lunes, 14 de enero de 2013

Safo sigue viva


En el año 79 d.C. el Vesubio entró en erupción. En tan solo 48 horas, siete metros de cenizas sepultaron y borraron de la faz de la tierra todo vestigio de Pompeya. Cuando en 1738 salieron a la luz los primeros restos, la ciudad dejó entrever su magnífico esplendor. Allí, en uno de los frescos que adornaban las paredes estaba la imagen de Safo, una de las más grandes poetisas griegas que vivió 600 años a.C.

Era una mujer muy femenina, delicada y espiritual, y en sus versos daba forma a la pasión, expresando una subjetividad que se balanceaba entre los más diversos estados de ánimo y llegaba al fondo del corazón del lector por su pureza y naturalidad.

Pero leer a Safo (como a cualquier poeta cuya lengua original no sea la misma del lector) es tarea baldía. La métrica griega es diferente a la métrica española, por eso no es posible traducir estos versos de una forma adecuada. En el griego clásico, había vocales cortas y largas y los versos tenían cierta cantidad de sílabas largas y breves. Si leyéramos los poemas de Safo en griego notaríamos, por ejemplo, cómo todos los versos inician con una sílaba larga seguida de una sílaba breve. Esto nos da idea de la dificultad insalvable que encierra traducir la poesía; por eso la mejor forma de acercarse al sentimiento de un poeta que se exprese en un idioma diferente al nuestro, es tratar de hacer una traducción libre en prosa. No obstante, también hay algunas veces en que una traducción más literal nos puede acercar a lo que dicho poema expresó en su forma original:

Amor bulle en mi pecho 
y sin cesar voltea 
mi corazón amante 
y acá y allá le lleva; 
mis miembros desenlaza 
su poderosa diestra, 
y en viéndome rendida 
ya me desprecia y vuela; 
tiene sus lindas alas 
cual ave, mas es fiera, 
y dulce y apacible, 
y de indomable fuerza. 

Palabras y sentimientos de Safo que, 2.600 años después, mantienen viva toda su fuerza y perduran débilmente en los oídos y los corazones de quienes hemos tenido la dicha de seguirla escuchando.

PD.- La exposición “Pompeya, catástrofe bajo el Vesubio” que puede verse en Madrid hasta el próximo 5 de mayo, nos ha permitido recordar estos hechos.

3 comentarios:

Ana dijo...

Interesante.La has visitado ya?

Palabras Inefables dijo...

Pues sí, y merece la pena ver la exposición.

lashistoriasdelbuho dijo...

Me pasé, hace dos años,un día,en las ruinas de Pompeya, desde que abrieron por la mañana hasta que cerraron por la tarde y salí maravillado y con los pies y zapatos destrozados. Espero ir a Madrid antes del 5 de Mayo para ver la exposición.