lunes, 12 de enero de 2026

Por encima del fuego (5)

Hacía apenas tres años que había entrado a trabajar en la editorial "Horizontes Libres", una editorial independiente especializada en libros de viajes, naturaleza y ficción inspirada en el mundo real. No era famoso, ni lo pretendía. Su nombre aparecía en letra pequeña en los créditos de los libros, un mero susurro entre las páginas que ilustraba con maestría. Trabajaba desde casa, su oficina un rincón soleado con una mesa de roble antigua, rodeada de lienzos en blanco y paletas de colores que evocaban los atardeceres que tanto amaba. Manejaba con soltura tanto los pinceles como los lápices y reflejaba con precisión escenas y paisajes para crear esas obras que llenaban de magia y color los libros. Su horario era un lujo que defendía con fervor: solo cuatro horas diarias dedicadas a los encargos de la editorial. En ese tiempo, creaba ilustraciones para todo tipo de libros: desde guías de senderismo que capturaban la majestuosidad de montañas nevadas, hasta novelas románticas donde sus dibujos daban vida a amores imposibles.
 
Esa mañana, una como tantas otras, David se sentó a su mesa con una taza de café humeante en la mano. El encargo del día era ilustrar una escena para un libro de aventuras en la selva amazónica: un explorador cruzando un río embravecido, con la vegetación exuberante envolviéndolo en un abrazo salvaje. Sus dedos, manchados de tinta perpetua, danzaban sobre el papel con una precisión intuitiva. Cada línea era una extensión de su ser, un puente entre su imaginación y la realidad que plasmaba. Mientras dibujaba, su mente vagaba por recuerdos de caminatas solitarias en parques cercanos, donde el susurro del viento en las hojas le inspiraba más que cualquier galería de arte urbana.
 
No era la primera vez que alguien le cuestionaba su estilo de vida. Su editor, Luis Luzán, un hombre de cincuenta años con gafas de montura gruesa, abundante pelo gris y un traje oscuro con su sempiterna corbata con el logotipo de la editorial, lo había llamado la semana anterior para felicitarlo por su último trabajo. "David, chico, tienes talento para llenar museos. ¿Por qué no aceptas más encargos? Podrías ganar el doble, el triple. Imagina: una casa más grande, viajes exóticos, fama en el circuito artístico". Luis era un avispado hombre de negocios, forjado en el mundo editorial en donde Marketing y Ventas dictaban el ritmo de la vida. Pero David, con su voz calmada y reflexiva, siempre respondía lo mismo: "¿Para qué quiero más dinero si luego no tengo tiempo de disfrutarlo?".
 
Era una filosofía que lo definía. El dinero, para él, era un medio, no un fin. Con lo que ganaba, cubría sus necesidades: el alquiler del amplio apartamento con vistas al río, lo elemental de su alimentación y vestuario, y algunas escapadas a la naturaleza en donde recargaba su inspiración. El resto del día era suyo, un vasto océano de libertad. Largos paseos para “ver la vida” como él decía, o bien sentarse tranquilamente a leer escritores románticos clásicos como Bécquer, Stendhal o, en general, cualquier otro de los que trasladan tu imaginación a un mundo de sentimientos.
 
Su vida era simple, sencilla, sin ambiciones. Se consideraba un privilegiado ya que hacía lo que más le gustaba, dibujar, y encima le pagaban por ello; pero siendo él su propio jefe, marcándose él los horarios, y dejando todo el tiempo del mundo para que su imaginación volara libre sin las ataduras de un horario laboral o compromisos de cualquier tipo.
 
Pero en el fondo, David anhelaba algo más profundo. Su sensibilidad lo hacía vulnerable a la soledad, a esa búsqueda de una conexión auténtica en un mundo obsesionado con apariencias. Soñaba con encontrar a alguien que entendiera su amor por lo simple, que compartiera su pasión por la aventura no como un espectáculo, sino como un viaje del alma.
 
Mientras terminaba su ilustración, David miró por la ventana. La ciudad se extendía como un tapiz vivo, lleno de historias no contadas. Sonrió para sí mismo, sintiendo una paz que pocos conocían. En ese momento, ignoraba que su vida tranquila estaba a punto de ser sacudida por vientos de aventura y amor, donde la fama acecharía como un depredador insaciable, y los verdaderos sentimientos tendrían que luchar por emerger de las sombras de las apariencias. No sabía que, en algún lugar remoto, Elena, con su espíritu indomable, trazaba caminos en mapas polvorientos, guiando expediciones que desafiaban los límites humanos. Sus mundos, tan distantes, estaban destinados a colisionar.
 

Novelas con corazón
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