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viernes, 11 de noviembre de 2022

Libros sobre la industria farmacéutica

Más de cuatro décadas trabajando en la industria farmacéutica (Latino, Syntex, Bristol Myers, Sideta, Zeneca y AstraZeneca) dan la suficiente experiencia como para compartir todo lo aprendido:
 
“Médico, periodista y poeta”, la biografía de un médico de pueblo y de su hermano farmacéutico, que nos muestra cómo eran la medicina y la farmacia hace un siglo.
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“El legado farmacéutico de Alfred Nobel”, historia de cómo la industria fundada por Alfred Nobel dio lugar al tercer laboratorio farmacéutico más grande del mundo.
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“La Comunicación en Medicina”, la Comunicación sigue siendo esa asignatura pendiente que tienen los médicos.
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“La Comunicación en la industria farmacéutica”, un manual práctico para implantar y mejorar la comunicación en los laboratorios farmacéuticos.
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“Cómo dar bien las malas noticias”, profesionales de salud y periodistas se enfrentan a diario a la difícil tarea de dar malas noticias y muchas veces ellos mismos padecen las consecuencias.
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“La edad de oro de la industria farmacéutica”, uno de los grandes directivos de la industria farmacéutica nos cuenta cómo fueron los años dorados de esta industria y los retos que tuvieron que afrontar.
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“La industria farmacéutica por dentro”, un viaje para conocer las interioridades de ese oscuro mundo que son los laboratorios farmacéuticos.
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“Memorias de un Dircom”, las divertidas e incluso instructivas anécdotas de un Director de Comunicación que trabajó en la industria farmacéutica.
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“Internet y Salud”, un libro que enseña a distinguir la información fiable de la que no lo es, entre tanto exceso de información (falsa y real) como existe en Internet.
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“Humormicina”, el humor es la única medicina que no tiene efectos secundarios, si acaso sólo un poco de hipo.
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viernes, 10 de junio de 2022

Memorias de un Dircom

Quizás muchos se pregunten qué es eso de un “Dircom”. Lo explicaré brevemente. Allá por el año 1992 nació la Asociación de Directivos de Comunicación, bautizada como “Dircom” y definida como una “asociación de profesionales que agrupa a los directivos y a los profesionales de la Comunicación de las empresas, instituciones y consultoras”. También un par de años más tarde, en 1994, nacía la Asociación Nacional de Informadores de la Salud, bautizada con el alegre nombre de “ANIS” y en la que tenían cabida periodistas e informadores especializados en el ámbito de la Salud. Y en el año 2005 fundaba, junto a otros comunicadores, la Asociación de Comunicadores de la Industria Farmacéutica (ACOIF).
 
Mi trayectoria profesional estuvo ligada siempre al mundo de la Comunicación, primero como responsable de la Promoción de medicamentos en distintos laboratorios farmacéuticos; después como responsable de la Publicidad en una importante multinacional del sector agroquímico, en donde descubrí el apasionante mundo del Periodismo y cómo podía volcar en él toda la creatividad que atesoraba tras haber estudiado Publicidad y haber trabajado muchos años en las áreas de Promoción y Publicidad. Fue allí donde implanté un Gabinete de Prensa lo cual –entre otros muchos avatares- me permitió volver al sector farmacéutico –esta vez como máximo responsable de Comunicación- a través de la división farmacéutica que tenía aquél grupo multinacional.
 
Finalmente, ya próximo a mi jubilación, pasé a la organización que representa a todos los médicos colegiados de España y allí afronté nuevos retos en el ámbito del Periodismo.
 
A través de las siguientes páginas quiero, a modo del mítico “abuelo Cebolleta” de los tebeos que leíamos de niños, compartir con los lectores más de 130 anécdotas o vivencias que me han sucedido a lo largo de la vida, muchas de ellas ligadas a “eso” de la Comunicación y otras simplemente curiosas pero en las que domina el elemento “sorpresa” indispensable para que un buen comunicador pueda atraer la atención de su público.
 
Las anécdotas están clasificadas por etapas vitales y profesionales en orden cronológico, desde las primeras de la infancia y juventud hasta las que fueron sucediendo en las distintas organizaciones en donde trabajé, estas últimas –lógicamente- más relacionadas con lo que es el día a día de un Dircom.
 
Este libro no tiene más intención que hacer pasar un buen rato al lector, despertar su curiosidad y hacerle sonreír. ¿Hay acaso algo más importante que eso?
 

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viernes, 22 de octubre de 2021

Firmado: El “negro” (y 2)

Ya que en mi anterior post hablaba de los “negros”, es decir, de los responsables de Comunicación (Dircoms) de las empresas, los cuales escriben textos (discursos, artículos, prólogos, etc.) que luego firman sus presidentes y se quedan tan panchos, hoy traigo a estas páginas otro ejemplo en donde el negro fui yo.
 
Se trata del libro “La colegiación necesaria o la navaja de Ockham”, del Dr. Juan Antonio Abascal Ruiz” que, a la sazón era vicepresidente del Colegio Oficial de Médicos de Zaragoza. En este libro de habla de libertad, ética, estética, juicio, prejuicio y conocimiento, y lo editó el citado Colegio de Médicos para regalarlo a sus colegiados y a sus colaboradores, contando para ello con el apoyo de la Organización Médica Colegial (OMC) en donde yo era responsable de Comunicación.
 
Como era de esperar, había que ceder al presidente de la OMC el privilegio de prologar el libro, y como era de esperar… ese trabajo me correspondió a mí. Por lo tanto, una vez leído el libro escribí lo siguiente:
 
Cuando cayó en mis manos este libro. “La colegiación necesaria”, para escribir su prólogo, pensé que siempre son bienvenidas todas las aportaciones que demuestren una necesidad tan evidente –pero a veces ignorada por simple desconocimiento o por intereses contrarios- y con el mejor ánimo me dispuse a leerlo.
 
Sin embargo, aún no había pasado del título cuando ya el subtítulo me dejó perplejo: “La navaja de Ockham”. Hacía alusión al principio de este agustino que “sentaba la premisa de que no se debía dar nada por sentado”- Y acto seguido se especificaba “Libertad, Ética, Estética, Juicio, Prejuicio y Conocimiento”, es decir, nos ofrecía adentrarnos en este asunto desde todos los imaginables e inimaginables puntos de vista. Parecía evidente que no estábamos ante un libro al uso y que la forma de abordar algo tan esencial para nuestra profesión y para la ciudadanía, como es la garantía de autorregulación, nos iba a ofrecer una perspectiva diferente.
 
Desde la Organización Médica Colegial hemos reiterado en numerosas ocasiones la capacidad demostrada de autorregulación o co-regulación de la profesión médica, de control universal obligatorio, del mantenimiento de un sistema de alerta permanente contra las desviaciones del ejercicio profesional; de la necesidad -en suma- de colegiación obligatoria. Y esto debe ser así, porque de no serlo no podría certificarse para todos, y se escaparían de la misma todos aquellos que tuvieran algún motivo y no precisamente lícito.
 
En cualquier caso, siempre es bueno conocer también otras aproximaciones a este tema fundamental de nuestra profesión y de la garantía que a través de la colegiación se ofrece a los ciudadanos. Pero además, en esta obra de Juan Antonio Abascal, se funden el humor, la ironía, el conocimiento, la documentación, la reflexión… para sorprender al lector y atarlo a esta lectura que además de hacerle disfrutar le ayuda a contemplar la situación con ojos nuevos.
 
Dice el autor que esta es una “obra de jirones” y en cierto modo lo es por su estructura, pero ese modo de hacerlo facilita su lectura y ayuda a “digerir” mejor sus planteamientos. Se denuncia en esta obra ·el cinismo incongruente de la sociedad actual” y hasta se permite incluir al final un glosario de “juicios, prejuicios y falacias de uso frecuente en los debates”, a los que añade la forma de contrarrestarlos “por si fuera de interés del lector”.
 
No se escapa a su visión crítica la propia profesión, citando, por ejemplo, los bajos índices de participación que se dan en algunos procesos electorales de los Colegios de Médicos. Señala, con acierto, que “los líderes colegiales no podemos ampararnos en el desconocimiento o en la falta de interés en la participación colegial” y añade que “nuestra obligación es dar cumplida respuesta a la misma”.
 
La colegiación, como tal, no se pone en duda; al contrario, reconoce que “se sigue percibiendo como un bien necesario desde la inmensa mayoría de la profesión”, Por consiguiente la pervivencia de los Colegios de Médicos como institución sólo puede darse dentro de “la evidencia de su necesidad real para la sociedad en su conjunto” al que también se une ese “sentimiento de necesidad de pertenencia” a una base de afiliación que  desde hace siglos nos ha movido y nos mueve a los médicos.
 
Ante la necesidad social de un ejercicio profesional de calidad, centrado en el paciente, en la defensa de sus intereses por encima de cualquier otro interés y condición y de una práctica profesional de calidad, concluye con la necesidad de una Organización Médica Colegial con vocación de servicio, comprometida con humanizar el ejercicio profesional de la medicina y con la defensa del Sistema Nacional de Salud por encima de intereses partidistas y/o privados. Y eso es algo que todos queremos.
 
Si la necesidad de colegiación es evidente (como parece serlo la necesidad de difundirlo y recordarlo), la misma se fortalece con la lectura de este libro. Eso es lo que recomiendo y en esa tarea estamos porque no basta con una primera lectura.
 
Mi felicitación al autor por la iniciativa, tarea nada fácil que sólo puede realizar un profundo conocedor de la estructura y principios de la colegiación. También el sincero agradecimiento a Juan Antonio Abascal por la ayuda inestimable que nos presta con esta obra a la profesión y muy especialmente a los directivos colegiales”. 
 
Al final, quien firmaba estas palabras era el entonces presidente de la OMC, Juan José Rodríguez Sendín, y como era de esperar nunca recibí palabra alguna de agradecimiento por esta aportación. No obstante, aquello formaba parte de mi trabajo, como así forma parte del trabajo de todos los Dircoms, auténticos “negros” cuyo trabajo hace brillar a sus presidentes sin que reciban más agradecimiento que su sueldo a final de mes.
 
Lo que sí me satisfizo, aparte del trabajo bien hecho, fue el ejemplar que me hizo llegar su autor con una amplia, entrañable y cariñosa dedicatoria, agradeciéndome el prólogo que había escrito para su libro. 
 
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jueves, 19 de mayo de 2016

Dos presidentes diferentes, dos despachos diferentes (Sendín vs Trías)

Traigo hoy a estas páginas una curiosa comparativa que publiqué hace unos meses en mi espacio informativo "AZprensa". Podemos ver en ella dos presidentes diferentes, dos despachos diferentes y quizás vosotros podáis deducir más diferencias aún. Este es el texto:

Los dos últimos presidentes para los que trabajé fueron Juan José Rodríguez Sendín (Organización Médica Colegial, OMC) y Carlos Trías (AstraZéneca). Hablaré hoy de una característica diferencial entre ambos, la cual resulta muy significativa: su despacho.

Cuando Sendín llegó al cargo de presidente, una de las primeras cosas que planteó fue la de ampliar su despacho y eso que ya era el más amplio y mejor situado de todo el edificio, pero al parecer no era bastante tener una gran mesa de despacho, una mesa con sillas para pequeñas reuniones y un cuatro de baño propio; quería más espacio. Como los metros cuadrados son los que son y no se pueden estirar, la solución fue echar de esa planta a  algunos de los que ocupaban otros despachos, que bajaron a otra planta, echando a su vez a otros... para lo que fue necesario alquilar unas oficinas cercanas para alojarlos a todos. Su ampliación de despacho no llevó sólo consigo los gastos de renovación del mobiliario y de ampliación del mismo, sino el coste fijo de pagar un alquiler por unas oficinas nuevas para todos los empleados (media docena) que, de rebote, tuvieron que salir del edificio.

Cuando Trias llevó a su organización (la recién fusionada AstraZéneca) a un nuevo edificio de oficinas, la responsable de Recursos Humanos trabajó en la distribución de todos los empleados en dicho espacio. Yo fui testigo de cómo le dijeron a Carlos Trias que su despacho debía ser más grande y él se negó, diciendo que no tenía que ser mayor que el de los otros directores y que con una mesa auxiliar para pequeñas reuniones tenia suficiente. e incluso protestó porque pusiesen su despacho en la planta más alta (símbolo del más alto standing) porque él no quería ser más que nadie. Al final, su despacho fue normal, como el de los demás directores.

¿Y las puertas? La de Sendín estaba siempre cerrada, y frente a ella se veían siempre varias personas esperando (con frecuencia más de media hora que, lógicamente era tiempo que perdían de trabajar) para poder hablar con él, siempre y cuando pasasen el pertinente control de su secretaria de presidencia. Por el contrario la de Trias estaba siempre abierta y cualquiera (sí, cualquier empleado) podía entrar a hablar con él siempre que quisiese y era bien recibido y atendido (con el enfado de su secretaria que veía cómo no podía establecer ningún control ya que todo el mundo tenía libre acceso para hablar con el presidente. Esa puerta sólo estaba cerrada, lógicamente, cuando se encontraba en medio de alguna reunión.

¿Y las necesidades fisiológicas? En la OMC el presidente tenía su váter propio y exclusivo. En AstraZéneca había un servicio por planta al que acudían los empleados (cualquiera que fuese su rango) de esa planta; el presidente y los directores hacían caca y pis igual que cualquier otro empleado. ¿Y los cafés? En la OMC la secretaria le llevaba el café al presidente a su despacho; en AstraZéneca, el presidente salía a tomar el café en las máquinas que había junto a los servicios y allí aprovechaba ese momento para charlar, como un compañero más, con los empleados con quienes compartía ese pequeño momento del café y del relax.

Estos son los hechos. No hago comentarios. (En la imagen, a la izquierda Sendín, y a la derecha Trias: ¿Con quién te habría gustado trabajar?).