(El maravilloso
mundo del vinilo)
FICHA TÉCNICA:
Artista:
José Feliciano
Título:
Dos cruces
Sello
y Nº: RCA / Victor - 3-10632
Año
de esta edición: 1971
Detalles:
Single a 45 RPM. 2 canciones. Interpretación acústica de corte íntimo.
El comentario de
la aguja: El riesgo del minimalismo en el microsurco
En
1971, José Feliciano ya era una estrella internacional consagrada gracias a su
asombrosa capacidad para fusionar el pop, el bolero y el soul a través de su
personalísima voz y su maestría con la guitarra acústica. Con el lanzamiento de
la referencia 3-10632 de RCA Victor, el artista portorriqueño decidió
despojarse de los habituales arreglos de la época para ofrecer una lectura de
«Dos cruces» desprovista de artificios, apostando todo el peso de la grabación
a la vibración de sus cuerdas y al desgarro de su garganta.
Desde
el punto de vista estrictamente técnico, este single ofrece una nitidez
analógica pasmosa. Al no haber otros instrumentos compitiendo en el espectro de
frecuencias, la aguja capta con un realismo sobrecogedor cada rascado de la
madera, el brillo metálico de las cuerdas y la respiración cercana del
cantante. Es una producción cruda y directa que busca la máxima cercanía con el
oyente, aunque esa misma falta de elementos pueda dividir las opiniones de
quienes buscan una experiencia musical más rica y envolvente.
Mi experiencia
de surco
Nos
encontramos ante dos canciones verdaderamente preciosas, interpretadas por un
fantástico artista pero donde, inevitablemente, termino echando de menos la
calidez de un fondo orquestal. En este caso concreto, como de hecho me ha
ocurrido en otros muchos a lo largo de mi vida de oyente, nunca he llegado a
entender del todo por qué algunos cantantes —incluso algunos ya plenamente
consagrados en el panorama mundial, como es el caso de Feliciano— se decidían a
grabar discos con el único y exclusivo acompañamiento musical de su guitarra.
Por
muy buen vocalista que se sea y por muy virtuoso de las seis cuerdas que
demuestre ser el intérprete, cuando falta la orquesta siempre queda la
inevitable impresión de estar escuchando una canción “desnuda”. Es una
sobriedad que, a mi juicio, se muestra incapaz de transmitirnos toda la fuerza
y la emoción que unas composiciones tan soberbias como las que este disco nos
hubieran podido legar de haber contado con un buen acompañamiento orquestal
arropándolas de fondo.
Nos
hallamos, pues, ante un debate melómano imperecedero sobre la producción
musical. Un vinilo sumamente interesante que, precisamente por lo que le falta
en su instrumentación, invita a reflexionar sobre el poder de los arreglos a la
hora de vestir una melodía para la eternidad.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
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