lunes, 5 de marzo de 2012

Comunicar con eficacia


Cuando cualquiera de nosotros quiere comunicar algo (ya sea en el ámbito del trabajo o de las relaciones personales), es muy frecuente prestar más atención a lo que queremos comunicar y cómo lo estamos transmitiendo, que a lo que el destinatario está recibiendo e interpretando.

De nada nos sirve una buena exposición de los hechos, un relato excelente de los acontecimientos, si el destinatario no lo está percibiendo como a nosotros nos gustaría. La clave de una buena comunicación no está en el emisor del mensaje, sino en el destinatario, pero aceptar este planteamiento supone un esfuerzo adicional y, por supuesto, práctica.

No es tan importante la información que aportemos como el modo en que seamos capaces de transmitirla. Esto requiere, entre otras cosas, entusiasmo, convicción y persuasión y, por supuesto, un ejercicio adicional para ser capaces de sintetizar y conectar con la audiencia.

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