Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...
Cuando
contaba unos ocho años de edad, mi maestro me puso uno de esos ejercicios que
tanto me gustaban: “Poner lo contrario de…”.
Por
ejemplo, lo contrario de “alto” y yo ponía “bajo”. Lo contrario de “gordo” y yo
ponía “flaco”. Lo contrario de “pesado” y yo ponía “ligero”. Lo contrario de
“blanco” y yo ponía “negro”. Lo contrario de “nacer”… y yo puse: “no nacer”.
Cuando
mi maestro leyó aquello me dijo que estaba mal, que lo contrario de “nacer” era
“morir”. Entonces yo, un niño de apenas ocho años, le repliqué a mi maestro y
le dije que lo contrario de “nacer” era “no nacer” porque “morir” no es lo
contrario sino una consecuencia inevitable de “nacer” ¿o es que hay alguien que
nazca y no muera? Todos nacemos y todos moriremos, es nuestro destino y es algo
que no podemos cambiar.
Como
veis, con apenas ocho años, aquél niño le dio una lección a su maestro y este,
sorprendido y quizás emocionado, corrigió aquél ejercicio poniendo un “bien”.
Es
una novela que rompe moldes, un picotazo en la conciencia…
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Ponte
a mirar ahora una fotografía tuya tomada hace diez años, por ejemplo. ¿Ese eres
tú? “Claro que soy yo ¿no me ves? Más joven, claro”, responderás. Pero ese
cuerpo que contemplas en la fotografía antigua ya no existe, ha muerto porque
la mayoría de las células, de los átomos que componían ese cuerpo han muerto y
han sido reemplazados por otros. Así que tu cuerpo de ahora mismo, es
completamente diferente al de hace 10 años, pero no porque hayas “envejecido”
sino porque la materia de que estaba hecho el cuerpo de la fotografía ya no
existe y tú estás hecho ahora de otra materia diferente.
Por
eso no conviene identificarnos tanto con nuestro cuerpo, porque es un simple
saco de materia que muere y nace, que se va renovando, y que algún día desaparecerá.
Nosotros somos lo que hay dentro y eso también evoluciona pero sigue siendo el
mismo, nada de él se destruye ni desaparece.
El
yo que somos, el yo que queremos ser… ¿y si hubiera un tercer yo?...
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Primero se eliminó del Plan de Estudios la enseñanza de
la Filosofía, al considerar que esta asignatura era muy peligrosa porque enseña
a pensar por sí mismo, a cuestionar todo, y a razonar. Lógicamente a los
poderes públicos no les interesa que la gente piense, sino que se comporten
como un dócil rebaño de ovejas. Después se fue bajando el listón educativo:
menos exigencias, más facilidad para aprobar, etc. De igual forma se ha ido
sustituyendo la cultura del esfuerzo, el trabajo y la superación, por la
cultura de “que me lo den todo hecho”.
Y así hemos llegado a un mundo de gilipollas, en donde ya
quedan muy pocos que sean capaces de pensar por sí mismos y razonar. Esta
semana he publicado en el “Diario AZprensa” una experiencia que me dejó
atónito, ya que demuestra hasta qué punto la sociedad se ha convertido en
ovejas que obedecen al pastor y no se les ocurre pensar por ellas mismas.
Es un curioso y demoledor ejemplo de hasta qué extremos
estamos llegando. Aquí tienes el enlace:
https://azpressnews.blogspot.com/2023/06/un-mundo-de-gilipollas.html
Así cambiaron el mundo y todos lo aceptamos como dóciles
corderitos…
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La
muerte no es un momento o un acontecimiento aislado, separado, indivisible;
porque la vida es un estado permanente de transformación y la muerte sólo es
una parte más de ese proceso.
Nosotros
mismos, ahora mismo, estamos inmersos en ese proceso de vida y de muerte. Ahora
mismo cientos de miles de células de tu cuerpo están muriendo, al tiempo que
nacen otras nuevas. No somos conscientes de esto, pero el no ser conscientes de
este proceso no significa que no se esté llevando a cabo.
Somos
una conciencia chispeante de vida en medio de un cuerpo físico que se
desintegra y renace en cada segundo.
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una novela que rompe moldes, un picotazo en la conciencia…
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Ahora
estamos encerrados en un cuerpo físico, pero nosotros somos espíritu, y ese
espíritu posee conciencia. Por lo tanto, la conciencia pertenece al espíritu,
pero ambos no son lo mismo. Durante el sueño, nuestra conciencia no descansa,
simplemente se sintoniza en otras direcciones. Debido a su naturaleza puede
parpadear y fluctuar, algo que no sucede al espíritu.
Bueno,
esto de la palabra “espíritu” puede dar lugar a muchas interpretaciones ya que
cada uno la llama de una forma distinta, pero lo importantes es que entendamos
que el “espíritu” (o como quieras llamarlo) es algo independiente del cuerpo
físico.
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yo que somos, el yo que queremos ser… ¿y si hubiera un tercer yo?...
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