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lunes, 22 de enero de 2024

Canto al Guadiana


Si hay algún río de España que pueda identificarse más con un poeta, ese es el río Guadiana. Porque quizás hay otros ríos más caudalosos, con cascadas y torrentes cantarines que lo alimentan, o con tropel de árboles y hierba frondosa en sus riberas… pero ninguno tiene el misterio del Guadiana, el único río de España que de repente desaparece bajo tierra y muchos kilómetros más allá vuelve a reaparecer en un enclave bautizado con el poético nombre de “Ojos del Guadiana”. ¿Qué otro río tiene “ojos” cual si de una dama se tratara? Y ¿qué otro río vuelve a renacer y lo hace creando un Parque Nacional (el “Parque Nacional de las Tablas de Daimiel”)?
 
Yo tuve la suerte de vivir mi infancia junto a este río y en aquél paraje. Allí donde renacía y volvía a nacer el río Guadiana, allí mismo se curtió mi infancia y allí mismo –yo también- perecí ahogado y volví a la vida…
 
CANTO AL GUADIANA
 
Río extenso de La Mancha
que caminas por su seno,
¿cómo es que nadie te admira
siendo el corazón entero?
 
En la tierra de molinos
eres el aspa del suelo,
vas regando los trigales
reflejándose en ti el cielo.
 
Todos los ríos te envidian
por tu esbeltez y belleza.
Nadie sabe agradecer
lo que tú haces a esta tierra.
 
Tú Guadiana te preguntas:
¿Cómo es que nadie te llama?
¿Cómo es que nadie te quiere
y por qué te dan la espalda?
 
Nadie de ti se preocupa,
nadie a saludarte baja,
y tú pasa tristemente
creyendo que nadie te ama.
 
¡Oh, Guadiana! ¡Oh, Guadiana!
Ya nadie está en tus orillas,
sino solo los recuerdos
que tú acoges con sonrisas.
 
Tienes algo que te atrae,
tal vez tus juncos verdosos,
quizá el cauce subterráneo
o tus grandes, bellos, ojos.
 
Lento y sigiloso corres
con esas aguas tan claras
que van limpiando estas tierras,
y te llamamos: Guadiana.
 

Ningún poeta ha conservado y publicado en un libro toda su obra poética, incluyendo las primeras poesías que escribió cuando era niño. En “Todo Poesía” sí. Aquí puedes ver la verdadera evolución de un poeta a lo largo de más de seis décadas…
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martes, 12 de septiembre de 2023

Ahora que he vuelto

Hoy quiero mostraros el paralelismo entre un conocido cantante español, el rockero Miguel Ríos y yo a través de la letra de una de sus canciones, una canción que fue muy especial. Y digo esto, porque cuando empezó a cantar Miguel Ríos se puso de nombre artístico “Mike Ríos” porque sonaba a extranjero y daba algo así como más glamour. Por aquella época cantaba grandes éxitos de otros artistas, en general canciones banales e intrascendentes aunque tuviera mucho éxito tanto en sus versiones originales como en las versiones que hacía el propio “Mike”.
 
Pero un día, y a pesar del éxito obtenido, se cansó de aquella superficialidad y se retiró de la escena pública. Años después volvió a reaparecer –como el río Guadiana- pero esta vez con su nombre real, Miguel Ríos, y cantando canciones originales compuestas para él. Ese primer disco de la nueva etapa tenía una canción muy significativa que se titulaba “Ahora que he vuelto”. Esto es lo que decía esa canción y esto es lo que me sugiere…
 
“Yo era joven y triunfaba, y la vida me sonreía,
y cantaba cosas tontas aunque la gente aplaudía”.
 
Desde muy joven me sentí escritor. Con siete años escribí mi primer relato y con 13 años ya escribía poesías. Pude lograr mi sueño de vivir de mis escritos, aunque no fuesen poemas sino textos publicitarios, primero, y noticias, artículos periodísticos e informes, después. Triunfé y la vida me sonrió. Claro que mis escritos (los que no eran de carácter profesional y que sólo hacía por hobby, tenían esa pizca de ingenuidad y de inocencia que dan los pocos años… no eran gran cosa desde el punto de vista literario, pero sí una buena muestra de mi desbordante creatividad y originalidad.
 
“Pero un día no canté, porque un día comprendí
Que era falsa mi canción, que la vida no era así”.
 
Mi etapa de disfrute estrictamente personal como escritor tuvo un recorrido similar al del río Guadiana, que tan pronto desaparecía y dejaba de escribir para centrarme sólo en mi trabajo, como volvía con más fuerza que antes y era capaz de compaginar profesión y disfrute íntimo por escribir. Y en una de esas, comprendí que todo poder conlleva una responsabilidad, y por consiguiente un escritor tiene la responsabilidad de poner su capacidad al servicio de los demás.
 
“Ahora que he vuelto y tengo tanto que decir,
pido que me oigan, aunque no se acuerden de mí.
No tengo miedo de que se pierda mi cantar,
sé que entre todos, alguno me querrá escuchar”.
 
Si bien he seguido escribiendo cómo y cuánto me ha dado la gana, he escrito consecuente de la responsabilidad de compartir opiniones y experiencias y, sobre todo, animando a que cada uno busque su camino y se forje su propia opinión; que no sucumba ante el “pensamiento único” que la dictadura global nos está imponiendo.
Al igual que Miguel Ríos, no tengo miedo de que mis escritos caigan como semilla en desierto estéril porque sé que alguien, aunque sólo sea uno (que son muchos más, según he podido comprobar) quien me lea.
 
“Caminando entre la gente de los campos y ciudades,
me di cuenta de mentiras y aprendí grandes verdades.
Y quisiera yo contar lo que de ellos aprendí,
ya la gente no es igual que aquél día en que me fui”.
 
Tras siete décadas de vida es mucha la experiencia que se adquiere y provechosas las enseñanzas si uno pone interés en ello. Por eso quiero compartir lo que he aprendido, lo que he experimentado, lo que he intuido… y siempre con respeto por la libertad de opinión para que cada persona recuerde que tiene la capacidad de pensar por sí misma, que este mundo no es sólo material sino también espiritual, y que todos vamos evolucionando en este discurrir… y las “palabras inefables” que voy volcando en este blog, son buena prueba de ello.
 

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lunes, 11 de septiembre de 2023

Como el Guadiana

Siempre me atrajo el río Guadiana, y no por tenerlo muy cerca de mi pueblo sino el misterio que entrañaba su recorrido, el cual se sumergía bajo la tierra y volvía a reaparecer, justo cerca de Daimiel en lo que se llaman -¡qué nombre tan bonito!- los “Ojos del Guadiana”. Allí, recién renacido, nos ofrecía su caudal y su verdor, e incontables tardes de disfrute de la naturaleza en sus orillas en donde -¡qué tiempos aquellos!- se podía pescar e incluso cazar cangrejos.
 
El río Guadiana es un perfecto símbolo de lo que es nuestra vida, que un día sucumbe y desaparece bajo la tierra para más tarde volver a la vida y finalmente fundirse con el océano. Porque así es nuestra vida. Nacemos, morimos, volvemos a nacer, volvemos a morir… en un constante discurrir adquiriendo conocimientos y experiencias para –finalmente- fundirnos con el Absoluto, con la Mente Universal, con Dios, o como quieras llamarlo.
 
Cuando sólo contaba 13 años de edad, irrumpí en el mundo de la poesía y escribí este “Canto al Guadiana”:
 
Río extenso de La mancha
que caminas por su seno,
¿cómo es que nadie te admira
siendo el corazón entero?
 
En la tierra de molinos
eres el aspa del suelo,
vas regando los trigales
reflejándose en ti el cielo.
 
Todos los ríos te envidian
por tu esbeltez y belleza.
Nadie sabe agradecer
lo que tú haces a esta tierra.
 
Tú, Guadiana, te preguntas:
¿Cómo es que nadie te llama?
¿Cómo es que nadie te quiere?
Y ¿por qué te dan la espalda?
 
Nadie de ti se preocupa,
nadie a saludarte baja.
Y tú pasas tristemente
creyendo que nadie te ama.
 
Tienes algo que te atrae,
tal vez tus juncos verdosos,
quizá el cauce subterráneo
o tus grandes, bellos, “Ojos”.
 
Lento y sigiloso corres
con esas aguas tan claras
que van limpiando estas tierras,
y te llamamos: “Guadiana”.
 

Seis décadas de poesía en un libro que nos permite ver cómo evoluciona un poeta a lo largo de los años…
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jueves, 27 de septiembre de 2018

Canto al Guadiana



Hoy voy a rendir homenaje a un poeta de 14 años, pues esa era la edad que yo tenía cuando escribí este “Canto al Guadiana”, ese río que abrió los ojos cuando se acercó a Daimiel y regó mi temprana inspiración:

CANTO AL GUADIANA

Río extenso de La Mancha
que caminas por su seno,
¿cómo es que nadie te admira
siendo el corazón entero?

En la tierra de molinos
eres el aspa del suelo,
vas regando los trigales
reflejándose en ti el cielo.

Todos los ríos te envidian
por tu esbeltez y belleza.
Nadie sabe agradecer
lo que tú haces a esta tierra.

Tú Guadiana te preguntas:
¿Cómo es que nadie te llama?
¿Cómo es que nadie te quiere
y por qué te dan la espalda?

Nadie de ti se preocupa,
nadie a saludarte baja,
y tú pasas tristemente
creyendo que nadie te ama.

¡Oh, Guadiana! ¡Oh, Guadiana!
Ya nadie está en tus orillas,
sino solo los recuerdos
que tú acoges con sonrisas.

Tienes algo que te atrae,
tal vez tus juncos verdosos,
quizá el cauce subterráneo
o tus grandes, bellos, ojos.

Lento y sigiloso corres
con esas aguas tan claras
que van limpiando estas tierras,
y te llamamos: Guadiana.