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sábado, 31 de mayo de 2008

Mi madre se impacienta

Gaia, mi madre, se impacienta y ayer se estremeció 6,2 deseosa que pronto la visite allí donde la luz de su vida interna aún se percibe. Ya falta menos, apenas un mes, y podré sentir el calor de su sangre (lava) bajo mis pies, y relajarme en el calor de sus aguas termales.

Recuerdo que apenas siendo un niño, aficionado a la lectura de todo tipo de comics, muy pronto compré mi primer libro de adulto; era un librito sobre Islandia y quedé fascinado de la belleza de la naturaleza en todo su esplendor que aún podía percibirse en algunos de sus parajes vírgenes. Tendría entonces siete u ocho años, y recuerdo leer ensimismado aquél librito subido a la copa de un árbol en la finca del pueblo. Me prometí que algún día vería a aquello con mis propios ojos.

Ahora, medio siglo después, aquél sueño se va convertir en realidad. Sentiré que Gaia, la madre Tierra, aún está viva y hablaré con ella. Me contará que ya está harta de esta plaga de piojos que somos los humanos y que muy pronto se sacudirá para esparcirnos lejos y dar lugar a una nueva era, libre ya de estos parásitos. Falta poco y, por eso, antes de que todo cambie y la humanidad sea historia, me gustará haber sentido tan de cerca su palpitar y hálito de vida.

Hasta pronto, madre, yo también quiero abrazarte.

miércoles, 28 de mayo de 2008

El prospecto imposible

El prospecto de los medicamentos da mucho de que hablar, por lo que en esta ocasión nos centraremos en la pretensión de algunas Comunidades Autónomas para que dichos textos vayan en el idioma de dicha Comunidad.

Sólo haré dos consideraciones, la primera económica; la segunda, práctica. A nivel económico, es el Ministerio de Sanidad quien aprueba esos textos, los cuales se cambian numerosas veces a lo largo de la vida del producto (cada vez que se aprueba una nueva indicación, se descubre una nueva contraindicación o riesgo, etc.). Por lo tanto, no basta con que el laboratorio pague a un traductor que traduzca una y otra vez (cada vez que haya cualquier modificación) esos textos al gallego, euskera, catalán, etc., sino que el Ministerio de Sanidad tendría que incorporar expertos en esos idiomas para que diesen su visto bueno a todas las traducciones, o bien transferir esas competencias a las Comunidades Autónomas y trabajar coordinadamente con ellas para aprobar todas las modificaciones en unos plazos determinados. ¿Habían pensado en eso?

A nivel práctico me pregunto: ¿Esos políticos que proponen esta medida han visto alguna vez en su vida el tamaño de muchos de nuestros medicamentos? Les invito a que visiten una farmacia. El tamaño de muchos de estos envases es tan pequeño que ya resulta una proeza introducir el actual prospecto (al que por otra parte exigen cada vez más cantidad de texto), por lo que triplicar (si sólo hablamos de catalán, euskera y gallego, aunque ya se unirán muchos más) su tamaño, es físicamente imposible. La única posibilidad sería crear un nuevo envase para contener este nuevo y gigantesco prospecto que nos proponen (y que parece que es lo único importante) y acompañarlo después del medicamento (que parece es lo que menos importa).

Consecuencias: Mayor coste que asumiría el laboratorio (a quien no dejan fijar el precio, sino que se lo imponen y encima en los niveles más baratos de Europa). Mayor coste para la distribución (al ocupar más espacio los nuevos envases). Mayor consumo de papel (tanto que hablan de ecología y mira ahora por dónde salen). Y al final, un prospecto gigantesco que seguirán sin entender los ciudadanos ya que los textos son más una salvaguarda jurídica que una verdadera información comprensible para el ciudadano.

Puestos ya en esta línea, yo propongo que los Gobiernos Autonómicos exijan que los textos de los bricks de leche vayan en todos los idiomas oficiales de España, al igual que los envases de yogures, las chocolatinas, las etiquetas de la ropa, las instrucciones de los Mp3, las etiquetas del calzado… que cada cosa que se fabrique y venda en este país de países vaya siempre acompañada de un libro conteniendo las explicaciones pertinentes en todos los idiomas.

Artículo realizado para Medical Practice Group (MPG)

martes, 27 de mayo de 2008

¡Qué bonita es la ambición!

Sí, pero la ambición de no ambicionar otra cosa que ser feliz. Y para ser feliz hace falta tan poco... sólo estar en paz con uno mismo.

Cierto es que se necesitan tener cubiertas unas mínimas necesidades materiales, pero a partir de ahí, poco más. Con cuanta razón se dice que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita.

Pasar un fin de semana, relajado, con tu familia, es más gratificante que pasar un fin de semana trabajando para hacer méritos y conseguir ese ascenso que te de más poder. ¿Poder? ¿Qué clase de poder es ese que hay que pagar con el precio de tu tiempo libre? Que nadie se engañe: hay que trabajar y hacerlo bien, pero en el marco que establece cada convenio. Fuera de ahí, sólo hay dos caminos: el de tu libertad personal y el de la esclavitud por seguir subiendo escalones en esa escalera sin fin de la ambición.

Por poner un ejemplo: Ahora mismo, mientras hay personas que no son capaces de saber a qué hora del día o de la noche pondrán fin a su jornada laboral para poder terminar ese informe con el que deslumbrar a su jefe, yo estoy aquí en casa “trabajando” en amaestrar a mi cotorra argentina (Pichí) y mi “ambición” que es mucha, es conseguir que se convierta en un perrito faldero (¡y lo voy consiguiendo!)

lunes, 26 de mayo de 2008

Médicos explotados

Os voy a contar un caso de médicos explotados, pero no me refiero a Latinoamérica (de eso hablaremos otro día) sino a España. Algunas Comunidades Autónomas vienen, desde hace ya muchos años, contratando médicos de lunes a viernes. Esto es, cada lunes les hacen un nuevo contrato y en esta eterna interinidad los mantienen años y años. El Gobierno Autonómico se ahorra un dinero y el trabajador se queda desprotegido los fines de semana. Muy bonito ¿verdad?

Pues hay otros que están peor. A algunos médicos los contratan dos o tres días a la semana (cada día un contrato distinto, por supuesto) pero sólo para hacer guardias de 24 horas. Eso significa que trabajan en un día 3 jornadas laborales (3x8 h. = 24 h.), pero –y aquí viene lo mejor- aunque hayan trabajado en ese día 3 jornadas laborales, a efectos de cotización a la Seguridad Social y derechos sociales, sólo se les considera 1 día de trabajo.

Como esta situación se ha estado manteniendo durante muchos años, ahora nos empezamos a encontrar con médicos que no tienen derecho a prestaciones sociales (jubilación, etc.) ya que no han cotizado el tiempo suficiente. Es decir, sí que han trabajado el tiempo suficiente pero no les ha computado como tal, todo por la codicia e inmoralidad de los contratadotes que –en este caso- son los Gobiernos Autonómicos (y los hay de todos los colores). La mayor parte de los Gobiernos Autonómicos niegan estas prácticas, aunque algunos afectados han denunciado su situación, pero otros Gobiernos Autonómicos a preguntas de periodistas sobre este tema responden: “Pues sí, tenemos 200 casos de esos ¿y qué?”.



domingo, 25 de mayo de 2008

Periodismo de investigación... a distancia

Veo con perplejidad cómo algunos periodistas hablan de personas a las que nunca vez y hasta se permiten adivinar sus pensamientos. ¿No les sería más fácil acudir –como los demás periodistas- a esos actos en que participan y charlar con ellos e incluso concertar alguna entrevista (como hacen los demás periodistas)?

Veo con perplejidad cómo algunos periodistas hablan de empresas e instituciones en cuyas sedes nunca han estado y hasta alardean de conocer sus estrategias. ¿No les sería más fácil acudir –como los demás periodistas- a esas sedes y allí hablar con sus dirigentes y los empleados y pedirles la información que necesitasen (como hacen los demás periodistas)?

El resultado es que algunos periodistas confunden los verbos “querer” y “ser”: escriben lo que quieren, no la realidad de los que sucede. La única “investigación” que realizan son las incursiones por el laberinto de su propia mente, creando una nueva “realidad” conforme a sus deseos y tratando que los lectores tomen como cierta dicha elucubración.