Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...

viernes, 15 de septiembre de 2023

Recuerdos del Azuer

El Azuer es un río que pasa por Daimiel (Ciudad Real). Bueno, eso de río es por el verbo “reír” porque este pequeño río sólo lleva agua cuando quiere (que son pocas veces) pero cuando se enfada hasta provoca inundaciones.
 
De todas formas hoy no voy a hablar del río Azuer sino de un coche llamado “Azuer” que hasta tuvo su propia canción. Así es la historia (más o menos)…
 
Veraneaba toda la familia de Don Vicente Rodríguez en su finca de “El Recreo”, juntándose allí casi dos decenas de nietos y sus correspondientes progenitores. Como la finca estaba a poco más de dos kilómetros del pueblo, y para hacer más divertidos los constantes viajes entre pueblo y finca, dos de los yernos de Don Vicente compraron a precio de saldo un viejo coche de principios de siglo que si andaba, era por casualidad. Para ponerlo en marcha había que meter una manivela por el morro y darle vueltas enérgicas hasta que se escuchaba el rugir del motor.
 
No se conserva ninguna fotografía del mismo, pero la foto que acompaña este comentario puede dar una idea de cómo era ese viejo y destartalado coche. (El de la foto, por cierto, es más bonito y más nuevo que aquél).
 
Cuando los nietos de Don Vicente vieron llegar (en realidad lo oyeron bastante antes porque su motor no era muy silencioso que digamos) aquél estrafalario coche, corrieron locos de alegría con ganas de subirse a él. Pero antes de hacerlo tenían que bautizarlo y fue así como se decidió llamarlo “Azuer” como el río del pueblo, y a fe que verlo llegar producía risa.
 
Con frecuencia toda la chiquillería se apuntaba a los viajes de ida y vuelta entre la finca y el pueblo para disfrutar de esa experiencia, más propia de un parque de atracciones moderno por lo ajetreado del viaje y los imprevistos que podían surgir (eran frecuentes los parones a mitad de camino para tratar de solucionar alguna avería).
 
El “Azuer” fue fiel compañero de las vacaciones durante algunos años y los nietos de Don Vicente le compusieron una canción que más o menos decía así:
 
“El Azuer qué bello es,
el Azuer qué bello es,
tiene más de ochenta años
y no pasa de los cien.
 
El Azuer es un machote,
el Azuer va dando botes,
y si vas en el Azuer,
y si vas en el Azuer,
ten cuidado con el culo
que te lo haces puré”.
 

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jueves, 14 de septiembre de 2023

Lecturas recomendadas

De vez en cuando se publican en este blog recomendaciones de lectura, y no siempre de mis propios libros. En esta ocasión comparto esta lista de siete libros que me recomendaron para conocer un poco mejor cómo es el mundo invisible que nos rodea:
 
“Los sueños, mensajeros del alma”
Robert Blais
 
“El Kybalion”
Hermes Trismegistro
 
“Ontología Rosacruz”
Serge Toussant
 
“El poder del Ahora”
Eckhart Tolle
 
“El Universo”
Isaac Asimov
 
“Arquetipos e inconsciente colectivo”
Carl Jung
 
“La vida es real sólo cuando Yo soy”
George Gurdjieff
 
Pero, claro, a la vista de estos libros no puedo resistir la tentación de recomendar otro libro mío que te ayudará a conocer mejor el mundo invisible…
 

“No son coincidencias”
Vicente Fisac

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Soy tú

Hoy vamos a hablar de un cortometraje muy especial, el cual te invito a ver y emocionarte. “Soy Tú” cuenta los problemas de Caty (Ana Milán) con su hijo y su marido, (Miquel Fernández) y cómo éstos se proyectan inconscientemente en la relación que mantiene con su padre (Pep Cruz). Todo cambia cuando aparece Toni, (Lluís Soler) un sabio de lo invisible que guía y explica a la protagonista paso a paso, cómo sanar las heridas del presente y del pasado.
El cortometraje, dirigido por John Cutrina, gira en torno a las relaciones de causa y efecto.
 
Comentario personal.-
Un excelente cortometraje que llega al corazón y hace despertar tus sentimientos al tiempo que imparte una clase magistral de cómo alcanzar la paz y la armonía en la siempre difícil convivencia del mundo que nos ha tocado vivir. Si lo ves con la mente abierta encontrarás grandes enseñanzas.
 
Tanto el guion, como la dirección, como la interpretación, son excelentes. A nivel de “peros” sólo he encontrado uno… aunque quizás tenga su sentido. Veamos…
 
La acción se desarrolla en una lujosa mansión y sus personajes pertenecen a un nivel social alto. Esto puede hacer que uno se sienta distanciado ya que la mayoría de nosotros pertenecemos a la clase media. Así que me surgió la pregunta: “¿Han elegido ese escenario porque les dejaron gratis la mansión para el rodaje y además dicha mansión ofrecía amplios espacios y facilidad para el rodaje, o lo eligieron a propósito porque ese nivel de alto standing es el que nos gustaría alcanzar a todos?
 
En fin, lo dejo a vuestra interpretación. Aquí tenéis el enlace para que disfrutéis y os enriquezcáis espiritualmente con este cortometraje (30 minutos):
https://www.youtube.com/watch?v=2Ze2xbE0Fp8
 

Si has llegado hasta aquí, ten por seguro que no ha sido por casualidad…
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martes, 12 de septiembre de 2023

Ahora que he vuelto

Hoy quiero mostraros el paralelismo entre un conocido cantante español, el rockero Miguel Ríos y yo a través de la letra de una de sus canciones, una canción que fue muy especial. Y digo esto, porque cuando empezó a cantar Miguel Ríos se puso de nombre artístico “Mike Ríos” porque sonaba a extranjero y daba algo así como más glamour. Por aquella época cantaba grandes éxitos de otros artistas, en general canciones banales e intrascendentes aunque tuviera mucho éxito tanto en sus versiones originales como en las versiones que hacía el propio “Mike”.
 
Pero un día, y a pesar del éxito obtenido, se cansó de aquella superficialidad y se retiró de la escena pública. Años después volvió a reaparecer –como el río Guadiana- pero esta vez con su nombre real, Miguel Ríos, y cantando canciones originales compuestas para él. Ese primer disco de la nueva etapa tenía una canción muy significativa que se titulaba “Ahora que he vuelto”. Esto es lo que decía esa canción y esto es lo que me sugiere…
 
“Yo era joven y triunfaba, y la vida me sonreía,
y cantaba cosas tontas aunque la gente aplaudía”.
 
Desde muy joven me sentí escritor. Con siete años escribí mi primer relato y con 13 años ya escribía poesías. Pude lograr mi sueño de vivir de mis escritos, aunque no fuesen poemas sino textos publicitarios, primero, y noticias, artículos periodísticos e informes, después. Triunfé y la vida me sonrió. Claro que mis escritos (los que no eran de carácter profesional y que sólo hacía por hobby, tenían esa pizca de ingenuidad y de inocencia que dan los pocos años… no eran gran cosa desde el punto de vista literario, pero sí una buena muestra de mi desbordante creatividad y originalidad.
 
“Pero un día no canté, porque un día comprendí
Que era falsa mi canción, que la vida no era así”.
 
Mi etapa de disfrute estrictamente personal como escritor tuvo un recorrido similar al del río Guadiana, que tan pronto desaparecía y dejaba de escribir para centrarme sólo en mi trabajo, como volvía con más fuerza que antes y era capaz de compaginar profesión y disfrute íntimo por escribir. Y en una de esas, comprendí que todo poder conlleva una responsabilidad, y por consiguiente un escritor tiene la responsabilidad de poner su capacidad al servicio de los demás.
 
“Ahora que he vuelto y tengo tanto que decir,
pido que me oigan, aunque no se acuerden de mí.
No tengo miedo de que se pierda mi cantar,
sé que entre todos, alguno me querrá escuchar”.
 
Si bien he seguido escribiendo cómo y cuánto me ha dado la gana, he escrito consecuente de la responsabilidad de compartir opiniones y experiencias y, sobre todo, animando a que cada uno busque su camino y se forje su propia opinión; que no sucumba ante el “pensamiento único” que la dictadura global nos está imponiendo.
Al igual que Miguel Ríos, no tengo miedo de que mis escritos caigan como semilla en desierto estéril porque sé que alguien, aunque sólo sea uno (que son muchos más, según he podido comprobar) quien me lea.
 
“Caminando entre la gente de los campos y ciudades,
me di cuenta de mentiras y aprendí grandes verdades.
Y quisiera yo contar lo que de ellos aprendí,
ya la gente no es igual que aquél día en que me fui”.
 
Tras siete décadas de vida es mucha la experiencia que se adquiere y provechosas las enseñanzas si uno pone interés en ello. Por eso quiero compartir lo que he aprendido, lo que he experimentado, lo que he intuido… y siempre con respeto por la libertad de opinión para que cada persona recuerde que tiene la capacidad de pensar por sí misma, que este mundo no es sólo material sino también espiritual, y que todos vamos evolucionando en este discurrir… y las “palabras inefables” que voy volcando en este blog, son buena prueba de ello.
 

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lunes, 11 de septiembre de 2023

Como el Guadiana

Siempre me atrajo el río Guadiana, y no por tenerlo muy cerca de mi pueblo sino el misterio que entrañaba su recorrido, el cual se sumergía bajo la tierra y volvía a reaparecer, justo cerca de Daimiel en lo que se llaman -¡qué nombre tan bonito!- los “Ojos del Guadiana”. Allí, recién renacido, nos ofrecía su caudal y su verdor, e incontables tardes de disfrute de la naturaleza en sus orillas en donde -¡qué tiempos aquellos!- se podía pescar e incluso cazar cangrejos.
 
El río Guadiana es un perfecto símbolo de lo que es nuestra vida, que un día sucumbe y desaparece bajo la tierra para más tarde volver a la vida y finalmente fundirse con el océano. Porque así es nuestra vida. Nacemos, morimos, volvemos a nacer, volvemos a morir… en un constante discurrir adquiriendo conocimientos y experiencias para –finalmente- fundirnos con el Absoluto, con la Mente Universal, con Dios, o como quieras llamarlo.
 
Cuando sólo contaba 13 años de edad, irrumpí en el mundo de la poesía y escribí este “Canto al Guadiana”:
 
Río extenso de La mancha
que caminas por su seno,
¿cómo es que nadie te admira
siendo el corazón entero?
 
En la tierra de molinos
eres el aspa del suelo,
vas regando los trigales
reflejándose en ti el cielo.
 
Todos los ríos te envidian
por tu esbeltez y belleza.
Nadie sabe agradecer
lo que tú haces a esta tierra.
 
Tú, Guadiana, te preguntas:
¿Cómo es que nadie te llama?
¿Cómo es que nadie te quiere?
Y ¿por qué te dan la espalda?
 
Nadie de ti se preocupa,
nadie a saludarte baja.
Y tú pasas tristemente
creyendo que nadie te ama.
 
Tienes algo que te atrae,
tal vez tus juncos verdosos,
quizá el cauce subterráneo
o tus grandes, bellos, “Ojos”.
 
Lento y sigiloso corres
con esas aguas tan claras
que van limpiando estas tierras,
y te llamamos: “Guadiana”.
 

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