El Premio Nobel de la Paz, Barak Obama, ya tiene las manos manchadas de sangre; no por la ejecución de Bin Laden sino por haber consentido las torturas a los prisioneros.
Mientras tanto, el Gobierno que nos hizo huir como cobardes de una misión sin tiros en Irak para meternos en una guerra de Afganistán (en la que ya han muerto muchos soldados españoles) y a continuación nos ha metido en otra guerra (Libia) en la que aquél a quien se combate utiliza las armas que les vendimos, mantiene su respaldo a Obama.
Falsas lecciones de urbanidad: El arte político de exigir lo que no se
cumple
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*Existe una vieja y perversa costumbre en los despachos del poder que
consiste en tratar al ciudadano con una condescendencia flagrante. A
menudo, las él...
Hace 19 horas
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