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lunes, 20 de mayo de 2024

Quad

Para hablar de mi experiencia en este deporte he preferido nombrarlo por su acepción inglesa “Quad” ya que las acepciones españoles me parecen horribles: cuatrimoto, cuadriciclo o cuatriciclo. A cual más fea ¿verdad? Por eso hablaremos del deporte del Quad, que es una especie de moto con cuatro ruedas, adaptada para recorrer todo tipo de caminos por muy accidentados que sean. Por cierto ¿sabías por qué se inventaron este tipo de vehículos? Pues según cuentan, los fabricantes de motos y motocicletas estaban cansados de ver cómo sus ventas caían en picado al llegar el mal tiempo, ya que circular con una moto por campos y caminos embarrados no resulta muy agradable que digamos, así que se les ocurrió (allá por los años 70) diseñar unas motos con tres ruedas –primero- y con cuatro ruedas –después- para que también en invierno y en campos embarrados, la gente se animase a comprar esos vehículos y salir al campo a disfrutar con ellos.
 
Mi experiencia con el Quad fue realmente esporádica y anecdótica, pero no por ello menos sorprendente, viviendo una de las más asombrosas y envidiables experiencias. La compañía para la que trabajaba, AstraZéneca, organizaba siempre unas magníficas Convenciones para dar el pistoletazo de salida a los nuevos productos y elegía para ello lugares atractivos a los que acudíamos todos encantados porque sabíamos que allí se combinada perfectamente el tiempo de trabajo y el tiempo de ocio. Esta, a la que me refiero ahora, fue para el lanzamiento de Symbicort (budesónida + formoterol), un medicamento para controlar el asma. El lugar elegido fue Dakar, en Senegal, sí Dakar, el famoso lugar donde finalizaba antes la famosa carrera París-Dakar. Y entre las múltiples visitas turísticas y momentos de diversión que vivimos, tuvo lugar una carrera de Quads por el desierto, justo en los alrededores del famoso Lago Rosa en donde finalizaba siempre la carrera París-Dakar.
 
Aquél viaje tuvo lugar en verano y el calor en pleno desierto superaba los 40ªC, pero aquello no fue obstáculo ni impedimento alguno para que, montado en un Quad, recorriese las dunas y llanuras de aquél desierto. Cada Quad llevaba dos ocupantes, los cuales nos íbamos turnando al volante ya que la dureza de aquella prueba así lo requería, y cabe decir, finalmente, en cuando a vencedores y vencidos, que en aquella carrera no hubo ningún vencido, todos fuimos vencedores al haber tenido el privilegio de conducir un Quad en tan fantástico y emblemático paraje.
 
Y del Quad a 40ºC de temperatura en el desierto de Dakar, pasé poco tiempo después al Quad sobre nieve a –18ºC un mes de enero en Finlandia, lugar done acudimos más de 100 participantes de una Convención. Se organizaron allí unas Olimpiadas de Invierno (tal como relato en el capítulo “Olimpiadas de invierno”) una de cuyas pruebas en las que competí fue la de carrera contrarreloj de Quad sobre nieve. Puedo concluir, pues, que mi experiencia con el Quad ha sido totalmente extrema, de +40ºC en el desierto a –18ºC en el círculo polar ártico ¡Casi 60 grados de diferencia!
 

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jueves, 2 de mayo de 2024

Motociclismo (empresario) (y 2)

A grandes rasgos, la promoción consistía en colocar un expositor con un envase del herbicida Gramoxone con un candado en cada punto de venta. En el mismo había unos folletos en los que se invitaba al agricultor a participar en la promoción para lo cual debía rellenar y enviar una tarjeta con su nombre, dirección y cultivos que tenía (gracias a lo cual pudimos construir un gran listado de clientes potenciales). Al recibir las tarjetas (recibimos 10.765) se les enviaba una carta que contenía una llave real, de metal, indicándoles que acudiesen al punto de venta para comprobar si esa llave abría el candado; si conseguía abrirlo... ¡premio! ¡Habrían ganado una Mobylette! Así de fácil y así de atractivo. Y si no lo abría, recibirían como premio de consolación un llavero. Pero había algunas interioridades que ahora voy a desvelar.
 
Compré más de 500 candados con su correspondiente trozo de cadena, para que los delegados comerciales los distribuyesen en los puntos de venta de toda la zona del Levante español, aunque la mayoría fue en la Comunidad Valenciana. ¿Cómo hice para que unos candados pudieran abrirse y otros no, ya que sólo había 100 premios y por lo tanto sólo debían existir 100 posibilidades de abrirlos? Lo hable con Ferretería Venecia (mi proveedor para este menester) y llegamos a la conclusión que la mejor manera era que sólo se pudieran abrir con una llave que llevase su ranura a la derecha. Nos interesaba además que en algunos puntos de venta importantes saliese premio y en otros de carácter secundario no. Así que recibimos de Ferretería Venecia 100 candados que podían abrirse con llave de ranura a la derecha y 400 candados que no podían abrirse con esas llaves. Pero ¿y si algo fallaba? ¿Y si alguien llegaba con una llave distinta a la que le hubiésemos enviado y por casualidad abría el candado? El premio era demasiado goloso y demasiado caro como para descartar esa posibilidad, así que nos tocó a mi compañero Javier Cebrián y a mí, como tantas otras veces, resolver el problema. Una vez recibidos los candados que bajo ningún concepto deberían abrirse, nos pusimos –con infinita paciencia- a abrirlos, echarles unas gotas de pegamento especial instantáneo, cerrarlos y dejarlos secar unos minutos. Aunque se metiese la llave adecuada en los mismos, ya nadie sería capaz de abrirlos a partir de ese momento. Por el contrario en los otros 100 esperábamos que esas 100 llaves buenas llegaran a ellos y, si por alguna circunstancia, una llave ajena era capaz de abrirlos, el premio habría que adjudicárselo al inesperado ganador, pero al menos ese candado se retiraría de la circulación y sería sustituido por otro de los manipulados, por lo que el premio no se duplicaría.
 
De esta forma, enviamos 10.665 llaves con ranura a la izquierda (de ninguna manera podrían abrir el candado) y 100 llaves con ranura a la derecha (que sí podrían abrir cualquiera de esos candados). Poco a poco fueron abriéndose los candados que daban derecho a ese magnífico premio instantáneo y se corrió la voz tan rápido como una moto de competición. Supimos que algún avispado se pasaba por esos puntos de venta con un enorme manojo de llaves para ver si conseguía abrirlos con alguna, pero nadie lo consiguió, sólo los 100 afortunados a quienes (de manera aleatoria) habíamos enviado las llaves maestras.
 
Finalizada la promoción se organizó un acto en el Parador de El Saler (Valencia) para la entrega de premios y se buscó dotarlo de la mayor notoriedad posible. A través de nuestro Jefe Regional en Valencia, se contactó con el entonces Campeón del Mundo de motociclismo, Ricardo Tormo (1952-1988), y este se prestó de forma gratuita a entregar los premios. Acudí, pues, a Valencia, y dispuse toda la parafernalia para tal acto, con la exhibición de las 100 Mobylettes puestas en línea, habiendo comunicado tal evento a la prensa local. Ricardo Tormo fue entregando los premios y diversos medios de comunicación de Valencia se hicieron eco de la entrega de premios, con titulares tales como “Ricardo Tormo con Zeltia Agraria” que explicaba cómo: “Se ha celebrado en el Parador Luis Vives (Valencia) la entrega de los premios de la gran promoción Gramoxone extra. El campeón mundial Ricardo Tormo hizo entrega de los ciclomotores que han correspondido a los ganadores de estas provincias” y se daba la relación completa de los 56 ganadores de Valencia, Castellón, Murcia, Alicante y Baleares, indicándose que otros 44 afortunados ganadores correspondían a otras provincias, y una foto en la que se me veía con Ricardo Tormo y el Jefe Regional, Christian Cuenca, durante el acto de entrega de premios. Otro periódico daba la noticia con el titular “Premio a los agricultores”, diciendo a continuación: “El motorista valenciano Ricardo Tormo, que tantos triunfos ha cosechado, fue el encargado de entregar ayer los premios que Zeltia Agraria ha concedido a 56 agricultores valencianos que se han destacado por su buena labor. El acto tuvo lugar en el Parador Luis Vives, de El Saler, a las seis de la tarde, con asistencia de directivos de la entidad patrocinadora y numerosos invitados, y constituyó una agradable fiesta que viene a cerrar el certamen destinado a premiar a los agricultores”.
 
Como se ve, mi relación con el mundo de las motos ha sido insignificante, puramente testimonial; sin embargo, me permitió codearme con todo un Campeón del Mundo, Ricardo Tormo, dos veces Campeón del Mundo (1978 y 1981) en la categoría de 50 cc; así como tres veces Campeón de España en 50 cc y cuatro veces Campeón de España en 125 cc; habiendo participado en 62 grandes premios a lo largo de su corta carrera (una grave accidente durante unos entrenamientos le alejó de las pistas y falleció poco después a causa de una leucemia) con un palmarés de 19 victorias y 36 podios. Al famoso circuito de Cheste se le bautizó más tarde como “Circuito Ricardo Tormo”.
 

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miércoles, 1 de mayo de 2024

Motociclismo (empresario) (1)

En mi caso concreto baste decir que nunca tuve ninguna moto, y nunca piloté ninguna moto, aunque alguna vez (muy pocas) fui como copiloto, precisamente en una época donde nadie llevaba casco. Mi relación con las motos nunca fue muy cercana, es más, parecía como si las motos fuesen las que se alejasen de mí. Sirva como ejemplo que una vez vino mi amigo Joaquín Grassi a casa a enseñarme la motocicleta que le acababa de comprar su padre. “Baja a verla”, me dijo todo contento en cuanto le abrí la puerta de casa, y en efecto así hicimos y bajamos rápidamente a verla... pero ya no estaba. Algún caco había sido más rápido aún y se la había llevado. Así que el pobre Joaquín regresó hundido y cabizbajo hasta  su casa sin encontrar la manera de explicarle a su padre lo que había pasado, porque además como era una motocicleta de pequeña cilindrada no tenía matrícula y por consiguiente era absurdo poner una denuncia porque nunca podría encontrarse, ni aunque un día se topase con ella delante de sus narices, porque al no tener matrícula era imposible identificarla. No le duró ni 24 horas la alegría de la moto y, en cambio, sí que le duró muchos años el disgusto de aquél robo.
 
Sin embargo como empresario sí que tuve una vez la oportunidad de acercarme al mundo del motociclismo y codearme con la élite de este deporte. Sucedió en el año 1983 y acababa de empezar a trabajar como Jefe de Publicidad en la empresa de agroquímicos Zeltia Agraria. Gustaba mucho en esta empresa hacer grandes promociones, aunque con un error conceptual básico: se gastaban mucho dinero en los regalos y muy poco en la comunicación e incentivación de los clientes potenciales. Todo eso fue cambiando a partir de mi incorporación aunque en esta promoción que voy a relatar, que era la primera gran promoción en que participaba, se destinó más dinero a los premios que a la comunicación, y es que el premio consistía en 100 motocicletas de la marca Mobylette.
 

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viernes, 26 de abril de 2024

Karting (y 2)

Poco después viví una nueva experiencia en este mismo circuito. La Editorial Doyma (hoy Elsevier) me invitó a una mañana de Karting a la que podía  ir con un acompañante, para lo cual elegí a mi hija menor. Hicieron dos equipos, uno con los hijos (porque yo no fui el único padre que acudió acompañado de algún hijo) y otro con los adultos (otros Jefes de Comunicación y responsables de Marketing de distintos laboratorios farmacéuticos). La experiencia fue similar: disfruté conduciendo, supongo que también adelgacé algo a causa de la sesión involuntaria de sauna, me volvieron a adelantar y quedé el último, aunque mejorando carrera tras carrera mis tiempos, lo cual supuso todo un éxito. Pero es que además, para mí, el mayor éxito es que yo demostré ser un excelente piloto porque no me choqué ni una sola vez, e incluso esta vez estuve atento para apartarme cada vez que quería adelantarme otro piloto y así evitar el choque. Mientras los pilotos rivales iban a lo loco, chocando contra todo y contra todos, yo mantuve mi coche impoluto, sin un solo rasguño, demostrando unos reflejos y una habilidad extraordinarios. Estoy seguro que si una compañía de seguros de automóvil me hubiera visto conducir, me hubieran ofrecido una póliza a precio de ganga porque ningún otro piloto les iba a salir tan barato como yo: ni un solo parte de accidente en todas las carreras. Dicen que de tal palo tal astilla, y así debe ser, porque a mi hija le sucedió lo mismo: quedó la última de su grupo... pero tanto ella como su coche salieron ilesos.
 
Después de aquellas dos experiencias no he vuelto a practicar este deporte, aunque no descarto volver a hacerlo. De lo que estoy seguro es de mantener mi profesionalidad y evitar por todos los medios cualquier tipo de accidente. ¿No dice Jesús en el Evangelio que “los últimos serán los primeros”? Pues yo pienso seguir siendo el último, o sea, el primero.
 

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jueves, 25 de abril de 2024

Karting (1)

El Karting o Kart es una disciplina perteneciente al deporte del Automovilismo. Se practica con unos vehículos especiales de motor, llamados “karts” en un circuito cerrado. El Karting es la modalidad por excelencia para la formación de los pilotos y el kart suele ser el primer automóvil de competición con el que debutan los aspirantes a piloto profesional, algo que suele suceder en edades tan tempranas como a partir de los ocho años. Pues bien, en mi caso, aunque también he practicado el Karting debo decir que ha sido al revés: ha sido en la edad madura, y no en la infancia o juventud, cuando he pilotado alguna vez estos bólidos (también debería aclarar que cuando yo era niño o cuando yo era joven, esto no existía, y lo más parecido a un kart era una caja de madera a la que se ponían cuatro ruedas y se echaban a rodar cuesta abajo por una calle adoquinada del pueblo).
 
En realidad, mi experiencia en este deporte ha sido más bien escasa, testimonial, diría, habiendo participado únicamente en dos carreras, ambas en el circuito Carlos Sainz, de Madrid. En la primera ocasión acudí con varios miembros de mi familia y de la familia de mi yerno. Lo primero que se siente al llegar allí es el profesionalismo, con un circuito perfectamente dotado de todos los adelantos. Además, y ya de entrada, cuando te apuntas para correr en una carrera, en la que participarán 10 ó 15 pilotos (evidentemente –en este caso- habría varios miembros de la familia pero también otros muchos pilotos ajenos a la misma), te dan el mono de piloto y el casco. Eso es bueno porque te sientes como un auténtico piloto profesional, pero lo malo es que ese mono y casco dan tanto calor que tan pronto como te los enfundas, aquello parece más una sauna que un circuito automovilístico.
 
En este debut en el mundo del Karting, donde corrí varias carreras, guardo recuerdos agradables y otros no tantos. En lo positivo, la sensación de velocidad y competitividad que se respira, el placer de conducir esos coches, y la hoja que te entregan al final en donde puedes ver todas las estadísticas: posición ocupada, velocidad media y velocidad máxima, número de vueltas, etc. En lo negativo, aparte del calor insoportable, lo resentida que acaba la espalda al final de las carreras y el tener que competir con otros pilotos que parece que se están jugando la vida, porque una cosa es correr lo más deprisa posible y otra muy distinta ir como un loco. Eso era, en efecto, lo que hicieron muchos de aquellos pilotos ajenos que competían con nosotros; no les bastaba con pisar el acelerador a tope (debían pensar que estaba prohibido pisar el pedal del freno) sino que te adelantaban sin ningún miramiento, te arrinconaban, te empujaban... se creían que estaban en los coches de choques de las Ferias y no paraban de golpearse con las paredes en todas las curvas y con los contrarios cada vez que los adelantaban. Total, que yo me sentí muy orgulloso de comprobar al final cómo había mejorado mis tiempos de una carrera a otra, aunque por detrás de mí sólo quedaron... las mujeres.
 

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martes, 27 de febrero de 2024

Drifting

Posiblemente algunos lectores no conozcáis qué clase de deporte es este. El Drifting o Drift es una disciplina del automovilismo que consiste en derrapar de manera continua y que a finales de la década de los 90 se convirtió en disciplina propia, con pilotos expertos en la misma y competiciones en numerosos países. Así que os estaréis diciendo “¿Pero también has hecho Drifting? ¡Pero si eso es ilegal! ¡Como te vea la policía de tráfico, la cagas!”. Así que pasaré a explicarme.
 
Es evidente que nadie puede conducir así de temerariamente por las carreteras, porque no sólo pones en peligro tu integridad sino también la de los demás, que no tienen culpa de tus locuras. Por eso aclararé desde el principio –para tranquilidad de las Fuerzas de Seguridad del Estado- que no he hecho Drifting en carreteras ni lugares públicos sino en un circuito reglamentario.
 
Cuando trabajaba en AstraZéneca, cuando los laboratorios farmacéuticos atravesaban su época dorada y todos los que tuvimos la fortuna de coincidir en la misma compaginábamos trabajo y diversión, trabajo y buen ambiente, trabajo y buena remuneración, trabajo y numerosos beneficios sociales... nos dieron en una ocasión lo que se llamaba “Curso de conducción defensiva”, que consistía en aprender a manejar el coche en condiciones extremas. Todos los mandos, superiores e intermedios, teníamos coche de empresa, y la compañía velaba porque no sufriésemos ningún accidente. Una de las formas para lograr este objetivo era que supiésemos cómo salir airosos de diversos imprevistos que se pueden presentar en la carretera.
 
Fuimos a un circuito en las afueras de Madrid en donde nos enfundaron los correspondientes monos de piloto para que entrásemos en ambiente. Pasamos después a las clases teóricas, en donde nos fueron explicando los riesgos imprevistos que puede ofrecer la conducción y cómo salir airosos de los mismos. Y por fin pasamos a la práctica con los coches que nos facilitaron y que se supone tenían el seguro a todo riesgo. En aquellas pistas hicimos todo tipo de pruebas como, por ejemplo, controlar el coche cuando se derrapa, para lo cual forzábamos el automóvil a propósito para derrapar y tomar a continuación el control de la conducción; es decir, el auténtico Drifting. La adrenalina que se desprende practicando esta disciplina deportiva es impresionante, y eso que en este caso se trataba de una situación controlada, en una pista suficientemente amplia y debidamente señalizada.
 
Pero además de esta maniobra nos enseñaron muchas más. Por ejemplo, frenar bruscamente y ser capaces de desbloquear la frenada y controlar el coche para sortear a tiempo el obstáculo que, bien pudiera ser en la vida real, un animal, peatón u objeto que obstruyese repentinamente la calzada. No se olvidaron tampoco de la lluvia, bajo la cual las condiciones de la conducción varían notablemente. Una serie de surtidores comenzaron a mojar el suelo y bajo esa lluvia teníamos que hacer todo tipo de maniobras. Ciertamente lo que antes parecía relativamente fácil aquí se tornaba mucho más difícil, aunque sin embargo fuimos capaces de salir airosos de esta prueba, aprendiendo eso sí que si llueve hay que ir más despacio y dejar más distancia respecto a los otros coches.
 
Y finalmente vino la prueba más difícil de todas: conducir sin cadenas sobre la nieve. Pero ¿cómo íbamos a conducir sobre la nieve si estábamos en pleno verano? Nos lo explicaron. Pusieron en las ruedas de los coches unos aparatos que –como veríamos acto seguido- simularían perfectamente las condiciones de estar conduciendo sobre una superficie helada. Una vez instalados esos dispositivos subimos al coche y ¡oh, sorpresa! aquello no había manera de controlarlo. Por más que me esforzase, por más que intentase recordar y poner en práctica todo lo aprendido en la clase teórica, allí no funcionaba; era el coche el que iba donde quería, no yo. Así que saqué una valiosa conclusión de esta última prueba: si alguna vez me encuentro con una superficie helada y no llevo cadenas en el maletero, paro el coche y pido ayuda o espero; cualquier cosa antes que intentar conducir sin cadenas sobre el hielo.
 

La historia de un gran laboratorio farmacéutico… pero contada desde fuera…
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