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jueves, 25 de enero de 2024

El mar

Bien podría titular a esta entrada “El niño y el mar” porque las palabras que vamos a  leer las escribió un niño de 10 años que ya, a tan temprana edad, soñaba con ser escritor. Es una redacción simple, de esas que los profesores encargan a los alumnos y que estos deben realizar allí mismo, improvisando sobre la marcha. Por eso tiene más valor, porque su autor tenía 10 años y todo esto le surgió de forma espontánea…
 
EL MAR
 
Un paisaje bello y exótico, un pequeño oleaje que azota blandamente el litoral. Una noche apacible envuelta en una brisa templada. Todo ello hace del mar un lugar delicioso. Pero ¿quién podría imaginar que bajo esa agua azulada que se pierde en los límites dl horizonte, hay en su interior un abismo tenebroso?
 
Con el susurro incansable de las olas parece un paraíso. A simple vista el mar es como una extensa llanura azul que parece unirse con el cielo. Muchos hombres desde los albores de la prehistoria se han sentido atraídos por ese misterio que es el mar. ¿Qué se ocultará bajo esa superficie lisa y extensa? ¿Qué hay más allá de los límites del horizonte? Estas preguntas son las que intentaron descubrir. Hombres temerarios que con su disciplina y valor rompieron toda clase de leyendas. Gigantescos dragones que emergían sobre el mar. Leyendas que destacados hombres de la historia desvelaron adentrándose más allá de los límites del horizonte. Pero ¿qué había bajo aquella hermosa superficie? Años más tarde, los seres humanos pudieron vislumbrar –con trajes especiales- un mundo exótico. Pero aquella belleza estaba rodeada de un sangriento destino: la ley del más fuerte. Temibles escualos e innumerables gigantes del mar que se devoraban entre sí. Y además... las tormentas.  Los terribles temporales de alta mar que tantas vidas y riquezas se han tragado innumerables barcos de todas las épocas, muchos de ellos llenos de riquezas, hasta los que el hombre no ha podido llegar.
 
Pero el enigma del mar aún no está aclarado. ¿Qué nuevas sorpresas le aguardan al hombre  más allá de donde ha podido llegar? ¿Podrá el hombre rescatar tantas riquezas custodiadas por los peces abisales? No se sabe.  Pero lo cierto es que el hombre luchará son descanso por descubrir este entrañable misterio que es el mar.
 

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viernes, 17 de diciembre de 2021

La “profecía”

Cuando tenía 13 años y estudiaba en el colegio de los Escolapios, en la calle Donoso Cortés, de Madrid, mi asignatura favorita era la Literatura (¡no podía ser de otra forma!). Lo que más me gustaba era cuando el profesor nos mandaba hacer alguna redacción, daba igual que el tema fuese libre o que él nos indicase sobre qué debíamos escribir. En esos momentos nada me paraba. El bolígrafo se desliaba con soltura sobre el papel y escribía todo lo que de manera fluida surgía de mi fértil y desbocada imaginación.
 
El profesor que tenía entonces era Eloy Rada García, quien después sería profesor en Ciudad Rodrigo (Salamanca) y finalmente catedrático de la Universidad de Educación a Distancia (UNED). Ya se había fijado en mi pasión por la Literatura y por escribir, pero un día, tras corregir las redacciones que habíamos preparado el día anterior, nos fue devolviendo los cuadernos con la nota correspondiente. Cuando recogí mi cuaderno vi que allí había escrito algo más; decía así: “Con toda alegría le felicito y le animo, tal vez por este camino que tiene pasos de niño vd. llegue a dar pasos de gigante” y a continuación la nota: “10”.
 
Lo que menos me importó fue la nota, lo verdaderamente importante era el subidón de autoestima que aquellas palabras ejercieron en mí, tanto que –como podéis comprobar por la fotografía adjunta- aún conservo aquellas palabras manuscritas.
 
Y no quedó ahí la cosa. Un buen día le comenté que yo también escribía poesías (comencé a escribirlas a los 12 años) y él se ofreció de forma desinteresada a corregírmelas y orientarme aun a expensas de que fuera en su tiempo libre. Me invitó a ir a su casa algunos domingos por la mañana. Llegaba allí con mis últimos poemas y él me aconsejaba cómo podía ir mejorando. La confianza era tal, que hasta un día me dejó de “canguro” con su hija de pocos meses de edad, porque tenía que salir con su mujer para hacer alguna cosa.
 
Sus orientaciones y la motivación que todo eso ejerció en mí, fueron un impulso decisivo para avanzar en la senda que me había propuesto. En cuanto a su “profecía”, está claro que no di pasos de “gigante” pero sí que pude dar unos pasos lo suficientemente grandes como para vivir bien gracias a lo que escribía e incluso recibir diversos premios en reconocimiento a mi trayectoria profesional como “Dircom” en el mundo de la industria farmacéutica y de los colegios de médicos. Llegar a estar considerado y reconocido entre los mejores de mi profesión hizo que, en cierto modo, sí que se cumpliese aquella “profecía” que Eloy Rada me hizo cuando yo sólo contaba 13 años de edad.

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