Recordemos
una vez más el primer paso para recordar un sueño: Al despertar, y sin movernos
en la cama, sin cambiar de postura, tratar de recordar cuanto podamos de ese
sueño. Una vez fijado en nuestra memoria, levantarnos y dirigirnos
inmediatamente a escribirlo.
No
se trata de escribir una novela, ni siquiera un relato corto. El objetivo es
escribir las líneas generales del sueño, es decir, su argumento. Ya de entrada,
al hacerlo, nos daremos cuenta que vamos recordando más detalles del mismo.
Después procederemos a escribir los acontecimientos más importante sucedidos
ene se sueño, las imágenes o escenas que más nos hayan llamado la atención, lo
que hayamos sentido en aquellos momentos.
Después
de eso, ya podemos lavarnos, vestirnos, desayunar y hacer nuestra vida normal.
Más adelante, en el transcurso de ese mismo día y cuando tengamos unos momentos
de tranquilidad, conviene poner –junto a esas líneas manuscritas- la fecha. Y
si podemos, lo ideal es dedicar unos minutos a leer de nuevo aquellas notas,
reflexionar sobre ellas y escribir como un anexo a ese capítulo de nuestra diario
tan especial, unos comentarios con lo que nos haya venido a la mente, tratando
siempre de extraer del sueño las enseñanzas que nos puedan ser útiles.
De
igual forma, en ese mismo día o días más tarde, podremos igualmente leer de
nuevo aquellas notas inconexas y meditar sobre ellas. La reflexión y meditación
es algo que viene muy bien a nuestra salud mental, aparte de ayudarnos a
conocernos mejor a nosotros mismos.
Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“El cine y el misterio”: https://www.amazon.es/dp/B0DJF3M3ZW
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