viernes, 12 de abril de 2013

Así separaditos dormían más contentos


Las ciudades de la Grecia clásica, hace 2.600 años, solían estar bastante sucias y la gente tiraba la basura a las calles. Sin embargo algunas ciudades “modernas”, diseñadas de una forma más cuadriculada frente a la anarquía de la mayoría, se distinguían por estar más limpias. Los sistemas de alcantarillado eran muy rudimentarios y un signo de distinción era poner en las calles unos bloques de piedra salteados para facilitar el cruce, evitando así meter la sandalia en el barro o la porquería del suelo. El ágora, la gran plaza pública, era bastante amplia y constituía el centro neurálgico de la ciudad; allí se celebraba el tradicional mercado, y próximos a ella se encontraban el barrio de los artesanos y el de los comerciantes.

Las casas podían ser de uno o dos pisos (aunque a los propietarios de casas de dos pisos les tocaba pagar más impuestos). Generalmente había un patio central con un pozo, una zona de reunión para los hombres (androceo) y otra zona distinta para las mujeres (gineceo). La misión de una mujer estaba en su casa, para tener hijos y cuidar del marido y la descendencia. Las clases pudientes contaban siempre con esclavos y sirvientes, y en ese caso la dueña de la casa simplemente se ocupaba de darles las órdenes correspondientes y supervisar su trabajo. Por el contrario en las clases medias y en el proletariado, la mujer debía cargar con el peso de todas las faenas de la casa. Las mujeres solo se mezclaban con los hombres en las fiestas familiares o cuando salían para asistir a las fiestas religiosas en donde muchas de ellas solían cantar en los coros pero, en general, hacían vidas separadas, tanto era así que solían dormir separadas de sus esposos, excepto cuando les tocaba cumplir con sus obligaciones maritales

Al no haber agua corriente y ser Grecia un país de clima mediterráneo, el agua era un bien preciado y procuraban tener dispositivos para recoger el agua de lluvia y poder utilizarla después para beber y para su aseo. Las casas tenían pocos muebles, solo los estrictamente necesarios, y la iluminación nocturna se hacía a base de antorchas y lámparas de aceite. Por el contrario en las casas humildes apenas si había una única ventana y una única habitación que servía para todo y generalmente estaba muy mal ventilada, siendo además el suelo de tierra mientras que en las casas elegantes dicho suelo era de mosaico, mármol, etc.

Estas y otras cosas de la vida cotidiana en la Grecia clásica de hace 2.600 años se cuentan en la novela de amor, aventura, amistad y honor "Deuda de vida".

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