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domingo, 25 de octubre de 2020

La mejor primavera de las cotorras

Esta última primavera ha sido la mejor, en muchos años, para… las cotorras argentinas. Ellas vivían felices en la selva, hasta que un buen día ese virus que ha infectado el planeta y que se llama “seres humanos” se dedicó a cazarlas y venderlas como mascotas. Pero ellas no estaban hechas para el cautiverio, ellas son seres sociales que viven en familia (la suya) y aman la libertad.

Los virus (es decir, los seres humanos) se sintieron atraídos por sus colores vistosos y también por su bajo precio (mucho más baratas que los loros) así que pronto se convirtieron en objeto de deseo para quienes desean tener enjaulados animales silvestres. Pero ellas (las cotorras) tienen su idioma y no todos saben apreciar la variada gama de sonidos que emiten, considerándolos estridentes y, cuando son muy repetidos, irritantes. Por eso, aquellas personas que las habían comprado comenzaron a soltarlas y, cuando no, fueron ellas quienes supieron zafarse de los barrotes y alcanzar la libertad (porque son bastante inteligentes).

Hay muchas aves que una vez recuperada la libertad no son capaces de sobrevivir, pero ese no es el caso de las cotorras; ellas sí que saben buscarse la vida y sobrevivir en toda clase de climas y entornos. Por otra parte, como ya dijimos, son animales sociales, que gustan de vivir en grandes comunidades, y que se reproducen, tanto es así que cada dos o tres años se duplica el número de ejemplares.

Pasaron los años y las cotorras crecieron y se multiplicaron, y fueron llenando casi todos los rincones de nuestra geografía. Sus nidos, algunos de 200 kilos de peso y capacidad para albergar a un buen número de ejemplares, coronaron muchos árboles de las ciudades. Alguna vez, las ramas no eran capaces de soportar el peso y caían, con riesgo para los viandantes. Para las cotorras aquello no era el fin, sino simplemente tener que trabajar en construir un nuevo nido.

Al amanecer y al atardecer, sus gritos de algarabía se colaban en todas las casas y la gente (esa que antes las capturó, comerció con ellas y luego se hartó y las soltó) empezó a protestar. Los defensores de los animales impidieron que se tomaran medidas drásticas como matarlas a todas, pero no pudieron impedir los planes de muchos Ayuntamientos para reducir su número, en unos casos mediante la destrucción de nidos (que en realidad lo único que consigue es darles más trabajo para que hagan uno nuevo) y en otros casos mediante captura, esterilización y suelta).

Todo estaba previsto para iniciar estas campañas, pero he aquí que un nuevo virus (Covid-19) entró en escena y atacó a otro virus (seres humanos) y ambos tuvieron que quedarse sin salir de casa. Las calles, los parques, el campo… todo volvió a recobrar su esplendor de vida y sosiego. Sin contaminación de coches y algo de lluvia, el aire de las ciudades se volvió respirable. Creció la vegetación y poco a poco se fueron borrando del campo y de los parques las huellas del paso humano. Los virus (humanos y Covid-19) encerrados en casa, y las cotorras y demás animales salvajes libres y tranquilos, dispuestos a disfrutar este año de la mejor primavera de sus vidas.

Espero que sus trinos (unos agradables, otros desagradables, otros irritantes) nos hagan reflexionar y darnos cuenta que aquí el único virus que ha infectado el planeta hemos sido nosotros, los seres humanos.

miércoles, 28 de febrero de 2018

El lorito que aprendió a hablar y pidió su libertad

Hacemos un paréntesis en la revisión de mi impresionante trayectoria deportiva para incluir una serie de videos verdaderamente "inefables". Para empezar, aquí tenéis este titulado "El lorito que aprendió a hablar y pidió su libertad", un caso realmente insólito -no lo del lorito, sino lo del vídeo- ya que sin que yo hiciera nada, se convirtió en viral y ya tiene más de un millón de visitas.
Aquí lo tienes: https://youtu.be/YGR-P10dFvk




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domingo, 29 de octubre de 2017

El frailecillo común

Una de las aves más características de los países nórdicos es el frailecillo (puffin, en inglés), un simpático y colorido personaje que llena de vida los acantilados de los mares árticos. Durante mi viaje a Islandia tuve la ocasión de realizar un amplio reportaje fotográfico sobre los mismos, a pesar de lo rudimentario de mi cámara fotográfica; pero lo sorprendente fue que pude acercarme a tan solo dos metros de distancia para hacer las fotos sin que a estos les molestase mi sosegada presencia.

Aquí os dejo cuatro fotos de las que realicé aquél día, así como una completa descripción de tan peculiar ave:

El frailecillo común (Fratercula arctica) es un ave marina de unos 30 cm. Del mismo se conocen cuatro especies, siendo la más conocida el Frailecillo del Atlántico, las otras especies viven en el sur del Pacífico. El llamado payaso de los océanos por los colores de su pico, también es conocido como loro de mar.

Sus cortas alas y la robustez de su cuerpo, le hacen difícil levantar el vuelo en una superficie plana, por lo que prefieren lanzarse al vacío desde los acantilados (ver foto bajo estas líneas), batiendo sus alas a una velocidad de 400 veces por minuto y pudiendo alcanzar una velocidad de 48 a 55 millas por hora.

Se alimenta de pequeños peces, por lo que se zambulle (llegando a profundidades de hasta 100 pies y manteniéndose bajo el agua hasta 30 segundos) y bucea de modo similar al de los pingüinos. Mientras está bajo el agua, nada agitando sus alas para empujarse, como si estuviera volando, y utiliza sus patas palmeadas como timones para dirigirse. Cuando atrapa peces no carga solo un pez a la vez. Por término medio suele atrapar y retener en su pico más de 10 peces por viaje (aunque se ha contabilizado un record de 62). ¿Cómo lo consiguen? El secreto está en su lengua áspera con la que empujan los peces contra las espinas de su paladar mientras abren el pico para atrapar más ejemplares.

El frailecillo vive en el mar abierto la mayor parte de su vida. Sólo regresa a tierra una vez al año para aparearse. Cría en colonias en los acantilados y con su pico cava la madriguera en donde ponen los huevos (uno por pareja). Incuba por un periodo de 40 a 42 días, y a las 7 u 8 semanas los recién nacidos ya son capaces de volar.

domingo, 6 de noviembre de 2016

El lorito que aprendió a hablar y pidió su libertad

Un día me encontré esta cotorra argentina malherida en el campo. 

La llevé a casa, la cuidé y le curé sus heridas. 

Ella agradeció mi cariño, nos hicimos buenos amigos y empezó a hablar. 

Hasta que un día comprendí lo que me decía: quería recuperar su libertad...

Este es el enlace del video de Youtube en donde se muestra esta historia: https://youtu.be/YGR-P10dFvk


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sábado, 27 de febrero de 2016

El día que fui viral, sin pretenderlo

Sin saber por qué algunos vídeos subidos a youtube comienzan a circular y ser vistos por millares de personas en todo el mundo. Yo no se qué hay que hacer para eso... ni tampoco me lo he planteado nunca. Bien es cierto que, como me gusta aprender cosas nuevas, hace unos años aprendí a realizar vídeos y subirlos a la Red, pero sin más pretensión que compartirlos con familiares y amigos. En todo este tiempo, apenas una veintena de videos son los que he subido y el número de visitas conseguido por cada uno de ellos oscila entre 20 o 30 de algunos hasta las 300 a 900 de otros; nunca más allá de eso. Pero hay una excepción.

Uno de aquellos vídeos, realizado concretamente el 15 de junio de 2012, con una duración de cuatro minutos y medio, titulado “El lorito que aprendió a hablar y pidió su libertad”, un buen día –sin saber por qué- comenzó a recibir visitas. Tantas que, a día de hoy lleva casi 170.000. Así que sin hacer nada, sin pretender más difusión para el mismo que la de algunos conocidos y algún amante de los animales despistado que pasase por ahí, resulta que ese vídeo se ha hecho viral. Como diría Obelix si viviera en este siglo: “Estos internautas están locos”.

Después, y por error, borré el vídeo, con lo que se han puesto a cero otra vez las estadísticas. Pero lo he subido de nuevo para que puedas verlo. Este es el enlace: https://youtu.be/YGR-P10dFvk


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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Zarapito trinador

Hoy dedicamos este blog a un ave muy peculiar, el Zarapito trinador (Numenius phaeopus). Tengo mucho en común con ella, porque a los dos nos gustan los países nórdicos y Daimiel (Ciudad Real). 

Desde la primera vez que escuché su nombre sentí un especial afecto hacia este ave caradifrorme de la familia Scolopacidae; su nombre es original, divertido, entrañable, diferente... quizás como yo y, por eso, muchas veces me asigné ese nombre a mí mismo y llegué a formar con él. Es un ave pequeña (40 centímetros de longitud y 80 de envergadura; con un peso de unos 430 gramos), como pequeño soy yo también y no por ello menos importante.

Es un gran viajero y le gustan, de manera muy especial, los países nórdicos (Islandia, Noruega, Suecia, Finlndia) en donde suele pasar la temporada estival (de mayo a agosto) y es allí donde se reproduce poniendo cuatro huevos. La incubación dura de 35 a 40 días y –como no es machista- se van turnando macho y hembra en esta tarea. El amor por la libertad y la independencia está tan arraigado en ellos que los polluelos abandonan el nido a los pocos días de nacer y ya son capaces de volar a los 40 días.
Su presencia no pasa desapercibida. Los zarapitos son los limícolas mayores de la fauna europea. Su plumaje no es muy destacado, pero en cambio tienen una característica que los hace inconfundibles: su largo y curvado pico, que parece desproporcionado para nacer en una cabeza tan pequeña.

Realizan largas migraciones para pasar el invierno en el oeste de África y –esporádicamente- alguno de ellos se para a descansar en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Se alimenta de crustáceos, moluscos y gusanos, así como insectos y frutos. La curva de su pico se adapta muy bien a la forma de las cuevas del cangrejo: lo extrae, lo lava si tiene barro y, a veces, le rompe las garras y las patas antes de tragarlo.

Se le conoce con muchos y variados nombres:
Alemán: Regenbrachvogel
Checo: Koliha malá
Danés: Småspove (Lille Regnspove)
Daimieleño: Vicente Fisac
Eslovaco: Mali skurh
Español: Zarapito trinador
Estonio: Väikekoovitaja ehk
Finlandés: Pikkukuovi
Francés: Courlis corlieu
Holandés: Regenwulp
Húngaro: Kis póling
Inglés: Whimbrel
Islandés: Spói
Italiano: Chiurlo piccolo
Noruego: Småspove
Polaco: Kulik mniejszy
Portugues: Maçarico-galego
Rumano: Fliaun pitschen
Sueco: Småspov


"Médico, periodista y poeta" (Una lágrima es un beso), de Vicente Fisac. Disponible en Amazon, en ediciones digital e impresa:

domingo, 24 de junio de 2012

El lorito que aprendió a hablar y pidió su libertad

Hoy presentamos en este blog la última superproducción del National Inefabilis Geographic. Se trata del documental "El lorito que aprendió a hablar y pidió su libertad". Es la historia de un lorito que fué recogido cuando estaba herido y perdido. Agradeció a su nuevo amo los cuidados que había recibido, pero le molestaban las barreras que le impedían la libertad. Así que decidió aprender a hablar y pedir por sí mismo la ansiada libertad.Se trata de un documento real (de interés para los curiosos) y conmovedor (de interés para todos aquellos que aman a  los animales).

Este enlace os llevará directamente a este inefable vídeo: https://youtu.be/YGR-P10dFvk


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