En nuestro hogar deberíamos tener reservado siempre un
pequeño rincón (preferiblemente lejos del habitual ruido de la televisión) en
donde sentarnos a leer y meditar algunos minutos cada día o al menos con
relativa frecuencia. Conforme vayamos utilizando ese rincón para nuestros ratos
de lectura y meditación encontraremos que cada día nos es más fácil abstraernos
del mundo exterior tan pronto como nos sentemos allí. Un simple sillón
confortable puede ser adecuado, al igual que una luz que nos permita leer con
facilidad; esa luz es mejor que sea la de un flexo o algo que permita iluminar
sólo las páginas de lectura mientras el resto de la habitación permanece con
menor intensidad lumínica. De igual forma es muy útil encender en la habitación
alguna vela ya que las vibraciones que emite el fuego ayudan enormemente a la
concentración y entonación espiritual.
Motivación en la empresa: Un gigante con pies de barro
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*Todos sabemos que la motivación es una poderosa herramienta, que los
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Hace 1 semana


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