(El maravilloso
mundo del vinilo) Durante los próximos meses voy a compartir con vosotros en este espacio
toda mi colección de discos de vinilo, comentando uno a uno cada título. Y es
que, al igual que un buen libro se saborea mejor cuando sentimos el tacto de
sus páginas en las manos y respiramos el aroma de la tinta en contraposición a
la fría pantalla de un dispositivo digital, con la música sucede exactamente lo
mismo.
Los discos de vinilo, que hace unos años parecían condenados a
convertirse en reliquias del pasado devoradas por el streaming, comparten ese
mismo espíritu noble de los libros impresos. Un vinilo se toca, se sostiene, se
mima. Leíamos sus textos en la contraportada, contemplábamos el arte de sus
carpetas, los ordenábamos con mimo en la estantería y, finalmente, los
colocábamos en el plato del tocadiscos, no sin antes limpiarles el polvo con
cuidado y asegurarnos de que la aguja estuviera en perfecto estado. Escuchar
música de este modo no era un mero ruido de fondo; era un rito, una ceremonia
sagrada que nos abstraía del mundo para sumergirnos por completo en las
emociones de las canciones.
Afortunadamente, y a diferencia de tantas cosas del pasado que murieron
para no volver, el vinilo ha renacido de sus cenizas. Hoy en día no solo se
persiguen y cotizan las ediciones antiguas, sino que los artistas actuales
publican religiosamente sus nuevos trabajos en este formato. Las tiendas de
discos han vuelto a recuperar sus cajones repletos de surcos, han proliferado
los templos especializados y las ferias anuales atraen cada temporada a miles
de coleccionistas apasionados.
Espero que esta travesía por los discos que componen mi vida os llene la
mente de maravillosos recuerdos y, a quienes por edad no llegasteis a
conocerlos, os descubra una forma única, pausada y fascinante de degustar la
música.
¡Viva por siempre el mundo del vinilo!
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
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