Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...

miércoles, 3 de septiembre de 2025

El tercer yo (Acto I. Escena II)

Acto I. Escena II
 
(Entra Pedro, con una mochila al hombro. Su rostro está tenso, y una pequeña herida adorna su frente.)
PEDRO: Hola, mamá. (Deja la mochila junto a la puerta y se detiene, como evaluando el espacio.)
AURORA: ¿Qué hay? (Pausa.) Lávate las manos y siéntate, que voy a servir la cena.
PEDRO (volviéndose hacia Miguel): Hola, papá.
MIGUEL: Hola. ¿Qué tal lo has pasado?
PEDRO (titubeando, improvisando): ...Muy bien... ¿Qué estás leyendo?
MIGUEL: Uno de los libros antiguos de tu abuelo.
PEDRO: ¿Cuál de ellos?
MIGUEL: Uno de Aristóteles... pero ¿desde cuándo te interesa esto?
PEDRO (nervioso, buscando una excusa): Pues... hace algún tiempo que me ha dado por leer... (Intentando cambiar de tema.) ¿De qué trata?
MIGUEL: Aquí Aristóteles habla de la unicidad del alma, de que no puede separarse del cuerpo salvo con la muerte.
PEDRO (soltando una risa seca): ¡Qué tontería!
MIGUEL (sorprendido): ¿De qué te ríes, Pedro?
PEDRO: Mira, con el tiempo, la técnica nos permitirá extraer el alma y la voluntad de un cuerpo e implantarlas en otro.
MIGUEL (con escepticismo): Parece que has estado leyendo demasiada ciencia-ficción. ¿De dónde sacas eso?
PEDRO: Verás, te lo explico...
(Entra Aurora, interrumpiendo.)
AURORA: ¿Te has lavado las manos, Pedro?
PEDRO: No, ahora voy. (Se dirige hacia la puerta equivocada.)
AURORA: ¿A dónde vas? El baño está por allá. (Señala en dirección opuesta, sonriendo débilmente.) ¿O no lo sabes?
PEDRO (disimulando): ¡Ah, sí, claro!... iba a dejar esto en mi cuarto. (Toma la mochila y se corrige, dirigiéndose al baño. Aurora lo sigue con la mirada.)**
MIGUEL (bajando la voz): Espera, Aurora. (Pausa.) ¿No te parece que Pedro está raro?
AURORA: ¿Por qué lo dices?
MIGUEL: No sé... algo en su actitud.
(Sale Aurora. Silencio. Pedro regresa tras un momento, paseándose por el escenario con una mirada distante, como si viera el salón por primera vez. Miguel lo observa, frunciendo el ceño. Aurora entra con una sopera.)
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“Tu último viaje”: https://amzn.eu/d/1zzOpM6

martes, 2 de septiembre de 2025

El tercer yo (Acto I. Escena I)

Al levantarse el telón, se revela el salón-comedor de una familia de clase media. La escena está bañada por una luz cálida pero tenue, típica de una noche otoñal. A la derecha, Miguel está hundido en un sillón de terciopelo gastado, leyendo un libro bajo el resplandor de una lámpara de mesa. Junto a él, una mesita desordenada con tazas vacías y un cenicero lleno. Detrás, una librería polvorienta con volúmenes antiguos; a la izquierda, una mesa de madera rústica donde los platos de la cena esperan a medio preparar, con un mantel arrugado que sugiere descuido. El ambiente está cargado de una tensión silenciosa.
 
Escena I
 
MIGUEL (levantando la voz, con un tono irritado): ¡Aurora!
AURORA (fuera de escena, con voz cansada y distante): ¿Qué...?
MIGUEL: Ven un momento, por favor.
AURORA: ¿Para qué?
MIGUEL: Tenemos que hablar.
(Entra Aurora, secándose las manos con un delantal. Su rostro refleja agotamiento.)
AURORA: ¿Más todavía?
MIGUEL: Creo que hay un motivo lo bastante importante como para que hayas estado preocupada estos días.
AURORA (con sarcasmo): ¿Cuál? ¿Nuestra separación?
MIGUEL: Sí. ¿Te parece poco?
AURORA: Las razones que nos han llevado a esto son tan fuertes que no veo por qué debería preocuparme. Hazlo tú si quieres; al fin y al cabo, eres el culpable de todo.
MIGUEL (con amargura): Claro, como siempre, la culpa recae en mí. Pero dejemos eso ahora.
AURORA: ¿Por qué? ¿Temes que tus argumentos no aguanten?
MIGUEL: No es eso. Pedro puede llegar en cualquier momento. No debemos arrastrarlo a nuestros problemas. Ya debe estar sufriendo bastante por nuestra culpa.
AURORA (con un dejo de reproche): Di mejor, por tu culpa.
MIGUEL: Por favor, Aurora, parecemos niños peleando por un juguete. Sabes que Pedro es lo primero para los dos.
AURORA (tras una pausa, suavizando el tono): Tienes razón. (Pausa.) ¿Qué hora es, Miguel?
MIGUEL (mirando su reloj): Las diez y cuarto.
AURORA: Lo siento, voy a servir la cena. Me extraña que Pedro se retrase tanto. Si quieres... hablamos después.
MIGUEL: Como quieras.
(Se hace un silencio pesado. Miguel vuelve a su libro, hojeando páginas con desgana, mientras Aurora ajusta los platos en la mesa. La luz parpadea ligeramente, como si el ambiente mismo reflejara su inquietud.)
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“Tu último viaje”: https://amzn.eu/d/1zzOpM6

lunes, 1 de septiembre de 2025

El tercer yo (Presentación)

“El tercer yo” es una obra de teatro que nunca llegó a representarse, escrita alrededor de 1968 por dos jóvenes autores, Pedro Fuentes y Vicente Fisac, quienes aún no habían cumplido los veinte años. Oculta y desconocida hasta ahora, la he rescatado, revisado y actualizado para compartirla en este blog, dándole nueva vida a su visión audaz.
 
Se dice que cada persona alberga dos “yos”: el que muestra al mundo y el que guarda en secreto. Sin embargo, en momentos excepcionales como el que esta obra narra, puede surgir un “tercer yo” que trastoca todas nuestras expectativas y nos obliga a replantearnos la vida.
 
Construida en tres actos que transcurren en dos momentos consecutivos—la noche de un sábado y la tarde del domingo siguiente—, la obra se desarrolla mediante escenas que se funden a negro, evocando el ritmo de una película.
 
Con un argumento original, “El tercer yo” explora temas universales: la familia, el amor, la incomunicación entre generaciones y entre los mayores, el egoísmo, la superficialidad y la búsqueda de un sentido trascendente. Las dos generaciones en conflicto son la de los padres—encarnada por Miguel y Aurora, marcados por rencores, materialismo y desencanto—y la de los jóvenes, representada por Pedro y sus amigos, atrapados en la apatía y la falta de compromiso en un mundo que les ofrece todo sin esfuerzo. Pedro, inmerso en esta tensión, se verá transformado por la aparición inesperada de su “tercer yo”, un giro que desafiará las estructuras familiares y sociales establecidas.
 
Personajes:
Miguel, el padre 
Aurora, la madre 
Pedro, el hijo 
Cristina, la novia 
Y los amigos: Rafael, Luisa, Miguel Ángel, Joaquín, Begoña e Isabel
 
Comienza la función…
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“Tu último viaje”: https://amzn.eu/d/1zzOpM6

sábado, 30 de agosto de 2025

Rojo sobre negro

Miguel camina solo en la tenue luz del atardecer, sus pasos pesados, titubeantes contra el asfalto implacable. Los edificios imponentes de la ciudad bloquean el horizonte, difuminándose en una neblina a través de sus ojos vagamente llorosos. Una ráfaga fría de viento lo roza, trayendo fragmentos de un ruido lejano: una melodía discordante y fugaz de un coche que pasa. Arriba, la noche desciende en un aleteo silencioso, extendiendo su sombra sobre su figura agotada.
 
-oOo-
 
La mirada de Isabel lo atrapaba, sus ojos suaves pero penetrantes, cargados de promesas no dichas. Sus manos se acercaron lentamente sobre la mesa desgastada del café, los dedos de ella abandonando el frío rocío del vaso. La mano de Miguel temblaba ligeramente, atraída hacia la de ella como por instinto. Entonces, un roce fugaz: su mano, cálida y viva, encontró la suya. Sin decir palabra, sus dedos se entrelazaron, apretándose con fuerza, como si temieran que el momento se desvaneciera. En ese apretón silencioso, el mundo más allá de sus manos dejó de existir.
 
-oOo-
 
Miguel avanza con dificultad, su paso irregular, acelerándose cada vez que un extraño lo roza al pasar. No huye, no exactamente. Nadie lo persigue, pero su sombra se aferra a él, compañera silenciosa en esta avenida interminable. La ciudad se siente ajena, sus luces borrosas y desconocidas, como si hubiera entrado en un sueño que no le pertenece. Su pecho se oprime; el cansancio lo aplasta, cada paso una lucha contra esta carretera infinita que no cambia.
 
-oOo-
 
“¿Por qué vienes solo?” La voz de Antonio cortó el bullicio del bar abarrotado, su mano extendida en saludo.
“No pudo venir,” respondió Miguel, su voz plana, vacía por algo que no mencionó.
La sonrisa de Antonio no flaqueó. “No te preocupes, amigo. Maribel está aquí.”
La mirada de Miguel se deslizó hacia ella—Maribel, riendo suavemente en un rincón, su presencia como una chispa en la penumbra. Por un instante, se sintió más ligero, como si su calidez pudiera derretir el dolor que cargaba.
 
-oOo-
 
Miguel mira su reloj, las manecillas brillando débilmente: son las nueve y media de la noche. El sol, ahora un rescoldo moribundo en el horizonte, proyecta un tenue resplandor rojizo. Camina sin detenerse, cada paso más lento, como si el peso del tiempo mismo lo presionara. La avenida se extiende sin fin ante él, una cinta de asfalto que no lleva a ninguna parte.
 
-oOo-
 
“¿Te molesta la luz?” susurró Maribel, su voz suave, provocadora, su aliento cálido contra su oído.
“Un poco,” admitió Miguel, aún ignorante de la fuerza que lo atraía hacia ella.
Sin mediar palabra, ella lo guio hacia un rincón oscuro del bar, donde parejas se fundían en sus propios mundos privados, ajenas al caos que las rodeaba. El débil resplandor rojizo de un letrero de neón apenas las alcanzaba. En ese refugio sombrío, las palabras se volvieron innecesarias. Una corriente, instintiva y silenciosa, surgió entre ellos: sus dedos recorriendo su mandíbula, las manos de él encontrando su cintura. Se entregaron a un baile de caricias, un escape fugaz del peso de sus vidas separadas.
 
-oOo-
 
El cuerpo de Miguel tiembla, un frío mortal cala en sus extremidades agotadas. La avenida se transforma en un puente angosto, su frágil barandilla su único ancla. Abajo, un río de coches pasa veloz, sus colores desangrándose en el crepúsculo. Su corazón se rebela, instándolo a saltar, a terminar con el tormento que carcome su alma. Sin embargo, sus manos, movidas por un instinto primitivo, se aferran con fuerza desesperada a la barandilla. Una guerra se desata en su interior: rendirse contra sobrevivir. Al fin, suelta su agarre, retrocede tambaleándose y corre a través del puente. Sus piernas flaquean; duda. Un destello cegador—los faros de un coche—se precipita hacia él. Demasiado tarde, intenta esquivarlo. Un golpe sordo, el chirrido de neumáticos, y el dolor estalla en su cuerpo. El coche se pierde en la corriente de tráfico, dejándolo tirado en el asfalto, el mundo girando hacia la oscuridad.
 
-oOo-
 
Miguel regresaba a casa tambaleándose, el zumbido del alcohol nublándole los pensamientos, su corazón aún encendido por el calor fugaz de la noche. Al llegar a su puerta, una figura emergió de las sombras: Isabel. Su presencia lo golpeó como un mazazo.
“¿Qué haces aquí?” balbuceó, su voz temblorosa.
Sus ojos se clavaron en los de él, un torbellino de emociones girando en ellos: amor, traición, acusación, todo a la vez. No hubo palabras, solo esa mirada penetrante. La comprensión lo arrolló como una ola. “¡No fui yo!” gritó, su voz quebrándose. “¡No lo hice, tienes que creerme!”
Pero Isabel no dijo nada. Sus manos, antes firmes sobre sus hombros, se deslizaron, sin vida. Se dio la vuelta, su silueta desvaneciéndose en la noche, dejándolo aferrándose al aire, sus súplicas disolviéndose en el silencio.
 
-oOo-
 
Miguel yace desplomado en la acera, sus respiraciones cortas, entrecortadas. El dolor irradia por todo su cuerpo, agudo e implacable. Intenta levantarse, pero sus miembros lo traicionan. Su mirada cae sobre el asfalto, donde una mancha oscura se extiende: su sangre, brillando bajo las luces de la calle. Su mano temblorosa toca su frente, los dedos regresan húmedos de un calor pegajoso. Un escalofrío lo recorre. Con un último esfuerzo de voluntad, se obliga a ponerse de pie, tambaleándose como una marioneta rota. Presiona un pañuelo contra su frente; este se tiñe de carmesí.
A duras penas, Miguel retrocede por la avenida infinita. Atrás, la pequeña mancha de sangre en el asfalto se desvanece, tragada por la indiferencia de la ciudad, como tantas cosas perdidas en el tiempo.
 

A chance encounter will take him far away, on a thrilling adventure full of action and emotion that will change his life... but also the lives of everyone around him…
“Fleeing into silence”: https://a.co/d/7SUfVb3
“Castidad & Rock and Roll”: https://www.amazon.es/dp/1694948803

miércoles, 27 de agosto de 2025

Diálogos con mi musa: Un día muy especial

POETA.- Ya estamos en otro año y tengo un año más.
(Estábamos los dos como siempre, hablándonos y mirándonos. Yo estaba distraído y una gran multitud de escenas venían a mi mente. Me era difícil seguir el hilo de la conversación).
Estaba pensando en una frase de una poesía mía.
MUSA.- ¿Cuál?
POETA.- No me acuerdo exactamente, pero decía algo así como “Y es dura la lucha, saber si es que vivimos o vamos muriendo poco a poco”.
MUSA.- ¿Y eso te preocupa?
POETA.- Sí. ¿Acaso no tiene importancia?
MUSA.- De todo hay en el mundo. Hay gente que va viviendo día a día y otra que va muriendo poco a poco, como tú dices.
POETA.- ¿Y yo, voy viviendo o muriendo?
MUSA.- Vas muriendo poco a poco.
POETA.- ¿Cómo puedes decir eso, tan segura, si ni siquiera yo mismo lo sé?
MUSA.- Porque te conozco mejor que tú.
POETA.- ¿Y no hay solución?
MUSA.- ¡Hay que ver la manía que tienes por encontrar soluciones a todo!
POETA.- Es que me gusta tener atados todos los cabos.
MUSA.- ¿Y no comprendes que esa es una tarea imposible? Aunque creas tener todo organizado y planificado, luego la vida –en un momento dado- echa por tierra todo lo que construiste.
POETA.- Sí, claro, es cierto, pero... yo creo que vale la pena intentarlo aunque sepas que sólo es eso, un simple intento.
MUSA.- ¿Y quieres que yo te ayude?
POETA.- Eso es.
MUSA.- ...pues no. Al menos por ahora debes aprender a abrirte camino por la vida tú solo. Quizás si te viese desesperado acudiría en tu ayuda, pero ahora estás sereno y con una chispita de luz en tus ojos.
POETA.- ¿Te has dado cuenta? ¿Puedes distinguirla?
MUSA.- Sí, yo lo veo todo.
POETA.- ¿Cómo Dios?
MUSA.- Por favor, no hagas esas comparaciones.
POETA.- Pensándolo bien, no hay que buscar complicaciones. Si todo va bien, hay que dejarlo estar y disfrutarlo. Tienes razón, hoy estoy contento.
MUSA.- ¿Lo ves? Cuando estás triste te desahogas conmigo y yo te ayudo a descargarte del peso para que vuelvas cuanto antes a la normalidad. Pero cuando estás contento, como ahora, todo es más complicado porque me transmites tu alegría y al recibirla yo, aumenta de nuevo tu propia alegría en una espiral sin freno.
POETA.- Lo cierto es que hoy estoy contento y además es un día muy especial. ¿Sabes qué día es hoy?
MUSA.- Siete de enero de 1.968.
POETA.- ¡Mi cumpleaños!
MUSA.- ¡Cielos, ya eres un viejo!
POETA.- Venga, no bromees, que mi alegría es una cosa muy seria. Y además tengo que irme, que ya es muy tarde. ¡Hasta luego!
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
https://www.amazon.com/author/fisac
“Los primeros pasos de un escritor”: https://www.amazon.es/dp/1708323147