martes, 17 de enero de 2017

Más periodistas que público

Rara era la semana que no organizaba alguna rueda de prensa, bien fuera en Madrid o en cualquier otra ciudad, y siempre con bastante éxito, entendido este como un nutrido grupo de periodistas que acudían a la convocatoria y después publicaban noticias positivas sobre aquél encuentro.

Pero en una ocasión pensé que sería bueno cambiar el sistema y organizar una reunión con médicos a la que taambién invitaría, por supuesto, a los periodistas. La reunión tendría lugar en el Colegio de Médicos de Pontevedra, el invitado sería el investigador catalán Jaume Marrugat, y el motivo no podía ser más atrayente: conocer las últimas investigaciones estadísticas sobre el infarto de miocardio que reflejaban dónde se daban más estos episodios (en qué Comunidades Autónomas), en qué tipo de pacientes (sexo, edad, etc), en qué condiciones (estado de salud previo, tiempo que tardaban en ser atendidos, etc.), y con qué resultados (porcentajes de defunciones y de vidas salvadas). E incluso preparé todo para las ocho de la tarde, que era una hora buena para que acudieran los médicos (ya que a esa hora han acabado sus consultas) aunque fuese una hora nefasta para los periodistas (a esa hora ya están cerradas todas las redacciones; de hecho todas las convocatorias de prensa se realizan por las mañanas y sólo los políticos o cuando sucede un desastre o accidente grave, se convoca a cualquier otra hora).

Con todo esto preparé invitaciones que envié por correo a los médicos de Pontevedra y ciudades cercanas. Envié, igualmente, invitaciones a los Visitadores Médicos de aquella zona para que las entregasen a sus médicos. Otro tanto hice con el Colegio de Médicos de Pontevedra para que las distribuyesen a sus colegiados. Y ya como era habitual en mi relación diaria con los medios de comunicación, realicé la correspondiente convocatoria de prensa.

Cuando llegó el momento de la verdad, un escalofrío me sacudió. Allí no llegaba ningún médico... aunque sí llegaban periodistas. Al empezar su exposición el investigador, también se sorprendió al contemplar el insólito escenario: Las dos primeras filas repletas de periodistas, no sólo de prensa sino también de radio y televisión, que llenaron todo con sus trípodes, micrófonos, focos, etc. El resto del amplio auditorio con... ocho médicos (eso fue lo que pude contar).

Aquella experiencia me recordó el viejo refrán que dice “zapatero, a tus zapatos”, porque efectivamente aquello fue un desastre como convocatoria de médicos, pero fue un éxito arrollador como convocatoria de prensa (a pesar, incluso, de la hora tan nefasta elegida). Tan exitosa resultó aquella convocatoria que al día siguiente todos los medios de comunicación de Galicia le dedicaban amplios espacios: todos los informativos de radio y televisión hablaban de ello y todos los periódicos habían levantado posiblemente otras noticias para dejar espacio (y además destacado) a esta noticia que, por otra parte, el Dr. Jaume Marrugat expuso con notable poder de comunicación y atrayente interés.

Fijaos –y esto no le he confesado antes- cómo saldrían de contentos todos los periodistas, que los de prensa publicaron en sus periódicos varias fotos, entre ellas alguna del público asistente. ¿Público asistente? ¿Pero no había dicho que sólo acudieron ocho médicos? Tan bien se portaron esos periodistas que las “fotos de público” sólo mostraban cuatro personas que se habían sentado juntas, lo que daba la sensación de un auditorio abarrotado cuando la realidad ya os he dicho cuál fue.

También aprendí que cuando le das a los periodistas material informativo de excelente calidad, los periodistas saben mostrarse agradecidos; como así sucedió en este caso que fue un fracaso estrepitoso de público pero un éxito apabullante de interés informativo.

2 comentarios:

NANO dijo...

Di la verdad Vicente, los delegados no invitaron ni a un solo médico jajajaja

Palabras Inefables dijo...

Hombre, por lógica deducción ni los Delegados ni los del Colegio de Médicos debieron hacer ni el más mínimo esfuerzo para animar a los médicos para que asistiesen, y con sólo la invitación por correo que yo les envié, no había incentivación suficiente.