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miércoles, 16 de marzo de 2016

Canaperas profesionales

Uno de los personajes que nunca falta en los cócteles y fiestas es el de las canaperas profesionales. Se trata de señoras mayores, generalmente cultas y bien vestidas, que con toda la caradura del mundo se cuelan en eventos a los que no han sido invitadas para dar buena cuenta de los aperitivos que se van sirviendo.

Para los organizadores resulta violento preguntarles quiénes son para averiguar si están o no invitadas, ya que en algunos casos se puede uno confundir con la acompañante de algún invitado y en ese caso el bochorno es mayúsculo. Por eso, generalmente se prefiere hacer la vista gorda y dejar que den buena cuenta de los aperitivos.

Realmente ellas no molestan a nadie, apenas hablan (hablar les quitaría tiempo de comer), y se mueven muy discretamente (se nota la experiencia) entre la multitud, siendo capaces de llegar las primeras a cada nueva bandeja de aperitivos que hace su aparición en escena.

En mi caso, como organizador de cientos de ruedas de prensa a lo largo de mi trayectoria profesional, las he tenido que padecer en alguna ocasión cuando una vez terminada la rueda de prensa se pasaba a ofrecer a los periodistas y ponentes un aperitivo. He podido comprobar que son auténticas profesionales y que cada vez que se cuelan en un cóctel, antes se lo han trabajado muy bien: primero están al tanto de los anuncios que se ponen en los hoteles (p.e. a las 11:30 h. rueda de prensa de presentación de...) y no digamos nada si dicha convocatoria ha sido publicada antes en algún medio, en cuyo caso su presencia está garantizada (doy fe de ello); después hacen una visita de prospección para conocer el terreno e incluso se atreven a hacer alguna pregunta del tipo “¿va a venir mucha gente”? o “quién organiza esto?” pero siempre dirigida a azafatas o personal de apoyo que no suelen tener capacidad de echarlas luego; finalmente esperan el momento más propicio (el de mayor movimiento de personas y de confusión) para entrar y mezclarse hábilmente con la gente y dedicarse a lo suyo: comer.


Las divertidas e incluso instructivas anécdotas de un Director de Comunicación.

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