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viernes, 5 de septiembre de 2025

El tercer yo (Acto II. Escena I)

Acto II
 
Al levantarse el telón, se revela el mismo salón-comedor, ahora envuelto en una penumbra melancólica. La mesa de la cena ha sido recogida, dejando solo un mantel descolorido y un par de sillas desordenadas. A la derecha, Miguel está hundido en el sillón de terciopelo, un libro abierto sobre su regazo pero sin leerlo, perdido en sus pensamientos. La lámpara emite una luz tenue que proyecta sombras largas sobre la librería polvorienta al fondo. El aire parece cargado de una quietud inquietante.
 
Escena I
 
MIGUEL (hablando para sí mismo, con voz baja y reflexiva): Es extraño lo que pasa en esta casa. Somos un matrimonio joven, con un hijo que es una joya, y sin embargo nos peleamos por su cariño como si fuera un trofeo. La culpa es de Aurora... insiste en mantenerlo pegado a sus faldas, en contra de mí. ¿Cómo no ve que Pedro ya es un hombre? Si consigo la separación, tal vez pueda llevármelo conmigo. (Se palpa el bolsillo de la chaqueta, buscando tabaco, y frunce el ceño al no encontrarlo.) Vaya, me he quedado sin cigarrillos. Iré a mi cuarto por otro paquete.
(Sale Miguel. El escenario queda vacío por un instante. Entra Aurora, con pasos cansados, mirando a su alrededor.)
AURORA (hablando para sí misma, con un suspiro): ¿A dónde habrá ido Miguel? En fin, me sentaré a descansar un poco. (Se hunde en un sillón frente al de Miguel, sumida en sus pensamientos.) ¿Qué querrá hablar conmigo? Seguro que es por Pedro. Esta noche se comportó de forma tan extraña... no parecía él. ¿Será que ya es un hombre y yo no lo había notado? Estaba distante, pero no con esa indiferencia de siempre cuando nos veía discutir. Lo que dijo sobre el matrimonio... tan raro, tan hermoso... ¡Qué lástima que Miguel sea tan egoísta, queriendo acaparar a nuestro hijo! No hay manera de hacerle entender que mi opinión cuenta. Si tan solo nuestro noviazgo hubiera tenido más sinceridad y menos materialismo... Creíamos que el dinero nos daría felicidad, pero qué equivocados estábamos. (Mira el reloj con impaciencia.) Miguel no aparece... iré por el cesto de costura para distraerme.
(Sale Aurora. Tras un breve silencio, regresa Miguel con un paquete de tabaco. Se sienta, enciende un cigarrillo y exhala el humo lentamente, pensativo.)
MIGUEL (hablando para sí mismo, con amargura): Aurora sigue en la cocina, ordenando como siempre. (Pausa.) Parece mentira... todas las mujeres son iguales, siempre queriendo dominarnos. Se hacen pasar por corderitos al principio, pero luego usan sus armas para controlarnos. Recuerdo a Aurora cuando éramos novios, tan dócil, diciéndome que solo yo podía dominarla. ¡Qué ironía! He perdido mi toque de domador, porque ahora ella manda. ¡Qué vida tan miserable! Si pudiera volver a vivirla... creo que me enamoraría de nuevo de ella. La sigo queriendo con toda mi alma, pero se empeña en alejarme de Pedro, en robarme su afecto. No lo permitirá; me lo llevaré conmigo. (Pausa.) Tal vez otro hijo hubiera evitado esto, pero ya es tarde. Tendremos que seguir caminos separados, olvidando los momentos felices... no todo fue malo, hubo amor en su día. (Su voz se quiebra.) Cuando nació Pedro, estaba tan nervioso... y qué alegría cuando la enfermera me dijo que era un niño. Vi a Aurora en la cama, con él en brazos... fue el momento más feliz de mi vida. Luego el doctor nos advirtió que no debíamos tener más hijos; fue un golpe duro. Pero Pedro llenó ese vacío con sus risas, su sencillez... Nunca fue un gran estudiante, pero siempre fue bueno, leal, sin egoísmo. Es un milagro que haya salido tan bien con padres como nosotros, tan egoístas, tan llenos de defectos. Daría todo por volver a esos días... lo daría todo, porque con la separación lo perderé todo. (Pausa. Entra Aurora y se sienta frente a él.) Bien, Aurora, es hora de hablar. Tratemos de resolver esto como adultos, si no por nosotros, al menos por Pedro.
(El escenario se oscurece brevemente y se ilumina de nuevo, enfocando a Aurora y Miguel frente a frente.)
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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jueves, 4 de septiembre de 2025

El tercer yo (Acto I. Escena III)

Acto I. Escena III
 
AURORA: Vamos a cenar.
(Miguel deja el libro en la mesita y se sienta. Aurora sirve la sopa. Pedro se santigua y murmura una oración en voz baja. Sus padres lo miran, desconcertados. Tras un instante de confusión, Miguel prueba la sopa.)
MIGUEL: ¡Esta sopa está asquerosa!
AURORA: ¿Qué le pasa a mi sopa?
MIGUEL: ¡Es una porquería! Me voy a cenar fuera, ¡estoy harto de tus guisos! (Se levanta abruptamente.)
AURORA: Por si no lo sabes, esta receta me la enseñó tu madre.
MIGUEL: ¡Deja a mi madre en paz!
AURORA: ¡Eres tú quien me hace mencionarla!
PEDRO (golpeando la mesa): ¡Basta ya! ¿Queréis explicarme qué pasa en esta casa?
AURORA: Eso no te concierne.
PEDRO: ¡Me importa tanto como a vosotros! Soy vuestro hijo, y mi felicidad depende de la vuestra.
(Aurora y Miguel lo miran, atónitos.)
AURORA: No te metas en esto. Eres un niño y no entiendes nuestras cosas.
PEDRO: ¿Un niño? Tengo veinte años. No podéis seguir tratándome como si estuviera pegado a vuestras faldas.
AURORA (convenciéndose a sí misma): Para mí siempre serás mi niño, aunque lleves pantalones largos y fumes.
PEDRO: No me siento hombre por eso, sino por mis actos.
MIGUEL: Pedro, te noto cambiado. ¿Qué te ha pasado?
PEDRO (enfadado): ¡Nada! ¡Solo que ya es hora de que me preocupe por lo que me rodea!
MIGUEL: Ayer no te interesaba nada de esto.
PEDRO (desanimado): Estoy harto de callar y sufrir en silencio.
MIGUEL: Me alegra que te preocupes por nosotros, pero dejémoslo para después. ¿Por qué te reíste de Aristóteles?
PEDRO: Porque los tiempos cambian. Filosofía, religión... todo debe evolucionar con el mundo.
AURORA (interrumpiendo): ¿Alguien me explica qué pasa aquí esta noche?
MIGUEL: Te lo cuento luego.
(Aurora nota la herida en la frente de Pedro.)
AURORA: ¡Pedro! ¿Qué te ha pasado?
PEDRO (tocándose la frente con temblor): Nada importante.
AURORA: ¿No te pones algo?
PEDRO: No es necesario.
MIGUEL (a Aurora): Trae el segundo plato.
(Sale Aurora. Pausa.)
MIGUEL (a Pedro): ¿Cómo fue la excursión?
PEDRO: ...Bien, nos divertimos mucho...
(Entra Aurora con la merluza y sirve.)
AURORA: Pedro, ¿dónde dejaste la mochila?
PEDRO: En mi cuarto, detrás de la puerta. Te la doy luego si quieres.
MIGUEL: Seguro que esta merluza está tan mala como la sopa.
AURORA (cambiando de tema): Oye, ¿vas a hacer esa fiesta el domingo?
PEDRO: ¿Por qué cambias de conversación?
AURORA: Todo lo que pasa en esta casa me concierne. Dijiste que habría una fiesta.
PEDRO: Lo olvidé.
MIGUEL: Aquí mando yo... hasta que me vaya.
PEDRO: Otra vez con lo mismo. El matrimonio es una sociedad donde ambos mandan, con la felicidad como capital para los hijos.
AURORA: Este calor le ha sentado mal a mi hijo.
PEDRO: ¿Otra vez? ¿No puedo hablar libremente?
AURORA: Sí, pero sin decir tonterías.
PEDRO: No son tonterías, son verdades.
AURORA: ¿Vas a saber más de la vida que nosotros?
PEDRO: Tal vez sí. No soy tan joven como creéis.
AURORA: Pedro, deja de decir cosas raras. ¿Te pasó algo hoy? Te veo extraño.
PEDRO: No, nada.
MIGUEL: Antes no te interesaba nada, y ahora quieres resolverlo todo.
PEDRO: Hay un día en que te acuestas niño y te despiertas hombre. Eso no se explica.
MIGUEL: Pero el mundo no tiene remedio.
AURORA: Si seguimos así, no sé a dónde iremos a parar.
PEDRO: A la destrucción, si nada cambia.
MIGUEL: Con las guerras, acabaremos volados.
PEDRO: No hacen falta bombas. La mente puede destruir todo.
(Los padres lo miran, perplejos.)
MIGUEL (sonriendo): Esta noche te ha dado por la filosofía.
PEDRO: La filosofía es la base del mundo. Destruye lo ilógico, y como el mundo está lleno de eso, lo transformará.
AURORA: No digas tonterías. Sé realista si quieres triunfar.
PEDRO: El idealista no avanza porque cree que no puede cambiar el mundo. Si lo intentara, lo haría mejor.
AURORA: Una persona sola no puede girar el mundo.
PEDRO: No me refiero a eso exactamente.
MIGUEL (a Aurora): Trae el postre.
(Aurora recoge los platos y sale. Pausa.)
MIGUEL (a Pedro): ¿Qué tal con tu novia?
PEDRO (vacilante): No sé, es difícil de decir...
MIGUEL: ¿Cómo que no sabes? ¿Qué te pasó esta tarde?
PEDRO: No me siento bien, no sé qué digo.
MIGUEL: ¿Te gusta Cristina, la hija de los González?
PEDRO: ¿Cuál?
MIGUEL: La pequeña, de diecinueve años. Te mira mucho.
PEDRO (disimulando): Gracias por decírmelo, tal vez me fije en ella.
MIGUEL: ¡Cuidado! Si no la quieres, no la ilusiones.
PEDRO: Descuida, actuaré como quieres.
(Entra Aurora con el postre—plátanos—y se sienta.)
MIGUEL (cogiendo un plátano): Menos mal que como algo decente.
(Aurora lo mira con desprecio.)
AURORA: Pedro, ¿cuántas parejas vendrán el domingo?
PEDRO: No lo sé.
AURORA: Si son los mismos de antes, pueden venir. Yo prepararé aperitivos. (Recoge la mesa.)
PEDRO (a Miguel): ¿Me dejas el libro de Aristóteles?
MIGUEL: Sí, está en la mesita. Tómalo.
PEDRO: Te lo devuelvo pronto.
MIGUEL: No hay prisa.
(El escenario se oscurece lentamente. Se baja el telón.)
 

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miércoles, 3 de septiembre de 2025

El tercer yo (Acto I. Escena II)

Acto I. Escena II
 
(Entra Pedro, con una mochila al hombro. Su rostro está tenso, y una pequeña herida adorna su frente.)
PEDRO: Hola, mamá. (Deja la mochila junto a la puerta y se detiene, como evaluando el espacio.)
AURORA: ¿Qué hay? (Pausa.) Lávate las manos y siéntate, que voy a servir la cena.
PEDRO (volviéndose hacia Miguel): Hola, papá.
MIGUEL: Hola. ¿Qué tal lo has pasado?
PEDRO (titubeando, improvisando): ...Muy bien... ¿Qué estás leyendo?
MIGUEL: Uno de los libros antiguos de tu abuelo.
PEDRO: ¿Cuál de ellos?
MIGUEL: Uno de Aristóteles... pero ¿desde cuándo te interesa esto?
PEDRO (nervioso, buscando una excusa): Pues... hace algún tiempo que me ha dado por leer... (Intentando cambiar de tema.) ¿De qué trata?
MIGUEL: Aquí Aristóteles habla de la unicidad del alma, de que no puede separarse del cuerpo salvo con la muerte.
PEDRO (soltando una risa seca): ¡Qué tontería!
MIGUEL (sorprendido): ¿De qué te ríes, Pedro?
PEDRO: Mira, con el tiempo, la técnica nos permitirá extraer el alma y la voluntad de un cuerpo e implantarlas en otro.
MIGUEL (con escepticismo): Parece que has estado leyendo demasiada ciencia-ficción. ¿De dónde sacas eso?
PEDRO: Verás, te lo explico...
(Entra Aurora, interrumpiendo.)
AURORA: ¿Te has lavado las manos, Pedro?
PEDRO: No, ahora voy. (Se dirige hacia la puerta equivocada.)
AURORA: ¿A dónde vas? El baño está por allá. (Señala en dirección opuesta, sonriendo débilmente.) ¿O no lo sabes?
PEDRO (disimulando): ¡Ah, sí, claro!... iba a dejar esto en mi cuarto. (Toma la mochila y se corrige, dirigiéndose al baño. Aurora lo sigue con la mirada.)**
MIGUEL (bajando la voz): Espera, Aurora. (Pausa.) ¿No te parece que Pedro está raro?
AURORA: ¿Por qué lo dices?
MIGUEL: No sé... algo en su actitud.
(Sale Aurora. Silencio. Pedro regresa tras un momento, paseándose por el escenario con una mirada distante, como si viera el salón por primera vez. Miguel lo observa, frunciendo el ceño. Aurora entra con una sopera.)
 

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martes, 2 de septiembre de 2025

El tercer yo (Acto I. Escena I)

Al levantarse el telón, se revela el salón-comedor de una familia de clase media. La escena está bañada por una luz cálida pero tenue, típica de una noche otoñal. A la derecha, Miguel está hundido en un sillón de terciopelo gastado, leyendo un libro bajo el resplandor de una lámpara de mesa. Junto a él, una mesita desordenada con tazas vacías y un cenicero lleno. Detrás, una librería polvorienta con volúmenes antiguos; a la izquierda, una mesa de madera rústica donde los platos de la cena esperan a medio preparar, con un mantel arrugado que sugiere descuido. El ambiente está cargado de una tensión silenciosa.
 
Escena I
 
MIGUEL (levantando la voz, con un tono irritado): ¡Aurora!
AURORA (fuera de escena, con voz cansada y distante): ¿Qué...?
MIGUEL: Ven un momento, por favor.
AURORA: ¿Para qué?
MIGUEL: Tenemos que hablar.
(Entra Aurora, secándose las manos con un delantal. Su rostro refleja agotamiento.)
AURORA: ¿Más todavía?
MIGUEL: Creo que hay un motivo lo bastante importante como para que hayas estado preocupada estos días.
AURORA (con sarcasmo): ¿Cuál? ¿Nuestra separación?
MIGUEL: Sí. ¿Te parece poco?
AURORA: Las razones que nos han llevado a esto son tan fuertes que no veo por qué debería preocuparme. Hazlo tú si quieres; al fin y al cabo, eres el culpable de todo.
MIGUEL (con amargura): Claro, como siempre, la culpa recae en mí. Pero dejemos eso ahora.
AURORA: ¿Por qué? ¿Temes que tus argumentos no aguanten?
MIGUEL: No es eso. Pedro puede llegar en cualquier momento. No debemos arrastrarlo a nuestros problemas. Ya debe estar sufriendo bastante por nuestra culpa.
AURORA (con un dejo de reproche): Di mejor, por tu culpa.
MIGUEL: Por favor, Aurora, parecemos niños peleando por un juguete. Sabes que Pedro es lo primero para los dos.
AURORA (tras una pausa, suavizando el tono): Tienes razón. (Pausa.) ¿Qué hora es, Miguel?
MIGUEL (mirando su reloj): Las diez y cuarto.
AURORA: Lo siento, voy a servir la cena. Me extraña que Pedro se retrase tanto. Si quieres... hablamos después.
MIGUEL: Como quieras.
(Se hace un silencio pesado. Miguel vuelve a su libro, hojeando páginas con desgana, mientras Aurora ajusta los platos en la mesa. La luz parpadea ligeramente, como si el ambiente mismo reflejara su inquietud.)
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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lunes, 1 de septiembre de 2025

El tercer yo (Presentación)

“El tercer yo” es una obra de teatro que nunca llegó a representarse, escrita alrededor de 1968 por dos jóvenes autores, Pedro Fuentes y Vicente Fisac, quienes aún no habían cumplido los veinte años. Oculta y desconocida hasta ahora, la he rescatado, revisado y actualizado para compartirla en este blog, dándole nueva vida a su visión audaz.
 
Se dice que cada persona alberga dos “yos”: el que muestra al mundo y el que guarda en secreto. Sin embargo, en momentos excepcionales como el que esta obra narra, puede surgir un “tercer yo” que trastoca todas nuestras expectativas y nos obliga a replantearnos la vida.
 
Construida en tres actos que transcurren en dos momentos consecutivos—la noche de un sábado y la tarde del domingo siguiente—, la obra se desarrolla mediante escenas que se funden a negro, evocando el ritmo de una película.
 
Con un argumento original, “El tercer yo” explora temas universales: la familia, el amor, la incomunicación entre generaciones y entre los mayores, el egoísmo, la superficialidad y la búsqueda de un sentido trascendente. Las dos generaciones en conflicto son la de los padres—encarnada por Miguel y Aurora, marcados por rencores, materialismo y desencanto—y la de los jóvenes, representada por Pedro y sus amigos, atrapados en la apatía y la falta de compromiso en un mundo que les ofrece todo sin esfuerzo. Pedro, inmerso en esta tensión, se verá transformado por la aparición inesperada de su “tercer yo”, un giro que desafiará las estructuras familiares y sociales establecidas.
 
Personajes:
Miguel, el padre 
Aurora, la madre 
Pedro, el hijo 
Cristina, la novia 
Y los amigos: Rafael, Luisa, Miguel Ángel, Joaquín, Begoña e Isabel
 
Comienza la función…
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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