Tras
la muerte, nadie juzga a nadie. Al despertar verás que todo es correcto. No
estamos aquí sólo para aprender; estamos también para experimentar, que es
distinto.
Las
creencias son buenas, las obsesiones no. Una creencia en el cielo, que no sea
obsesiva, puede ser útil para que el individuo se adapte mejor al nuevo entorno
que encontrará cuando muera y así aceptará y comprenderá mejor la nueva
situación. Incluso la creencia en un juicio, en el cual se repasará su vida y
se verá lo que haya hecho bueno, lo que haya hecho malo y lo que haya dejado de
hacer y podía haber hecho, puede ser útil aun cuando dicho “juicio” no es tal,
sino simplemente una revisión que haremos nosotros mismos de cuanto hemos
vivido. Porque tras esa revisión (hay que llamarla así en vez de juicio), no
habrá ningún premio ni ningún castigo, lo que habrá será “enseñanzas”. De eso
trata nuestra vida actual: aprender y experimentar para perfeccionarnos como
seres humanos en el plano terrenal y, sobre todo, en el plano espiritual.
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El
cristianismo enseña que después de la muerte están el cielo, el infierno y el
purgatorio, y que antes de ir a uno de esos lugares hay un juicio y un ajuste
de cuentas. Los que llegan con esas creencias al momento de la muerte, suelen
sentir miedo porque –a fin de cuentas- todos hemos cometido faltas a lo largo
de nuestra vida. Pero en el cristianismo y en otras religiones, no se enseña
que esas faltas no son faltas sino experiencias necesarias para nuestro
aprendizaje, por eso quienes tienen la mente más abierta y no encorsetada por
esos rígidos corsés, llegan más felices a ese trance. Quienes
crean al pie de la letra lo que dice el cristianismo, posiblemente se vean
“procesados” en un juicio, en donde se analizarán su vida y sus actos, y en
donde se dictará finalmente un veredicto, en un escenario rodeado de ángeles,
santos, etc. Mucha parafernalia y también mucho miedo y mucho respeto, por muy
buenos que hayan sido. Porque…
¿sabes cuál es la clave? Pues que al igual que en esta vida nuestros
pensamientos y emociones van creando nuestra realidad (lo positivo atrae lo
positivo y lo negativo atrae lo negativo), esto también sucede después de la
muerte. Es decir, seremos nosotros, con nuestros pensamientos y emociones,
quienes construyamos ese escenario que nos recibirá cuando lleguemos al otro
lado.
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