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sábado, 22 de junio de 2024

Turismo carretera (y 4)

Fuera de esto, también conduje otros muchos coches, ya que cuando viajaba a las islas o a algunos lugares lejanos de Europa (Noruega, Suecia, Finlandia, Islandia, Alemania, Austria, Liechtenstein, Suiza, Francia, Holanda, Andorra, Portugal...) alquilaba un coche. En alguna ocasión reciente he alquilado coches automáticos y al volver a Madrid y coger el mío... el primer día siempre se me olvidaba pisar el embrague y parecía un principiante ya que cada dos por tres se me calaba. Lo que nunca he intentado ha sido conducir un coche en el Reino Unido (y eso que he ido muchísimas veces por motivos laborales), porque estoy seguro que de haberlo hecho habría acabado en el hospital o en la funeraria. ¡Si hasta cuando iba de peatón miraba al lado equivocado en los cruces! Y no solo es que sea muy complicado conducir por la izquierda, y tomar las rotondas al revés, sino que el cambio de marchas hay que hacerlo con la izquierda y esa mano solo me vale para rascarme.
 
Y ya para terminar, comentar que en una ocasión la casa Masseratti me dejó uno de sus coches para que lo disfrutase un día completo, así que también he experimentado lo que supone ir con uno de esos bólidos a los que con sólo rozar el pedal del acelerador ya te estás saltando todas las limitaciones de velocidad habidas y por haber.
 
De tan larga experiencia como piloto de Turismo carretera puedo afirmar que ser un buen piloto se demuestra con un coche malo, porque con uno bueno no tiene mérito; cualquiera puede hacerlo.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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viernes, 21 de junio de 2024

Turismo carretera (3)

El segundo coche fue un Seat 127 y luego muchos más. Como ahora veréis he tenido muchos coches, pero siempre bajo estas tres premisas:

1.- El piloto siempre debe ser más importante que el coche.
2.- Es preferible un coche pequeño nuevo que uno grande de segunda mano.
3.- Antes que un coche comience a dar problemas, ¡cámbialo por otro!
 
Salvo en una ocasión (el Renault 9) siempre los vendía antes de que dieran problemas y, en este caso, fue porque mi mujer me dijo “Déjame dar una vuelta” pero no me especificó que la vuelta iba a ser de campana. A nosotros no nos pasó nada, pero después de tres meses que duró el arreglo, cada dos por tres le surgía algún problema, así que opté por venderlo.
 
Poco tiempo después, cuando progresé en el trabajo y me dieron coche de empresa, opté por hacer como las grandes escuderías de Fórmula 1: todas tienen dos coches, uno principal y otro secundario.
 
Estos han sido todos los vehículos de mi escudería en donde, como se puede ver, ha habido primeros y segundos coches como en Fórmula 1:
1.- Seat 600 (el primero)
2.- Seat 127 (mi primer turismo “importante”)
3.- Renault 7 (mi primer gran “maletero”)
4.- Renault 9 (mi primer gran turismo)
5.- Seat Panda (mi primer “segundo coche”)
6.- Opel Kadett (mi primer coche con aire acondicionado)
7.- Renault Supercinco (un buen segundo coche)
8.- Lancia Dedra (mi primer coche de empresa, con todos los extras imaginables)
9.- Renault 19 (un segundo coche de categoría)
10.- Opel Vectra (mi segundo coche de empresa)
11.- Peugeot 406 (mi tercer coche de empresa)
12.- Daewoo Matiz (un pequeño gran coche)
13.- Honda Accord (mi cuarto coche de empresa, con el que me sentí más “piloto”, haciendo conducción deportiva muchas veces).
14.- Volvo S60 (mi quinto y último coche de empresa, todo un coche señor porque ya no era un niño)
15.- Skoda Fabia (segundo coche de larguísima vida)
16.- Skoda Octavia (primer coche, resistente, confortable y fiable)
17.- Volvo V40 Cross Country (un nórdico capricho)
18.- Toyota Auris (un cambio a los híbridos no enchufables)
19.- Toyota Corolla (y seguiré con híbridos siempre que… ¡no sean enchufables!)
 
Si tenemos en cuenta que he tenido uno o dos coches desde 1971 (53 años transcurridos) y he realizado una media de 23.000 kilómetros al año, la distancia recorrida en estos 53 años ha sido de más de un millón de kilómetros, concretamente 1.219.000 km. Esto equivale a más de tres veces la distancia entre la Tierra y la Luna, o a dar más de 30 vueltas a la Tierra por la línea del ecuador, que es su parte más ancha.
 
Por destacar algunas anécdotas relacionadas con los coches, podemos citar un par de ellas:
El Seat Panda lo compré de segunda mano por 300.000 pts. y me engañaron por omisión: No me dijeron que había pertenecido a una empresa de alquiler de coches y encima había volcado y quedado algo descuadrado, así que ya os podéis imaginar el mal resultado que me dio, dejándome tirado más de una vez. Total, que a los tres años decidí venderlo e hice el mejor negocio de mi vida: como era de noche cuando fue a verlo el empleado de la casa de coches que me lo iba a comprar, no se dio cuenta de los defectos y me pagó... lo mismo que me había costado tres años antes.
El Opel Kadett era un coche que le encantaba a los ladrones, así que le puse el mejor antirrobo del mercado: Car Protector, un pequeño aparatito que impedía a los ladrones hacer el puente. ¡Y vaya si funcionaba! Tres veces intentaron robarlo... pero sólo fue eso, el intento, porque nunca consiguieron llevárselo.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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jueves, 20 de junio de 2024

Turismo carretera (2)

Mi primer coche para poder practicar el Turismo carretera, fue un Seat 600 de segunda mano y 60.000 kilómetros, pero con doble tubo de escape, el cual había pertenecido a la mujer del batería de Los Canarios, el conjunto del que era cantante Teddy Bautista, que luego fue presidente de la Sociedad General de Autores y acabó procesado. Una de mis mayores hazañas fue hacer Madrid-Zaragoza a una media de 90 km/hora que, teniendo en cuenta que el coche no pasaba de 100 km/h resulta una auténtica proeza haber conseguido esa media (eso sí, no está incluido el tiempo de las paradas para echar gasolina, desayunar y hacer pis). Y con ese coche hice grandes viajes tanto profesionales (mi primer viaje de empresa conduciendo mi coche fue con este Seat 600 a San Sebastián) como de vacaciones a muchos lugares de España.
 
La experiencia es quien mejor nos enseña en esta vida y raro será el conductor que no haya tenido accidentes. Los del 600 fueron, cuando menos, curiosos. El primer golpe fuerte me lo di en un cruce de calles cuando no miré quién venía por el cruce de la derecha (que se supone tenía preferencia) y era nada menos que un Mercedes. Como sabéis, el 600 es muy cortito, pues bien, me dio justo en la parte de atrás y realicé un trompo, aunque sin más consecuencias que el susto y las consiguientes abolladuras y parte al seguro. Más intrigante fue el segundo gran incidente. En esta ocasión conducía mi mujer por el Paseo de Prado cuando algo pasó (no recuerdo si fue un semáforo que cambiaba de color u otro coche que se cruzaba), el caso es que fue a frenar... y el freno no estaba. ¡Había desaparecido! Menos mal que no llevaba mucha velocidad y coche acabó en diagonal sobre los jardines del centro del Paseo del Prado. Llegó un Policía para ver qué nos había pasado y se lo dijimos. Se asomó al interior del coche y se quedó pasmado: el pedal del freno no estaba, se había volatilizado. ¡No existía ni había rastro de él! Al cabo de un rato, pasado el susto y pensando ya en llamar a una grúa, volvimos a mirar en el interior del coche y ¡el pedal del freno había vuelto a su sitio! Nunca ha sido nadie capaz de encontrar una explicación lógica a este fenómeno paranormal que bien hubiera podido aparecer en cualquier programa televisivo de misterio. Y recuerdo que antes y también después de aquello, el freno funcionó siempre con total normalidad. El tercer y último gran suceso acontecido a este coche ocurrió la noche en que el Atlético de Madrid empató 0-0 en el campo del Celtic de Glasgow y se clasificó para la final de la Copa de Europa. Vuelvo a insistir en que el Seat 600 es un coche muy cortito. Lo había dejado aparcado en Guzmán el Bueno siendo el último de la fila antes de llegar a una esquina, pero perfectamente aparcado. Aquella noche, con el triunfo del Atleti hubo gran algarabía en la ciudad y quizás uno de aquellos eufóricos Atléticos se estrelló contra el 600 dejándolo reducido a la mitad. Así me lo encontré a la mañana siguiente. ¡Pobre 600, con lo bueno que era! ¡Si sería bueno, que una vez se le rompió la correa del ventilador, paré de inmediato, y al salir del coche descubrí que había parado en la puerta de un taller, en donde rápidamente me lo arreglaron! ¡Otro coche no hubiera tenido ese detalle!
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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miércoles, 19 de junio de 2024

Turismo carretera (1)

El Automovilismo es un deporte, una de cuyas modalidades es la denominada Turismo carretera, una categoría argentina de automovilismo de velocidad creada en el año 1939 y considerada la más importante de Argentina. Por consiguiente, todo aquél que haya circulado por carretera a gran velocidad y cronometrando los recorridos, habrá practicado -voluntaria o involuntariamente- este deporte, aunque su único rival fuese él mismo. Como su nombre indica, cualquier automóvil de turismo es apto para participar en estas competiciones y yo he tenido en mi escudería un buen número de vehículos tal como describiré más adelante. Pero ¿cómo surgió mi afición por el automovilismo, máxime cuando mi padre no tenía coche, no sabía conducir, no entendía nada de coches y no le interesaban lo más mínimo los coches?
 
Todo comenzó en el año 1958 cuando mi primo Pepe me regaló un enorme montón de fichas para montar en los coches de choques de la Feria de Daimiel. Ahí empecé a cogerle gusto a eso de pilotar. Desde entonces cada vez que acudía a una Feria (en donde nunca falta este tipo de atracción) o cada vez que iba a un Parque de Atracciones, la prueba de conducción era una de mis favoritas. Pero saltar a la carretera exigía tener el carnet de conducir y eso me propuse al cumplir los 21 años. Claro que lo que yo quería era conducir, no aprenderme un libraco enorme con todas las normas de tráfico y un montón de cosas absurdas que jamás iba a utilizar. Algunas de las cosas que se exigían en este examen eran, por ejemplo, ¿cuánto peso por eje puede aguantar un camión de 16 ruedas? “¿Pero es que están locos? ¡Si yo no quiero ser camionero, sólo quiero conducir un utilitario!”, protesté al profesor. “Esto es lo que hay –me contestó- así que no hay más remedio que aprendérselo”. Me resultaba tan absurdo tener que aprenderme una serie de cosas que jamás iban a tener ninguna utilidad para mí que no me lo estudié, simplemente le eché un vistazo al libro y me centré en aquello que consideraba más útil y práctico. Pero llegó el examen y contenía muchas preguntas de esas absurdas, y lógicamente suspendí y no pude pasar al examen práctico. Como –tanto antes como ahora- cuesta mucho dinero sacarse el carnet de conducir, me esmeré para la siguiente convocatoria y en esa segunda oportunidad aprobé el examen teórico, pasé al práctico y lo aprobé a la primera. Eso sí, debo decir que aquellas cosas absurdas que me obligaron a aprenderme para poder aprobar el examen se me olvidaron a los pocos días y nunca más he vuelto siquiera a recordarlas. Para que veáis lo útil (o sea, inútil) que es el examen teórico de conducir; no sirve para nada, sólo para recaudar dinero.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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miércoles, 1 de mayo de 2019

Si llevas niños en el coche, tienes que hacer esta revisión


Hay decálogos para la vida laboral, para la salud, para el deporte, para todo… y sobre todo hay algunos decálogos que salvan vidas. Uno de estos últimos es el que se publica hoy en el digital diario de Ciencia, Salud y Actualidad, “AZprensa” y que deberían conocer y aplicar de forma obligatoria todos aquellos que se ponen al volante de un coche y llevan dentro del mismo algún niño. Este es el “Decálogo de la seguridad vial infantil”: