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miércoles, 24 de octubre de 2018

Todo beso ha de ser lágrimas en conclusión

Después de haber rescatado del olvido una parte de la obra poética inédita de Gaspar Fisac Orovio (1849-1937) vamos a repetir una de mis favoritas, la cual está incluida en el libro "Médico, periodista y poeta", de Vicente Fisac, disponible en Amazon en ediciones digital e impresa.

Esta poesía, titulada "Besos y lágrimas", fue publicada en el nº 86 del periódico “El Eco de Daimiel” del 30 de junio de 1886 el cual dirigía. 

Según se indica en la crónica correspondiente, fue recitada por Luis Villalón en la velada que el día del Corpus celebró la Sociedad Talía en el teatro Ayala de Daimiel (Ciudad Real):

Breve existencia gozó
aquél ángel de ternura;
era tan niña, tan pura,
que al trono de Dios voló.

Cual la violeta escondida
va su perfume exhalando,
así se le fue escapando
entre suspiros la vida.

Y tras de la azul esfera
buscó inocente, bendita,
una existencia infinita
de infinita primavera.

Mas ¡ay! que en eterno llanto
la pobre madre anegada
exclama triste, angustiada
en doloroso quebranto:

“¿Por qué, Dios mío, perdí
para siempre la hija mía?
¡Yo que tanto la quería!
¡Casi tanto como a ti!

¡Yo que en místico embeleso
cada vez que me miraba
con dulce amor le entregaba
toda el alma con un beso!

¡Yo que con loca ansiedad
la estaba siempre besando,
la he de estar ahora llorando
en perpetua soledad!”.

Tal exclama en su aflicción
la infeliz madre, sin ver
que todo beso ha de ser
lágrimas en conclusión:

Si el aura besa las flores
vierte llanto de rocío;
vierte lágrimas el río
si el prado murmura amores.

Si el mar a la costa amena
besa henchido de placer,
lágrimas deja correr
filtrándose entre la arena.

Si el arroyo juguetón
besa las piedras saltando,
lágrimas va salpicando
en revuelta confusión.

Si en la rama tembladora
o entre su follaje espeso
recibe del viento un beso
el sauce, lánguido llora.

Y en el azul firmamento
si las nubes se confunden
en solo un beso; difunden
lágrimas mil por el viento.

El beso que palpitar
se está sintiendo en la boca,
cuando el amor nos provoca
se suele en llanto trocar.

Aquél beso que al partir
damos al amante ser,
llanto nos hace verter
y se va en su llanto a ungir.

Y siempre que percibimos
la impresión que codiciamos,
es tan grata, que lloramos,
y llorando, sonreímos;

que aunque no vemos por dónde
va al placer la pena junta,
a donde un beso pregunta,
una lágrima responde.

Pues si un beso es la expresión
de un sentimiento infinito,
una lágrima es el grito
más grande del corazón.

Bien podemos afirmar
que el placer que un beso exhala,
forma la invisible escala
por do el llanto ha de bajar.

Por eso llora afligida
la triste madre sin calma,
que hasta los besos del alma
se lloran toda la vida.

Y es que infausta condición
nos acompaña al nacer,
pues todo beso ha de ser
lágrimas en conclusión.

martes, 23 de octubre de 2018

A mis queridas nietas

En este otro poema inédito del año 1934, el médico, escritor y poeta, Gaspar Fisac Orovio rinde homenaje a dos de sus nietas:


Nota alegre y cadenciosa
de la canción de un poeta,
luz de mis hijos hermosa,
el capullo de una rosa,
eso es mi primera nieta.

Un día trajo un ángel
a mi Conchita,
cobijada en sus alas
una hermanita.
¡Nietas hermosas,
se mecen en su tallo
como las rosas!

Tiene mi Matildita
ojos tan bellos
que el ángel que la trajo
se mira en ellos.
Dulce paloma,
donde posa su vuelo
el Sol se asoma.

Y como el Sol se para
junto a las cunas,
y el viejo tiene frío,
siempre las busca.
El pobre abuelo
vive si en sus rodillas
bailan sus nietos.

(Y yo pienso al mirarlas:
“¡Qué feliz fuera
si a mi Concha a mi lado
con ellas viera!
¡Dios lo ha querido
y ellas son su recuerdo
cuando las miro!”).

lunes, 22 de octubre de 2018

Teatro en verso: Una limosna (y 2)


(Se alza el telón)

Gaspar
Tú dirás a qué venimos
al teatro, en una tarde
que es tan fría.
Paquita
                          ¿Cómo fría?
Gaspar
¡Pues ya lo creo y bastante!
¡Como si fuera de enero!
Paquita
Es que el frío está en la sangre.
En Madrid hay una cuesta,
la cuesta de enero ¿sabes?
que no la puede subir
ninguna empresa.
Gaspar
                               Adelante.
Paquita
Y es que ya, por ese tiempo
se va la gente a otras partes;
eso sucede en la Corte,
en los pueblos ¿qué diantre?
siempre aquí somos los mismos
aunque hagamos poco arte.
Gaspar
Bien, Paquita, tú serás
la que dirijas la nave,
es decir, el aeroplano
y ya estamos en el aire.
(Mira a todos lados como si sintiera frío)
¡Y que sopla que es un gusto!
Paquita
Vas, de miedo, a congelarte.
Gaspar
(Mira de nuevo)
Pero ¡qué viento! ¿Recuerdas
cómo hicieron su viaje
Don Quijote y Sancho Panza?
Paquita
Pues sí quisiera acordarme.
Gaspar
(Riendo y montando a caballo en una silla)
Un caballo de madera
y un fuelle en salvo la parte;
tapan sus ojos y gritan
“tenerse bien, agarrarse,
que ya vais cerca del sol”.
Y uno les tuesta el semblante
con una estopa encendida.
Paquita
(Riendo)
Y el otro venga a soplarles.
Ya me acuerdo, ¡qué bonito
El Quijote de Cervantes!
Gaspar
Vamos, Paca, a lo que importa:
¿Qué hemos de hacer?
Paquita
                                      Ayudarles
a las buenas Hermanitas,
en sus empresas y afanes;
los ancianos del Asilo
tienen donde cobijarse,
pero no tienen iglesia,
la que empezaron se cae...
Vamos, pues, a trabajar,
que no lo haremos en balde;
a reunirles dinero
con funciones teatrales
que terminen su capilla
y los ancianos la alaben
y que por nosotros recen
y...
Gaspar
(Tapándole la boca)
       Basta ya. Que te calles.
Ya está el público enterado,
pero dime el plan de ataque.
Paquita
Has de trabajar en todo,
o en casi todo. ¿Ensayaste
bien los papeles?
Gaspar
                              Pues eso,
que no los se bien.
Paquita
                                ¡Tunante!
Eres muy desaplicado.
Gaspar
¿Yo?
Paquita
          Sí, tú.
Gaspar
                     ¡Qué disparate!
Paquita
Me has engañado.
Gaspar
                              No, tú
fuiste la que me engañaste:
“Que es bonito, que es sencillo,
que va a ser muy agradable,
anda, que pronto lo aprendes”...
Eso dijiste.
Paquita
                   Y tomaste
los papeles que quisiste.
Gaspar
Y supiste engatusarme.
¡Cuántas Evas pecadoras!
Paquita
¡Y cuánto Adán abundante!
Gaspar
Bueno, encomiéndame.
Paquita
                                       ¿A quién?
Gaspar
Busca tú en el almanaque
al santo de los actores.
Paquita
No habrá para qué cansarse,
que aunque trabajemos mal,
con intentarlo es bastante.
Gaspar
Ya pienso que el arte escénico,
al que quieres elevarme,
es Clavileño, el caballo,
y que subo por los aires,
y quema el público estopa,
y que me caigo... y te caes.
Paquita
Déjate de bromas; vamos
a vestirnos.
Gaspar
                    No te canses,
Paquita. ¡Nuestra labor
es tan insignificante!
Paquita
Nunca es corta la limosna
si la da un corazón grande,
y tú la limosna das...
Gaspar
(Riendo)
Sí, de un trabajo...gigante.
Paquita
Y Dios ha de bendecir
a cuantos tomamos parte
en estas funciones: unos,
pagando localidades,
otros trabajando aquí,
dando algunos sus jornales,
o estudiando o discurriendo
todos con fines loables.
Gaspar
La verdad es que el Asilo
bien merece esfuerzos tales,
porque allí se alberga el pobre...
y quizá irán nuestros padres;
tal vez nosotros vayamos
a recibir los raudales
de alegría y de consuelo
de aquellas benditas madres.
Paquita
Dices bien. ¡Benditas sean
las Hermanas, esos ángeles
de caridad, de ventura,
que son de Cristo la imagen!
Ellas recogen los pobres,
los ancianos miserables;
visten sus cuerpos desnudos,
limpian, con amor, sus carnes,
los ponen al sol de Dios,
les hablan grato lenguaje
y les cantan como pájaros
entre dorados alambres,
mientras se va adormeciendo
al son de aquellos cantares
la ancianidad, que recuerda
la abuelita venerable.
Gaspar
Dices bien, a trabajar
porque pueda terminarse
la capilla del Asilo,
y en recinto confortable
canten vírgenes y ancianos
¡Salve, Virgen madre, salve!
Paquita
Dale el último repaso
a tu papel, a aplicarse;
yo he de repasar el mío,
y a las niñas de mi clase
y de los demás colegios,
también haré que repasen
sus comedias y zarzuelas
para que afinadas canten.
Quisiera que nos oyesen
los ancianos, que no saben
lo que es teatro, ni gozan
de placeres semejantes...
Les hemos dado las Pascuas,
hemos ido a regalarles
mantecados y bizcochos
y tortas y mazapanes;
pero no han saboreado
este placer inefable
de mirar a nuestra infancia,
la que vieron alejarse,
y olvidar, por un momento,
su vejez y sus achaques.
Gaspar
(Muy contento)
Yo también celebraría
que pudieran escucharme.
Paquita
¡Eso es lo que yo quería!
¡He logrado entusiasmarte!
Ya verás que bien trabajas,
ya verás cómo te aplauden.
Aquí el público benigno
(señala a las butacas)
y allí la Hermanita amable
(señala al fondo).
Mírala por donde cruza
con una anciana esa calle.
(Cruzan la escena y se detienen una Hermanita y una anciana).
Le da la mano, la abriga,
consigue que se levante
cuando sus piernas flaquean,
que al cielo los ojos alce,
que en su desgracia sonría
y que olvide sus pesares.
Oye la voz de esa Hermana,
mira cómo va a expresarse.
Hermana
(Recita el siguiente soneto):
Yo no busco el amor que busca ufano
el fácil goce de la alegre orgía,
ni aún el bendito amor que al cielo envía
germen fecundo del linaje humano;
yo no busco el aplauso del mundano,
no hay en mi caridad filantropía,
que a más alta región el alma mía
endereza su aliento soberano.
Yo busco lo inmortal, aquél seguro
que no se encuentra en el vivir del suelo,
sino clavando el cuerpo al leño duro.
Del lago del placer huye mi vuelo;
busco en el hombre a Dios, al amor puro,
mi amor es caridad mirando al cielo
(Desaparecen lentamente la Hermana y la anciana).
Gaspar
La escuché regocijado
y las he visto alejarse,
admirando esa virtud
y ese amor inenarrable.
Ya no siento tanto frío,
que has logrado entusiasmarme.
Venga ese programa, venga.
Paquita
Tú y yo, la primera parte.
Gaspar
¿Nosotros los primeritos?
¡Hay que miedo!
Paquita
                             ¿Te asustaste
ya otra vez?
Gaspar
                    Yo no, Paquita.
Paquita
Pronto se acaba el examen:
“El castigo del orgullo”
con actrices admirables;
luego “La Venta y la burra”
donde la burra al fin sale,
y con “La Venta del jaco”
los gitanos nos distraen.
Más tarde “Las hijas de Eva”,
de bellezas ejemplares,
y una zarzuela, por fin,
de ese bullicioso enjambre.
(Se siente el canto y alboroto de niñas que se van acercando).
Esa es la vida a torrentes
que Dios bendito nos trae,
cantos de Choza y Palacio
que vas un punto a escucharles.
(Aparece cantando el coro de niñas, que se aleja bulliciosamente).
Gaspar
Sin ese alegre gorjeo
¡qué tristeza nos invade!
Mas al rumor de esas risas
va la vida deslizándose,
como del limpio arroyuelo
los rumorosos cristales.
Paquita
¿Ya estás dispuesto, Gaspar?
Gaspar
Ya hemos charlado bastante:
Demos limosna a los pobres;
a trabajar, a ayudarles;
la caridad es bendita
y es muy rica, inagotable.
Paquita y Gaspar
(Paquita y Gaspar, cogidos de la mano, se dirigen al público):
La caridad es la fuente
de amor que nunca se agota,
y una limosna es la gota
que va haciendo la corriente;
dichosa el alma que siente
tal virtud, que ahoga las penas
así propias como ajenas.
Da una limosna a tu hermano,
que a quien da al pobre la mano
Dios da el bien a manos llenas.
(Cae el telón)

domingo, 21 de octubre de 2018

Teatro en verso: Una limosna (1)

La enorme afición por el teatro, del médico, periodista y poeta, Gaspar Fisac Orovio, le llevó a abarcar numerosas facetas: autor, actor, director de escena... No ha quedado apenas constancia de su legado en este campo si bien hemos conseguido acceder al texto completo manuscrito de una de sus obras que, con el título “Una limosna” lleva fecha del 25 de enero de 1914 pudiendo deducirse que fue aquella o bien la fecha en que se escribió o más probablemente la fecha en que se representó dicha obra.

Se trata de un diálogo entre dos amigos, el autor (que posiblemente también representó dicho papel puesto que así figura en el texto) y Paquita. Ambos se enfrentan al reto, como aficionados al teatro que son, de representar una obra para recaudar fondos que ayuden a sufragar el coste de las obras de remodelación y mejora del Asilo de ancianos. Paquita y Gaspar hablan en verso en el escenario de un teatro, simulando que este se encuentra vacío en espera de que allí se represente lo que ellos están ensayando y que, en realidad, es la representación en sí de esta obra de teatro corta o “juguete” escénico.

En el siguiente post ofrecemos en exclusiva este texto que había quedado olvidado para el público de nuestros días.

sábado, 20 de octubre de 2018

Niños actores: Un ensayo (y 2)

Y he aquí un fragmento de las quintillas interpretadas por una de las niñas actrices:

Hubo un mártir, San Vicente,
que antes de partir al cielo
mostró una mina en el suelo,
la herencia de un penitente:
Caridad, Paz y Consuelo.
Muchos seres la explotaron,
y con afán insaciable
la caridad prodigaron,
y paz y consuelo hallaron
en filón inagotable.
Y otras cien generaciones
de hermanas de caridad,
van prodigando esos dones
con indecible piedad
a cambio de bendiciones.
Caridad, sagrada fuente
de amor que en el pecho brota,
la herencia de San Vicente
que en España no se agota
mientras la mujer aliente.
Vedla, es joven y quizá
llora amargos desengaños;
tal vez huérfana será,
y el mundo le tenderá
las redes de sus engaños.
Oye el ruido de la orgía
y del inmundano bullicio,
mas no cae en el precipicio
donde rueda la alegría
abrazada con el vicio.
La lujosa vestidura
deja por tosco sayal,
y desprecia su hermosura,
recibiendo de la altura
otra belleza ideal.
Ella recoge al anciano,
al enfermo, al desvalido
que imploró socorro en vano...
¡y a todos tiende la mano,
y el hospital trueca en nido!
Nido de paz y de amor
do el ángel de caridad,
cobijando la orfandad,
cubre el lecho del dolor
con sus alas de piedad.
Y en la noche silenciosa,
el enfermo agonizante,
que en su vida licenciosa
sintió la muerte angustiosa,
abandonado y errante,
ahora la mira venir
lleno de plácida calma...
Ya no está solo al morir,
ya ve un ángel sonreír,
¡ya siente un cielo en el alma!
De rodillas, en el suelo;
no maldigas con enojos,
soy el ángel del consuelo,
levanta al cielo los ojos,
y bajará a tu alma el cielo.
Yo contigo he de rezar,
que en la lucha singular
que ahora sostiene tu ser...
¡te salvará la mujer
que te hace un punto llorar!

viernes, 19 de octubre de 2018

Niños actores: Un ensayo (1)

En la crónica sobre una velada teatral de enorme éxito en Daimiel, se reprodujeron algunos fragmentos de la pieza teatral “Un ensayo” escrita por Gaspar Fisac Orovio e interpretada por niños que hacían papeles de adulto, tal como se ha comentado ampliamente al respecto en el capítulo primero de este libro. De esta forma se han podido rescatar algunos versos y unirlos al resto de la obra poética que compone este quinto y último capítulo.

La función se celebró el 28 de agosto de 1885 pero no fue hasta el 8 de septiembre de 1885 cuando aparecieron la crónica y los versos publicados en el nº 6 del joven y  nuevo periódico bisemanal “El Eco de Daimiel”.

He aquí un fragmento de las redondillas que interpretaba uno de los niños actores:

Reposa un punto, viajero,
pobre médico, reposa:
¿Morirá el niño?... ¿mi esposa?...
No puedo esperar... ¿qué espero?
Si en esta senda infinita
que recorro sin cesar
solo podré descansar
si hallo otra vida bendita.
Se encorva el cuerpo perdiendo
su vigor y lozanía;
mi existencia es flor de un día
¡y pronto irá anocheciendo!
Que entre mis negros mechones
cuaja la nieve el destino,
como el polvo del camino
sobre campos de ilusiones.
Y vertiendo por igual
de la ciencia el rico fruto,
voy prestando mi tributo
del palacio al hospital.
Contra la muerte en batalla
les presento el cuerpo mío,
ya a la nieve, ya al estío,
ya al incendio, o la metralla.
Y en los mares y en el llano,
y en la ciudad y en la aldea,
no encuentro ser que no sea,
puesto que sufre, mi hermano.
Solo escucho en derredor
el gemido del doliente,
y una arruga hace en mi frente
cada grito de dolor.
Ni en el lecho al arrojarme
gozo el sueño apetecido,
ni en el hogar, al olvido
del mundo, puedo entregarme.
Que a menudo en noche umbría
y entre lluvias torrenciales,
corro a escuchar entre males
estertores de agonía.
Un enfermo agonizando,
y una mujer junto al lecho,
el rostro en llanto deshecho,
mis respuestas anhelando;
y si por dicha a la vida
va volviendo el triste ser
de aquella pobre mujer,
toda el alma agradecida.
Mas tal cuadro alguna vez
nubla con llanto mis ojos,
que solo miran despojos
de amarilla palidez...
De la ciencia sacerdote,
hoy solo puedo rezar,
que he importado ya a mi hogar
de la epidemia el azote.
Me hace impotente... y me hiere...
¡y a mi esposa, que es tan buena!
Yo el contagio... yo... ¡qué pena!
¡Hijo querido... se muere!...
O fuerzas para luchar,
o un rayo para morir,
que yo no puedo vivir
viendo la muerte en mi hogar.

jueves, 18 de octubre de 2018

Santa Teresa (y 4): Joyas nupciales. Camino de perfección III

Desde el valle delicioso
donde Malagón se asienta
se divisa la llanura
en donde Daimiel se encuentra:
Háyase en él un Convento
de Carmelitas profesas,
nuevo nido de palomas
de la dulce mensajera
que en Daimiel posó su vuelo
y a donde acuden aquellas.
Y de Daimiel otro timbre
es la casa solariega
donde es fama está la sala
en que se hospedó Teresa.
Ni del tiempo las andanzas,
ni los cambios de viviendas
han logrado destruir
el lugar que se venera
como reliquia preciada
de felicísima fecha;
nadie ha osado variarla,
nadie derribarla intenta,
ella sola vive en medio
de otras salas opulentas...
¿Es milagro? Ya lo veis,
es milagro de pobreza.
Ya que el nombre de la Santa
en los conventos se ostenta
y el pueblo se asocia al júbilo
que hoy embarga a España entera,
que a la vía del progreso
afluya la estrecha senda
—por donde el pueblo camina,—
llevando las manos llenas
de obras de celo por Cristo,
de santidad y pobreza
que son las Joyas nupciales.
de Jesús y de Teresa.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Santa Teresa (3): Joyas nupciales. Camino de perfección II

Algunos años después,
dama de grande nobleza
va acompañando a una monja
por su dilatada hacienda;
que es su feudo el señorío
de Malagón, y sus tierras
son las fértiles campiñas
que aguas cristalinas riegan.
Va la dama alborozada
admirando la belleza
del paisaje, y entre tanto,
la monja suspira y reza...
y queda estática al fin
ante la visión más bella,
ante su esposo, Jesús,
que quiere con su presencia
santificar el lugar
donde la monja lo encuentra.
Doña Luisa era la dama;
la monja, sabéis quién era,
y el lugar de la visión
tan celestial, tan excelsa.
Fue desde entonces Sagrario
donde prisionero queda
en las redes de amor místico
amor de divina esencia.
Fue el Carmelo reformado
por su santa mensajera,
fue un convento, al que acudieron
como palomas sedientas
para abrevarse en las aguas
de la virginal pureza
las aves del palomar
que cuida Santa Teresa.
Guárdanse allí objetos suyos
como inestimables prendas
y aún florece el albo almendro
que fue plantado por ella.
Como en su sitio subsiste
el asiento que eligiera
para dirigir las obras
del Convento, la gran piedra
que cual símbolo perpetuo
de la Piedra de la Iglesia,
en el correr de los tiempos
pregona siempre firmeza.
En esa piedra desnuda
la desnudez se recuerda
del Rey de reyes, Jesús.
¡Bendita quien dio por ella
los rubíes, los diamantes
y las sartas de sus perlas!
¡Y bendita la doctora
que alegró aquella existencia
con fulgores de sus ojos,
con cantares de su lengua!
¡Resplandor de Santidad
que ya ilumina una senda!
¡Camino de perfección
donde va dejando huellas,
en los conventos y libros
que ella alzara y escribiera!
Por eso al honrar su nombre
los pueblos de gozo tiemblan
pensando que se abre el cielo
y los bendice Teresa
en las obras de las artes
y en las artes de las letras.

martes, 16 de octubre de 2018

Santa Teresa (2): Joyas nupciales. Camino de perfección I

Fue Gaspar de Salazar
—admirador de Teresa—
quien mostró a una peregrina
que desde Roma volviera
hasta Granada, el lugar
donde se encontraba aquella:
El lugar era Toledo
y su mansión allí era
de los de Medinaceli
la señorial residencia.
Hallábase consolando
en la más triste dolencia
—en la aflicción del espíritu—
a la señora más buena,
a la hermosa hija del Duque
tan desgraciada cual bella,
que de su esposo y sus hijos
lloraba la eterna ausencia.
Y María de Jesús
díjole a la de Cepeda
que en la Orden primitiva
del Carmelo, la pobreza
absoluta se observaba
cual si fuese la indigencia
puesto que no admitió bienes
que de limosna no fueran.
Lo mismo pensó la Santa
para reformar su Regla,
inspirándose en la Cruz
donde a su esposo contempla
en la mayor desnudez
y en la más grande miseria.

Marchóse la peregrina,
y quedó la Santa nuestra
en la señorial mansión
de los Duques que la hospedan,
donde realiza prodigios
que cual milagros se cuentan...
De su director, Fray Pedro
de Alcántara, llegan letras
en las que aquél varón santo
a la Reforma aconseja
una pobreza absoluta
como el Evangelio enseña...
“Que Él que nos dio su alto ejemplo
consejo también nos diera”.
Oyó la inspirada carta
Doña Luisa de la Cerda,
muy consolada en su llanto
y aliviada en su dolencia
a tal punto que aquél día
se holgó de olvidar sus penas
mostrando a su casta amiga
sus riquísimas preseas.
Reclinándose a su lado,
solazándose con ella
al ver los rayos del sol
quebrarse entre las facetas
de los diamantes y oír
con el choque de las piedras
que de un cofrecito saca,
el ruido que hacen las perlas
al desgranarse el collar
que entre sus dedos se enreda.
Ambas contemplan la carta,
ambas las joyas contemplan,
y ambas levantan los ojos
y sus miradas se encuentran
despidiendo unos fulgores
que pueden fundir las piedras.
¡Resplandor de santidad
que va a iluminar su senda!
¡Camino de perfección
donde va a dejar sus huellas!

Santa Teresa (1): Los Caballeros de Santa Teresa

El 15 de octubre de 1923 tuvo lugar en Daimiel (Ciudad Real) una velada artístico-literaria con motivo de la fundación de la asociación “Caballeros de Santa Teresa”, habiéndose escogido esta fecha por coincidir en el santoral con la onomástica de santa Teresa de Jesús y haberse cumplido recientemente su centenario.

Siendo Gaspar Fisac Orovio (Doctor en Medicina, Médico del Hospital provincial de Ciudad Real y Médico titular de Daimiel) un hombre de profundas convicciones religiosas (Caballero de santa Teresa y miembro del grupo de “Adoración nocturna”), un consumado periodista (fundador junto a su hermano Deogracias, del diario “El Eco de Daimiel”), y un reconocido poeta (numerosas poesías que, aun no habiendo sido publicadas mas  que en su periódico, le habían granjeado la fama y el aprecio como poeta), fue requerido para dar a conocer en aquella velada un poema dedicado a santa Teresa, el cual fue leído por uno de sus hijos, Rafael Fisac. Se trataba de un romance –que reproducimos a continuación- el cual fue incluido en el libro que se editó en 1924 para recoger todo lo acontecido en esa importante velada y, según reconoció su autor, estuvo inspirado en la lectura de un artículo de Luís León con motivo del “Homenaje a Santa Teresa de Jesús” con motivo de la conmemoración de su beatificación.

Alude en sus versos finales a una tradición según la cual, santa Teresa, de paso hacia el convento de Malagón, paró en Daimiel, ocupando una habitación en la casa que fue del subdelegado de Farmacia, César Cruz Periconi, en cuya fachada existe una placa conmemorativa de ese hecho y cuya habitación se conservó en la misma forma en que se encontraba en aquella época, pues –a pesar de sucesivas remodelaciones de la casa- quiso su dueño que dicha habitación permaneciera intacta.

En los próximos post ofreceremos el texto del “Romance a Santa Teresa” que con motivo de este acontecimiento compuso Gaspar Fisac Orovio, y que llevaba por título “Joyas nupciales. Camino de perfección”.
(Continuará...)

lunes, 15 de octubre de 2018

Días felices

Esta es una poesía inédita de Gaspar Fisac Orovio. Aunque no figura la fecha en que fue escrita, podemos deducir sin temor a equivocarnos que la escribió en torno al 30 de julio de 1925, fecha en que falleció su esposa, ya que en ella llora la pérdida de tan querido ser tratando de sobreponerse a dicho dolor asido a la esperanza de la vida eterna. El amor le hizo vivir y el amor le hizo, a partir de ese momento, sobrellevar su pérdida, llenando su memoria de tantos días felices de amor vividos junto a ella. El poema llevaba por título “Días felices” y bajo el mismo figuraba la dedicatoria “A mi esposa”.

Horas de dicha con tu amor pasadas,
días felices por tu amor vividos,
despertad al rumor de mis pisadas
y clavaos al dolor de mis sentidos.

Voy caminando hacia el hogar del duelo
donde el cuerpo reposa,
que allí, cerca de mi, se encuentra el cielo
en donde está mi esposa.

Tras de la losa fría
está la realidad del cuerpo inerte,
mas la esperanza del cristiano fía
que allí no está la muerte,
sino el amanecer de eterno día...

Allí el dolor que simboliza el Leño,
la Cruz del Redentor que al mundo abarca,
nos despierta de un sueño,
nos coge entre sus brazos y nos marca
el fin de este camino:
“Sufrir –nos dice- es codiciar la calma,
soy la Cruz, soy tu lecho, tu destino,
soy la luz, soy la vida de tu alma”.

¡Bendito este dolor que me sublima!
exclamo, contemplando la Cruz santa,
¡qué importa que mi cuerpo un punto gima
si, apoyando la planta
en mi mortal desvelo,
esta Cruz es la llave que abre el cielo!

domingo, 14 de octubre de 2018

A la señorita D.C.

Esta composición poética fue escrita por Gaspar Fisac Orovio el 22 de abril de 1890 y publicada en el nº 453 de “El Eco de Daimiel” del 10 de septiembre de 1890. No sabemos quién era la “Señorita D.C.” a quien fue dedicada esta composición, la cual consta de tres partes: introducción, serenata y despedida.

INTRODUCCIÓN

Tu capricho te perdono,
y al realizarlo me ufano,
quieres que arranque tu hermano
a su lira una canción;
y que cruzando el espacio
donde la nota se ensancha
llegue el eco de La Mancha
a la andaluza región.

No me importa que se escuchen
de mi lira las canciones,
que, aunque sencillos, sus sones
los han llegado a aplaudir;
lo que temo es no hallar nota
que sea digna, por galana
de cantar a la sultana
que se digna el canto oír.

Mas como en ti son iguales
la discreción y hermosura,
si hallas alguna dulzura
mi canción al escuchar,
alzaré la frente altiva
y orgulloso de mi empeño,
siendo el hombre más pequeño
seré más grande a la par.

Y si no alcanzo la gloria
de tu parabién ansiado,
quiero morir abrazado
a este hermoso pabellón;
quiero, en las cuerdas dormido,
del arpa empolvada y rota
impedir salga otra nota
que mi postrera canción.

Pues me basta el triunfo, hermosa,
de ocupar tu pensamiento
tan solo un fugaz momento
tu nostalgia al distraer;
y si caigo despeñado
en la sima del olvido,
a tus pies caer rendido
es levantarse al caer.

Sobre Córdoba proyecta
sus sombras Sierra Morena,
de una tosca cantinela
se oye insólito rumor;
y el Guadalquivir murmura,
con sus rompientes de plata,
la salvaje serenata
de tu oscuro trovador.

SERENATA  

Yo soy el genio que en tus balcones
entona alegre varias canciones,
yo de la noche soy el secreto,
soy de las niñas rico amuleto,
soy su tesoro, su talismán;
sus desventuras, sus alegrías,
las sé yo todas, las hago mías,
yo soy su anhelo, yo soy su afán.
Gimo en las aguas murmuradoras,
pueblo de sombras los olivares,
corro en las brisas embriagadoras,
lleno el espacio de mil cantares,
silbo en las cañas, zumbo en el viento,
trino en las ramas, rujo en los mares;
y como ascienden al firmamento
tibios vapores, sube mi aliento
y cubre el cielo si se dilata
de manto hermoso de azul y plata,
y al condensarse forma la nube,
perla del cielo, cendal del sol,
nido del ángel, flor del querube,
fuente copiosa, vivo arrebol.
Por mi es el trino de ruiseñores,
por mi el arrullo de las palomas,
por mi el perfume de gayas flores
que esmaltan prados, valles y lomas,
y los suspiros, sueños, quimeras,
y las miradas que dan calor;
voy en el beso de las palmeras,
duermo en el polen germinador,
por mi las horas huyen ligeras,
yo soy tu esclavo, soy el amor.

DESPEDIDA  

Ya has escuchado mi trova,
mas no cierres tus balcones,
quedan los últimos sones
en las cuerdas, que pulsar;
tú que al amor esclavizas,
no lo trates con cariño,
porque el amor es un niño
que no se puede mimar.

Deja que juegue en las trenzas
de tus hermosos cabellos,
que entre límpidos destellos
quiera en tus ojos vivir;
mas si luz embriagadora
vierte, alegre, en tu mirada,
ten el alma tan cerrada
que no la pueda sentir.

Pues si por él ¡ay! suspiras
y le das entera el alma,
te roba el traidor la calma,
su esclava llegas a ser;
y no puede ser esclava
tu soberana hermosura...
¡Siempre el cielo está en la altura!
¡Siempre es ángel la mujer!

Si son grados del amor,
la pasión y la demencia,
es barrera la inocencia
para el vértigo infernal;
y la mujer halla asilo
en la virtud, sombra amiga
que los ardores mitiga
del veneno de aquél mal.

Sobre Córdoba proyecta
sus sombras Sierra Morena,
de una tosca cantinela
se oye insólito rumor,
y el Guadalquivir murmura,
con sus rompientes de plata,
la salvaje serenata
de tu oscuro trovador.

sábado, 13 de octubre de 2018

A mi distinguida amiga Claudine

Esta composición poética de Gaspar Fisac Orovio, dirigida a una buena amiga suya, fue escrita en diciembre de 1889 y publicada en el nº 405 de “El Eco de Daimiel”.

I

Si en alas del placer, con loco empeño,
fugaces pasan para ti las horas,
si siempre escuchas del rendido dueño
las promesas de amor halagadoras,
si el grato despertar de dulce ensueño
no lo amarga el dolor, si nunca lloras,
no canto para ti, que es vano intento
turbar tu dicha con mi triste acento.

II

Mas tú conocerás a ese tirano
que el blando ritmo del latido altera,
que el alma oprime con alevosa mano
y hace gemir con aflicción postrera;
tú habrás sentido su veneno insano
en fiera lucha con su garra fiera...
¿Quién no ha sufrido del dolor el yugo
si es de la pobre humanidad verdugo?

III

Un instante no más, el triste instante
en que sentiste su ponzoña fría,
quiero evocar en ti, porque es bastante
que haya entrado en tu pecho un solo día,
para que cuando yo mis penas cante
encuentre un eco en tu aflicción la mía...
¡Un eco de amistad sagrado y tierno,
grande como el dolor, como él eterno!

IV 

No extrañes, fiel amiga, que yo anhele
encontrarte en la cárcel del tormento;
la ley de la atracción que a ti me impele,
la afinidad tal vez del sentimiento,
hacen que el alma en mis suspiros vuele
como la alondra por el vago viento,
buscando al remontarse quien recoja
los trinos con que exhala su congoja.

V

Corre el arroyo al caudaloso río
y el río corre al turbulento mar;
vuela el ave atraída al bosque umbrío,
que allí la llama arrullador cantar;
en la etérea región, en el vacío,
los astros se persiguen sin cesar;
natura muestra en su perenne vida
que está en la ley de la atracción nacida.

VI 

¡La ley de la atracción! Divina escala
que van todos los seres recorriendo,
de igual modo el que ostenta rica gala,
que el que va los despojos recogiendo;
los suspiros que el pecho en ella exhala,
cual afinadas notas, van subiendo
hasta llegar, cuando se eleva el alma
atraída por Dios, a eterna calma.

VII 

Fecunda inspiración, amante anhelo,
bastardas ambiciones, sed de gloria,
amor al bien y criminal desvelo,
vosotros sois de la atracción la historia,
del tomo impalpable al ancho cielo,
del instinto del bruto a la memoria,
cuanto en el mundo gira y vive y piensa,
cede a esa fuerza incontrastable, inmensa.

VIII

Nada a esa ley universal resiste,
que infinito es su impulso y poderío,
y ya que en mi alma su influencia existe,
cuando llegue a tu pecho el canto mío,
renazca de su fondo el llanto triste
cual de profundo manantial el río,
que no será tu corazón de roca
si el oleaje del dolor te toca.

IX  

Llora, llora conmigo en el instante
que aquestas rimas cuidadosa leas,
pues tal vez lejos de tu fiel amante,
contra tu eterna aspiración te veas,
quizá al soñar felicidad constante
cuando despiertes desgraciada seas,
y si tal infortunio te tortura
comprenderás mi amarga desventura.

X  

Apenas pude dirigir los ojos
hacia el camino que el amor seguía:
quise apagar la sed de mis antojos
libando cuantas flores me ofrecía;
yo no vi en el sendero los abrojos,
solo las flores con placer veía,
y al bajarme embriagado hasta besarlas,
el dolor me hizo al punto abandonarlas.

XI

De irresistible impulso poseído
seguí de amor la luminosa huella,
y al fin pude admirar, de gozo henchido
su imagen casta, esplendorosa y bella...
¿Pero qué infeliz náufrago herido
logra mirando la polar estrella,
si no encuentra al rendirse de fatiga
la salvadora mano de la costa amiga?

XII

¡Bendita la amistad! Orilla amena
del desierto camino de la vida,
de gayas flores y de aromas llena,
al caminante a descansar convida;
y es la que nace en el dolor tan buena
que cura el alma en invisible herida,
es la atracción del mundo de la idea,
la amistad del dolor... ¡Bendita sea!

viernes, 12 de octubre de 2018

Sátira

Esta sátira en verso fue escrita por Gaspar Fisac Orovio en noviembre de 1889 llevando como subtítulo las siguientes palabras de Gaspar Melchor de Jovellanos: “...que yo persigo en mi sátira al vicio, no al vicioso”. Dedicado a cinco vicios sociales que, según va enumerando, son: Envidia, Calumnia, Fraude, Voluptuosidad y Favor. Fue publicado en el nº 390 de “El Eco de Daimiel”.
(1) Calliope, musa de la Literatura. (2) Astrea, personificación de la Justicia. (3) Dios de la burla y el sarcasmo.

Dame tu grata voz y tu elocuencia,
el mágico sonido que cantaba
las glorias de las musas y sus triunfos;
déjame que en las hojas y en la cera
los conceptos trazados por tu “estilo”
consiga adivinar. Que yo consiga
en las tranquilas aguas del Permesso
beber la inspiración, bella Calliope (1);
vierte en mi pluma del raudal del genio
flamígeros destellos que iluminen
los versos que enojada va trazando,
que es forzoso sentir amarga pena
viendo al vicio escalar los altos puestos
que a la virtud tan solo corresponden.

Al pie de sacra piedra cuadrilátera,
do descansa esa joven candorosa,
ven ¡oh, musa! a cantar, y del sendero
que en su insondable sima va perdiéndose,
podrá el vicio salir. Mas... ¿no me escuchas
y dejas en mis manos abatidas
el muñeco y la máscara que ostenta
el bufón del Olimpo? Ya comprendo:
¿Anhelas que descubra el cuerpo horrible
de ese monstruo social que nos devora?
¿Que el látigo estallante de la crítica,
crujiendo sin piedad en sus espaldas,
azote las deformes desnudeces?
¿Que al ver sus contorsiones y flaquezas,
y al mirar sus ridículos visajes,
la alegre carcajada de la burla
brote del pecho del lector? Pues sea.

Desfilad ante mi tal como sois,
comparsas engreídos de ese monstruo,
distintas metamorfosis del vicio,
que a todos por igual he de trataros;
dichoso yo si en aversión trocara,
y en asco y en desprecio, los deseos
que a la mente inspiráis, con eso solo
muchos se librarán del vasallaje
que os rinden torpes sin saberlo acaso.

Ved la hermosa mujer que arrastra galas,
mientras carece de los más preciso,
pugnar en vano por subir un punto
del humilde escalón en que naciera;
no puede tolerar que su vecina
gaste sombreros, trajes, cintas, moños,
más ricos que los suyos. La que sigue
y oculta vanidosa sus defectos,
deslumbra con sus joyas los salones
por superar en algo a la más bella,
mientras que deja a sus ancianos padres
a mercenarias manos entregados.

Mirad... mas no miréis, esclavas todas
de la fiera pasión que las subyuga,
aparecen felices ¡ay! sin serlo,
que dentro de su pecho va escondida
la de frente arrugada y rostro pálido,
mirada incierta y en su exhausto seno
la sierpe que devora sus entrañas,
(no de otra suerte pintan a la “Envidia”),
de la que brota el miserable engendro
de faz alegre y lengua venenosa
cual la del áspid que en la flor se esconde...
la maldita “Calumnia”. Ved al “Fraude”
sonriente también tras los labios
de todo mercader, sin que le importe
-siempre en acecho de ocasión propicia-
al lecho del enfermo o del hambriento
llegar falsificando el específico
que pregona salud, y poco a poco
la ponzoña letal que lo asesina
va vertiendo en sus venas abrasadas
por el fuego de lenta calentura.

Pasa de mano en mano sin descanso
la copa de oro del placer que liban
en continuas orgías los impúberes,
haciendo ostentación de su cinismo;
la “Voluptuosidad” encuentra altares
allí donde las artes y las ciencias
debieran solo penetrar. Asombra
tanto zángano ver tras de la Venus,
renunciando al amor santificado,
al amor conyugal sagrado y tierno,
si no les sirve de fortuna o base
para seguir después sus tropelías
en el ajeno hogar. ¡Oh, escarnio! ¡Oh, mengua!
-Mancilla del honor de sus mayores-
¡Cuántos que obran así, moral predican,
jurando “por su honor” y se desdeñan
de rozarse tal vez con el honrado
padre de la doncella seducida!
Nada detiene su veloz carrera
por el lado del vicio, y cuando sienten
la fuerza material ya disipada,
si acaso tornan con pesar los ojos,
ni una lágrima escalda su mejilla,
al mirar que en su marcha luctuosa
tras el carro triunfal el honor suyo
arrastraba su cuerpo ensangrentado.
¿Qué dirían los viles, qué dirían,
si en la noche callada sus esposas
dejando el blando lecho se lanzasen
en los brazos del vicio que los cerca?
Si sus hijas tal vez, si sus hermanas,
si sus madres... “¡Ay, Dios! ¡Silencio! ¡Basta!”
les escucho decir. ¡Y aún os perdonan,
y pasáis dando el brazo a vuestra amiga,
la que exhibe las galas de la esposa!
¡Y lleváis al hogar... a la familia,
el contagio del virus asqueroso,
que adquiristeis de labios nauseabundos
de aquella meretriz en las orgías!
¡Y aún os perdonan! ¡Cuánta mansedumbre!
Maldiciendo quizás vuestro recuerdo
vivirán ¡ay! los hijos de esos hijos,
sin que en su castidad hallen el arma
que los defienda de la horrible lepra
que su herencia en la frente les ha impreso
como sello fatal; y enferma, anémica,
la actual generación ni dará brazos
que enaltezcan las glorias de su patria
cual Viriato, Pelayo y tantos otros
héroes sin cuento, ni darán cerebros
de los que surja el genio de Cervantes.

De la lozana América las naves,
impulsadas por vientos del progreso,
vendrán para llevarse lo caduco,
los leños secos que en la vieja Europa
no absorban, corrompidos o viciosos,
la nueva savia que de vida llena
honrosas tradiciones y creencias...
¿Serás, hermosa patria, tú uno de ellos?

No desfiléis ya más ante la pluma,
comparsas necios que cruzáis doquiera
en alas del “Favor”, el más tirano
de los vicios sociales, el que encumbra
al nepotismo, al deshonor y al dolo
-amasados del vicio en los pantanos-
a los altos sitiales de la ciencia,
donde el que las vulnera enseña leyes...
¡Sarcasmo horrible de la edad que pasa!

¿Dónde -¡teméis!- se ocultan -¡ay!- tus hijos:
la Ley, la Paz y Astrea (2)? Toma al punto
el muñeco y la máscara de Momo (3),
que ya risa y desprecio y mofa inspiras,
arrastrada, sin duda, por el vértigo
que a la infeliz España empuja al caos...
¡La justicia del pueblo, escarnecida!
¿Es la moral una palabra vana?