viernes, 20 de mayo de 2022

Lecturas diferentes

Hay muchas formas de contar las noticias o de dar simplemente informaciones u opiniones sobre temas de interés o actualidad. De todas esas formas yo me quedo con una: la que apuesta por la imaginación, por la creatividad, por la capacidad de sorpresa… sin perder por ello ni un ápice de rigor informativo.
 
Realmente yo no estudié Periodismo (aunque la mayor parte de mi trayectoria profesional la desarrollé como periodista) sino Publicidad. Fue allí, en la publicidad donde descubrí cómo captar la atención del lector, cómo despertar su sorpresa y su interés, y cómo exponer lo que quería contarle de una manera sencilla, clara y concisa, pero a la vez atractiva.
 
Muchos ingredientes –como puedes comprobar- para elaborar por fin un artículo periodístico; pero las habilidades adquiridas durante mi formación publicitaria y primeros años de trayectoria profesional en este terreno, me dieron la capacidad de hacer un periodismo diferente cuanto finalmente me dediqué a ello. Y fueron muchos años ejerciendo como periodista, primero en el sector agroquímico, después en el mundo de los laboratorios farmacéuticos y finalmente en el ámbito de la política sanitaria.
 
Debo reconocer que fui muy afortunado porque siempre tuve la oportunidad de escribir como yo quería, con libertad dentro de unos límites razonables (ya que era un asalariado), pero cuando me llegó la hora de la jubilación, descubrí el enorme placer de escribir sin tener que rendir cuentas a nadie… y esto es algo que ningún periodista que esté en activo puede hacer puesto que todos se deben a un jefe, a una empresa, a unos anunciantes y/o a unos intereses políticos o económicos de los que dependen.
 
En periodismo enseñan que un buen artículo debe dar respuesta al “qué, quién, cómo, dónde, cuándo y por qué” pero ¿de qué sirve todo eso si lo que escribes no tiene alma, si no eres capaz de captar al lector y de retenerlo en la lectura? Si no hay alma, si no hay emoción, si no hay sorpresa, si no hay interés… el lector pasará de largo o simplemente lo olvidará al instante.
 
Se enseña igualmente que todo artículo debe comenzar por un pequeño resumen que ponga al lector en contexto. ¿Sabéis qué pasa con esto? Que la mayoría de los lectores sólo lee ese pequeño resumen y da por hecho que conoce toda la historia la cual va contando luego a su aire, es decir, extendiéndola por la sociedad cada vez más alejada de la realidad.
 
Y también enseñan algunos “expertos” que el titular debe ser un resumen de la noticia que se va a contar. ¿Sabéis qué? Pues más de lo mismo: la mayoría de los lectores se queda sólo en el titular y con eso cree conocer todo.
 
¿Es esa la mejor forma de informar? Yo creo que no. Para transmitir una información hay que conseguir que esta llegue de forma completa y entendible al destinatario, y que su exposición sea capaz de despertar su emoción para que forme parte de sus vivencias y así pueda recordarlas y compartirlas con sus semejantes. Esto no se consigue con textos académicos, perfectos, pero carentes de chispa, de intriga, de algo especial que los haga diferentes. Como yo mismo he podido comprobar, lo que se aprende en Publicidad es aplicable al buen Periodismo y de esa unión surgen las historias con las que todos disfrutamos y queremos después compartir.
 
En este libro he seleccionado 120 artículos escritos a lo largo de mi vida, aunque la mayoría de ellos se corresponden con estos últimos años (de ahí que la actualidad esté presente en casi todos ellos), cuando ya jubilado he podido escribir lo que quería y como quería. Seguramente esa libertad auténtica ha sido un ingrediente extra para conseguir que ahora puedas disfrutar, informarte y entretenerte con unas “lecturas diferentes”.
 
Los artículos están agrupados en cinco grupos temáticos:
 
Periodismo y Comunicación
Ciencia y Tecnología
Medicina y Salud
Sociedad y Cultura
Política
Ciencia Ficción
 
Al haber desarrollado mi trayectoria profesional en el ámbito de la divulgación de salud es lógico que los aspectos relacionados con la comunicación y el periodismo, la ciencia, la investigación, la salud, etc. ocupen un lugar destacado; pero como ciudadano que no puede ser ajeno a cuanto sucede a su alrededor, también he abordado temas de interés social y humano.
 
De lo que no cabe duda es que cada una de las piezas (artículos) que componen este libro, lleva el gen de la originalidad, de una forma diferente de hacer periodismo, que no digo yo que sea mejor ni peor, sino sólo y simplemente atractiva y sorprendente.
 

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jueves, 19 de mayo de 2022

La NASA necesita ayuda

Los multimillonarios presupuestos con que cuenta la NASA no dan para mucho, así que necesita ayuda externa para desarrollar nuevos proyectos en la exploración espacial. Estos son algunos de los puntos en que ha pedido ayuda, esperando que compañías privadas puedan aportar soluciones y convertirse en colaboradores de la agencia espacial para desarrollarlas.

1.- Protección contra la radiación (al parecer aún no tienen resuelto este problema aunque sigan afirmando que el hombre pisó la Luna hace más de cuarenta años).

2.- Sistemas de soporte vital en el espacio

3.- Protección de la salud de los astronautas

4.- Sistemas de propulsión en el espacio (aún viajamos a muy poca velocidad por el espacio donde las distancias son gigantescas)

5.- Creación de habitáculos invernadero (imprescindible para la subsistencia por largos periodos en otros planetas o satélites).


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miércoles, 18 de mayo de 2022

Júpiter visto desde sus polos

Cuando en el año 2016 la nave Juno llegó a Júpiter y realizó órbitas mostrándonos los polos norte y sur de este planeta, pudimos descubrir nuevas y bellas imágenes de este planeta; pero ninguna de aquellas fotografías logró descifrar por qué se sigue censurando con un parche el punto exacto de los polos norte y sur.

En cualquier caso, acostumbrados como estábamos a las franjas de nubes horizontales que cubren y modifican constantemente la superficie visible de este planeta, las nuevas imágenes de sus polos norte y sur nos descubren nuevos paisajes, aun cuando en su interior los vientos, tormentas y presiones atmosféricas hacen imposible cualquier tipo de acercamiento. 


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martes, 17 de mayo de 2022

Los polos de Júpìter

La sonda Juno que se envió a Júpiter estuvo realizando también órbitas polares alrededor de este planeta, enviando a la Tierra miles de datos e imágenes que tardaremos años en procesar. Mientras tanto nos tenemos que conformar con fotografías como la presente, que fue tomada por la sonda Cassini en el año 2000 y que muestra con gran detalle la atmósfera de este planeta, en donde pueden apreciarse formaciones nubosas de apenas 120 Km. de tamaño.

En esta fotografía llama la atención, sin embargo, cómo el polo sur está retocado con un parche perfectamente circular y de color grisáceo. La explicación oficial que dieron en su día fue que esta imagen es en realidad una composición de 18 imágenes y que esa zona (el polo norte) aparece “con menos detalle” (en realidad deberían decir “sin ningún detalle”) porque Cassini tomó esas fotos en un ángulo oblicuo por lo que atravesaba una mayor distancia a través de la neblina.

Algunos piensan, por el contrario, que se trata de una censura puesto que no quieren dar validez a la teoría de la “tierra hueca” según la cual todos los planetas, incluida la propia Tierra, son huecos y tienen un Sol interior, presentando unos orificios de entrada y salida justo en los polos (si vamos a Google Earth y miramos los polos de la Tierra, comprobaremos cómo también aquí los polos norte y sur de nuestro planeta han sido censurados burdamente, con un círculo azul el polo norte y un círculo blanco el polo sur).


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lunes, 16 de mayo de 2022

La pareja a la que salvé la vida

Para el líder máximo de un país nada hay tan gratificante y que demuestre su poder y misericordia como indultar a un condenado a muerte. Lo digo porque yo he sentido ese poder y esa satisfacción que da el perdonar la condena a muerte de un reo y salvarle así la vida, aunque en el caso que voy a relatar se trataba no de uno sino de dos reos condenados a muerte y ambos eran… codornices. Así sucedieron los hechos…
 
Para ponernos en situación y recrear el ambiente y escenario en que sucedieron los hechos, hay que remontarse a los años 80 y el escenario elegido era una amplia finca en Benicasim (Castellón) en donde organizamos la presentación de un nuevo insecticida –llamado Applaud- contra la mosca blanca, unas cojoneras mosquitas blancas, diminutas, que se cargan los naranjos. Como queríamos que nuestros invitados (200 distribuidores de agroquímicos y clientes importantes) aplaudieran este acontecimiento que habría de quedar grabado para siempre en su memoria, organizamos una espectacular fiesta. Una fiesta realmente inolvidable.
 
A media mañana invitamos a los medios de comunicación para presentarles el producto, al tiempo que iban llegando todos nuestros invitados. Al llegar, les sorprendía una enorme falla con una mosca blanca en todo lo alto, perseguida implacablemente por nuestro insecticida; estaba claro que cuando se hiciese de noche le prenderíamos fuego. Pero el fuego comenzó casi de inmediato, con una traca monumental que te hacía temblar el pecho aunque estuvieses a varios cientos de metros de distancia. Mientras tanto, unos cocineros preparaban la comida. De primer plato una paella para todos, he dicho bien “una” porque la sartén donde se preparaba esa paella medía casi tres metros de diámetro y los cocineros removían el arroz y demás ingredientes, con unos remos de barca. De segundo plato, una vaca, es decir “una”, esto es una vaca entera pichada en un palo y puesta sobre el fuego, con los cocineros dándole vueltas para que se fuese asando.
 
Mientras se preparaba el menú, los invitados se podían distraer con una fila de casetas de feria que habíamos instalado. Y para los mejores tiradores, un espectáculo que yo no había presenciado nunca y me impactó sobremanera: tiro a la codorniz.
 
Con el cazador dispuesto a apretar el gatillo, soltaban una codorniz y esta emprendía asustada el vuelo hasta caer abatida por los disparos del cazador. Alguna lograba escapar, pero eran las menos, porque incluso en aquellas ocasiones en que el cazador fallaba el tiro, la codorniz caía muerta de un infarto al oír el disparo, o incluso peor: agotada del susto y del esfuerzo, en cuyo caso acudían varios perros a cogerla entre sus fauces y traerla hacia los cazadores.
 
Presenciando aquella masacre fruto de tan desigual e injusto duelo, me arrepentí de haber dado el visto bueno a esa “atracción” que tan del gusto era de los cazadores a tono de las risotadas que soltaban. Fue entonces cuando –quizás viendo mi cara de desaprobación- el Delegado Comercial que había gestionado todos los pormenores del evento, se me acercó y, me preguntó si quería llevarme un par de codornices. “¿Vivas?”, le pregunté. “Sí, claro -dijo él- te las puedo traer en una jaula”. Comprendí de inmediato que esa era mi oportunidad de salvar la vida a un par de codornices que de otro modo acabarían abatidas por los cazadores.
 
A los pocos minutos llegó el Comercial con la jaula y las dos codornices, aunque estoy seguro que él pensaba que me las llevaría al día siguiente hasta Madrid para meterlas en la cazuela. Pero no, esa no era mi intención, sobre todo viendo esos ojitos tiernos y asustadísimos que me miraban a través de los barrotes.
 
Las dejé en un rincón tranquilo y continuó la fiesta: Una gran merendola hasta que me tocó el turno de anunciar el siguiente número: el sorteo de unas máquinas (no recuerdo qué tipo de máquinas eran, pero sí que eran muy útiles para los agricultores) y un número de varietés que subieron al escenario con que contaba la finca. Salieron las vedetes de revista con todos sus pompones y encajes, y el ánimo de los 200 asistentes se encendió, aplaudiendo a rabiar cada vez que levantaban la pierna y diciendo cosas que por pudor no voy a escribir aquí.
 
Se fue haciendo de noche… se prendió fuego a la falla… y falló, así que tuvieron que rociarla con gasolina. Al segundo intento comenzó a arder y la mosca blanca se convirtió en cenizas, como presagio de lo que le pasaría a todas las moscas blancas a las que rociasen con nuestro insecticida Applaud.
 
Concluida la fiesta nos fuimos todos a casa, bueno, nosotros, los que habíamos venido de lejos, nos fuimos al hotel… solo que yo no regresaba solo al hotel  sino acompañado de una pareja a la que tuve que camuflar para que no me llamasen la atención al verme pasar por recepción, porque supuse que nunca se habían alojado codornices en ese hotel.
 
Ya en la habitación, me dirigí al cuarto de baño para que pudiesen estirar las piernas, es decir, las alas, y vaya si las estiraron: según les abrí la puerta de la jaula salieron volando pero no en diagonal como hacen los aviones, sino en vertical como los helicópteros, hasta chocar con el techo y caer al suelo. Las vi tan asustadas que pensé que era mejor dejarlas sueltas y tranquilas en el cuarto de baño, no sin antes ponerles un cacharro con agua por si tenían sed y unas cuantas migas de pan y bollería que había guardado para ellas. Cerré la puerta y me fui a dormir.
 
A la mañana siguiente entré al cuarto de baño y el espectáculo que me encontré fue alucinante: No sé cómo unos pájaros tan pequeños pueden cagar tanto. Todo el cuarto de baño estaba lleno de cagadas. Pero no había tiempo ni de limpiar ni de dar explicaciones, porque tenía que regresar a Madrid, así que las metí en la jaula, hice la maleta, las bajé camufladas, y me fui del hotel pensando en todo lo que se acordarían de mí y de mi madre las camareras que entrasen a limpiar la habitación.
 
Una vez en Madrid me ocupé de comprarles pienso adecuado para ellas en una tienda que una granja avícola tenía cerca de casa y todos los días sacaba la jaula a la terraza para que respirasen aire sano y disfrutasen de la luz solar. Pero a los pocos días de estar todos nosotros instalados en Madrid (me refiero a las codornices y yo) me llevé una agradable sorpresa: en un rincón de la jaula había un huevo. Eso quería decir que eran macho y hembra, y eso no fue todo sino que a partir de aquél momento cada día me encontraba un huevo dentro de la jaula. Cuando reunía cuatro o cinco, me hacía una tortilla o un huevo frito de cinco yemas, aunque normalmente había que esperar a reunir más huevos porque también mi mujer y mis hijos querían comer esos huevos.
 
Las bauticé cristianamente con los nombres de Paulino y Remigia, y vivieron dos años con nosotros. Comían pienso de la mejor calidad, tomaban el aire en la terraza, y estiraban las alas con frecuencia dentro de una habitación en donde las soltaba para que pudieran pasear a su gusto. Después, sin saber por qué, murió Remigia y Paulino quedó desconsolado, tanto que decidí que no era bueno que el codorniz estuviera solo y me fui a la tiendo donde compraba el pienso para comprarle una nueva compañera. La bauticé cristianamente con el nombre de Celeste y ella también siguió la tradición y comenzó a poner huevos. Pero dice el refrán que segundas partes nunca fueron buenas, y la relación entre ellos se fue agriando. Se peleaban con frecuencia y se decían cosas que –aunque yo no entendía el lenguaje codornicil- no debían ser aptas para menores. Total, que tuve que tomar una drástica solución: concederles la libertad.
 
Con gran pena, pero con el sentido de la responsabilidad necesario, me las llevé en coche hacia campo libre, un paraje precioso a 170 kilómetros de Madrid (sí, ya sé que las podía haber soltado más cerca, pero me apetecía ir allí porque ya lo conocía, y era un sitio precioso para pasar el día) y las solté en ese entorno en donde gozarían de completa libertad, rodeadas de fauna salvaje, con cursos de agua donde beber y vegetación suficiente donde vivir y refugiarse. Lo que nunca sabré es si al fin se reconciliaron al verse libres, o si por el contrario cada una emprendió su camino en solitario.


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