Él, al que yo hubiese amado tanto;
él, que derramó el más leve susurro de égloga
en el azul de mis mañanas;
me dice con ternura que le olvide,
que le olvide sin adiós y sin lágrimas.
Él, el que hechizó de música mi alma,
se aleja dulcemente como una vela blanca.
Yo que llevo tantos sueños enterrados
y que cuento tantas tumbas en el alma,
no sé por qué sollozo y por qué tiemblo
al cavar una más en mis entrañas.
(Fdo: Marisa)
El "Efecto Vampiro": Cuando la estrella se come al producto
-
*¿Es rentable la publicidad con famosos? Conectar una marca a una
celebridad de masas genera lo que los psicólogos publicitarios llaman "el
efecto vampir...
Hace 15 horas

No hay comentarios:
Publicar un comentario