El todoterreno seguía su camino en un recorrido cada vez
más accidentado… pendientes empinadas… ruedas patinando en la grava suelta… De
repente, apareció un altiplano: campos de lava negra, salpicados de cráteres
humeantes, y al fondo, cascadas imponentes que caían como cortinas de plata
desde acantilados cuya cumbre no se divisaba a causa de la neblina.
-Esta es la primera parada, Landmannalaugar, un valle geotérmico que parece pintado por un artista loco –les indicó Elena.
Y así era en efecto: Fuentes termales burbujeando en tonos naranjas y verdes, rodeadas de montañas multicolores –rojo óxido, amarillo azufre, negro carbón–. Bajaron del vehículo, y el grupo pisó por primera vez ese suelo extraterrestre. Ana, acostumbrada a salas de juntas, tropezó con una roca y soltó una risa nerviosa.
-Esto es... abrumador. En Nueva York, controlo todo; aquí, el paisaje me controla a mí -tuvo que reconocer con una humildad a la que estaba muy poco acostumbrada.
El viento helado les azotaba las mejillas, enrojeciéndolas, mientras caminaban hacia una cascada cercana. El agua rugía, cayendo cientos de metros en una niebla que empapaba todo. Sofía extendió los brazos, como abrazando la inmensidad
-Siento que estoy en una película, pero real. ¿Cómo sobrevive algo aquí? –exclamó llena de genuino asombro.
Pero el viaje debía continuar y cruzaron ríos que los todoterrenos
vadeaban con maestría. En algunos momentos el agua llegaba hasta las puertas, y
el grupo empalidecía conteniendo la respiración. Elena, consciente de que el
paisaje se volvía cada vez más hostil y para colmo la niebla reducía la
visibilidad a unos pocos metros, de tal forma que apenas podía divisar las
luces del coche que les precedía, decidió
darles conversación para relajarlos en la medida de lo posible:
-El pico por el que hemos pasado antes fue usado en “Star Wars: El despertar de la fuerza” para planetas remotos. Y Vatnajökull mismo apareció en “Muere otro día”, en donde James Bond protagoniza persecuciones sobre hielo.
Marco, el CEO, confesó:
-En la oficina, lidio con presupuestos y deadlines. Aquí, un río puede barrer el coche en segundos. Es... liberador… es… no sé, mucho más de lo que había podido imaginar.
Finalmente llegaron al borde de Vatnajökull. El glaciar
se extendía como un océano congelado, grietas azules profundas como abismos,
cuevas de hielo que brillaban con luz turquesa. Aparcaron y equiparon al grupo
con crampones: Por primera vez iban a pisar un glaciar. El viento aullaba,
cortante como cuchillas y la sobrecogedora belleza que les rodeaba silenciaba
cualquier comentario. Lisa guardó su móvil. Peter tocó el hielo con reverencia.
-Es como caminar sobre un ser vivo, antiguo y poderoso -dijo Sofía.
Cascadas internas rugían bajo sus pies, y el horizonte se fundía con el cielo en un blanco infinito.
Para estos ejecutivos, acostumbrados a controlar el caos
corporativo, Islandia interior era una lección de humildad. Paisajes de otro
mundo, usados en “Oblivion”, “Noé” o “La vida secreta de Walter Mitty”, se
transformaban allí en realidad. El viento helado y permanente les recordaba su
fragilidad; las cascadas, la fuerza indomable de la naturaleza; el glaciar, la
eternidad frente a sus vidas efímeras.
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-Esta es la primera parada, Landmannalaugar, un valle geotérmico que parece pintado por un artista loco –les indicó Elena.
Y así era en efecto: Fuentes termales burbujeando en tonos naranjas y verdes, rodeadas de montañas multicolores –rojo óxido, amarillo azufre, negro carbón–. Bajaron del vehículo, y el grupo pisó por primera vez ese suelo extraterrestre. Ana, acostumbrada a salas de juntas, tropezó con una roca y soltó una risa nerviosa.
-Esto es... abrumador. En Nueva York, controlo todo; aquí, el paisaje me controla a mí -tuvo que reconocer con una humildad a la que estaba muy poco acostumbrada.
El viento helado les azotaba las mejillas, enrojeciéndolas, mientras caminaban hacia una cascada cercana. El agua rugía, cayendo cientos de metros en una niebla que empapaba todo. Sofía extendió los brazos, como abrazando la inmensidad
-Siento que estoy en una película, pero real. ¿Cómo sobrevive algo aquí? –exclamó llena de genuino asombro.
-El pico por el que hemos pasado antes fue usado en “Star Wars: El despertar de la fuerza” para planetas remotos. Y Vatnajökull mismo apareció en “Muere otro día”, en donde James Bond protagoniza persecuciones sobre hielo.
Marco, el CEO, confesó:
-En la oficina, lidio con presupuestos y deadlines. Aquí, un río puede barrer el coche en segundos. Es... liberador… es… no sé, mucho más de lo que había podido imaginar.
-Es como caminar sobre un ser vivo, antiguo y poderoso -dijo Sofía.
Cascadas internas rugían bajo sus pies, y el horizonte se fundía con el cielo en un blanco infinito.
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