En
el vasto paisaje de África oriental, donde la Tierra parece abrirse en un
abrazo tectónico, se erige el volcán Nyamuragira, un coloso de lava y fuego que
ha moldeado el destino de una región rica en vida y contrastes. Situado en la
República Democrática del Congo (RDC), este volcán no es solo un pico
imponente, sino un recordatorio vivo de la dinámica incesante del planeta.
Conocido también como Nyamulagira, es el volcán más activo de África y uno de
los más prolíficos del mundo.
Nyamuragira
forma parte de la cadena de los Montes Virunga, un conjunto de volcanes activos
en la rama occidental del Gran Valle del Rift de África Oriental. Este rift es
una grieta tectónica donde las placas africana y somalí se separan lentamente,
permitiendo que el magma ascienda desde las profundidades de la Tierra. El
volcán se encuentra en la provincia de Nord-Kivu, a unos 25 kilómetros al norte
del lago Kivu y aproximadamente 13 kilómetros al nor-noroeste de su vecino más
famoso, el Nyiragongo, famoso por su lago de lava permanente.
A
diferencia de los conos empinados como el Kilimanjaro, Nyamuragira es un volcán
en escudo, similar a los de Hawái. Su forma es ancha y de pendientes suaves,
con una altura de 3.058 metros sobre el nivel del mar. En la cima, una caldera
de 2 por 2,3 kilómetros de diámetro, con paredes de hasta 100 metros, alberga
un lago de lava intermitente que ha fascinado a científicos durante décadas. El
volcán abarca un volumen de unos 500 kilómetros cúbicos y cubre 1.500
kilómetros cuadrados de terreno, con más de 100 conos adventicios (pequeños
volcanes secundarios) dispersos por sus flancos y la llanura circundante.
Más de un siglo de fuegos impredecibles
Desde
1885, Nyamuragira ha erupcionado más de 40 veces, con un promedio de una erupción
cada dos años desde 1980. Sus erupciones son efusivas, es decir, expulsan
grandes flujos de lava fluida en lugar de explosiones violentas, aunque
ocasionalmente generan columnas de ceniza y gases. Algunas erupciones, como la
de 1938, marcan su historia: El flujo de lava vació el lago de lava del cráter
y alcanzó el lago Kivu, cubriendo vastas áreas de bosque. Pero todas estas
erupciones no solo alteran el paisaje, sino que también enriquecen el suelo con
minerales, fomentando una vegetación exuberante en un entorno tropical.
Nyamuragira
es un volcán que no descansa. El 2024
trajo un repunte dramático: el 26 de julio, la lava desbordó el borde norte de
la caldera, avanzando 5 kilómetros en el primer día y elevando el código de
aviación a rojo por una pluma de 4 kilómetros de altura.
El 10 de septiembre, comenzó una erupción que persiste hasta la fecha, con flujos en los flancos oeste y noroeste visibles incluso en imágenes satelitales.
Esta fase actual, que podría ser una de las más grandes en un siglo por volumen de lava, resalta la imprevisibilidad de Nyamuragira. Aunque sus erupciones son mayormente efusivas y rara vez causan desastres directos, sus flujos de lava han cubierto más de 1.500 km² del rift, destruyendo bosques tropicales y desplazando vida silvestre.
Para
las comunidades cercanas, como Goma (a 30 km), el riesgo radica en las cenizas
que contaminan el aire y el agua, y en posibles flujos que podrían alcanzar el
lago Kivu, con sus reservas de gas metano explosivo. Sin embargo, la lava
fertiliza el suelo, promoviendo agricultura en una zona de conflicto armado. El
OVG y parques nacionales monitorean la actividad para mitigar riesgos, pero el
acceso es limitado por la inestabilidad regional.
Símbolo
de la Tierra viva
Nyamuragira
no es solo un volcán; es un pulso de la Tierra en acción, donde la destrucción
da paso a la renovación. En un mundo obsesionado con la estabilidad, este
gigante congoleño nos recuerda que el planeta es un ser dinámico, forjado en
fuego. Mientras su lago de lava burbujea y sus flujos serpentean por los
flancos, científicos y locales conviven con su poder. Observarlo desde
satélites o, con precaución, desde la distancia, es un privilegio que invita a
la humildad. En el corazón del rift africano, Nyamuragira sigue susurrando —y
rugiendo— las historias profundas de nuestro planeta.
Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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Más de un siglo de fuegos impredecibles
El 10 de septiembre, comenzó una erupción que persiste hasta la fecha, con flujos en los flancos oeste y noroeste visibles incluso en imágenes satelitales.
Esta fase actual, que podría ser una de las más grandes en un siglo por volumen de lava, resalta la imprevisibilidad de Nyamuragira. Aunque sus erupciones son mayormente efusivas y rara vez causan desastres directos, sus flujos de lava han cubierto más de 1.500 km² del rift, destruyendo bosques tropicales y desplazando vida silvestre.
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