Pero ¿y ahora? Todos los recintos estaban rodeados de una valla en la que constantemente se repetía este letrero “Atención, valla electrificada. No tocar” y delante de ella una segunda valla para que bajo ningún concepto pudiese existir el más mínimo contacto entre un visitante y un animal. Y esto no era exclusivo de los animales peligrosos, la valla electrificada también estaba en las cabras, los cervatillos, las llamas, los lemures… Por eso llegué a la conclusión de que tanta protección no era para protegernos de los animales (no creo que un pato pueda tener mucho peligro) sino para proteger a los animales de los visitantes que cada día se muestran más salvajes, más incivilizados…
El triunfo del ladrillo legal: El absurdo de la publicidad en revistas
médicas
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*Cualquier persona ajena al sector sanitario que, por puro azar o
curiosidad, se ponga a hojear una revista médica de esas dirigidas
exclusivamente a pro...
Hace 9 horas
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