martes, 30 de abril de 2013

Banquetas para los banquetes


Probablemente la palabra “banquete” deriva de “banqueta” y eso era lo que utilizaban los griegos de hace 2.600 años en sus grandes celebraciones gastronómicas. Nada mejor que organizar un banquete para celebrar cualquier acontecimiento y en ello se ponía el máximo empeño para que todos los comensales quedaran saciados. Eso sí, los banquetes eran solo para hombres, las mujeres se ibana  comer a otro lado lejos de ellos. Las únicas mujeres que se veían por los banquetes eran las esclavas, las sirvientas y las bailarinas que, junto con los músicos, servían y amenizaban la velada.

El plato estrella y que no todos se podían permitir siempre era la carne, principalmente de cerdo y de cordero. El pescado era mucho más frecuente y variado y se consumía casi a diario. También gustaban de comer mariscos, sepia, calamares. Y también degustaban algunas sopas y purés de verduras, aunque de estas últimas no había excesiva oferta en los mercados. Un plato típico, a medio camino entre la sopa y el sólido, era el kykeón (una mezcla de sémola de cebada y agua, aromatizada con diversas hierbas como poleo, menta o tomillo). Otro alimento típico era la hidromiel, una mezcla de agua y miel.

La comida principal del día era la cena (hubiese gran banquete o no), que se tomaba siempre al caer el sol, mientras que el almuerzo de mediodía solía ser bastante ligero. Por lo que se refiere al desayuno, este se hacía a base de pan de cebada mojado en vino, higos, dátiles y aceitunas. El queso, la fruta y los dulces, tampoco faltaban en su alimentación, como tampoco la leche de cabra.

Estas y otras cosas de la vida cotidiana en la Grecia clásica de hace 2.600 años se cuentan en la novela de amor, aventura, amistad y honor "Deuda de vida"

lunes, 29 de abril de 2013

El mejor vino... con agua


El vino griego de hace 2.600 años era bastante fuerte, tanto es así que antes de los convites lo mezclaban con agua en una gran jarra (“crátera”) y luego lo iban sirviendo a los comensales con unos largos cazillos de metal que usaban para sacarlo de las tinajas. Para su transporte usaban odres de piel de cabra pero si el transporte iba a ser a lugares lejanos preferían hacerlo en cántaros de barro.

El vino se servía en copas de metal o en cuencos de madera o barro. Se comía con las manos y sólo se utilizaba el cuchillo para partir el trozo de carne que luego se llevaban a la boca para irlo comiendo con las manos. Por supuesto, para tomar sopas o caldos sí usaban cuchara.

En ausencia de platos, usaban las “mazas” (unas sencillas tortas de pan candeal sobre las que se ponía el alimento –carne, pecado, queso, etc.- que iban a tomar).

Estas y otras cosas de la vida cotidiana en la Grecia clásica de hace 2.600 años se cuentan en la novela de amor, aventura, amistad y honor "Deuda de vida"

domingo, 28 de abril de 2013

El legado de Sigurdardóttir


Hace cuatro años los tres principales bancos de Islandia quebraron, la economía se desplomó un 10%, la deuda externa se disparó, la corona islandesa se devaluó más del 100%, y miles de islandeses perdieron una buena parte de su dinero... el país estuvo a punto de caer en bancarrota. Los políticos y banqueros del país fueron juzgado y condenados y se convocaron unas elecciones que ganó Jóhanna Sigurdardóttir.

Ahora, cuatro años después, se celebran unas nuevas elecciones. ¿Con qué balance deja el Gobierno la actual presidenta que, con 71 años ya no se ha presentado a la reelección? Veamos: desde entonces el paro ha bajado del 9,5% al 4,5%; la inflación, del 20% al 5%, el déficit estatal, de 216.000 millones de coronas a 3.000 millones... Y no fue preciso hacer recortes drásticos en el estado del bienestar, sino simplemente poner las cosas en orden y aplicar sentido común.

Pero, curiosamente, el partido de Sigurdardóttir no ha ganado estas elecciones sino que ha caído drásticamente. ¿Motivos? El principal es que apoyan la idea de unirse a la Unión Europea y está claro que los islandeses viven muy bien sin depender de lo que le ordenen hacer los otros socios europeos.

PD1.- Cualquier parecido con España es pura coincidencia.
PD2.- En la imagen, la sede del Parlamento en Reykjavik, rodeada de flores en vez de vallas (fotografía realizada por el autor de este blog).

sábado, 27 de abril de 2013

La construcción tiene futuro


Después del boom inmobiliario se podría pensar que la construcción en España ha tocado fondo y le costará mucho trabajo levantarse, que no es campo propicio para apostar por ella como motor económico del país. Pero estamos equivocados: la construcción tiene mucho futuro y son muchísimos los proyectos que deben levantarse. Pero no se trata, como antaño, de pisos y chalets... sino de cárceles. España está necesitada de muchas más cárceles en donde meter a tanto chorizo como deambula por ahí, de juzgado en juzgado, pero de rositas siempre. Hace faltan más cárceles y muchas más celdas unipersonales para alojar a tantos inquilinos como tenemos en lista de espera.

¿A qué esperan los empresarios y las Autoridades? Hay que incentivar y dar facilidades a las constructoras para que desde ahora mismo empiecen a levantar más cárceles.

viernes, 26 de abril de 2013

Sí nos representan (por desgracia)


En la inútil y destructiva acción de pataleo colectivo que fue el asedio al Congreso de los Diputados de ayer en Madrid, se gritó con mucha frecuencia la frase “No nos representan” dirigida a los miembros del Parlamento. Una frase que es completamente falsa, ya que quienes allí están –por mucho que nos pese- sí nos representan puesto que fueron elegidos con los votos de más del 60% de los ciudadanos con derecho a voto. Si por el contrario, en las últimas elecciones el índice de participación no hubiera pasado del 49% entonces sí que tendría sentido gritar “No nos representan” puesto que la mayoría de los ciudadanos, el 51%, se habría posicionado claramente en contra de que ocupasen esos escaños. Por lo tanto, si de verdad queremos que esta panda de chorizos e ineptos que ocupan el Parlamento reciban el varapalo que se merecen, no es con la violencia como hay que conseguirlo, sino con la ausencia mayoritaria en las urnas el día de las próximas elecciones. ¿Qué pasaría si el índice de participación en las próximas elecciones apenas rozase el 10%? Eso sí que daría lugar a un gran cambio.