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martes, 21 de mayo de 2024

Raquetas de nieve

Las Raquetas de nieve, esa especie de plantillas agujereadas y de grandes dimensiones sobre las que se ata la bota para caminar sin hundirse por la nieve, no son sólo un “utensilio” sino también una actividad deportiva y, encima, tienen el honor de ser la más antigua o casi, ya que está documentado que dichas raquetas ya existían 4000 años antes de Cristo. De su consideración como deporte cabe añadir que cada año se celebran competiciones e incluso en nuestro continente se celebra la Copa de Europa de Raquetas de nieve, aparte claro está de los correspondientes campeonatos nacionales, provinciales, etc.
 
Caminar por la nieve es una experiencia muy agradable, pero también muy trabajosa. Si la nieve está blanda (nieve en polvo, que se llama) porque te hundes a cada paso y cuesta mucho trabajo avanzar. Si la nieve está dura e incluso convertida en hielo, porque te puedes resbalar y sufrir un serio accidente. Por eso las Raquetas de nieve facilitan sobremanera esa tarea de caminar sobre tan variable superficie y los hay que compiten en carreras de velocidad con estos artilugios en los pies.
 
Sea en plan competición o de simple disfrute de la naturaleza, las Raquetas de nieve son un deporte, un sano ejercicio para el cuerpo y un infinito relax para la mente. A pesar de ello, y de todo lo que me gusta la nieve, sólo he realizado marcha con Raquetas de nieve una vez en mi vida y fue, precisamente, hace poco más de una década.
 
En el laboratorio AstraZéneca, dentro de lo que era la edad de oro de la industria farmacéutica, hacíamos cada año una “Reunión de Departamento”, en la cual nos íbamos todos los miembros de cada departamento a un lugar con atractivo turístico durante tres o cuatro días. Allí celebrábamos sesiones de trabajo para diseñar planes futuros y compartir con los demás lo que hacía cada uno, y también había suficiente tiempo libre para el turismo, la gastronomía y el ocio.
 
En la ocasión a que me voy a referir ahora, el lugar escogido fue Granada y como allí cerca teníamos Sierra Nevada, que además estaba nevada, para allá que nos fuimos una de aquellas mañanas con la intención de practicar (por primera vez para todos nosotros) el deporte de las Raquetas de nieve. Como principiantes que éramos, disponíamos de un guía que nos dio las instrucciones pertinentes, y acto seguido comenzamos nuestro recorrido subiendo y bajando lomas nevadas, disfrutando del paisaje, haciendo equipo, y atacándonos de vez en cuando con bolas de nieve. El día era soleado y la nieve abundante, la caminata larga y cansada, pero la felicidad de practicar aquél deporte se ganó para siempre nuestros corazones.
 

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viernes, 3 de mayo de 2024

Motonieve

Los deportes de invierno son aquellos que se practican sobre la nieve o el hielo y las disciplinas más comunes (cada una de ella con distintas variantes) son el Esquí, el Patinaje, el Descenso en Trineo, los Deportes de Equipo, el Snowboard y las Motos de nieve o Motonieves, que es de lo que hablaremos aquí.
 
Mi experiencia con este deporte se limita a dos grandes recorridos, pero... ¡qué recorridos! Para empezar, el lugar donde probé lo que es conducir una Motonieve fue Finlandia, concretamente Rovaniemi, un mes de enero del año 2000, con una temperatura media durante el día de –18ºC y de –20ºC por la noche. Yo pensaba que en pleno invierno no se vería la luz del sol, pero sí que se veía, aunque la salida del mismo era a las 10:00 h. y la puesta a las 13:00 h. Lo más llamativo era que entre la salida y la puesta del sol no había ninguna diferencia, porque lo que hacía el sol era salir, quedarse tumbado en el horizonte y, pasadas cuatro horas, volver a ponerse. Gracias a Dios aquellos días el cielo estaba despejado por lo que se aprovecharon al máximo las horas de luz solar y además, el entorno, todo nevado, reflejaba la luz y aumentaba la luminosidad.
 
El motivo de tal viaje era la Convención de lanzamiento del antihipetensivo Atacand (candesartán) y nos dimos cita allí toda la red de Visitadores Médicos que trabajarían ese producto (unos 100) más unos cuantos de Central (Marketing, Comunicación, etc.). De las dos veces que practiqué el deporte de la Motonieve una fue durante esas cuatro horas de luz diurna y la otra durante la noche (eran las cinco de la tarde pero era noche cerrada).
 
Provistos de nuestro mono térmico, botas, guantes y casco, nos dimos cita a la puerta del hotel y allí nos fueron adjudicando unas Motonieves al tiempo que nos explicaban su sencillo manejo. Realmente era muy fácil manejarlas; al llevar dos filas de cadenas en vez de ruedas su estabilidad era total y sólo había que tener cuidado para no dar acelerones bruscos cuando estuviésemos girando. Lo que más agradecí fue que el propio manillar (al que te agarrabas con guantes) llevaba incluso calefacción interior, es decir, estaba calentito, y eso a –18ªC venía de maravilla. Aquél recorrido fue por parajes de abetos cubiertos totalmente de nieve en medio de una luz blanca casi cegadora y eso que ya he dicho que el sol no se levantaba del horizonte.
 
El segundo recorrido fue por la tarde (es decir, en plena noche) y nos dirigimos desde Rovaniemi a la ciudad de Kemi, en donde montamos en el rompehielos “Sampo” para dar un paseo por el Báltico y bañarnos en sus heladas aguas (con traje de neopreno, claro). Si antes había agradecido que el manillar estuviese caliente, no te digo nada en plana oscuridad, con más frío aún y un ligero viento que se había levantado.
 
No pasó nada especial ni gracioso en estos dos grandes recorridos, pero fue tan bonita la experiencia que no podía dejar de contarla en estas páginas.
 

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martes, 30 de abril de 2024

Marcha nórdica

Ya he comentado en el post relativo al esquí o a los demás deportes de invierno, que estas modalidades deportivas no son aquellas en las que más destaco a pesar de la gran atracción que siento hacia la nieve y hacia todo lo relativo a los países nórdicos. Parecía un contrasentido que un noruego de corazón como yo no practicase, como mínimo de forma correcta, ningún deporte nórdico... hasta que conocí la Marcha nórdica o Nordic walking. Se trata de una especialidad que consiste en caminar por el campo ayudado con unos bastones similares a los del esquí (ojo, pero no iguales). Tiene la ventaja que se puede practicar a cualquier edad y, en mi caso, esa edad ha sido la tercera, es decir, la tercera edad, o sea, ya pasados los 65 años.
 
Quizás sea por eso, que por los pocos años que llevo practicando Marcha nórdica, aún no tengo ninguna anécdota que contar, sólo reseñar que –según dicen- en este deporte se ejercitan más músculos incluso que en la Natación, lo que le convierte en el deporte más completo. Téngase en cuenta que la Marcha nórdica vuelve al hombre cuadrúpedo ya que el uso que se da a los bastones es el equivalente a ir a cuatro patas y por tanto se ejercitan por igual tanto las piernas como los brazos, además del resto del cuerpo con una ventaja añadida: la espalda permanece recta y erguida, lo cual resulta muy beneficioso para la salud de la espalda.
 
Para practicarlo sólo se necesita aprender bien la técnica de marcha, unos buenos bastones, un buen calzado deportivo y el horizonte de un amplio parque o del campo para insuflar energía a nuestro cuerpo y a nuestra alma.
 

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lunes, 4 de marzo de 2024

Esquí (y 2)

Ahora, al escribir estas entradas en mi blog, he visto que existen 12 modalidades de este deporte llamado Esquí y resulta que bastantes de ellas las he practicado sin saberlo. Como me ha parecido curioso las voy a citar, explicando en cada una de ellas qué me parece a mí que pueden significar, porque muchos de esos nombres son un poco raros. Ya se ha visto lo entendido que soy en la materia.
 
1.- Esquí alpino.- Debe referirse a este deporte cuando lo practican los principiantes que, en la primera bajada, se estrellan contra un pino. Yo no llegué a estrellarme contra ningún pino, pero estuve a punto.
2.- Biatlón.- Supongo que se refiere a un Esquí de reconocimiento del terreno, por eso se llama “Bi a Tlón” (aunque lo correcto hubiera sido escribirlo con “v”) y ese tal “Tlón” debe ser alguien muy famoso en el mundo de este deporte. Aunque yo miraba a todas partes, no tuve suerte y no conseguí verlo.
3.- Esquí de fondo.- Está claro que se refiere al Esquí que practican los inexpertos que enseguida se van al fondo de un barranco. En mi caso no hubo barranco pero sí un hoyo que hacía más grande cada vez que me caía al suelo.
4.- Esquí acrobático.- Este sí que debí practicarlo aquél día aunque fuese de forma involuntaria. ¡Hay que ver la de piruetas que tuve que hacer para mantenerme en pie o para conseguir girar cada vez que terminaba una recta!
5.- Combinada nórdica.- En realidad esto no tiene que ver con el Esquí sino con los cócteles que te tomas luego en el bar y a los que son tan aficionados los esquiadores y todos los que van a presumir de sus bonitas equipaciones. La próxima vez que vaya a la nieve me pediré en el bar una “Combinada nórdica”.
6.- Sky archery.- Este viene en inglés. Lo de “archery” lo utilizan los británicos para referirse al Tiro con arco, pero aquí debe significar esa forma que tienen los principiantes de esquiar con las piernas arqueadas, así que mira tú por dónde, esta modalidad también la he practicado.
7.- Skiboarding.- ¡Y dale con el inglés! Esto se refiere sin duda (“boarding” significa embarque) al comienzo de la sesión de Esquí, cuando alquilas el equipo o pagas el ticket para subir en el teleférico, etc. Por consiguiente yo también hice Skiboarding.
8.- Skibobbing.- Este mejor no lo traduzco, aunque tengo que reconocer que sí, que aquél día hice el bobbing.
9.- Skijöring.- Cierto es que me caí muchas veces, pero afortunadamente no llegué a Skijorarme ninguna parte del cuerpo y pude regresar sano y salvo a casa. Si alguna vez vas a esquiar, procura no Skijorarte.
10.- Salto de Esquí.- Supongo que se refiere a esos tremendos saltos que hacen desde un trampolín gigante y que televisan el día uno de enero. Eso es para consumados deportistas. En mi caso, no obstante, yo hice varios intentos de salto de Esquí cuando intentaba sentarme en ese teleférico de arrastre para subir la pendiente de la pista.
11.- Esquí de velocidad.- Bueno, ni quito ni pongo nada; esto se llama así, no especifica de qué velocidad se trata. Por lo tanto yo he practicado el Esquí de velocidad aunque la mía haya sido de paso de tortuga.
12.- Telemark.- Esta es la última y no sé si se refiere a la región de Telemark en Noruega (en la que he estado varias veces, por cierto, aunque siempre en verano y sin nieve) o a que una experiencia como la que viví aquél día debe enmarcarse y salir en la tele. Por si acaso, yo he relatado aquí en este libro mi experiencia.
 

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domingo, 3 de marzo de 2024

Esquí (1)

En los países nórdicos que tanto amo, el Esquí no es que sea un deporte, es que es una forma de vida; de hecho cualquier niño casi aprende a esquiar antes que a andar, y prueba de ello es que en los reportajes que ponen con frecuencia en la televisión siempre se ve a niños muy pequeños esquiando con soltura. No ha sido así en mi caso. A pesar de que la nieve y el Esquí siempre me han gustado, nunca he tenido oportunidad de practicarlo. ¿Nunca? Miento. Sí. Una vez.
 
Sucedió en la edad adulta. Mi amigo Luis Díaz Ricote, gran aficionado al esquí, me animó a acompañarle un buen día de invierno a las pistas de Cotos, en Navacerrada (Madrid). El día era espléndido, cielo azul y hasta calor, y el suelo cubierto con una buena capa de nieve. Como yo no tenía ni esquíes ni botas ni bastones, los alquilé, y me dispuse a descender por la ladera de los principiantes. Pero no creáis que fue tan fácil, porque primero había que hacer el recorrido desde la tienda de alquiler hasta la cabecera de la pista, recorriendo una distancia de unos 50 metros; una distancia que, con esquís en los pies por primera vez en la vida, parece inacabable. Me lo tomé con calma. Consideré que lo más apropiado era caminar de lado, levantando un pie con el esquí y sin levantar el siguiente hasta que no hubiese vuelto a apoyar el primero. Mi amigo miraba con infinita paciencia.
 
Cuando por fin llegué a la parte superior de la pista me dispuse a bajar, pero por muy de principiantes que fuese aquello, tenía una cierta pendiente, así que lo mejor era bajar como hacen los esquiadores profesionales, en zigzag. Enfilé la primera diagonal, di un pequeño impulso con los bastones y ¡funcionaba! ¡Aquello –o sea yo- se movía! Lleno de satisfacción fui avanzando por esa diagonal, a una velocidad tal que hubiera adelantando a cualquier tortuga. Pero ¡ay, desgracia! llegué al final de esa primera diagonal y debía girar para enfilar la siguiente.
 
Está claro que una cosa es la teoría (algo me había explicado mi amigo) y otra muy distinta la práctica. Con esos largos esquíes en los pies no había forma de hacer un giro, ni dando saltitos, ni levantando una pierna para girar luego el cuerpo... creo que acabé sentándome, poniéndome a gatas, volviendo a levantarme, y tras muchos esfuerzos y sudores emprender la aventura de avanzar unos cuantos metros más. No sé cuántas diagonales realicé ni el tiempo (mucho) que tardé en llegar abajo. Pero entonces vi que la gente que bajaba por allí con gran soltura lo que quería era volver a subir para volver a bajar. Yo eso no lo entendía. “Si ya han bajado ¿para qué quieren volver a subir? ¿Para bajar otra vez? ¡Pero si ya están abajo!”. Verdaderamente aquello me parecía cosa de locos.
 
Sin embargo había un curioso artilugio, una especie de teleférico, que iba constantemente subiendo y bajando, del que colgaban unos cables al final de los cuales había una base circular. La gente se acercaba allí, ponía el culo en esa base, se agarraba al cable, y se dejaba llevar cuesta arriba sin esfuerzo, deslizando suavemente los esquíes sobre la nieve mientras subían. Pero es que aquello no se paraba, ¡había que cogerlo en marcha! La tarea no parecía fácil, a pesar de la facilidad con que todo el mundo lo hacía. Me dije que tenía que intentarlo así que, a trompicones, me fui acercando a la zona de curva por donde la gente agarraba esos cables. Tuvieron que pasar varios de dichos cables hasta que por fin agarré uno, pero cuando fui a encajar el culo en la base, como aquello seguía avanzando y yo tenía los pies con los esquíes anclados en la nieve, me fui inclinando conforme el cable –al que me había agarrado- se alejaba, mientras que mis pies continuaban sin moverse del sitio. Pasé rápidamente de la posición vertical a la diagonal, y aquello seguía alejándose mientras mis manos se aferraban al cable, mis pies no eran capaces de desatascarse de la nieve, y mi culo estaba no se sabía dónde. Como yo no era de goma y no podía estirarme más, acabé soltando el cable y cayendo al suelo.
 
Mientras me reponía del esfuerzo y me volvía a levantar, seguían haciendo uso de tan extraño teleférico niños, mujeres, adultos... todos hacían con normalidad aquello que yo había sido incapaz de hacer. Lo intenté de nuevo... y el resultado fue similar. Una vez más... y lo mismo. Como aquello no paraba, no había forma de desencajar mis pues del suelo para moverme y sentarme bien en la base. Tras fracasar en ese tercer intento me dije que ya era muy mayor para aprender a esquiar, que eso hay que aprenderlo de niño. Me fui a la venta Marcelino y me comí un buen bocadillo de chorizo frito, y para eso no tuve ningún problema. ¡Es que hay cosas para las que uno está dotado y para otras no!
 

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domingo, 14 de enero de 2024

A la nieve

Lo bueno y lo malo de la vida siempre han ido unidos; en realidad todas las cosas tienen su lado bueno y su lado malo. 

Un cuchillo sirve para cortar (bueno) y también sirve para matar (malo). La nieve nos alegra la vista y nos invita a jugar (bueno) pero también causa caídas, bloqueos de carreteras, desabastecimiento de alimentos básicos, etc. 

Con apenas 12 años supe ver esos dos lados, positivo y negativo, de la nieve, y así lo reflejé en este rudimentario poema de un aprendiz de escritor y de poeta…
 
A LA NIEVE
 
¡Nieve! Mágica palabra que encierra
un mensaje de amor y ternura. ¡Nieve!
Eterna esperanza del mundo más joven.
 
Con tu suave blancura cubre las vastas regiones de España.
Eres tú la ilusión de todos los jóvenes que gozan en ti.
Tú, nieve, eres el símbolo de la Navidad.
¡Lástima que todo en ti no sea lo mejor!
Con tu mano derecha vas sembrando alegría infantil;
con tu mano izquierda arrojas el susto entre hombres mayores.
Nada importa que algunos te quieran
si siempre los más te desprecian.
Pudieras ser la amada inocencia,
mas eres en ellos lo más indeseado.
Esa es tu gran desgracia.
Pero un mundo egoísta no se conforma con odios;
y llega aún más lejos: a matarte.
Todo el mundo te deshace, te arrasa,
y sólo queda de ti un pequeño charco de agua.
Parece que todos se complacen en destrozarte,
y de ti no queda nada:
sólo queda un pequeño rastro de agua.
Sobre tu delicado manto sientes
el bruto pisotear que te deforma el rostro.
Y aún desean más: exterminarte.
Sobre tu delicada carne se hunden
mil patas que hieren tu hermosura.
Te quitan de la vista del mundo,
y de ti no queda nada;
tan solo se recuerdan esas gotas
que en otro tiempo fueron carne tuya.
¡Qué pena que tanta hermosura
tenga final tan amargo!
Ha pasado tu nombre a la historia
y te recuerdan todos
como un maléfico hechizo.
 
¡Oh, tristeza, que siendo
alegría y esperanza
de todos los niños,
seas odiada por muchos
como un enemigo!
 

Ningún poeta ha conservado y publicado en un libro toda su obra poética, incluyendo las primeras poesías que escribió cuando era niño. En “Todo Poesía” sí. Aquí puedes ver la verdadera evolución de un poeta a lo largo de más de seis décadas…
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