sábado, 11 de enero de 2020

Elogio de la Naturaleza


Uno de los escritores que más admirablemente han descrito las emociones que transmite la comunión con la Naturaleza ha sido el premio nobel noruego, Knut Hamsun. En su obra “Pan” deja algunos párrafos memorables de la sensación que proporciona contemplar la grandiosidad de la naturaleza incluso en sus más minúsculo detalles. Este es un ejemplo de cómo algo tan nimio, tan simple, tan insignificante, tan poco digno –aparentemente – de atención, es una obra maestra que colma de satisfacción nuestros sentidos:

“Un gusanillo verde escalaba, infatigable, un árbol; sus ojos, casi ciegos, apenas le servían y a veces erguíase y palpaba en el vacío, temeroso de nuevos obstáculos, semejante a un hilo verde que cosiera por sí solo, misteriosamente”.

Y así, nos narra en esta misma obra, a qué extremos llega su amor por la Naturaleza:
“Movido por esta ternura que impele mi amor hacia las cosas más menudas, me inclino y recojo una ramilla seca: está casi podrida, su endeble corteza no ha podido preservarla de la muerte… Al proseguir no la tiro lejos sino que vuelvo a inclinarme para dejarla en el mismo sitio, sin violencia, como si fuera un ser sensible; y aun antes de alejarme, me vuelvo a mirarla con los ojos nublados; sin darme plena cuenta de que hay una fuerza ingenua, grande y nueva en mí, que me dicta esta ternura y este adiós”.
¡Ojalá que todos los seres humanos que habitamos en este momento nuestro deteriorado planeta, fuésemos capaces de ver y de sentir la naturaleza von estos ojos.

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