Escena V
(El escenario se ilumina de nuevo, retomando la escena
anterior. Antes de que Pedro hable, Miguel entra apresuradamente.)
MIGUEL: ¡Escuchad un momento!
(Se hace el silencio. Todos lo miran expectantes mientras se calma.)
MIGUEL: Acaban de decir en la televisión que habrá un leve temblor de tierra en minutos. No os alarméis.
CRISTINA: ¿Cómo es eso?
MIGUEL: Una cadena de meteoritos atravesará el sistema solar. Algunos impactarán aquí, pero la mayoría pasará y golpeará un planeta lejano, como un satélite de Júpiter o Saturno. Ya empezaron a impactar allí. Todos los telescopios están enfocados.
(Un alivio recorre al grupo, excepto a Pedro.)
RAFAEL: Menos mal. Por un momento nos asustamos. ¿Seguro que no hay peligro?
PEDRO: ¿En qué planeta impactarán?
MIGUEL: No lo especificaron. Creo que satélites de Júpiter o Saturno. Están lejos, solo sentiremos un temblor leve.
PEDRO (con una sonrisa irónica): La distancia... ¿qué sabéis vosotros?
RAFAEL: ¿Tienes miedo?
PEDRO: Un poco.
RAFAEL: No moriremos todos.
PEDRO: No todos, pero alguien podría.
MIGUEL: ¿Quién?
PEDRO: Vuestro hijo.
(Entra Aurora, captando las últimas palabras.)
AURORA: ¿Qué estás diciendo?
(Un silencio sepulcral envuelve la habitación.)
PEDRO: Vuestro hijo y yo. Porque yo no soy vuestro hijo.
AURORA: ¡Basta de tonterías, Pedro!
MIGUEL: Déjalo, Aurora. (A Pedro.) ¿Qué significa eso?
PEDRO: Si me escucháis, os lo explicaré.
AURORA: ¡Aquí no hay nada que explicar! ¡Deja de jugar!
PEDRO (a Aurora): ¡No has oído nada aún! ¡Dentro de minutos se sabrá la verdad! ¡Dame estos últimos instantes!
AURORA (asustada): Está bien. Habla.
PEDRO: Tal vez me quede poco tiempo. Veremos la Tierra desde arriba: países, idiomas, guerras, odios, desigualdades. Todos buscan su bien, pisoteando a otros, sembrando destrucción. La raíz está en la familia. Los padres se casan sin conocerse, sin comprensión. Al principio hay felicidad física, pero luego viene la psicológica, que ignoran. Tienen hijos mal educados, y el ciclo continúa con rencor y odio.
MIGUEL: ¿Nos criticas por cómo te criamos?
PEDRO: No, hablo en general. La familia es la fuente de vuestros males. Nuestros científicos lo vieron y decidieron cambiar un alma. Yo no soy vuestro hijo. Este es su cuerpo, pero mi alma viene de lejos, cumpliendo una misión.
AURORA: ¿Por qué asustarnos con esas locuras?
PEDRO: No es mi intención. Si esos meteoritos golpean mi hogar —un satélite de Júpiter— mi fin está cerca. Este cuerpo y mi alma podrían desaparecer. Miguel, Aurora, sé que cuesta creerlo. Cristina, tú tal vez lo entiendas ahora... Siento que mi tiempo se acaba. No me pesa esta muerte temporal; es la voluntad de Dios. Quería traer felicidad a mi familia, extender el ejemplo. Pero Dios no quiso un profeta póstumo. Dejemos que las causas principales actúen. No veréis mi misión cumplida, pero no perdisteis a vuestro hijo; sirvió una causa noble. Amigos, el futuro está en vuestras familias. Aurora, no llores. No soy héroe ni mártir, solo acepto el designio divino. Vosotros no fuisteis malos, solo desconocisteis vuestro propósito. (Se toca la herida de nuevo, con un gesto de dolor.) Se acaba. No os entristezcáis; mi alma se alegra de haber intentado algo. Seguid mis palabras, dejad el egoísmo, y encontraréis paz. Cristina, no me falles. Más allá os recordaré como algo bello...
(Un fuerte temblor sacude la habitación. Pedro cae muerto al suelo. Cristina se levanta lentamente, arrodillándose para abrazarlo, con lágrimas que se mezclan con una leve sonrisa. Aurora se acerca temblorosa, seguida por Miguel. Los demás forman un círculo alrededor de Pedro mientras el temblor cesa. Aurora se vuelve hacia Miguel, apoyándose en su hombro. Él la abraza. Las luces se desvanecen. Cae el telón.)
Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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MIGUEL: ¡Escuchad un momento!
(Se hace el silencio. Todos lo miran expectantes mientras se calma.)
MIGUEL: Acaban de decir en la televisión que habrá un leve temblor de tierra en minutos. No os alarméis.
CRISTINA: ¿Cómo es eso?
MIGUEL: Una cadena de meteoritos atravesará el sistema solar. Algunos impactarán aquí, pero la mayoría pasará y golpeará un planeta lejano, como un satélite de Júpiter o Saturno. Ya empezaron a impactar allí. Todos los telescopios están enfocados.
(Un alivio recorre al grupo, excepto a Pedro.)
RAFAEL: Menos mal. Por un momento nos asustamos. ¿Seguro que no hay peligro?
PEDRO: ¿En qué planeta impactarán?
MIGUEL: No lo especificaron. Creo que satélites de Júpiter o Saturno. Están lejos, solo sentiremos un temblor leve.
PEDRO (con una sonrisa irónica): La distancia... ¿qué sabéis vosotros?
RAFAEL: ¿Tienes miedo?
PEDRO: Un poco.
RAFAEL: No moriremos todos.
PEDRO: No todos, pero alguien podría.
MIGUEL: ¿Quién?
PEDRO: Vuestro hijo.
(Entra Aurora, captando las últimas palabras.)
AURORA: ¿Qué estás diciendo?
(Un silencio sepulcral envuelve la habitación.)
PEDRO: Vuestro hijo y yo. Porque yo no soy vuestro hijo.
AURORA: ¡Basta de tonterías, Pedro!
MIGUEL: Déjalo, Aurora. (A Pedro.) ¿Qué significa eso?
PEDRO: Si me escucháis, os lo explicaré.
AURORA: ¡Aquí no hay nada que explicar! ¡Deja de jugar!
PEDRO (a Aurora): ¡No has oído nada aún! ¡Dentro de minutos se sabrá la verdad! ¡Dame estos últimos instantes!
AURORA (asustada): Está bien. Habla.
PEDRO: Tal vez me quede poco tiempo. Veremos la Tierra desde arriba: países, idiomas, guerras, odios, desigualdades. Todos buscan su bien, pisoteando a otros, sembrando destrucción. La raíz está en la familia. Los padres se casan sin conocerse, sin comprensión. Al principio hay felicidad física, pero luego viene la psicológica, que ignoran. Tienen hijos mal educados, y el ciclo continúa con rencor y odio.
MIGUEL: ¿Nos criticas por cómo te criamos?
PEDRO: No, hablo en general. La familia es la fuente de vuestros males. Nuestros científicos lo vieron y decidieron cambiar un alma. Yo no soy vuestro hijo. Este es su cuerpo, pero mi alma viene de lejos, cumpliendo una misión.
AURORA: ¿Por qué asustarnos con esas locuras?
PEDRO: No es mi intención. Si esos meteoritos golpean mi hogar —un satélite de Júpiter— mi fin está cerca. Este cuerpo y mi alma podrían desaparecer. Miguel, Aurora, sé que cuesta creerlo. Cristina, tú tal vez lo entiendas ahora... Siento que mi tiempo se acaba. No me pesa esta muerte temporal; es la voluntad de Dios. Quería traer felicidad a mi familia, extender el ejemplo. Pero Dios no quiso un profeta póstumo. Dejemos que las causas principales actúen. No veréis mi misión cumplida, pero no perdisteis a vuestro hijo; sirvió una causa noble. Amigos, el futuro está en vuestras familias. Aurora, no llores. No soy héroe ni mártir, solo acepto el designio divino. Vosotros no fuisteis malos, solo desconocisteis vuestro propósito. (Se toca la herida de nuevo, con un gesto de dolor.) Se acaba. No os entristezcáis; mi alma se alegra de haber intentado algo. Seguid mis palabras, dejad el egoísmo, y encontraréis paz. Cristina, no me falles. Más allá os recordaré como algo bello...
(Un fuerte temblor sacude la habitación. Pedro cae muerto al suelo. Cristina se levanta lentamente, arrodillándose para abrazarlo, con lágrimas que se mezclan con una leve sonrisa. Aurora se acerca temblorosa, seguida por Miguel. Los demás forman un círculo alrededor de Pedro mientras el temblor cesa. Aurora se vuelve hacia Miguel, apoyándose en su hombro. Él la abraza. Las luces se desvanecen. Cae el telón.)
Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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