A UNA ESTRELLA (II) Frente al olivo la observo fijamente. Cae sobre mí. Todo
se inunda de abierta claridad. Acerco mis rodillas a la tierra, a esta tierra
fértil que me dio la vida. Tengo miedo. Mi corazón aún está pegado contra el
suelo y no sabe volar, no sabe ir a su encuentro. Y estoy temblando, estoy
temiendo a una estrella. Mi alma turbada cae al suelo. Estoy formando ya parte
de la tierra. De pronto, todo ha cesado. Oigo otra vez las aves lejanas y ese
tierno besar de las olas en la playa. ¿Seguirá todo igual? No, no me atrevo a levantarme. Trato de decirme: “No, no,
sólo es un sueño”. Pero sigo temblando, sigo temiendo a una estrella.
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