molinos
eres
el aspa del suelo,
vas
regando los trigales
reflejándose
en ti el cielo.
Todos
los ríos te envidian
por
tu esbeltez y belleza.
Nadie
sabe agradecer
lo
que tú haces a esta tierra.
Tú,
Guadiana, te preguntas:
¿Cómo
es que nadie te llama?
¿Cómo
es que nadie te quiere?
Y
¿por qué te dan la espalda?
Nadie
de ti se preocupa,
nadie
a saludarte baja.
Y
tú pasas tristemente
creyendo
que nadie te ama.
Tienes
algo que te atrae,
tal
vez tus juncos verdosos,
quizá
el cauce subterráneo
o
tus grandes, bellos, “Ojos”.
Lento
y sigiloso corres
con
esas aguas tan claras
que
van limpiando estas tierras,
y
te llamamos: “Guadiana”.
Seis
décadas de poesía en un libro que nos permite ver cómo evoluciona un poeta a lo
largo de los años…
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