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martes, 29 de noviembre de 2016

Los prolegómenos del partido

Las selecciones de Médicos del Mundo y AstraZéneca empataron en alegría, entusiasmo y solidaridad en un encuentro donde lo de menos (o de más) fueron los goles, y lo importante la forma de celebrar un aniversario (el primer año tras la fusión que dio lugar a AstraZéneca), colaborando en el proyecto de gestión sanitaria que Médicos del Mundo estaba llevando a cabo en Mozambique, tras las inundaciones que asolaron dicho país.

El magnífico estadio del “Cerro del Espino” en Majadahonda, fue el escenario donde se llevó a cabo este increíble encuentro de fútbol. Por una parte, Médicos del Mundo, con una selección joven, potente y conjuntada, dirigida por el veterano Adelardo. 

Por otra parte, una selección, o más bien un país, de 32 empleados de AstraZéneca, que se la jugaron saltando a un terreno de juego de 105x68 metros, en una calurosa tarde de verano. Precisamente la enorme cantidad de recursos humanos disponibles hizo imposible a sus entrenadores (Agustín y Pantaleón) encontrar el once ideal, por lo que todos los jugadores tuvieron su oportunidad.

El encuentro comenzó con unas palabras del director de Comunicación de Médicos del Mundo, Paco Flores, y de su vicepresidente, José Manuel Díez Olalla. Carlos Trias, presidente de AstraZéneca, entregó una placa de agradecimiento al alcalde de Majadahonda, Ricardo Romero de Tejada, por su enorme colaboración en este proyecto, y otra a Enrique Vedia, presidente del Rayo Majadahonda, por su generosidad y entrega que hizo posible el éxito de tan especial celebración; baste decir, entre otras cosas, que la cesión del magnífico estadio fue gratuita, así como desinteresada también su colaboración personal en la organización del evento.

El Alcalde de Majadahonda elogió la labor de Médicos del Mundo y agradeció a AstraZéneca esta humanitaria forma de celebrar su primer aniversario, animando a continuar en esta línea, para lo cual puso a su disposición su equipo de Gobierno. Romero de Tejada entregó una placa de agradecimiento al trío arbitral, tras lo cual realizó el saque de honor.

(Mañana, las alineaciones con los nombres y apodos guerreros de cada jugador)


















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lunes, 28 de noviembre de 2016

Un partido único en la historia

Durante estos próximos días vamos a ir rescatando de la hemeroteca la crónica de un partido único en la historia, un partido que como yo titule acabó “con empate a 8-1”. Aquí va la primera entrega:

Los empleados de AstraZéneca celebraron su primer aniversario organizando diversos actos de ayuda humanitaria en todo el mundo. En nuestro país, se celebró un partido de fútbol cuyos beneficios se destinaron al proyecto de gestión sanitaria integral que la ONG “Médicos del Mundo” estaba llevando a cabo en Mozambique, tras las inundaciones que asolaron el centro de aquél país.

Aquí la lluvia fue de goles, pero eso sí, goles solidarios entre las selecciones de Médicos del Mundo y AstraZéneca, dando lugar a un espectáculo único al que se dedicó un amplio reportaje en el número 10 de la revista “Información al Día”, un número que –por cierto- fue el primero que introdujo el color en esta publicación que marcó un estilo propio en el periodismo de empresa y constituyó un ejemplo que nadie se atrevió a seguir por su profesionalidad periodística e imparcialidad a la hora de elaborar los contenidos periodísticos.

Pero rescatemos de la hemeroteca lo que fue aquél insólito partido de fútbol. Para empezar diremos que viejas glorias del deporte como Adelardo (Atlético de Madrid), Pantaleón y Atienza (Real Madrid), otras más recientes como Agustín (Real Madrid)y Gelucho (Racing de Santander) y un equipo arbitral de Primera División (Mejía Dávila, auxiliado en las bandas por Manuel Ortiz en duplicado, esto es: el padre como linier de Primera División y el hijo, como linier de regional), se unieron a esta fiesta solidaria.

Numerosas compañías, instituciones y amigos contribuyeron con su ayuda a esta celebración cuya recaudación superó el millón de pesetas. Sin contar los goles (algo realmente difícil si no se tenía a mano una calculadora) el partido reflejó un empate en simpatía, entusiasmo y solidaridad, por eso el titular que encabezaba aquél amplio reportaje decía “Empate a 8-1”.
(Mañana, los prolegómenos del partido)





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domingo, 27 de noviembre de 2016

Un trompetista de jazz en un congreso médico

Artículo dedicado al trompetista de jazz, Tom Harrell (Illinois, Estados Unidos, 1946) que en una ocasión amenizó con su música un congreso médico internacional gracias al patrocinio de un laboratorio farmacéutico.

ESQUIZOFRENIA A RITMO DE JAZZ

Tom Harrell está considerado como uno de los mejores trompetistas de jazz de todo el mundo, un hombre de conocimientos musicales enciclopédicos, admirado por su capacidad para improvisar de una manera cerebral pero emocionalmente conmovedora. Pero también padece esquizofrenia, una de las enfermedades mentales más preocupantes de nuestra época.

Por esta especial condición de genio de la música y enfermo de esquizofrenia que desarrolla una vida normal gracias a los nuevos fármacos descubiertos contra dicha enfermedad, actuó alguna vez ante psiquiatras e investigadores en el campo de la psiquiatría, como en el año 2002 con motivo de la celebración de la convención anual de la Asociación Americana de Psiquiatría, coincidiendo además con la salida al mercado de su decimonoveno CD, “Live at the village vanguard”, y a punto de celebrar su décimo aniversario de boda.

La esquizofrenia es una enfermedad que afecta a una de cada 100 personas y de la que afirman los expertos que, gracias a los nuevos tratamientos, éxitos como el obtenido con Harrell, son cada vez más frecuentes. La medicina ayuda, desde luego, pero a sus 55 años Harrell tenía que luchar con todas sus fuerzas para mantener la concentración en un mundo desbordado de distracciones, en el que se le veía con un aspecto lo suficientemente extraño como para atraer numerosas miradas furtivas en la calle.

Ataviado con unos anchos pantalones negros y una cazadora de cuero, también negra, con la cremallera subida hasta el cuello, en aquellos momentos de sus actuaciones en que no intervenía, se mantenía inmóvil bajo los focos del escenario, con los brazos colgados a los costados, los labios extrañamente fruncidos, los ojos cerrados y escuchando con más atención que cualquier otro de los que estaban en la sala.

Cuando llegaba su turno, levantaba la trompeta, tocaba unas notas claras, ricas, alegres –notas que él mismo escribía- en perfecto ritmo con su banda y, durante breves instantes, se sentía totalmente a gusto. Entre tema y tema, evitaba el parloteo e incluso los consabidos “gracias” que otros artistas suelen utilizar para conseguir el aplauso fácil del público.

Para los verdaderos aficionados a la música de jazz, que aprecian la excentricidad, siempre ha sido irrelevante la forma de actuar de Harrell; lo que les ha importado ha sido la música. “Hay tanta pureza en su música, tanta melodía y belleza”, explica Terrell Stafford, un trompetista de jazz que, tras haber abandonado la música clásica después de escuchar tocar a Harrell, se dedicaba a impartir clases en la Universidad de Temple. Hacia él sólo tenía palabras de admiración: “es un gran compositor, y todo lo que toca a la trompeta cuando improvisa es casi como una melodía escrita”, dice con frecuencia.

Para quienes identifican la esquizofrenia con el hombre desaliñado que grita sus delirios en la esquina de una calle, alguien como Harrell puede suponer una verdadera sorpresa. Incluso la mayoría de los profesionales de la salud mental han considerado históricamente la esquizofrenia (que produce paranoia, delirios y pensamiento desorganizado) como una enfermedad que hace que el éxito en la búsqueda de trabajo sea casi imposible. Como reconoce Zlatka Russinova, investigadora del Centro para Rehabilitación Psiquiátrica de la Universidad de Boston, “cada vez es mayor el número de personas identificadas como que han alcanzado el éxito en diferentes profesiones”.

Pero, al igual que en cualquier otra enfermedad, en opinión de los expertos, la esquizofrenia es más grave en unas personas que en otras. Los nuevos medicamentos y las nuevas actitudes están cambiando el aspecto de la enfermedad. Y Harrell no ha sido el único caso de un famoso con esquizofrenia que ha saltado a las páginas de los periódicos. Ahí tenemos, sin ir más lejos, la gran popularidad alcanzada por el Premio Nobel de matemáticas John Nash, tras el éxito de la película sobre su vida “Una mente maravillosa”, interpretada también maravillosamente por Russel Crown. Nash padecía esquizofrenia y supo convivir con ella y desarrollar una vida normal.

Hijo de un catedrático de Psicología Empresarial y Estadística, Harrell creció en la zona de la bahía de San Francisco. Niño excepcionalmente brillante, aprendió a leer solo y se saltó un curso en enseñanza básica. Empezó a tocar la trompeta a los ocho años y, en el instituto, ya tenía su propia banda de jazz.

Intentó quitarse la vida mientras estudiaba composición en Stanford. Eso provocó un diagnóstico de esquizofrenia. Con tratamiento logró completar su formación escolar e inició su carrera de música. Conoció a su esposa Ángela cuando ella llevaba a cabo una investigación para una serie de televisión que trataba sobre la creatividad y el cerebro. Harrell no llegó a formar parte del espectáculo, pero ambos descubrieron que eran casi vecinos en Nueva York y se hicieron amigos. “Una vez que superas el desconocimiento inicial de su situación y de la forma en que le afecta, la enfermedad deja de convertirse en su aspecto más destacado”, afirma su esposa. “Para mí, la enfermedad mental no le define como persona. Lo que me llevó hasta él  fue su  inteligencia  y  lo  divertido,  cariñoso,  honesto, afectuoso y desprendido que es... Podría seguir y no parar. Es sencillamente una persona enormemente sincera, muy real y espiritual, muy generoso y divertido”.

A menudo, resulta difícil manejar el estrés para quienes sufren esquizofrenia, y la vida de un músico de jazz está llena de estrés. Están los viajes, los lugares nuevos, los cambios de zonas horarias. “Muy probablemente su entorno no es el mejor para estabilizar los síntomas”, reconoce Ángela Harrell, “pero por otra parte , ha sido la música la que le ha ayudado a seguir hacia adelante todos estos años”.

Durante su matrimonio se produjo otro intento de suicidio y una reacción casi mortal a uno de sus medicamentos, seguido de la búsqueda de un nuevo fármaco. Harrell explicaba que los medicamentos le ayudaban a mantener la calma y a concentrarse, pero que a veces también le hacían sentirse cansado. Según exponía no escuchaba voces –como sucede en algunos afectados por esta enfermedad- pero en algunas ocasiones tenía problemas para pensar con claridad, algo que él definía como “si no tuviera suficiente oxígeno en la cabeza”.

Sin embargo consiguió trabajar y escribir a diario, llegando a estar convencido de que la esquizofrenia le ha hecho más productivo. “Una cosa que ha pasado con la enfermedad mental es que me ha forzado más a adentrarme en mi mismo... en cierto modo, me aísla socialmente. No tengo tantas opciones sociales como tienen otras personas”.

Harrell es capaz de escuchar acordes y percusión en los sonidos cotidianos que la mayoría de nosotros rechazamos (el tintineo de unas copas o un dedo que tamborilea en una mesa, por ejemplo), y las canciones le llegan en fragmentos, a menudo por la noche cuando se “abre una puerta en mi mente”. Es obvio que las ideas fluyen rápidamente en él. “El problema no estriba en encontrar  una idea  nueva,  sino en poder seguir el ritmo del flujo de ideas nuevas”, comenta al hilo del recuerdo de aquella primera vez cuando oyó una grabación de los años cuarenta de Dave Brubeck, el líder de la banda que le introdujo en el sonido “mágico” de una nota sostenida de trompeta.

A pesar de su aspecto tímido en el escenario, Harrell siempre ha reconocido que le gusta la comunicación con el público. En su opinión, la mejor manera de escuchar música es con los ojos cerrados. Por otra parte, confiesa su temor al rechazo social si mira a alguien de forma inadecuada. “Sería bueno comprobar cuál es la reacción del público, pero me da pavor ofender”. Para Quincy Davis, el batería del quinteto, la ausencia de teatralidad de Harrell siempre ha sido una ventaja, ya que eso significa que la música tiene que ser buena.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Un poeta y AstraZéneca

Cuando trabajaba en AstraZéneca, en los años dorados de la industria farmacéutica (1999-2005) los empleados eran considerados el principal activo de una compañía y, como tal, mimados. Se nos daba formación, motivación, ambiente laboral atractivo, numerosísimos beneficios sociales y salarios en el tope más alto; de tal forma que éramos la envidia de otros sectores y más aún en el caso de esta compañía a la que todo el mundo quería ir a trabajar.

Aquellos años ya pasaron, aquella época también, y hoy todo es muy diferente (por desgracia).Sin embargo, me gusta recordar lo bueno al igual que otros detalles anecdóticos que ponen de relieve lo que llegamos a vivir y disfrutar quienes trabajamos en esta industria en aquellos años.

¿Qué puede aportar un poeta a la industria farmacéutica? Os invito a leer este artículo que, seguro, os sorprenderá:




La historia del laboratorio farmacéutico que fundó Alfred Nobel y llegó a ser el tercer laboratorio más grande del mundo y la envidia de todos los profesionales:
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viernes, 25 de noviembre de 2016

Alternativas a las Ruedas de Prensa: Invitación a Jornadas o Cursos

Dentro del marco de actividad de nuestra empresa u organización se celebran a lo largo del año todo tipo de jornadas, cursos, etc. Aprovechar la celebración de las mismas –sobre todo si participamos en ellas de alguna manera- es una forma atractiva de mejorar relaciones con los periodistas y facilitarles su trabajo. Como en casos anteriores, hay que entender que los presupuestos de los medios de comunicación son reducidos y por eso, cuando alguien les paga el viaje y estancia a algún lugar, para que hagan su trabajo, suelen mostrarse agradecidos. Lo que nunca debemos pretender es tratarlos como si fuesen nuestros empleados y querer que escriban lo que nosotros queramos... todo lo contrario: hay que darles libertad para que hagan su trabajo porque el nuestro debe ser el de simples “facilitadores” y cuando esto es así, nos ganamos su favor.

Y hasta aquí hemos venido repasando algunas de las alternativas más habituales para sustituir con eficacia a las Ruedas de Prensa, porque no lo olvidemos: las Ruedas de Prensa no están hechas para que el directivo o líder de opinión de turno se de un baño de multitudes y engorde su ego como si se fuese a comer todos los micrófonos que le ponen delante, sino para comunicar algo importante a la sociedad –a través de los periodistas- en aquellos momentos y circunstancias que la hacen más conveniente que otro cualquiera de los medios de contacto con los periodistas... y esto es algo que el responsable de Comunicación conoce mejor que nadie.


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